Indra necesitará socios para cerrar el nuevo escudo naval español
Indra ha comenzado a mostrar las primeras piezas del futuro sistema español de defensa de punto para buques de la Armada. La compañía habla ya de una solución compuesta por un radar de control de tiro en banda X, una torre estabilizada, misiles de guiado láser y un sistema avanzado de mando y control, todo ello construido sobre una arquitectura abierta e interoperable

Redacción
No estamos todavía ante la presentación de un producto cerrado ni se han concretado los socios industriales que acompañarán a Indra en el desarrollo. Aun así, el comunicado permite leer entre líneas bastante más de lo que sugiere su carácter preliminar.
Un sistema que ya no es genérico
Indra ha dejado de hablar en términos abstractos. Lo que plantea es una arquitectura de defensa de punto naval definida, pensada para operar contra drones, aeronaves, misiles y amenazas de superficie mediante la combinación de sensores, dirección de tiro, lanzador estabilizado y municiones guiadas.

El insignia de la Armada. Imagen: Armada
La compañía puede asumir con solvencia el radar, la electrónica, el mando y control y la integración global del sistema. Sin embargo, el resto de piezas críticas —la torre, los actuadores, el sistema electroóptico, el lanzador y el propio misil— obligan necesariamente a recurrir a socios industriales. La cuestión ya no es si los habrá, sino cuáles serán y hasta qué punto España conservará el control tecnológico del conjunto.
SILAEM: el origen real del sistema
El punto de partida es el programa SILAEM, adjudicado a Indra por la Dirección General de Armamento y Material a finales de 2025 por unos 51 millones de euros.
El contrato contempla el diseño, fabricación, calificación, integración e instalación de dos sistemas de lanzamiento de misiles de corto alcance. Uno de ellos en configuración autónoma, capaz de operar sin apoyo externo, y otro integrado en el sistema de combate de la Armada, el SCOMBA.
Esta dualidad es relevante porque marca 2 filosofías operativas distintas. En la versión integrada, el sistema se apoya en la red de combate del buque. En la autónoma, debe resolver por sí mismo la detección, el seguimiento y la respuesta.
El planteamiento de Indra responde a esta lógica en la que. el radar en banda X aporta precisión en el seguimiento, la torre concentra sensores y armamento, y el sistema de mando y control coordina toda la secuencia de combate. A partir de ahí, SILAEM empieza a perfilarse como algo más amplio que un simple sistema de lanzamiento, con aspiraciones de modularidad y posible proyección exportadora.
El elemento clave: misiles de guiado láser
Uno de los aspectos más significativos del anuncio es la referencia a misiles de guiado láser. Este detalle define en gran medida la naturaleza del sistema. Recomendamos aquí la lectura de este excelente análisis de nuestro colaborador y analista, Roberto Escámez sobre el SILAEM y las posibilidades técnicas y tecnológicas del mismo.
Este tipo de munición está orientada a interceptores ligeros y de bajo coste, especialmente eficaces contra drones, embarcaciones no tripuladas, lanchas rápidas y amenazas de corto alcance. Su funcionamiento depende de la iluminación continua del objetivo, lo que implica la presencia de un designador láser integrado en la torre o en otro sensor del buque.
Esta perspectiva tiene ventajas evidentes, como la reducción de costes por disparo, simplifica la logística y permite una alta precisión en escenarios controlados. Sin embargo, también introduce limitaciones claras, como la dependencia de línea de visión, la sensibilidad a condiciones meteorológicas adversas y la dificultad para gestionar múltiples blancos de forma simultánea.
Además, este planteamiento abre una duda sustancial, ya que el programa inicial hacía referencia a misiles “fire and forget”, un concepto que no encaja del todo con un guiado láser semiactivo. Esto sugiere que el sistema aún está en evolución, o que podría contemplar una arquitectura híbrida en la que convivan distintos tipos de munición según el escenario.
AERTEC: la opción nacional más evidente

