El Ejército de Estados Unidos ha enfrentado sus sensores y sistemas de defensa a enjambres de hasta 100 aeronaves durante el ejercicio Scarlet Dragon 26-3. La conclusión fue clara: ningún sensor, por sí solo, ofrece una respuesta suficiente

Jorge Estévez-Bujez
Cien drones en el cielo son razón suficiente para hacerse alguna pregunta: ¿cuántos puede descubrir la fuerza sobre la que se cierne el ataque a tiempo, cuántos puede identificar y cuántos puede abatir antes de que alcancen aquello que protege? El XVIII Cuerpo Aerotransportado del Ejército de Estados Unidos ha llevado esa pregunta a Fort Bragg, en Carolina del Norte, durante el ejercicio Scarlet Dragon 26-3, celebrado del 11 al 17 de septiembre. Allí empleó formaciones de 50 y 100 drones, combinadas con otros perfiles de amenaza, para someter a presión sus sensores, puestos de mando y defensas antiaéreas.

El periodista Marcus Schuler llamó la atención sobre la prueba en un artículo publicado el 24 de septiembre en BattlePolicy. Su titular reúne dos de los elementos más llamativos del ejercicio: el enjambre de cien aparatos y un dron nodriza capaz de liberar otros drones en vuelo. Pero la afirmación que merece que leamos detenidamente es la relativa a la defensa. ¿Ha comprobado el US Army que no puede hacer frente a cien drones? La información oficial no dice eso. O quizás lo insinúa.
El coronel Rob Kenny, responsable de fuegos del XVIII Cuerpo Aerotransportado, explicó la enseñanza obtenida con una frase que cabe traducir así: «No hay un único sensor que sirva para todo». Según Kenny, hace falta una respuesta integrada y escalonada que permita detectar los aparatos, interpretar lo que muestran los sensores y transmitir esa información con tiempo para actuar. El comunicado del Ejército menciona toda una arquitectura de defensa para lograr el éxito, que incluye sensores acústicos, radares, guerra electrónica, sistemas autónomos y fuegos defensivos. Son piezas de una misma defensa; ninguna resuelve por sí sola el problema.
Es preciso respetar el alcance de esa declaración, porque el Ejército no ha publicado en su comunicado una tasa de interceptación del enjambre de cien drones, ni un balance que permita saber cuántos aparatos habrían atravesado sus defensas. La cifra de cien tampoco podemos tomarla como un umbral a partir del cual la defensa resulte imposible. Lo que se ha hecho público es el propósito de la prueba, que no fue otro que observar cómo responde una red de sistemas distintos cuando aparecen numerosos contactos, algunos de ellos simultáneos, en varios escalones de mando. La dificultad es real, y el desafío mayúsculo, pero convertirla en una imposibilidad demostrada sería ir más lejos que la fuente, aunque la entidad de la amenaza y la dificultad de armar una respuesta completa es de todo punto evidente.
Un dron que abre paso a otros
La otra prueba descrita por el Ejército planteaba un problema distinto. Durante el Scarlet Dragon se presentó el Autonomous Swarm Mothership de la empresa Modalic, una aeronave no tripulada configurada para desplegar drones menores mientras vuela. Según la explicación oficial, el ejercicio examinó si la red defensiva podía mantener el seguimiento del aparato portador, distinguir los nuevos contactos cuando se separaban de él y dar prioridad a la amenaza mayor.
La secuencia es vital en este caso, porque una defensa puede adquirir el rastro de una aeronave y, poco después, encontrarse ante varios objetos donde antes había sólo uno. Desde ese momento debe conservar una imagen coherente de lo que ocurre, decidir qué contacto representa el mayor peligro y hacer llegar la orden a los medios capaces de intervenir. La prueba del nodriza se dirigía precisamente a esa cadena de detección, seguimiento y decisión.

Las defensas deben contar con múltiples sensores para poder ofrecer una respuesta escalonada a cada nivel de amenaza. En la imagen: sistema Crow de Indra
Scarlet Dragon no se limitó a enfrentar tecnología nueva con tecnología nueva. El Ejército describió vuelos de helicópteros AH-64 Apache a gran velocidad y baja cota mientras radares Sentinel alimentaban una imagen aérea compartida. El interés de esas pruebas está en comprobar cómo trabajan juntos equipos ya presentes en la fuerza y herramientas autónomas que aspiran a incorporarse a ella. El siguiente ejercicio de validación está previsto para abril de 2027, antes de Summit Strike, programado para septiembre de ese año.
La escala cambia el problema
Hay una razón para que el Ejército pruebe sus defensas con cien aparatos a la vez. Estados Unidos se prepara para disponer de drones en cantidades muy superiores a las habituales hasta hace pocos años. Un programa anunciado por el Departamento de Defensa prevé financiar la fabricación de unos 340 000 pequeños sistemas aéreos no tripulados a lo largo de dos años, destinados a unidades de combate.
El Ejército reconoce también el problema económico de la defensa sobre el que llevamos años hablando: gastar un misil de gran coste contra un dron barato impone un ritmo difícil de sostener para cualquier fuerza. Por ello estudia, entre otros medios, armas de energía dirigida. En ese sentido, el Ejército informó en agosto del empleo de un sistema láser contra tres drones en la frontera sur estadounidense y señaló que, obviamente, este tipo de armamento ofrece un coste menor por disparo y una reserva de fuego distinta de la de los interceptores convencionales. Abatir tres aparatos, sin embargo, no demuestra la capacidad de detener cien.
Lo que deja Scarlet Dragon, por ahora, es una advertencia bien fundada y una cuestión abierta. La advertencia procede de sus propios responsables: un sensor aislado no basta cuando el ataque combina cantidad, distintos perfiles y nuevos contactos que aparecen en vuelo. La cuestión abierta es el rendimiento efectivo de toda la defensa integrada frente a ese ataque. Para responderla harán falta resultados que el Ejército aún no ha divulgado.
Los cien drones de Fort Bragg no son, por tanto, la prueba pública de que la defensa aérea haya sido vencida. Lo que realmente significan cien drones es algo lo suficientemente serio por sí mismo como para auto-evaluarse y aceptar la realidad de los resultados. Se trataba de someter la capacidad de respuesta, en condiciones de ejercicio, a una escala para la que detectar todo, pronto, decidir bien y disponer de medios suficientes pasaban a ser exigencias inseparables.

Jorge Estévez-Bujez
DYS

