Dassault reclamaría una compensación a Airbus por la reducción de su carga industrial en el Eurodrone, en una nueva disputa que llega tras el fracaso del NGF y vuelve a evidenciar las dificultades europeas para sostener grandes programas comunes de defensa
Redacción
El deterioro de la relación entre Dassault Aviation y Airbus no se limita ya al fallido entendimiento sobre el avión de combate de nueva generación del FCAS/SCAF. Según una exclusiva publicada por Reuters, ambas compañías protagonizan ahora una nueva disputa en torno al Eurodrone, el sistema aéreo remotamente pilotado desarrollado por Francia, Alemania, Italia y España.

De acuerdo con la información firmada por Tim Hepher, Sabine Siebold y Florence Loeve, Dassault estaría reclamando una compensación a Airbus por los cambios en el proceso de adquisición del programa, después de que Francia haya suspendido la compra de sistemas Eurodrone en su último proyecto de ley de defensa hasta 2035. París no se ha retirado formalmente del programa, pero la eliminación de la financiación prevista para la adquisición reduce el peso francés en la fase industrial.
El problema se sitúa en el denominado retorno geográfico, el principio por el cual la carga de trabajo de un programa europeo se reparte en función de la participación de cada país. Si Francia no compra los sistemas previstos, la consecuencia lógica es una reducción del trabajo asignado a las empresas francesas. Y ahí aparece Dassault.
La compañía francesa tiene asignados los sistemas de control de vuelo y la comunicación de misión del Eurodrone. Según Reuters, Dassault busca que Airbus, como líder del proyecto, la compense por parte de la inversión perdida. Dassault declinó hacer comentarios y remitió las preguntas a Airbus. Airbus, por su parte, se remitió a declaraciones previas de su consejero delegado, Guillaume Faury, quien en abril señaló que era “muy probable que el proyecto Eurodrone siguiera adelante con una configuración ligeramente diferente” tras el cambio de posición del Ministerio de Defensa francés.
El Eurodrone nació como uno de los grandes programas europeos destinados a reducir la dependencia de sistemas estadounidenses e israelíes, especialmente frente al MQ-9 Reaper. Los 4 países de lanzamiento han encargado en conjunto 60 drones, aunque el programa acumula retrasos, ya que la entrada en servicio, inicialmente prevista para 2025, se ha retrasado, y el primer vuelo se espera ahora para 2027.
La tensión actual llega en un momento especialmente delicado. El Eurodrone era uno de los 3 grandes proyectos franco-alemanes impulsados en la cumbre de 2017, junto al FCAS/SCAF y el futuro carro de combate MGCS. Los 3 han sufrido retrasos, desacuerdos o bloqueos. El FCAS acaba de perder su elemento más sensible, el NGF, tras la ruptura entre Berlín y París en torno al desarrollo conjunto del caza. El MGCS también acumula problemas de gobernanza y calendario. Ahora, el Eurodrone suma una disputa industrial más entre Airbus y Dassault.
El fondo del asunto no es sólo contractual. Es político e industrial. Francia ha justificado la suspensión de la compra del Eurodrone por la aparición de alternativas más baratas y mejor adaptadas a la guerra de alta intensidad. En 2019, senadores franceses ya habían calificado el sistema como “pesado y caro”, atribuyendo parte del problema a las diferencias entre socios sobre sus especificaciones. La Fuerza Aérea francesa, además, ha mostrado interés por el Aarok, un dron más ligero desarrollado por la empresa francesa Turgis & Gaillard.
Pese a todo, el Eurodrone parece seguir vivo, pero su configuración industrial está en trance cambiar para siempre. Y si cambia la participación francesa, cambia también el reparto de trabajo. Para Dassault, eso supone una pérdida directa en un programa donde ya tenía asignadas áreas relevantes. Para Airbus, mantener el proyecto en marcha con una arquitectura revisada puede ser la prioridad.
La disputa se ve agravada por el contexto. Reuters cita a una persona familiarizada con el asunto que sostiene que las conversaciones sobre Eurodrone y FCAS son independientes sobre el papel, pero están vinculadas “psicológica y políticamente”, en una forma eufemística de decir que, cuando 2 compañías acaban de chocar en un programa de sexta generación, cualquier desacuerdo adicional pesa más.
El Eurodrone no está en la misma fase que el FCAS. El programa de RPAS se encuentra mucho más avanzado, con contratos, reparto industrial y calendario de desarrollo en curso. Por eso una ruptura tendría consecuencias distintas y más inmediatas. Pero el nuevo choque vuelve a mostrar el mismo problema de fondo al que estamos asistiendo desde hace meses, y es que Europa quiere grandes programas comunes, pero sigue tropezando con intereses nacionales, retornos industriales, cambios presupuestarios y visiones militares no siempre compatibles.
Para España, el asunto tiene interés directo, como parte del programa Eurodrone junto a Francia, Alemania e Italia, y siendo el sistema una de las piezas de la apuesta nacional por capacidades MALE propias. Cualquier cambio en el equilibrio industrial o en el calendario afecta al conjunto del proyecto, aunque la disputa descrita por Reuters se sitúe principalmente entre Dassault y Airbus. A pesar de ello, sabido es que se trata de un encontronazo que trasciende la mera relación industrial de ambos socios.
El caso también deja una advertencia más amplia, porque la cooperación europea en defensa no fracasa sólo cuando se rompe un gran programa. También se desgasta cuando cada socio empieza a revisar sus compras, ajustar su carga industrial o buscar alternativas nacionales. En ese terreno, el Eurodrone se ha convertido en otro recordatorio de que la autonomía europea no depende únicamente de anunciar programas, sino de sostenerlos cuando llegan los sobrecostes, los retrasos y las prioridades nacionales.
Por ahora, el programa continúa. Pero la disputa entre Dassault y Airbus añade un nuevo punto de tensión a una relación ya deteriorada por el FCAS. Y lo hace en un momento en el que Europa necesita justo lo contrario, en aras de la claridad industrial, las decisiones firmes y programas que no se conviertan en una sucesión interminable de reproches cruzados.
Redacción
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