Navantia y TKMS: un vistazo al memorando que toma forma

El segundo acuerdo fija el objetivo de crear antes de final de año un marco conjunto para producir y comercializar determinados proyectos de submarinos, mientras la elección de TKMS para la futura flota canadiense convierte la necesidad de capacidad industrial en un problema inmediato

Jorge Estévez-Bujez

 

El S-80 todavía será el programa principal de Navantia durante años

 

TKMS y Navantia han firmado un segundo Memorando de Entendimiento para avanzar en la alianza estratégica submarina anunciada el pasado mes de abril. El nuevo documento continúa sin identificar plataformas concretas, clientes o un reparto industrial, pero ya introduce algunos elementos que no estaban formulados con igual claridad en el acuerdo inicial: ambas compañías quieren establecer antes de final de año un marco conjunto de colaboración para la producción y comercialización de «determinados proyectos de submarinos».

No estamos todavía ante un contrato, un programa conjunto o una nueva sociedad industrial. Y por supuesto que no se ha anunciado el desarrollo de una familia común de submarinos (al menos, de momento). Sin embargo, el comunicado publicado ayer, 24 de julio, permite afirmar que las conversaciones desarrolladas durante los últimos 3 meses han superado la fase puramente exploratoria y se encaminan hacia una fórmula mucho más definida, aunque su contenido continúa protegido, como es lógico, por una prudente ambigüedad corporativa que todavía nos hará esperar a futuros anuncios para conocer las concreciones de esta «amistad» hispano-germana.

La diferencia con el primer memorando es pequeña en el lenguaje, pero potencialmente importante en su alcance. En abril, las compañías se comprometieron a explorar una cooperación que podía incluir la fabricación en España de diseños de TKMS, particularmente submarinos. Ahora hablan de producir y comercializar conjuntamente determinados proyectos, de ampliar la capacidad industrial disponible y de mejorar los plazos y el desempeño de las entregas.

Son verbos algo más concretos. Todavía no son órdenes de trabajo, pero adelantan —sugieren— líneas de trabajo.

Del conocimiento mutuo al marco industrial

Desde la firma del primer acuerdo, delegaciones de TKMS han visitado en varias ocasiones las instalaciones de Navantia en Cartagena, donde se concentra la construcción de los submarinos S-80 y buena parte de la capacidad industrial y tecnológica española en este ámbito. Aquellas reuniones han permitido a los responsables alemanes conocer las instalaciones, los procesos productivos y la organización del astillero que tendría que asumir cualquier participación española en un futuro programa común.

El comunicado señala ahora que esas conversaciones han dado como resultado la identificación de áreas concretas en las que las capacidades de las 2 empresas pueden aportar valor. No dice cuáles son todavía, ni por supuesto aclara si Navantia participaría en la construcción de bloques, secciones resistentes, módulos, sistemas auxiliares, integración final o sostenimiento. Todo llegará. En la industria submarina, fabricar no equivale necesariamente a diseñar, del mismo modo que integrar determinados equipos no implica disponer de autoridad sobre la arquitectura general de la plataforma. Es algo que conocido. La posición industrial de Navantia dependerá, por tanto, no sólo de cuánto trabajo reciba Cartagena, sino de qué trabajo sea, qué conocimiento incorpore, reciba, y qué capacidad de decisión conserve la empresa española sobre el producto final.

En abril escribíamos en DYS que el primer memorando pertenecía a esa clase de comunicados que no anuncian una decisión, sino una intención. También advertíamos de que su verdadero significado dependería de cuestiones todavía desconocidas: «qué se fabricará realmente en España, bajo qué diseño, con qué transferencia tecnológica, con qué reparto de valor y en qué posición quedará Navantia».

3 meses después, aquellas preguntas continúan abiertas. Pero ya no estamos exactamente en el mismo lugar.

Canadá altera la dimensión del acuerdo

El principal cambio producido alrededor de esta alianza no aparece directamente en el comunicado, aunque resulta difícil separarlo de su oportunidad temporal. El Gobierno canadiense seleccionó el 6 de julio a TKMS como suministrador preferente para negociar la adquisición de su futura flota de submarinos convencionales, un programa que contempla hasta 12 unidades y que se apoya en el diseño germano-noruego Type 212CD.

La selección todavía debe transformarse en un contrato definitivo, con sus correspondientes negociaciones sobre costes, calendarios, sostenimiento y participación industrial canadiense. No obstante, coloca a TKMS ante una cartera potencial de dimensiones extraordinarias.

 

Las instalaciones cartageneras se preparan para asumir responsabilidades todavía por definir, al menos de manera pública

 

TKMS arrastra ya una sólida carga de trabajo. A 31 de marzo de 2026 su cartera de pedidos alcanzaba los 20.600 millones de euros, impulsada, entre otros, por el encargo de 2 submarinos Type 212CD adicionales para Noruega. Los programas con Alemania y Noruega refuerzan esa posición, a la que se sumarán en los próximos meses el contrato canadiense y las fragatas MEKO.

La cuestión de la capacidad industrial deja así de ser una justificación genérica incluida en un comunicado para convertirse en una dificultad concreta, la de construir más submarinos, en menos tiempo y sin comprometer los calendarios ya contratados.

Es precisamente en este punto donde Cartagena adquiría una importancia diferente.

Navantia dispone de un astillero submarino activo, personal especializado y experiencia reciente en la fabricación, integración y pruebas de una plataforma convencional de gran tamaño. El programa S-80 ha sido largo, costoso y técnicamente difícil, pero ha permitido reconstruir una capacidad que España había perdido en buena medida tras décadas sin diseñar de forma autónoma una nueva clase de submarinos.

