El jefe de la Fuerza Aérea alemana advierte de una brecha operativa tras 2035 y pide que Alemania no compre más sistemas que no sean de quinta generación, en pleno reajuste europeo tras el colapso del NGF del FCAS

Redacción
Las declaraciones del Generalleutnant Holger Neumann, jefe de la Fuerza Aérea alemana, llegan en el momento más delicado para el futuro del combate aéreo europeo. Tras el colapso del desarrollo conjunto del NGF, el caza que debía ser el núcleo del FCAS, Berlín empieza a hablar con una claridad que hasta hace poco se evitaba. Alemania necesita una salida operativa, no sólo una explicación política.
Neumann lo ha formulado de manera directa. “Entre la entrega del último Eurofighter en el año 2035 y la disponibilidad de un futuro avión de combate europeo se crea una brecha que debemos superar”. La frase ubica el problema donde corresponde: en el calendario, en la capacidad y en el riesgo de que la Luftwaffe quede atrapada entre un Eurofighter todavía necesario, pero limitado, y un futuro sistema europeo que ya no puede darse por garantizado en los términos previstos.

Teniente general Holger Neumann (izquierda), en su toma de posesión, el año pasado, del mando de la Fuerza Aérea Alemana
El jefe de la Fuerza Aérea alemana también ha trasladado al Ministerio de Defensa una petición de fondo: “He pedido al Ministerio de Defensa que a partir de 2035 solo adquiera sistemas de armas de quinta generación”. La posición no equivale a una decisión de compra, pero sí que marca una línea doctrinal evidente. Para Neumann, el debate posterior al FCAS no puede resolverse con una prolongación indefinida de plataformas de cuarta generación, por muy modernizadas que estén.
El argumento técnico aparece en su tercera declaración. «De lo contrario (caso de no adquirir plataformas de cuarta generación) alcanzaremos límites operativos, porque el Eurofighter, por ejemplo, no tiene propiedades de sigilo.» Ahí está, quizás, la cuestión central. El Eurofighter seguirá siendo un avión fundamental, especialmente con mejoras de radar, sensores, guerra electrónica y armamento en marcha (LTE, Quadriga). Pero no es un avión furtivo, y esa carencia pesa en escenarios donde la penetración, la supervivencia y la operación en espacios disputados serán cada vez más exigentes.
Neumann completa su diagnóstico al definir qué deberán aportar los futuros aviones de combate: “Los aviones de combate del futuro deben disponer precisamente de estas propiedades sigilosas, interactuar con sistemas no tripulados y poder acceder a espacios de datos compartidos”. Es decir, no se trata sólo de comprar un avión más moderno. Se trata de entrar en una arquitectura distinta: baja observabilidad, cooperación con sistemas no tripulados y acceso a redes de datos compartidas.
Estas palabras deberían interpretarse junto a las declaraciones recientes del ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, que ya situó sobre la mesa hace sólo un par de días varias opciones: comprar F-35 adicionales, incorporarse a otro programa internacional en marcha o lanzar un proyecto bajo liderazgo alemán con Airbus y otros socios. También dejó abierta una cuarta posibilidad que no quiso concretar, y de la que hablamos ayer. En ese marco, la posición de Neumann refuerza la idea de que la Luftwaffe no quiere esperar a que la política industrial europea vuelva a ordenarse mientras se abre una brecha de capacidad.

El escenario de debates, propuestas y exploraciones que se ha generado en ILA 2026 es indisociable del final del NGF. La tormenta del fin del FCAS tal y como lo conocimos, está provocando toda suerte de declaraciones en un corto espacio de tiempo, cada cual más relevante.
Por eso las palabras de Neumann importan. Porque no son una reflexión abstracta sobre tecnología. Son una respuesta militar alemana a una situación política que ya no puede disimularse. El avión europeo no llega a tiempo, y Alemania tendrá que cubrir la brecha. Y si la Luftwaffe pide quinta generación a partir de 2035, el F-35 aparece inevitablemente como referencia inmediata, aunque Neumann no convierta sus declaraciones en una adjudicación ni en una orden de compra.
El dilema para Alemania es conocido, pero ahora más urgente. Puede ampliar su apuesta por el F-35, con la ventaja de una plataforma ya en producción y operativa en numerosos aliados. Puede tratar de incorporarse a otro programa internacional. Puede respaldar una vía industrial alemana, como la que se empieza a articular en torno a TEAM GEN 6. O puede intentar una solución híbrida: mantener cooperación europea en la nube de combate, sensores y sistemas no tripulados, mientras resuelve por otra vía la plataforma tripulada.
El mensaje de la Luftwaffe es sobrio, pero contundente. El Eurofighter no basta para todo lo que viene, y un futuro sistema europeo que llegue demasiado tarde no resuelve la brecha de 2035. Alemania empieza a poner nombre técnico a las consecuencias del fracaso industrial y político del NGF. Y cuando el jefe de su Fuerza Aérea pide quinta generación, lo que está diciendo en realidad es que el tiempo de las esperas se ha terminado.
Redacción
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