Mali cruje. Europa ni se inmuta

La junta de Assimi Goïta cierra filas tras el golpe del 25 de abril, mientras la represión interna, la sombra rusa y el pulso insurgente vuelven a recordar que el Sahel no es periferia para España, sino una frontera adelantada mal atendida

Redacción

La última exposición detallada de Jesús Manuel Pérez Triana para OSINT Sahel titulada “La junta militar se recompone tras el ataque del 25 de abril”, describe de manera certera un momento de fuerte tensión política y militar en Mali tras la ofensiva insurgente que sacudió al régimen de Bamako. El texto no se limita a contar la reaparición pública del jefe de la junta, Assimi Goïta; sino que reconstruye, con el método propio y reconocible de un trabajo OSINT, cómo el poder militar maliense intenta recuperar iniciativa, controlar el relato y apoyarse de nuevo en Moscú en un momento de evidente vulnerabilidad.

 

Reunión del Consejo de Defensa Nacional la pasada semana en Bamako

La primera clave está en la propia figura de Goïta. Pérez Triana subraya que el líder de la junta reapareció hace ahora una semana, el 28 de abril, después de varios días “en paradero desconocido”; un silencio que había abierto la puerta a rumores sobre su salud, su ubicación real y su continuidad al frente del país. Su retorno público se articuló con gestos calculados cara a la prensa: visita a heridos de los ataques del 25 de abril, visita a la madre de Sadio Camara, ministro de Defensa asesinado, y posterior mensaje nacional para sostener que la “situación está bajo control”.

Pero ese mensaje, sin embargo, no parece acompañado de datos militares concluyentes. Según recoge el artículo, la Junta no ofreció información nueva de peso sobre los ataques ni anunció medidas excepcionales, más allá de un plan de 16 puntos. El resultado es una imagen de mando recompuesto en lo formal, de manera quizás estética, pero obligado a actuar bajo presión, con necesidad de demostrar que conserva capacidad de gobierno, mando militar y cohesión interna.

El asesinato de Sadio Camara es el eje emocional y político de la crisis. Camara no era un ministro cualquiera: era una de las figuras fuertes del dispositivo militar maliense y un símbolo del giro del país hacia Rusia. Su muerte dentro de esta oleada de violencia abre una brecha seria en la arquitectura de poder de Bamako. La respuesta institucional fue rápida: el 4 de mayo, la televisión pública ORTM anunció que Assimi Goïta asumirá también las funciones de ministro de Defensa. Además, el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Mali, general de división Oumar Diarra, pasará a ocupar el puesto de ministro delegado de Defensa.

 

Divulgación de los señalados por el asesinato de Sadio Camara

La lectura política es razonablemente lógica: Goïta no delega la Defensa tras el golpe recibido, sino que la absorbe. En un contexto normal, esa acumulación de funciones podría leerse como fortalecimiento del mando. En el Mali actual, quizá también pueda interpretarse como síntoma de estrechamiento del círculo de confianza. La junta necesita enviar una señal de continuidad, pero lo hace concentrando todavía más poder en la cúspide, a modo de enroque.

Pérez Triana dedica una parte substancial del análisis a lo que define como “campaña de represión”. La investigación oficial sobre la muerte de Camara señaló a 3 militares en activo, 2 exmilitares y un opositor destacado. Varios habrían sido detenidos; otro exmilitar acusado habría muerto en un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad en Kati el mismo 25 de abril. El caso más sensible es el de Alassane Diallo, alias “Abedi”, presentado como amigo personal de Camara y señalado como cómplice directo de la célula yihadista que atacó el domicilio del ministro.

 

Los generales Sadio Camara (izquierda) y Oumar Diarra (derecha).

 

El artículo advierte también de la dimensión política de las acusaciones. Entre los señalados aparece el doctor Oumar Mariko, dirigente opositor en el exilio, cuya figura había vuelto a cobrar visibilidad tras visitar un campamento del JNIM para comprobar el estado de 17 rehenes y facilitar la liberación de 4 de ellos. La acusación contra Mariko introduce un elemento delicado: la junta parece conectar el ataque con redes opositoras y no sólo con estructuras yihadistas, ampliando así el campo de sospecha a adversarios políticos.

Después llegaron nuevos episodios inquietantes. Pérez Triana recoge la detención de Moussa Djiré, vinculado a una coalición de jóvenes líderes malienses y asociado públicamente al entorno de Mariko. Añade además la retención de otros 2 opositores: el abogado Mountaga Tall, sacado de su domicilio por encapuchados según la versión de sus familiares, y Youssouf Daba Diawara, retenido el 4 de mayo. Estos rápidos movimientos del régimen de Bamako dibujan un patrón que va más allá de una investigación criminal ordinaria: el poder militar parece usar la crisis como palanca para disciplinar el espacio político.

La tercera pata del artículo es Rusia. Para Pérez Triana, el hecho de que el primer acto público comunicado de Goïta tras su ausencia fuese un encuentro con el embajador ruso Igor Gromyko no es un detalle cualquiera. Revela la centralidad del sostén ruso para la junta maliense en un momento de fragilidad. Moscú necesita ser visto como garante de supervivencia del régimen, no como un socio incapaz de impedir ataques contra el corazón del poder.

