El Gobierno de Keir Starmer estudia retrasar o cancelar los futuros destructores de defensa aérea, en un momento en que la Marina británica ya afronta problemas de disponibilidad, retrasos industriales y presión presupuestaria

Redacción
La Royal Navy vuelve a quedar situada ante una decisión incómoda. Según han publicado Tom Cotterill y Tony Diver en The Telegraph, el Gobierno de Keir Starmer estaría considerando retrasar o incluso cancelar el futuro programa de destructores Type 83, concebido para sustituir a los actuales Type 45 entre 2035 y 2038.
La información llega en un momento especialmente sensible para la defensa británica. El programa Type 83 se encuentra aún en una fase inicial de diseño y su continuidad dependería del Plan de Inversión en Defensa del Gobierno, un documento largamente retrasado y todavía sometido a disputas entre el Ministerio de Defensa y el Tesoro. Siempre según The Telegraph, fuentes militares de alto rango consideran probable que el programa sea aplazado o cancelado para liberar recursos hacia otras prioridades, entre ellas una expansión significativa de las capacidades de drones del Reino Unido.

La decisión, de producirse, no afectaría a un programa de escasa entidad. El Type 83 estaba llamado (de hecho, está) a convertirse en el futuro destructor de defensa aérea y misiles guiados de la Royal Navy. Debía reemplazar a los 6 destructores Type 45, buques que la Marina británica describe como algunos de los mejores destructores de defensa aérea del mundo, diseñados para hacer frente a misiles balísticos, drones, aviones y helicópteros.
El problema es que el relevo se complica cuando la flota actual tampoco atraviesa su mejor momento.
Precisamente los Type 45 han acumulado problemas de fiabilidad, especialmente en aguas cálidas, y han sufrido averías durante despliegues en Oriente Medio y el Mediterráneo. El Ministerio de Defensa británico ha tenido que poner en marcha un programa de mejoras de 160 millones de libras para modernizar y sustituir los motores de cada buque. Según la información publicada, sólo 3 de los 6 destructores han recibido hasta ahora esa modernización, mientras que el HMS Defender y el HMS Diamond continúan en dique seco.
The Telegraph recuerda también el caso del HMS Dragon, cuyo despliegue hacia Oriente Medio se retrasó una semana tras los ataques a una base de la RAF en Chipre, al requerir actualizaciones de software y mantenimiento. El buque permanece desplegado en la zona, mientras que el HMS Duncan protege al portaaviones HMS Prince of Wales durante su misión en regiones árticas y subárticas del norte de Europa.
Si el Type 83 se retrasa, la consecuencia es evidente, ya que los Type 45 tendrían que permanecer más tiempo en servicio. Y eso prolongaría la dependencia de una clase de destructores muy capaz sobre el papel, pero con un historial de disponibilidad y fiabilidad que ha generado dudas persistentes totalmente justificadas.
De modo más general, la cuestión encaja en una serie más amplia de dificultades que viene acumulando la Royal Navy. La institución naval británica no sólo debe gestionar la posible incertidumbre sobre el Type 83. También arrastra problemas de disponibilidad de buques, retrasos en la entrada en servicio de las fragatas Type 31, las dudas que hemos apuntado sobre la operatividad real de los Type 45 y tensiones conocidas en un arma submarina que ha conocido tiempos mejores. La posible revisión del Type 83 no abre esa crisis, pero sí añade una nuevo peso a un cuadro ya exigente.
El Gobierno británico está tratando de encajar el aumento del gasto en defensa con restricciones fiscales y recortes o ajustes en otros departamentos. The Telegraph señala que John Healey, secretario de Defensa, considera que su departamento necesita 18.000 millones de libras adicionales para responder al nivel de amenaza identificado en la revisión de defensa encargada por el Partido Laborista. El Tesoro, por su parte, intenta contener el coste del plan.
En ese contexto, el Type 83 compite con otras prioridades. Entre ellas, una nueva generación de aviones de combate, la posible compra de F-35A con capacidad nuclear (también puesta en duda estos días) y el impulso a una “armada híbrida”, concepto que busca combinar buques tradicionales con una flota creciente de sistemas no tripulados, tal y como informamos aquí..
Ese giro hacia los drones no significa que los destructores de defensa aérea hayan perdido importancia. Al contrario. La guerra reciente ha reforzado el valor de la defensa antiaérea, antimisil y antidron. Pero sí obliga a revisar qué tipo de buques puede financiar el Reino Unido, en qué número, con qué calendario y qué parte del presupuesto debe dirigirse a plataformas tripuladas frente a sistemas no tripulados.
El Ministerio de Defensa británico no ha revelado cuántos Type 83 pretende adquirir. Fuentes industriales han especulado con la posibilidad de 6 buques, suficientes para sustituir a los Type 45 uno por uno, pero esa cifra no ha sido confirmada oficialmente. El ministro de Defensa Luke Pollard ya había señalado en una declaración parlamentaria que el concepto Type 83 está en revisión dentro de la Estrategia Naval Híbrida de la Royal Navy y que el estudio de viabilidad futuro queda sujeto al Plan de Inversión en Defensa.
Si el Reino Unido retrasa o cancela el Type 83, no sólo estará reajustando un programa naval. Estará reconociendo que su ambición marítima se encuentra bajo presión: por costes, por disponibilidad, por prioridades tecnológicas nuevas y por la dificultad de sostener simultáneamente portaaviones, submarinos, fragatas, destructores, aviación embarcada, disuasión nuclear y sistemas no tripulados.
La Royal Navy sigue siendo una de las marinas más relevantes de Europa. Pero su problema, otras veces lo hemos apuntado, no es de prestigio. Es de masa, calendario, mantenimiento y continuidad industrial. El posible futuro del Type 83 vuelve a recordar que una marina no se mide sólo por la calidad de sus buques, sino por cuántos puede mantener en servicio, durante cuánto tiempo y con qué margen para sustituirlos antes de que el relevo llegue tarde.
Redacción
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