Colombia intensifica las operaciones contra los grupos armados: combates en Cauca, Meta y Antioquia
Fuerzas Especiales, unidades de las divisiones Tercera, Quinta y Séptima, la Fuerza Aeroespacial y la Armada participan en una sucesión de operaciones contra estructuras vinculadas a las disidencias de las FARC y al Clan del Golfo, mientras los grupos armados responden con drones, explosivos y ataques contra posiciones e instalaciones públicas

Redacción
Colombia ha vivido durante las últimas horas uno de esos fines de semana en los que el mapa de la violencia vuelve a extenderse sobre buena parte del país. Cauca, Meta y Antioquia han concentrado algunas de las acciones más importantes, pero también se han registrado ataques en Tolima y otros departamentos.

Soldados colombianos en medio de los operativos. Imagen: El País (Colombia)
No se trata de un único combate ni, aparentemente, de una sola operación coordinada desde Bogotá. Lo que se observa es una sucesión casi simultánea de acciones militares contra distintas organizaciones armadas, algunas directamente vinculadas al narcotráfico y otras herederas o escindidas de las antiguas FARC, mientras estas estructuras continúan respondiendo sobre el terreno con fusilería, explosivos y, cada vez con mayor frecuencia, drones.
En las operaciones intervienen Fuerzas Especiales del Ejército, unidades de las divisiones Tercera, Quinta y Séptima, la Fuerza Aeroespacial Colombiana, la Armada, la Policía y la Fiscalía.
El balance confirmado incluye al menos 6 integrantes de organizaciones armadas muertos en Meta y Antioquia, además de varias capturas. En Cauca, escenario probablemente de los combates más duros, distintos medios locales elevaron a 5 el número de miembros de las disidencias muertos. Las autoridades militares no habían confirmado oficialmente esa cifra, por lo que DYS la mantiene, por el momento, como provisional.
Y todo sucede en un momento que difícilmente puede considerarse irrelevante, ya que Colombia, siempre convulsa en los menesteres políticos a causa del enquistado problema del narcotráico, acaba de estrenar presidente.
Las primeras operaciones bajo el nuevo Gobierno
Abelardo de la Espriella es quien asumió la Presidencia de la República el pasado 7 de agosto. Apenas 2 días después, el nuevo Gobierno se encuentra ante un panorama de seguridad que proporciona una primera medida de la magnitud del desafío que tiene por delante, que no es en absoluto despreciable.
La cuestión, lejos de ser un asunto de segunda fila en la trascendencia política, es acaso el más sobresaliente de todos ellas. La seguridad ha ocupado un lugar central en el discurso político con el que De la Espriella ha llegado a la Presidencia. Durante la campaña prometió incrementar la presión del Estado sobre las organizaciones criminales y, ya en su discurso de posesión, volvió a defender una respuesta más firme frente a los grupos armados.
En sus primeras jornadas en el cargo ha tratado, además, de trasladar ese mensaje al terreno. En Cali encabezó un consejo de seguridad en el que el narcotráfico y la situación del suroccidente colombiano ocuparon un lugar destacado.
En todo caso, es pertinente apuntar que operaciones como las ejecutadas durante este fin de semana contra dirigentes de las disidencias o del Clan del Golfo no se improvisan en 48 horas. Detrás de ellas hay necesariamente inteligencia, vigilancia, localización de objetivos, preparación de unidades y planificación operacional desarrolladas antes de que el nuevo presidente llegara a la Casa de Nariño. Sería, por tanto, precipitado presentarlas como consecuencia directa de un cambio de Gobierno, en lo que a los planeamientos de las mismas se refiere; no así en lo relativo a su ejecución, que corresponde íntegramente a la voluntad del nuevo gobierno de De la Espriella. Muy posiblemente se trata de operaciones trazadas mucho tiempo antes de la llegada de la nueva presidencia y que, a raíz de ésta, han recibido luz verde para su ejecución definitiva.
Pero sería igualmente difícil ignorar el simbolismo.
Así, los primeros días de la Presidencia de De la Espriella, como decimos, están coincidiendo con una notabilísima actividad de las fuerzas de seguridad contra algunas de las organizaciones que el propio mandatario ha situado entre sus principales objetivos: las estructuras relacionadas con «Iván Mordisco», el Clan del Golfo y otros grandes grupos armados que mantienen capacidad militar, control territorial y acceso a las rentas del narcotráfico.
Será la continuidad —o no— de operaciones como estas la que permita conocer hasta qué punto el cambio de discurso político termina convirtiéndose también en un cambio sobre el terreno.
Fuerzas Especiales contra las disidencias en Meta
Uno de los golpes más importantes se produjo en Meta.
Una operación de las Fuerzas Especiales del Ejército Nacional, en la que también participó la Fuerza Aeroespacial según las informaciones difundidas posteriormente, terminó con la muerte de Hernando Forero Mosquera, alias «El Ruso» o «El Alemán», y otros 3 integrantes de su estructura.
Forero Mosquera era señalado como cabecilla del Frente 28 José María Córdoba, perteneciente a las estructuras armadas asociadas a «Iván Mordisco».
Cuando se habla de las denominadas disidencias de las FARC es oportuno hacer una pequeña precisión para el lector español. No existe hoy una única organización que pueda considerarse simplemente la continuación de las antiguas FARC. Se trata de facciones y escisiones armadas, con distintas trayectorias, surgidas entre quienes rechazaron el proceso de paz, no llegaron a desmovilizarse o regresaron posteriormente a las armas.