El FOX, de Aertec
Dentro del ecosistema industrial español, una de las piezas más naturales es AERTEC Defence & Aerial Systems.
La compañía dispone del micromisil FOX, con navegación inercial y guiado terminal por láser semiactivo, además de experiencia en buscadores y electrónica modular. Sin embargo, el FOX no está concebido como interceptor naval en sentido estricto, sino como solución para objetivos ligeros.
Por ello, su papel más probable no sería el de misil final del sistema, sino el de, quizá, base tecnológica, demostrador o proveedor de componentes críticos como buscadores y sistemas de guiado.
EM&E: la torre estabilizada
Otra pieza industrial con encaje claro es EM&E Group (Escribano). Su experiencia en torres estabilizadas, sistemas electroópticos, actuadores de precisión y estaciones de armas navales la sitúa como candidato natural para la parte mecánica y sensorial del sistema.
En este contexto, su contribución podría concentrarse en el diseño de la torre, la integración del lanzador, la incorporación de sensores electroópticos e infrarrojos, la estabilización en entorno naval y la integración del designador láser.
Aunque no hay confirmación oficial, su participación se amolda de forma coherente con la estructura del sistema que se está dibujando y, por supuesto, con la principal compañía responsable del proyecto, Indra.
Navantia y la integración con SCOMBA
La presencia de Navantia en el programa es prácticamente estructural.
El sistema deberá integrarse con SCOMBA, el núcleo del sistema de combate de la Armada, lo que implica interoperabilidad con radares del buque, sistemas de guerra electrónica, navegación y control de armas.

Además, la coordinación con el resto de capacidades defensivas del buque —misiles de medio alcance, artillería naval y sistemas de señuelos— será esencial para que SILAEM funcione como parte de una defensa en capas y no como un elemento aislado.
¿Misil extranjero? Las opciones reales
Aunque el objetivo estratégico es avanzar hacia la soberanía tecnológica, es probable que en algún punto del programa se recurra a soluciones externas, al menos de forma transitoria o híbrida.
Entre las opciones que pueden contemplarse (sin afán de categorizarlas por importancia y/o posibilidades) se encuentran sistemas como el APKWS en Estados Unidos, una solución madura y de bajo coste ya probada contra drones, aunque con una dependencia tecnológica clara y limitaciones frente a amenazas más complejas.

APKWS
También aparece el sistema CİRİT turco, con experiencia en integración multiplataforma y un enfoque flexible, aunque con capacidades más ajustadas en escenarios de alta velocidad.

El LMM/Martlet británico representa una alternativa europea con uso naval probado y buena adaptación a defensa de punto, aunque requeriría integración y posibles acuerdos de transferencia tecnológica.

Martlet
El Mistral 3 francés (guiado infrarrojo pasivo), por su parte, ofrece un rendimiento muy sólido en defensa aérea, pero su arquitectura no encaja del todo con el enfoque de guiado láser que parece perfilar Indra.
Una opción nacional: el camino de los 70 mm
La alternativa más ambiciosa desde el punto de vista industrial sería el desarrollo de un interceptor nacional de 70 mm. Ésto permitiría combinar el buscador láser de AERTEC, la torre de EM&E, el radar de Indra y la integración de Navantia en un sistema completamente español, con potencial exportador y control tecnológico completo.
Sin embargo, también implica un desafío técnico considerable, especialmente si se pretende alcanzar niveles de eficacia comparables frente a misiles antibuque modernos de alta velocidad y perfil rasante.
El radar en banda X: el núcleo de Indra
El componente más sólido del sistema será el radar de control de tiro en banda X desarrollado por Indra. Su función es la de proporcionar seguimiento de alta precisión, discriminación de blancos pequeños y apoyo directo a la fase terminal de interceptación. En la versión autónoma del sistema, este radar deberá complementarse con capacidades adicionales de detección o modos de búsqueda propios para garantizar independencia operativa.
El sistema parece claramente optimizado para un conjunto de amenazas muy concreto: drones, municiones merodeadoras, lanchas rápidas, vehículos de superficie no tripulados y helicópteros a baja cota.
La gran incógnita sigue siendo su rendimiento frente a misiles antibuque modernos, donde la combinación de velocidad, maniobra y vuelo rasante eleva de forma significativa la exigencia del sistema.
Un sistema de defensa en capas, no una solución única
SILAEM no está concebido como sustituto de los sistemas actuales, sino como una capa adicional dentro de una arquitectura más amplia que incluye misiles de medio alcance, guerra electrónica, artillería naval y sistemas de señuelos. Su eficacia real dependerá de su integración en ese ecosistema y de su capacidad para complementar, y no duplicar, las capacidades ya existentes.
Nos encontramos muy probablemente ante el primer paso de Indra hacia un sistema de defensa de punto que puede convertirse en uno de los programas más importantes de la industria naval española para el futuro próximo, especialmente tras años de intentos fallidos por dotar a la Armada de un sistema nacional que cubra ese segmento de la defensa del buque.
Pero, en todo caso, SILAEM no será un desarrollo cerrado ni un producto de una sola empresa, como era de prever. Será el resultado de una red de socios industriales, decisiones tecnológicas complejas y un (¿difícil?) equilibrio constante entre soberanía, coste y capacidad real de combate.
Redacción
defensayseguridad.es

