El 20 de agosto de 1970 era botada en Ferrol la primera de las 5 fragatas de la clase Baleares, unos escoltas derivados de las estadounidenses Knox que durante más de 3 décadas constituyeron una pieza fundamental de la Flota española

Redacción
La Armada ha recordado este 20 de agosto una de esas efemérides que permiten mirar hacia atrás y comprender cuánto ha cambiado la Flota española. Hace exactamente 56 años, el 20 de agosto de 1970, era botada en Ferrol la fragata Baleares (F-71), cabeza de una clase de 5 buques que marcaría una auténtica ruptura tecnológica en la Armada. La Revista General de Marina conserva entre sus fondos gráficos la imagen de aquella botadura.

Fragata Cataluña, F-75
Las Baleares derivaban de las fragatas antisubmarinas estadounidenses de la clase Knox, aunque el diseño fue profundamente adaptado a los requisitos españoles. Construidas por la entonces Empresa Nacional Bazán en Ferrol, se convirtieron en los primeros escoltas oceánicos lanzamisiles de la Armada española y aportaron capacidades que situaban a la Flota en otra dimensión respecto de buena parte de los buques a los que sustituían.

La serie quedó formada por la Baleares (F-71), Andalucía (F-72), Cataluña (F-73), Asturias (F-74) y Extremadura (F-75). La primera entró en servicio en 1973; la Andalucía, en 1974; Cataluña y Asturias, en 1975; y la Extremadura, última de la clase, en 1976. Las 5 quedaron encuadradas en la 31ª Escuadrilla de Escoltas, con base en Ferrol, una denominación que muchos años después heredaría la actual clase Álvaro de Bazán F-100.
El salto hacia una Armada lanzamisiles
Con unas 4177 toneladas a plena carga y 133,6 metros de eslora, las Baleares fueron concebidas sobre todo como grandes escoltas antisubmarinos, pero España modificó significativamente el concepto estadounidense para dotarlas de una capacidad antiaérea mucho mayor. Incorporaron el lanzador Mk 22 para misiles Standard SM-1MR, el sistema antisubmarino ASROC, un cañón Mk 42 de 127 mm y un radar tridimensional AN/SPS-52B. Posteriormente recibirían los misiles antibuque Harpoon, los sistemas españoles Meroka de defensa de punto y sucesivas mejoras en sensores y guerra electrónica.
Aquella combinación convirtió a las fragatas en uno de los elementos principales de la Fuerza de combate española durante los años 70, 80 y buena parte de los 90. No eran únicamente unos nuevos barcos en la LOBA, sino que representaban la entrada definitiva de la Armada en la era del misil, de los sensores tridimensionales y de unos sistemas de combate y guerra antisubmarina mucho más sofisticados que los hasta entonces conocidos.

Botadura de la fragata Andalucía. Imagen: Bazán
Las singladuras de la clase terminaron extendiéndose durante más de 3 décadas. Sus buques participaron en ejercicios nacionales y aliados, en agrupaciones navales permanentes y, con el paso de los años, en operaciones reales. La Asturias, por ejemplo, se convirtió en 1990 en el primer buque de la Armada integrado en una fuerza naval permanente de la OTAN; posteriormente operó en el mar Rojo durante la Guerra del Golfo, en el embargo naval sobre Serbia y Montenegro y en la operación Active Endeavour.
También las demás unidades acumularon una intensa actividad internacional. La Baleares y la Andalucía, entre otras, participaron en las operaciones navales desarrolladas durante las guerras de Yugoslavia, un escenario que llevó a aquellos buques concebidos durante la Guerra Fría a cumplir misiones operativas muy diferentes a las imaginadas cuando comenzaron a construirse.
Más de 30 años de servicio
La retirada fue escalonada. La Cataluña fue la primera en abandonar el servicio, seguida por la Baleares. La Andalucía causó baja el 15 de diciembre de 2005, tras más de 30 años de servicio, y la Extremadura lo hizo el 15 de septiembre de 2006, también después de 3 décadas en la Armada.

Fragata Extremadura, F-75, última de la serie
La última fue la Asturias (F-74). Su bandera fue arriada definitivamente el 30 de junio de 2009 en el Arsenal Militar de Ferrol. Había sido entregada a la Armada el 2 de diciembre de 1975 y, en sus más de 30 años de vida, recorrió 565 399 millas y permaneció 2835 días en la mar. Con ella desaparecía del servicio la última representante de una generación que ahora, años después y con todo merecimiento, consideramos histórica.
Pero no desapareció su herencia. La 31ª Escuadrilla de Escoltas continúa hoy en Ferrol, formada por las fragatas F-100 de la clase Álvaro de Bazán. Son buques incomparablemente más avanzados, nacidos ya alrededor del sistema AEGIS, pero forman parte de una misma sucesión histórica de grandes escoltas oceánicos que tiene en las Baleares uno de sus capítulos fundamentales.
Hace 56 años, cuando la Baleares tocó por primera vez el agua en Ferrol, la Armada española no botaba simplemente una nueva fragata. Botaba el comienzo de una nueva época.
Redacción
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