El S-81 se encuentra en servicio, el S-82 avanza en sus pruebas y Navantia inició en junio los ensayos a bordo del sistema de propulsión independiente del aire —AIP— destinado al S-83. Este sistema incorpora un elevado contenido tecnológico nacional y constituye uno de los elementos más relevantes de la evolución de la clase. A más de ello, se espera el anuncio de 2 unidades adicionales, lo que prolongará el programa varios años más.

En todo caso, la existencia de esa capacidad no significa que Cartagena pueda asumir sin modificaciones la fabricación de un diseño alemán. Cada submarino responde a unas tolerancias, materiales, procesos de soldadura, métodos de construcción e instrumentos de control específicos. La eventual participación española exigiría homologaciones, adaptación de instalaciones, capacitación de personal y una definición estricta de responsabilidades industriales.

Pero disponer de un astillero submarino operativo supone una base considerablemente más sólida que comenzar desde cero. La diferencia es absoluta.

Complementariedad, pero no igualdad automática

TKMS aporta, como decía, una cartera internacional consolidada, una familia de diseños probados y una posición dominante en el mercado occidental de submarinos convencionales. Navantia aporta capacidad industrial, instalaciones y la experiencia acumulada en el S-80, pero todavía no ha logrado convertir ese programa en contratos internacionales.

La complementariedad existe. La igualdad industrial no se deduce automáticamente de ella.

El nuevo comunicado señala expresamente que la colaboración no afectará a los contratos y programas actualmente en vigor, que ambas compañías seguirán operando de forma independiente y que no se contempla ninguna fusión, adquisición de acciones o compra de activos. La alianza se limitará a futuras oportunidades seleccionadas y estará sometida a las autorizaciones regulatorias, de competencia y de control de exportaciones correspondientes.

 

Un C-212 navega en superficie

 

Esta serie de precisiones protege formalmente al programa S-80 y evita interpretar el acuerdo como una absorción de la actividad submarina española por parte de TKMS. Un temor que muchos han expresado. Pero no responde, sin embargo, a la cuestión más importante a largo plazo y que tiene que ver con el futuro del arma submarina española: cómo influirá la cooperación en la evolución de la capacidad nacional y en la eventual definición de un futuro S-90.

Evidentemente no existe hoy anuncio oficial alguno que vincule este memorando con el sucesor del S-80, ni hay base para afirmar que España haya renunciado a desarrollar una evolución nacional. Pero, podemos deducir sin caer en lo especulativo, que cualquier acuerdo industrial prolongado con TKMS influirá inevitablemente en los conocimientos, inversiones y decisiones que Navantia adopte durante la próxima década; ésa en la que se espera la definición del futuro S-90 —o como dé en llamarse—.

Podría servir para mantener ocupada la línea de Cartagena, conservar equipos de ingeniería, adquirir ritmo productivo y participar en programas internacionales de gran volumen. También podría reducir los incentivos para abordar en solitario una nueva plataforma propia, especialmente si la cooperación ofrece una solución disponible, financiable y políticamente respaldada por varios aliados. Ninguno de los 2 resultados está decidido, pero es lícito plantearlos y exponer sobre la mesa las opciones que podamos vislumbrar.

La letra pequeña determinará el valor del acuerdo

El segundo memorando constituye un avance real, pero todavía insuficiente para calificar la alianza. El plazo fijado —antes de final de 2026— obliga a las compañías a definir un marco que debería aclarar, al menos internamente, los proyectos seleccionados, el reparto de responsabilidades, la propiedad intelectual, la autoridad de diseño, los mecanismos comerciales y la distribución del valor industrial.

Para España, la cuestión no puede reducirse al número de horas de trabajo que puedan llegar a Cartagena. La carga industrial es esencial, especialmente en un sector que necesita continuidad para conservar conocimientos difíciles de recuperar. Pero mantener empleo y mantener soberanía tecnológica no son exactamente la misma cosa. Un buen acuerdo permitiría a Navantia participar en áreas de ingeniería, integración, pruebas, sostenimiento y evolución del producto, además de fabricar secciones o módulos. También debería reforzar las capacidades adquiridas con el S-80 y evitar que el astillero español quede convertido en un simple proveedor de capacidad productiva bajo una arquitectura completamente ajena.

Para TKMS, la colaboración puede ofrecer algo igualmente valioso: margen industrial, flexibilidad para responder a nuevos pedidos y la posibilidad de reducir unos plazos de entrega que empiezan a ser tan importantes como las prestaciones técnicas de los submarinos.

El acuerdo podría, por tanto, ser razonable para ambas partes sin necesidad de atribuirle una simetría que todavía no ha demostrado.

 

Aguas tranquilas en un día de pruebas para el S-81

 

En abril señalábamos que el primer memorando era «impecable en la forma, nebuloso en el fondo». El segundo despeja una pequeña parte de aquella niebla. Sabemos que las conversaciones han continuado, que las empresas han identificado áreas de interés y que pretenden crear un marco común para producir y comercializar proyectos concretos. Pero seguimos sin conocer cuáles.

La alianza empieza a tomar forma, pero su verdadera naturaleza sólo podrá juzgarse cuando las palabras «capacidad», «soberanía» y «complementariedad» se traduzcan en ingeniería, propiedad intelectual, contratos y trabajo efectivo. Hasta entonces, el segundo memorando debe interpretarse como lo que es: un paso más hacia un acuerdo industrial posible, no la culminación de ese acuerdo. Estaremos al tanto.

Créditos: Navantia y TKMS

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

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