Airbus, GMV, Grupo Oesía, Indra Group, ITP Aero y Sener firman una declaración conjunta para poner sus capacidades al servicio de España y Europa ante la posible reconfiguración del FCAS

Redacción
La industria española de defensa ha reaccionado al derrumbe del NGF del FCAS con un movimiento propio. Airbus Defence and Space, GMV, Grupo Oesía, Indra Group, ITP Aero y Sener han firmado una declaración conjunta de compromiso, puesta a disposición de capacidades y apoyo a España y Europa ante la posible reconfiguración del programa FCAS/NGWS, que las compañías siguen considerando un proyecto europeo de referencia.
El documento, firmado esta mañana en la sede de TEDAE, expresa la voluntad común de avanzar en decisiones sobre la continuidad o evolución del programa NGWS. El mensaje es que la industria española no quiere quedar a la espera de lo que decidan otros tras la ruptura del gran proyecto franco-alemán-español. Quiere conservar posición, capacidades y margen de negociación.

Según la declaración, la industria española pone a disposición de España y de sus posibles socios sus capacidades y recursos para el desarrollo de un sistema de combate de nueva generación, formado por un caza de sexta generación, plataformas no tripuladas o carriers, comunicaciones y sensores avanzados, integrados en un sistema de sistemas gracias a la nube de combate.
El sector ofrece al Ministerio de Defensa sus capacidades y su voluntad para trabajar en este desarrollo, en colaboración con los países europeos que marque, y para contribuir activamente a la negociación y ejecución de las próximas fases de un sistema de combate de sexta generación.
El comunicado español llega en paralelo a una declaración similar de la industria alemana, que también se presenta unida por la seguridad europea y preparada para un nuevo rumbo del FCAS. En el caso alemán, tal y ocmo informábamos ayer, 8 empresas del sector aeroespacial y de defensa han unido fuerzas para formar una alianza con la experiencia y capacidades necesarias para desarrollar y entregar, junto a otros socios europeos, un sistema de combate de nueva generación.
La reacción española parece, por tanto, una respuesta lógica y a tiempo a ese primer movimiento alemán. Si Berlín agrupa a su industria, España no podía permitirse permanecer dispersa. La participación de Airbus en ambas arquitecturas industriales puede facilitar (y ayuda a comprender) una vía de entendimiento entre los 2 países, aunque todavía falta concreción política, calendario, financiación y definición técnica.
El comunicado también destaca el papel del Programa Especial de Modernización SIAGEN (Sistema Integrado Aéreo de Ultima Generación), en ejecución desde finales de 2025, como prueba de la madurez del ecosistema español. Según la declaración, gracias al esfuerzo e inversión del Ministerio de Defensa, la industria española ha demostrado “una madurez y una cohesión ejemplares”, alineándose en torno a una visión común de soberanía tecnológica y capacidad nacional para afrontar futuras fases de desarrollo de un sistema de sistemas de sexta generación.
El acuerdo alcanzado en SIAGEN se presenta, además, como prueba de que España puede coordinar a sus actores clave, sumar capacidades complementarias y presentarse como un bloque sólido ante Europa y sus socios internacionales.
La frase final del comunicado tiene la importancia política e industrial que las grandes empresas desean imprimir a este tipo de comunicados: “No podemos permitirnos perder más tiempo”. Es una forma contenida, cinematográfica, pero bastante directa, de reconocer que el final del NGF ha abierto una ventana de urgencia. España necesita saber qué papel jugará en la sexta generación, con quién lo hará y bajo qué liderazgo.
El punto más delicado será ahora cómo se conecta esta alianza con las alternativas que se abren tras el colapso del NGF. El Ministerio de Defensa ya ha reconocido que España necesita un avión de sexta generación, y que la plataforma común original no parece viable, aunque la nube de combate podría seguir siendo una vía de continuidad. A partir de ahí, las opciones pasan por explorar una cooperación más estrecha con Alemania, preservar elementos del antiguo FCAS/NGWS, buscar nuevos socios europeos o integrarse en una arquitectura distinta.
Lo importante, por ahora, al menos cara al resto de competidores/socios probables, es que la industria doméstica ha enviado una señal de que España no renuncia a la sexta generación. Tras años de incertidumbre, bloqueos y disputas dentro del FCAS, este acuerdo deberá evitar que el país llegue tarde a la siguiente fase; que adopte un perfil secundario o menor, como hasta ahora; que sus progresos no sean convenientemente divulgados y que, por qué no, el interés industrial y tecnológico de España carezca de voz y peso. No resuelve el problema, pero marca una posición. Y en el momento actual, eso ya tiene valor. Aún es necesario elegir el camino, pero, al menos hemos elegido al chófer.
Redacción
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