 

Assimi Goïta con la madre del asesinado Sadio Camara

 

El análisis recuerda que el papel ruso estaba siendo cuestionado por la retirada de Kidal, pactada con el Frente de Liberación de Azawad, que generó un “efecto bola de nieve” en el noreste de Mali. En ese momento, las fuentes rusas empezaron a difundir con intensidad vídeos y fotografías de operaciones del Cuerpo Africano en Mali. El objetivo comunicativo era vulgarmente evidente: presentar al personal ruso como imprescindible para mantener ciudades, rutas y puestos militares bajo control de Bamako.

Ese cambio de exposición pública resulta significativo. Durante mucho tiempo, la presencia rusa en Mali se mantuvo en un plano relativamente discreto, con escaso material gráfico oficial y una visibilidad limitada a publicaciones personales de contratistas. Tras el 25 de abril, el patrón cambia. La maquinaria informativa rusa muestra más imágenes, más escoltas, más combates y más actividad. No es sólo comunicación militar; es una respuesta a una pregunta difícil para Moscú: si Rusia es el sostén armado de la junta, ¿por qué la junta ha sufrido un golpe de esta magnitud?

El artículo recoge, además, la identificación por parte de All Eyes on Wagner de los asistentes rusos a la reunión en Bamako y la publicación de un mapa con bases rusas en Mali. También señala que el embajador ruso apareció en RT acusando a Ucrania y Francia de estar detrás de los ataques del 25 de abril. Esa acusación encaja con una línea habitual de propaganda rusa en África: desplazar la responsabilidad hacia enemigos exteriores y convertir cualquier deterioro de seguridad en prueba de una conspiración occidental.

En el plano operativo, Pérez Triana destaca 2 elementos de interés. Primero, que el material del Cuerpo Africano difundido el 27 de abril incluía combates geolocalizados en el perímetro del aeropuerto de Bamako, lo que confirma que ese punto fue uno de los objetivos del JNIM en torno a la capital. Segundo, que vídeos e imágenes del 1 de mayo, relacionados con la escolta de un convoy de camiones hacia Bamako, fueron geolocalizados en el sur del país. Esto apuntaría a que las rutas más seguras para abastecer la capital son las que conectan con Costa de Marfil.

Ese dato logístico es crucial para comprender un poco más la situación. En Mali, controlar una capital no basta si las rutas que la alimentan quedan bajo amenaza o dependen de corredores cada vez más estrechos. La presión insurgente no necesita tomar Bamako para erosionar la autoridad del régimen: puede golpear sus accesos, elevar el coste de la protección de convoyes, sembrar incertidumbre en la periferia y obligar a Rusia y a las fuerzas malienses a dispersar recursos.

El cierre del análisis es prudente. Pérez Triana no presenta el escenario como una victoria inmediata de ningún actor. Señala que el futuro de la ofensiva de la coalición FLA-JNIM no se juega sólo alrededor de la capital, sino también en el norte, donde se ha producido el repliegue ruso. Allí, por ahora, ninguno de los 2 bandos parece tener capacidad clara para arrebatar nuevos territorios al adversario. Es decir: no hay colapso evidente, pero sí bloqueo, desgaste y una fragilidad que crece por días.

 

 

En clave nacional, no queremos dejar de volver a apuntar lo que, a nuestro juicio, y al de muchos de nuestros lectores, es ineludible: para España, este tipo de información debería importar mucho más de lo que importa. El Sahel no es una línea lejana en el mapa. Es la profundidad sur de Europa, zona de tránsito, tablero de influencia exterior, espacio de expansión yihadista, corredor de migraciones forzadas y laboratorio de presencia rusa. Lo que ocurre en Mali afecta a la seguridad regional, a la estabilidad de África Occidental, a los equilibrios con Argelia y Mauritania, y a la capacidad europea/española de anticipar crisis en vez de limitarse a administrarlas tarde y mal.

La paradoja seguirá siendo amarga, porque el Sahel rara vez ocupa un lugar sostenido en los medios españoles, salvo cuando la crisis ya toca una puerta más cercana. OSINT Sahel y Pérez Triana llevan años insistiendo en que la región debe mirarse con seriedad, continuidad y conocimiento de terreno. La recomposición de la junta maliense tras el 25 de abril no es una noticia local ni un episodio exótico de una guerra ajena, por más que pueda parecerlo a ojos profanos. Es una señal más de que el sur de Europa está conectado a una franja de inestabilidad donde confluyen insurgencias, golpes militares, propaganda rusa, rutas logísticas vulnerables y gobiernos cada vez más cerrados sobre sí mismos.

Quizá el problema no sea que el Sahel esté lejos. Quizá el problema sea que España y Europa sigue tratándolo como si lo estuviera.

Créditos: aparecidos en OSINT Sahel

Redacción

defensayseguridad.es

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