Alcalá (SBS) advierte de la zozobra de los programas de Defensa en que participa

El Comité de Empresa de Santa Bárbara Sistemas alerta de la incertidumbre sobre los programas de mantenimiento del SIAC y el Leopard, y advierte del impacto que puede tener sobre la plantilla, las auxiliares y otros trabajos vinculados al 8×8 Dragón

Redacción

La fábrica de Santa Bárbara Sistemas en Alcalá de Guadaíra vuelve a situarse en el centro de una discusión que España lleva demasiado tiempo aplazando: qué significa sostener una industria terrestre propia, quién asume los periodos de incertidumbre y qué ocurre cuando los programas del Ministerio de Defensa se atascan mientras la plantilla, las auxiliares y las familias siguen dependiendo de ellos.

 

 

El Comité de Empresa de Santa Bárbara Sistemas en la planta sevillana ha trasladaba un comunicado hace apenas 3 días en el que alerta de la situación generada por la incertidumbre en los programas de mantenimiento del obús SIAC y del carro Leopard, así como por el efecto que esa pérdida de actividad podría tener sobre otros trabajos en los que la factoría participa, entre ellos el vehículo de combate sobre ruedas 8×8 Dragón.

Por supuesto, la planta sevillana de SBS no es una instalación menor ni una línea industrial prescindible. Alcalá de Guadaíra forma parte de la cadena de valor de los grandes programas terrestres del Ejército de Tierra. Allí se concentran conocimientos, oficios, experiencia acumulada y una relación directa con sistemas que no se improvisan en 6 meses ni se reconstruyen con una nota de prensa.

Reproducimos para nuestros lectores el comunicado del Comité:

“La incertidumbre que está afectando a los programas de mantenimiento, ciclo de vida y, en consecuencia, a la carga de trabajo en el ámbito de defensa, tiene un impacto directo sobre la plantilla, las empresas auxiliares y las familias que dependen de esta actividad.”

“La paralización de los acuerdos marco de mantenimiento del obús SIAC y del Leopard está generando un escenario que invita a la preocupación. La pérdida de personal cualificado puede acabar afectando a otros proyectos clave como el del vehículo blindado 8×8 Dragón, poniendo en riesgo plazos y compromisos estratégicos.”

 

“Hace apenas tres años, esta fábrica respondió con eficacia a una necesidad estratégica del país gracias al compromiso y la cualificación de sus trabajadores y trabajadoras. Esa capacidad no fue algo puntual, sino el resultado de una trayectoria industrial sólida y de décadas de experiencia acumulada.”

“Más de 500 familias, junto a las de numerosas empresas auxiliares, ven amenazada su estabilidad.”

“Existe riesgo de destrucción de empleo en una empresa privada asentada sobre instalaciones del Ministerio de Defensa, lo que cuestiona el retorno social e industrial de dichas infraestructuras. De prolongarse esta situación, podrían perderse capacidades industriales difíciles de recuperar y debilitarse el conjunto del sector.”

“La plantilla ya ha cumplido. Ahora corresponde a las instituciones estar a la altura.”

Llamamiento final: “Hacemos un llamamiento a las administraciones y, en particular, al Ministerio de Defensa, para que actúen con responsabilidad y garanticen la continuidad de la actividad y del empleo en esta factoría.”

El fondo del asunto no es sólo laboral, aunque lo laboral sea lo más urgente. Lo que se está creando alrededor de Alcalá de Guadaíra es una tensión en 3 planos: el sostenimiento de los medios ya en servicio, la continuidad de la plantilla especializada y la disputa por el control y la ejecución de los grandes programas terrestres del Ministerio de Defensa.

La cuestión es sencilla de formular y bastante más compleja de resolver: si el Ejército necesita mantener/modernizar sus Leopard y sus SIAC, si España afirma querer preservar capacidades industriales terrestres y si, además, el discurso público insiste en reforzar la base tecnológica e industrial de defensa, ¿qué sentido tiene dejar una fábrica con carga irregular, personal en riesgo y proveedores auxiliares en vilo?

