Hay una frase del propio Observatorio de la vida militar (OVM) que debería incomodar a cualquiera con responsabilidades: el déficit de personal “lejos de ser coyuntural, debe considerarse crónico”

Y, aun así, seguimos con la liturgia de siempre: anuncios de modernización, programas, ferias, fotos, “nuevas capacidades”… mientras el elemento más básico de cualquier fuerza armada —tener gente suficiente— se degrada año tras año.
La cifra que viene a desinflar casi todo: faltan entre 13.000 y 23.000 militares
El OVM recuerda que la Ley de la carrera militar fija el máximo de militares profesionales en servicio activo entre 130.000 y 140.000. España arrastra un déficit de entre 13.000 y 23.000. Y el propio informe deja una comparación demoledora: si tomamos la parte alta (23.000), equivale aproximadamente al personal total de la Armada o el Ejército del Aire y del Espacio. Ésto no es, por tanto, una “pequeña desviación”. Es operar con una amputación estructural y pretender que el paciente haga deporte de élite.
El OVM cuantifica la tendencia que ya apuntamos aquí en su día, hace apenas un mes: desde 2010 la evolución de efectivos en servicio activo es claramente decreciente y, a 1 de enero de 2025, se acumulaba una pérdida de 13.300 militares profesionales. Una cifra más que sustancial en unos ejércitos del tamaño de los nuestros.
Lo más grave no es sólo el número, sino el contexto, ya que, en paralelo, han crecido mandos y estructuras, y ni que decir los compromisos internacionales y, por tanto, la carga real sobre el personal disponible. Más tareas con menos gente: el camino más corto hacia la fatiga, el vacío de plantillas y el descenso de calidad. Y éso sin entrar al número de vocaciones… como ahora después veremos.
El informe es, en ésto, inusualmente directo, diciendo que “Los recursos humanos exigen una planificación que no puede quedar nunca al albur de coyunturas diversas de cada presupuesto anual”. Algo que, en la realidad de las FAS, es exactamente así.
La verdad es que no existe una política de personal creíble si el sistema permite perder efectivos durante más de una década, pese a que el objetivo está definido por ley. La norma dice una cosa; la realidad hace otra; y nadie paga el coste político de esa contradicción.
El reclutamiento ya no es “competitivo”: es preocupante
Si el déficit fuera sólo una cuestión de retención, ya sería grave, pero el OVM enseña que también falla la entrada:
En tropa y marinería, aunque suben las plazas (8.062 en 2024), la ratio solicitantes/plaza baja de 4,30 a 4,20. El informe recuerda además que en 2022 era 8,60 y que en el periodo 2013-2024 llegó a rozar 28 aspirantes por plaza. Éso es menos competencia y peor selección. Pero es que es todavía más preocupante aún: de esas 8.062 plazas, finalmente firmaron compromiso inicial 7.116. Ni siquiera se cubre lo ofertado.
-En el acceso directo a las escalas de oficiales, el Observatorio pide: “Analizar los motivos por los que se observa una preocupante disminución de solicitudes en el año 2024 para acceso directo a las escalas de oficiales de todos los cuerpos y escalas”. En paralelo, caen solicitudes (-8,5%) y la ratio baja de 4,59 a 3,55 en apenas un año.
-En suboficiales por acceso directo, desciende la ratio (de 6,8 a 4,7) y quedan 10 plazas sin cubrir (219 ofertadas vs 209 cubiertas).
El mensaje no necesita la menor explicación, y es que subir plazas no crea vocaciones. Y el propio OVM lo formula así: “Un aumento de plazas, sin adoptar medidas de amplia difusión, programas en televisión, charlas, etc., solo conduce a una escasa selección. Dignificar la profesión militar para hacerla más atractiva, pasa por diversas medidas incentivadoras. Igualmente sucede con la oferta de plazas para las escalas de tropa y marinería cuyo número de solicitantes sigue descendiendo”.
El OVM introduce un dato que debería estar en la mesa de cualquier debate serio: España ronda 2,4 militares por cada 1.000 habitantes, lejos del 3,6 de la UE y del 6 por mil de la OTAN. No hace falta convertir ésto en competición de cifras, pero es que las cifras se prestan a ello, por lo que hay que asumir lo obvio: **si aspiras a sostener compromisos OTAN, misiones y presencia exterior (además de en tu propia casa), necesitas un suelo de personal que hoy no tienes. Si no lo tienes, entonces reduce compromisos o cambia el modelo. Lo que no es aceptable es seguir vendiendo normalidad.
El déficit no es abstracto: se nota en la vida real y expulsa gente
El informe conecta causas muy concretas que empujan a no moverse, renunciar a destinos o romper carreras: vivienda, arraigo, empleo del cónyuge, escolarización, falta de apoyo institucional para integración familiar, y el golpe añadido de retribuciones bajas. Esto no es “bienestar”. Es capacidad operativa. Porque la movilidad es parte del sistema; si se vuelve inviable, el sistema se atasca. Y si el sistema se atasca, el personal se quema o se va.
El OVM dice que el debate público está volcado en modernizar y ampliar medios y sistemas de armas. Y es cierto. Sin embargo, “no contempla con el mismo énfasis, ni en número ni en su preparación, al personal militar que deberá emplearlos”. Y añade un elemento explosivo: el aumento de medidas de conciliación debería haberse acompañado de más efectivos, pero ha ocurrido lo contrario: reducción prolongada.
Aquí está el núcleo del fracaso, que se puede comprar material, sí, pero no se puede improvisar personal. Formar, retener, motivar, ordenar carreras y sostener familias requiere años. Y cuando faltan personas, el presupuesto en plataformas se convierte en una promesa carente de lo esencial: los que serán su pulso, los soldados.

Afrontamos una emergencia sin un plan
Lo que retrata el OVM es un problema estructural con síntomas cada vez más visibles: déficit legalmente incompatible, pérdida sostenida desde 2010, ratios de aspirantes desplomadas, plazas sin cubrir y un entorno de vida que desincentiva permanencia y movilidad.
Si el Ministerio de Defensa y el Gobierno quieren seguir hablando de ambición en defensa más allá de los guarismos porcentuales, deberían empezar por lo básico: un plan de personal con objetivos verificables, calendario, medidas de retención y un relato honesto de qué compromisos son sostenibles con las plantillas reales. Y todo ello, ya lo apuntamos, se puede traducir en una sola palabra: dinero (salario). Y si quizás no todo, sí casi todo.
No tenemos la menor duda de que este será, con mucho, uno de esos artículos en DYS que menos relevancia y alcance tendrá. Porque en ésto, como en tantos otros segmentos, lo del personal vende mucho menos que un flamante render del FCAS; que por muy render que sea, ilusiona. Por ello, porque ese es el mecanismo que mueve casi todo, hay que echar el resto en hacer atractivo, decente, decoroso, el empleo militar: porque juega con todas las desventajas que pueda imaginarse frente a casi cualquier otro empleo.
Lo demás —por mucha tecnología que se anuncie— será construir una fuerza armada de escaparate sin casi nadie que la opere.
Redacción
defensayseguridad.es

