La crisis migratoria en Ceuta y Melilla ha puesto en evidencia la falta de solidaridad Europea con el Flanco Sur

David Cardero Ozarín
Los sucesos de los últimos días han supuesto —esperemos— un antes y un después en la relación bilateral entre España y Marruecos. Por supuesto, hay que esclarecer en primer lugar la clarísima responsabilidad de Rabat en lo sucedido, un auténtico acto de guerra híbrida, así como las lamentables muertes de sus propios ciudadanos que tuvieron lugar en la llegada masiva y en el intento de bordear el espigón fronterizo en el Tarajal. También hay que depurar la responsabilidad del Gobierno español, que no pudo evitar la llegada multitudinaria de migrantes a la ciudad de Ceuta, cuyos ciudadanos vieron con estupor, sorpresa y absoluto pavor cómo entre 50.000 y 60.000 personas indocumentadas y con intenciones desconocidas invadieron las calles de su ciudad, forzándoles a paralizar su vida cotidiana, cesar toda actividad comercial y refugiarse en sus hogares.

Otras fronteras europeas gozan de mejor salud que las españolas de Ceuta y Melilla. Imagen: frontera polaca con Bielorrusia. Agnieszka Sadowska (Agencia Wyborkza) Vía Reuters
La política española de apaciguamiento con Marruecos, así como la temeraria regularización masiva del gobierno de Pedro Sánchez son, sin duda, argumentos de peso para sopesar hasta qué punto ha sido inteligente y efectiva la prevención y la gestión de la crisis por parte de Madrid. Pero con la misma vehemencia es necesario señalar la tibieza (cuánto no desprecio) con la cual naciones europeas supuestamente hermanas y aliadas han reaccionado a la crisis ceutí.
El Flanco Sur, un asunto de segunda división para Bruselas
Muchos analistas hemos denunciado desde hace tiempo la escasa importancia que Bruselas dedica al Flanco Sur del Mediterráneo Occidental: la política comunitaria, que desde hace décadas se mueve hacia los intereses del Este, está mucho más enfocada en la disuasión frente a Rusia, la vigilancia del flanco oriental y la mediación entre Grecia, Turquía y Chipre.
La cuestión de Ceuta, Melilla y la problemática relación con Marruecos es conocida mínimamente; interesa en cuanto a la cooperación antiterrorista, pero en los círculos de Bruselas siempre es un asunto “de segunda división” en comparación con la gestión de Kaliningrado, las provocaciones rusas en el Báltico y la frontera caliente entre Polonia y Bielorrusia.
Europa señala a España
Es por ello que duele más cuando, en el momento que España más lo necesitaba, supuestos aliados en la Unión Europea no solo no la apoyaron, sino que la atacaron: el gobierno italiano de Giorgia Meloni, anunció el cese de la frontera Schengen con España y lanzó el órdago, bajo recomendación del ministro del interior Matteo Piantedosi de expulsar a España del espacio Schengen, iniciativa que apoyó a su vez el ministro finés Petteri Orpo, el gobierno danés liderado por la socialdemócrata Mette Frederiksen y el primer ministro checo Andrej Babiš.

Las relaciones hispano-marroquíes atraviesan uno de sus peores momentos, al menos desde el lado español. Imagen: El Periódico de Ceuta
La iniciativa de Roma recibió el apoyo de Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Croacia, Chipre, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Finlandia, Grecia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, Países Bajos, Polonia, República Checa, Rumanía y Suecia, que lanzaron un durísimo comunicado conjunto a los presidentes del Consejo Europeo y de la Comisión Europea, António Costa y Ursula von der Leyen para exigir una reunión urgente de los ministros de interior de la UE y abordar el deber que tiene la Unión de «disuadir eficazmente y combatir sin descanso la migración ilegal«, coordinando su actuación, reforzando las fronteras exteriores y abordando «todas las políticas que puedan servir como factores de atracción».
No hubo mención explícita al rol de Marruecos. Ningún atisbo de apoyo concreto a España y de solidaridad con las poblaciones de Ceuta y Melilla asediadas. Únicamente un duro tirón de orejas a Sánchez por su regularización. Precisamente por parte de Italia, país mediterráneo hermano en cuya isla de Lampedusa se ha vivido el drama de la inmigración ilegal demasiadas veces. La misma Italia que reportó en 2025 el doble de llegadas ilegales que España. Precisamente por parte de Finlandia, país con una frontera de más de 1300 kilómetros con Rusia, y cuyos soldados compartirán trinchera con soldados españoles en el seno de la misión OTAN de Fuerzas Terrestres Avanzadas, destinada en parte a guardar la frontera del flanco norte finés frente a Rusia.
La doble vara de medir europea
La misma Europa que apoyó a Italia tras la crisis migratoria libia, que condenó sin paliativos a Rusia y Bielorrusia cuando instrumentalizaron la migración contra Polonia, Lituania, Letonia y Estonia, ahora acusa a España de tibieza. La misma Europa que aboga por un frente común con Ucrania y la supuesta unidad europea frente a los problemas exteriores. Por no citar comentarios lamentables como el de la tertuliana francesa Naïma M’Faddel en la cadena gala Canal + News, en la cual hablaba abiertamente de que “Si tan progresista y tan contrario a la colonización es el señor Sánchez como dice, España debe iniciar negociaciones con Marruecos para devolver Ceuta y Melilla a Marruecos”.
Una voz de apoyo desde Estonia
Evidentemente, también España recibió apoyo explícito del ministro del Interior de Estonia, Igor Taro, que criticó la mera posibilidad de excluir al país ibérico de Schengen como “una capitulación, una traición frente a uno de nuestros aliados de la UE y de la OTAN”. «Tenemos que pensar en cómo podemos apoyar de forma conjunta a España, en lugar de discutir cómo dejarla en la calle. Ningún país está solo: la frontera de la Unión Europea debe ser defendida de forma conjunta.”
Ceuta y Melilla son frontera europea
Una voz de la razón que pone el dedo en la llaga: Ceuta y Melilla, además de ser ciudades de soberanía española tanto como Madrid, Salamanca o Burgos, son puerta de entrada a la Unión Europea, el único contacto terrestre entre el Viejo Continente y África. Y como tal debe ser considerado. Una frontera europea, un desafío europeo y, por consiguiente, una actuación europea.

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