Imagen de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad colombianos en la exposición de cadáveres de las facciones narco caídas durante los combates
Según las autoridades colombianas, «El Ruso» llevaba más de 20 años integrado en organizaciones armadas y tenía experiencia en el empleo de explosivos.
Aunque buena parte de su trayectoria se había desarrollado en Arauca y Casanare, los servicios de inteligencia localizaron su presencia en Meta. Las autoridades sostienen que había sido enviado para asumir responsabilidades sobre el corredor comprendido entre Guaviare y Vichada, un territorio especialmente valioso para estas estructuras por su utilidad como eje de movilidad y conexión entre distintas áreas del país.
Su eliminación tiene así una importancia que va más allá de la baja de un mando concreto.
Combates con el Clan del Golfo en Antioquia
Mientras se desarrollaba la operación en Meta, tropas de la Séptima División del Ejército Nacional combatían en otro extremo del país.
En la vereda Liberia, municipio de Anorí, Antioquia, las fuerzas colombianas actuaron contra integrantes del denominado Clan del Golfo, una de las organizaciones criminales más poderosas del país y estrechamente vinculada al narcotráfico.
La operación tuvo un marcado carácter conjunto. Junto al Ejército participaron la Fuerza Aeroespacial Colombiana, la Policía Nacional y la Fiscalía.
Los enfrentamientos terminaron con 2 integrantes del Clan del Golfo muertos, uno de ellos identificado por las autoridades como un mando de la organización. Los militares recuperaron además 6 fusiles y diverso material de guerra.
Las autoridades colombianas relacionan a la estructura combatida con el asesinato de 4 soldados en esa misma región durante 2024, un episodio que ilustra también la capacidad que mantienen estas organizaciones para enfrentarse directamente a las fuerzas estatales.
Ejército y Armada colombiana actúan en Necoclí
La presión sobre el Clan del Golfo se extendió también al área de Necoclí, igualmente en Antioquia. Allí, unidades de la Séptima División operaron junto a la Armada de Colombia contra un elemento especialmente sensible para cualquier organización de estas características: su aparato financiero y su infraestructura relacionada con el narcotráfico.
La operación terminó con la captura de 4 presuntos integrantes del componente financiero y de narcotráfico de la subestructura Gabriel Poveda Ramos.
Durante la actuación fueron incautadas armas, municiones y diferente material de inteligencia, según el balance comunicado por las autoridades colombianas.
Es aquí donde la expresión «lucha contra el narco» adquiere probablemente su significado más literal dentro de las operaciones de estas últimas horas. No se trataba únicamente de combatir a hombres armados sobre el terreno, sino de actuar contra la estructura económica que permite mantenerlos allí y debilitar el aparato de financiación que permite a estas organizaciones operar con relativa impunidad. Porque las organizaciones que operan hoy en Colombia no sobreviven solamente por su capacidad para ejercer violencia. Lo hacen porque controlan rutas, territorios, economías clandestinas y redes financieras capaces de transformar esa violencia en una actividad sostenida.
El combate más intenso, en El Tambo
Pero las escenas más próximas a un combate convencional se vivieron durante el domingo en El Tambo, departamento del Cauca.
Los enfrentamientos se concentraron en la vereda El Recuerdo y en torno al cerro Santana, donde se encuentra una instalación de radar de la Aeronáutica Civil importante para la vigilancia y el control del espacio aéreo del suroccidente colombiano.
Allí entraron en acción tropas de la Vigésima Novena Brigada del Ejército Nacional. Las informaciones difundidas por medios colombianos a partir de fuentes militares señalan además la intervención de aeronaves de la Fuerza Aeroespacial Colombiana y apoyo de artillería, un dato que ofrece una primera idea de la intensidad que adquirieron los enfrentamientos y de la determinación de las autoridades para cumplir los objetivos asignados.
Durante horas se escucharon ráfagas de fusilería y explosiones mientras aeronaves militares sobrevolaban la zona.

