Las tensiones migratorias ponen de nuevo en evidencia la nocividad del actual marco bilateral entre Marruecos y España

David Cardero Ozarín

En diplomacia nada es casual, nada es accesorio
Que Marruecos es uno de los vecinos más importantes para España no se le escapa a nadie: el Reino Alauita es el primer mercado africano para las exportaciones españolas, y Madrid es el principal socio comercial de Rabat. Las implicaciones securitarias de la relación bilateral y la cooperación de las fuerzas y cuerpos de seguridad estatales en cuanto a la cooperación antiterrorista y la lucha contra el narcotráfico son esenciales para los intereses de España, por no hablar de la necesaria cooperación fronteriza con las autoridades marroquíes para el día a día de las poblaciones de las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y de tránsitos logísticos importantes como el paso del Estrecho. En definitiva, está en el mayor de los intereses de España tener la mejor relación posible con Marruecos y en el mayor de los intereses de Marruecos tener la mejor relación posible con España… ¿O no?
Para todos los que estudiamos el ámbito de las relaciones internacionales, uno de los preceptos de las relaciones bilaterales entre los estados es el principio de reconocimiento de la soberanía y el principio de la equidad positiva (la búsqueda de un win-win) en las relaciones entre dos naciones. Y, desgraciadamente, vemos con estupor y extrañeza cómo, a lo largo de los últimos años, la buena fe y voluntad constructiva de España para con Marruecos no son recíprocas por parte del vecino al sur de Gibraltar.
La cesión más importante, la aceptación del plan de Rabat en 2022 para asegurarse la soberanía del territorio del Sáhara Occidental, antiguo territorio de España –que nunca cumplió plenamente sus obligaciones como antigua Metrópoli para una correcta descolonización del territorio y asegurar el derecho a la autodeterminación de la población saharaui– debía marcar un nuevo periodo para olvidar rencillas, sentar las bases de una mejor vecindad y en definitiva, construir una relación bilateral más sana entre ambas orillas del Mediterráneo.
Y, sin embargo, no ha sido así. Y cada vez más da la sensación de que los importantes esfuerzos y cesiones de España no reciben más que migajas por parte de la Monarquía Alauita. De hecho, mientras que España más y más se preocupa por llevarse bien con Rabat, más desplantes y desprecios recibe por parte marroquí. La lista de esta siniestra asimetría diplomática es preocupantemente extensa: el espionaje en 2022 con el sofisticado software israelí Pegasus a miembros críticos del Gobierno Español por parte de los servicios secretos del reino africano, los retrasos continuados por parte de Marruecos de la apertura de las aduanas comerciales hispano-marroquís en Ceuta y Melilla, el no-reconocimiento de la soberanía española de las ciudades de Ceuta y Melilla y las aguas territoriales del archipiélago Canario… hasta en el terreno deportivo, con la estrambótica entrada de Marruecos como país organizador del mundial 2030 que inicialmente iba a ser de España y Portugal únicamente, y la subyacente ofensiva diplomática marroquí para sustraer el plato fuerte del torneo, el partido de la final, a España.
Pero sin duda, el gran ejemplo de este cada vez más evidente “malquerer” marroquí hacia España es sin duda la presión fronteriza en Ceuta y Melilla. Ya en 2021 más de 5.000 personas (todas hombres en edad militar) cruzaron el espigón fronterizo de Ceuta, como respuesta a la hospitalización del histórico dirigente saharaui Brahim Gali en España. A ello siguió la tragedia fronteriza en Nador en 2022… y la más reciente, la lamentable invasión, otra vez a Ceuta, de una horda de migrantes frente a la pasividad de las autoridades marroquíes. Curiosamente, al mismo tiempo que el Tribunal Supremo confirmó que no se pueden realizar devoluciones en caliente a los migrantes que crucen por mar, implicando que deban ser acogidos en territorio español hasta que finalice su proceso burocrático… y tras la visita el pasado mes de julio de Pedro Sánchez a Argelia -rival regional de Marruecos- con el objetivo de revitalizar las relaciones bilaterales hispano-argelinas.
Muchas veces, a veces con sorna, se pregunta: ¿Qué le debe el PSOE a Marruecos? (Si bien es cierto que todos los gobiernos españoles de la democracia han pecado de demasiada complacencia en su trato a Rabat, independientemente de su color político) Pero cada vez más conviene hacerse la pregunta fría y seriamente de hacia dónde va nuestra actual relación diplomática con Marruecos y sobre todo visualizar cómo muchos de los objetivos estratégicos de Rabat, empezando con las reivindicaciones del “Gran Marruecos”, son diametralmente opuestos (cuando no en ruta de colisión) a España. Lamentablemente, en nuestra relación bilateral, nuestro homólogo marroquí sonríe calurosamente a la cara… pero a la vez esconde siniestramente un frío puñal a sus espaldas.

David Cardero Ozarín
defensayseguridad.es

