GCAP, bajo tutela fiscal

El Tesoro británico busca supervisar el gasto del caza de sexta generación con Japón e Italia, mientras Londres intenta cerrar un plan de defensa que llega tarde y con la industria pidiendo certezas

Redacción

El Programa Aéreo de Combate Global (GCAP) no afloja la tormenta y vuelve a situarse en el centro de la discusión presupuestaria británica. Según ha adelantado el Financial Times, el Tesoro del Reino Unido se prepara para asumir una supervisión mucho más directa del gasto del futuro caza de sexta generación que Londres desarrolla junto a Japón e Italia, dentro de una negociación más amplia sobre el retrasado Defence Investment Plan. La decisión, aún pendiente de cierre político en firme, pretende evitar que el aumento del gasto militar reproduzca los sobrecostes y desvíos que han afectado a grandes programas de defensa británicos en el pasado (y en el presente).

 

Los socios del GCAP ya muestran abiertamente su preocupación por la capacidad de financiación de Londres sobre el proyecto

 

La cifra que se maneja en Londres es significativa. El acuerdo que prepara el Gobierno de Keir Starmer incluiría una inyección de unos 17.400 millones de euros para las Fuerzas Armadas británicas hasta 2030. Es una cantidad intermedia entre los aproximadamente 13.900 millones de euros defendidos por la ministra de Hacienda, Rachel Reeves, y los cerca de 20.800 millones de euros que el secretario de Defensa, John Healey, y la cúpula militar habrían considerado como el mínimo necesario.

Dentro de ese paquete, el GCAP podría recibir hasta 6.900 millones de euros adicionales. El dato explica la intensidad del debate, ya que no se trata sólo de financiar un avión, sino de sostener una arquitectura industrial, tecnológica y militar que debe sustituir al Eurofighter Typhoon y al Mitsubishi F-2 japonés en la década de 2030. El calendario oficial mantiene como objetivo la entrada en servicio en 2035, una fecha que se empieza a percibir como exigente para un sistema de combate que debe integrar furtividad, sensores avanzados, conectividad, guerra colaborativa y futuras plataformas no tripuladas.

La novedad política es que el Tesoro quiere dejar de ser un mero pagador y convertirse en vigilante del programa. Según el Financial Times, la operación se justificaría por la complejidad del GCAP, por su condición de programa multinacional y por el historial del Ministerio de Defensa británico en la gestión de grandes adquisiciones. Una de las opciones sobre la mesa sería clasificar el GCAP como “megaproyecto” gubernamental, una categoría que permitiría una supervisión transversal similar a la aplicada a programas como HS2 o Dreadnought.

De concretarse esta opción, para el Tesoro británico supondría introducir disciplina financiera en un proyecto con riesgo de crecer en coste, alcance y calendario. Para el Ministerio de Defensa y la industria, puede convertirse en un nuevo estadio de control en un programa que ya depende de 3 gobiernos, una organización internacional y una sociedad industrial conjunta. El equilibrio no será sencillo, ya que controlar el gasto sin ralentizar el desarrollo será la prueba real de esta reforma.

El GCAP parecía desarrollarse con arreglo a plazos e hitos hasta hace poco. De hecho, en junio de 2025 se lanzó Edgewing, la empresa conjunta formada por BAE Systems, Leonardo y Japan Aircraft Industrial Enhancement Co. Ltd., con una participación del 33,3% para cada socio industrial. Edgewing será responsable del diseño y desarrollo del futuro avión y actuará como autoridad de diseño durante el ciclo de vida del producto, que se prevé que se extienda más allá de 2070. Su sede está en el Reino Unido, con equipos repartidos entre los tres países socios.

La propia Edgewing presenta el programa como una asociación basada en “confianza y colaboración”, destinada a “pioneer a next generation combat air system”, según palabras de su consejero delegado, Marco Zoff. La formulación es corporativa, pero apunta al núcleo del asunto, ya que el GCAP no es únicamente una plataforma aérea, sino un proyecto de reparto de soberanía tecnológica entre 3 potencias industriales con intereses convergentes, aunque no idénticos.

En abril de 2026, la agencia del GCAP adjudicó a Edgewing su primer contrato internacional de diseño y desarrollo, valorado en unos 794 millones de euros y con vigencia hasta el presente mes de junio, como informábamos aquí la pasada semana.

Precisamente ese acuerdo provisional, que expira a finales de este mes, es el que ha hecho saltar las alarmas. Si Londres no convierte la promesa presupuestaria en financiación plurianual, la industria puede verse obligada a reorganizar equipos, retrasar trabajos o reducir ritmo. El Financial Times sitúa ese vencimiento como uno de los factores que explican la urgencia actual y la inquietud de Tokio y Roma.

La dimensión japonesa añade presión política, y en los últimos meses se ha hecho notar considerablemente. La primera ministra Sanae Takaichi tiene previsto visitar Reino Unido e Italia antes del G7 de junio, y medios japoneses ya han señalado que en esas conversaciones se espera reafirmar el compromiso con el desarrollo conjunto del caza de nueva generación y con el refuerzo de cadenas de suministro críticas.

 

El GCAP y el F-47

 

Todo gira, por tanto, en torno al Defence Investment Plan (DIP) y su aprobación. El Gobierno británico, por su parte, sostiene que el plan está en fase final. Un portavoz citado por Sky News afirmó: El DIP entregará el mejor equipo y tecnología a nuestras fuerzas de primera línea con rapidez, al tiempo que invertirá y hará crecer la economía británica. También señaló que el primer ministro está decidido a publicarlo antes de la cumbre de la OTAN.

En todo caso, el trasfondo financiero sigue siendo severo. El Financial Times sitúa el agujero global de financiación en torno a 32.400 millones de euros durante los próximos 4 años. Si el paquete final se queda en los aproximadamente 17.400 millones de euros previstos, varios programas militares británicos podrían verse sometidos a recortes, retrasos o reordenación de prioridades.

La cuestión, incluso con el DIP aprobado, no será si el Reino Unido mantiene oficialmente su compromiso con el GCAP. De momento, lo mantiene. La cuestión es en qué condiciones presupuestarias, con qué ritmo contractual y bajo qué grado de tutela fiscal. Para Japón e Italia, el riesgo no es sólo contable, sino industrial, operativo y tecnológico, porque un socio que retrasa su financiación afectará a la confianza del calendario común. Y sabido es que para la industria, la incertidumbre prolongada erosiona equipos de ingeniería que no se reconstruyen de un trimestre a otro.

El GCAP sigue siendo uno de los programas de combate aéreo más importantes del mundo occidental. Su ventaja frente a otros proyectos europeos ha sido, hasta ahora, una gobernanza aparentemente más clara y una fecha de entrada en servicio más cercana. Pero esa ventaja depende de la premisa básica de que los socios financien el programa cuando toca. Si el Tesoro británico entra para ordenar el gasto, puede aportar control, pero si entra para frenar decisiones, el programa puede perder tiempo.

 

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