Imagen: Radio Caracol
No estamos, por tanto, ante el habitual procedimiento policial contra una red de narcotráfico. En determinados territorios colombianos, el Estado continúa enfrentándose a organizaciones que disponen de cientos de hombres armados, estructura territorial, armamento de guerra y capacidad suficiente para sostener combates contra unidades militares.
Respecto a la identidad de la estructura enfrentada existe todavía cierta confusión. El Espectador apunta al frente Carlos Patiño, vinculado a las disidencias de «Iván Mordisco», mientras algunas de las primeras informaciones mencionaron a la estructura Jaime Martínez. Determinadas crónicas locales han llegado incluso a utilizar ambas denominaciones.
A falta de una aclaración definitiva de las autoridades, la atribución al Carlos Patiño es la que aparece de forma más consistente en las informaciones posteriores.
Y existe otro elemento que merece atención, porque durante los combates, las disidencias habrían utilizado drones para lanzar artefactos explosivos contra las posiciones del Ejército.
Su empleo deja de ser ya una anécdota, como en el resto del mundo. En Colombia, como previamente ha ocurrido en otros conflictos, los pequeños sistemas aéreos comerciales no tripulados o adaptados están introduciendo una capacidad barata de observación y ataque en manos de organizaciones que hasta hace pocos años dependían casi exclusivamente de armas ligeras, morteros improvisados o explosivos colocados sobre el terreno.
Algunos medios regionales elevaron a 5 el número de miembros de las disidencias muertos en El Tambo. Al cierre de esta información, sin embargo, el Ejército no había proporcionado una confirmación suficientemente clara de esa cifra.
Civiles confinados por los combates
Entre las posiciones militares y las de las disidencias quedan, inevitablemente, quienes viven allí, y sufren de primera mano los enfrentamientos. Numerosas familias de El Recuerdo tuvieron que permanecer confinadas en sus viviendas o buscar refugio en salones comunales mientras continuaban los disparos y las explosiones.
Algunos habitantes grabaron desde sus propias casas vídeos en los que podía escucharse perfectamente la intensidad del enfrentamiento.
La Defensoría del Pueblo reclamó especialmente la protección de la población civil en operaciones en las que se emplean armas cuyos efectos pueden alcanzar áreas habitadas.
Es quizá la parte menos espectacular de estas operaciones, pero también la que mejor explica la realidad cotidiana de determinadas zonas rurales colombianas: el combate por el territorio se libra sobre territorios en los que vive gente.
Drones también contra el Ejército en Tolima
El empleo de drones tampoco quedó limitado al Cauca, ya que durante el mismo domingo, la Alcaldía de Rioblanco, Tolima, fue atacada mediante drones y disparos. El Ejército atribuyó la acción al Frente Ismael Ruiz, otra de las estructuras de las disidencias de las FARC.
Respondieron tropas del Batallón de Infantería N.º 17 «General Domingo Caicedo», perteneciente a la Sexta Brigada de la Quinta División, que abrió fuego para tratar de neutralizar los aparatos. No se registraron víctimas en el ataque contra la alcaldía.

Las operaciones se desarrollan en los siempre complejos escenarios colombianos. Radio Caracol
La amplitud geográfica de los incidentes permite comprender que Cauca, Meta y Antioquia son únicamente los episodios más visibles de un problema bastante mayor.
Durante el fin de semana, la Defensoría del Pueblo contabilizó ataques, hostigamientos o incidentes relacionados con explosivos en Cauca, Nariño, Cesar, Antioquia, Tolima, Huila, Arauca, Caldas, Bolívar, Meta y Guaviare.
En San Roque, Cesar, un ataque con drones contra un puesto policial causó además la muerte de un subintendente de la Policía Nacional.
Una guerra distinta, pero todavía una guerra
Resultaría excesivo interpretar cada una de estas operaciones como parte de una gran ofensiva única. Pero contempladas en conjunto dibujan con bastante claridad el desafío al que se enfrenta Colombia. Por un lado, las Fuerzas Armadas y de seguridad están ejecutando operaciones cada vez más selectivas contra mandos, combatientes y estructuras financieras, combinando inteligencia, Fuerzas Especiales, unidades convencionales, medios aéreos y cooperación entre Ejército, Armada, Policía y Fiscalía.
Por otro, las organizaciones armadas siguen demostrando que conservan suficiente capacidad para disputar territorios, atacar instalaciones públicas, enfrentarse a unidades militares y adaptar nuevas tecnologías —particularmente drones— a una guerra irregular que tampoco ha dejado de evolucionar.
Meta, Antioquia, Cauca y Tolima muestran además las diferentes caras de un mismo fenómeno.
En un lugar se elimina a un cabecilla. En otro se combate contra hombres armados. En Necoclí se golpea la financiación del narcotráfico. En Cauca la artillería y los medios aéreos apoyan a tropas que sostienen un enfrentamiento durante horas. Y en Tolima pequeños drones atacan una alcaldía.
No es la guerra que Colombia conoció durante las décadas más oscuras de su historia, pero ni mucho menos es todavía la paz que pretendió alcanzar hace unos años.
Y será sobre esta realidad —fragmentada, territorial, alimentada por economías ilícitas y protagonizada por organizaciones capaces de mutar mucho más rápidamente de lo que desaparecen— sobre la que el nuevo presidente Abelardo de la Espriella tendrá que demostrar hasta dónde alcanza la política de seguridad con la que ha llegado al poder.
Los combates de estas últimas horas no permiten todavía extraer conclusiones sobre ese nuevo rumbo.
Pero constituyen, probablemente, su primera prueba.
Redacción
defenasyseguridad.es