El caso del 8×8 Dragón añade otra capa más al barniz de incertidumbre que cubre todo. El programa nació como una de las grandes apuestas de modernización del Ejército de Tierra y como una oportunidad para consolidar una cadena industrial nacional en torno al vehículo blindado de ruedas. Pero el Dragón, sabido es, también ha mostrado los problemas habituales de los grandes programas: retrasos, ajustes, tensiones entre socios, cambios de calendario y una dificultad evidente para pasar del anuncio institucional a la producción sostenida y estable.

El riesgo señalado por el Comité es, en este caso, la pérdida de personal cualificado, ya que éste no se queda encerrado en el contrato que se paraliza. Un soldador certificado, un técnico de integración, un especialista en mantenimiento, un responsable de calidad o un operario con años de experiencia en vehículos militares no son piezas intercambiables que se puedan recuperar al día siguiente con una licitación nueva. Cuando se van, se llevan conocimiento práctico, rutinas, oficio y memoria industrial.

Y eso afecta al SIAC, al Leopard, al Dragón y a cualquier programa posterior que pretenda apoyarse en la misma cadena de capacidades. En defensa terrestre, el ciclo de vida no es un apéndice administrativo más, sino la diferencia entre tener material en inventario y tener material disponible. Comprar es una parte del problema; sostener, reparar, modificar y modernizar es la otra mitad.

La situación se produce, además, en un momento especialmente sensible para la industria española de vehículos militares. El Ministerio de Defensa ha impulsado en los últimos años una reordenación del sector terrestre, con nuevas posiciones de fuerza, alianzas empresariales y ambiciones industriales en torno a los grandes programas del Ejército. Operaciones que no siempre han salido como se esperaba. En ese tablero, Santa Bárbara Sistemas conserva una experiencia difícil de discutir en blindados, cadenas, barcazas, integración y apoyo al ciclo de vida.

 

 

La competencia entre actores puede ser legítima. Lo que resulta más discutible es que esa competencia, o la indefinición administrativa que la acompaña, termine trasladando incertidumbre a una plantilla que trabaja en instalaciones vinculadas al propio Ministerio de Defensa.

Muy probablemente la fábrica sevillana no está pidiendo un privilegio, sino recordando algo bastante más elemental, ya que los programas de defensa no existen sólo en el BOE, en las presentaciones ministeriales o en las ferias del sector. Existen en talleres, bancos de prueba, líneas de montaje, almacenes, proveedores, soldaduras y turnos de trabajo. Si eso se rompe, luego no basta con invocar la autonomía industrial.

El caso de Alcalá de Guadaíra debería obligar a Defensa a aclarar varias cuestiones. Primero, qué calendario real maneja para los acuerdos marco del SIAC y del Leopard. Segundo, cómo va a proteger las capacidades ya existentes mientras decide el reparto futuro de los programas terrestres. Y tercero, si el Ministerio considera aceptable que instalaciones de su órbita acaben generando incertidumbre laboral precisamente en un momento de aumento del gasto militar y de demanda creciente de sostenimiento.

La frase final del Comité resume bien la situación: “La plantilla ya ha cumplido. Ahora corresponde a las instituciones estar a la altura.” Podría parecer una consigna sindical, y es indudable que lo es, pero sólo también. En realidad, además es una pregunta dirigida al centro de la política industrial de defensa española. Si se quiere una base nacional seria, hay que cuidarla también cuando no hay cámaras, entregas oficiales ni discursos de ocasión.

 

Redacción

defensayseguridad.es

Un comentario

  1. La base nacional «seria» se puede tener en Alcalá de Guadaira o en El Talerón…no es exclusiva de una empresa subsidiaria de una multinacional americana.

    Esas 500 familias mañana pueden ir a trabajar a otras empresas que yo sepa, y en los mismos proyectos que están actualmente.

    A mí esto me suena a «lloros 2.0» ya que el Supremo ha tumbado las reclamaciones sin fundamento de la empresa, ahora vamos a apelar a los puestos de trabajo. Pues estoy seguro que Indra contrataría con los ojos cerrados al 90% de esos empleados.

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