Nueva Zelanda prepara el reemplazo de sus fragatas Anzac y prioriza la clase Mogami japonesa junto a la Type 31 británica

Redacción
Wellington, 8 de mayo de 2026.– El Gobierno de Nueva Zelanda continúa en el proceso de la renovación de su flota de superficie con el objetivo de sustituir las fragatas clase Anzac de la Royal New Zealand Navy, cuya vida útil concluirá a mediados de la próxima década.

El ministro de Defensa, Chris Penk, confirmó que el Ejecutivo avanza en el Maritime Fleet Renewal Programme, incluido en el Defence Capability Plan 2025, como marco para definir una futura flota capaz de cubrir misiones de combate marítimo, patrulla, seguridad, transporte naval, hidrografía, operaciones de buceo, apoyo a otras agencias del Estado y respuesta ante emergencias humanitarias o desastres naturales.
La decisión parte de una premisa evidente para Wellington: Nueva Zelanda depende del mar. Su posición geográfica, su comercio exterior, su conectividad internacional y buena parte de su seguridad nacional (en esencia, todo) descansan sobre unas líneas marítimas que requieren vigilancia, presencia y capacidad de respuesta. En ese contexto, la Armada neozelandesa debe mantener medios suficientes para patrullar sus aguas, apoyar operaciones de interdicción, transportar personal y equipo, y contribuir a misiones de búsqueda y rescate.
Las 2 únicas fragatas actualmente en servicio, HMNZS Te Kaha, comisionada en 1997, y HMNZS Te Mana, incorporada en 1999, representan el núcleo de la capacidad de combate de superficie de la RNZN. Si no se articula una sustitución a tiempo, su retirada tendría un efecto directo, demoledor, sobre la capacidad de Nueva Zelanda para proteger sus intereses marítimos en el Pacífico y en escenarios más alejados.
Uno de los elementos centrales del proceso será la interoperabilidad con aliados. El Ministerio de Defensa neozelandés ha iniciado conversaciones con la Royal Australian Navy y la Royal Navy para preparar la siguiente fase del programa y estudiar fórmulas que permitan garantizar la continuidad del servicio. En ese marco, Wellington ha decidido centrar el análisis en 2 opciones ya maduras: la clase Mogami japonesa, seleccionada por Australia, y la Type 31 británica.
La elección de estos 2 diseños como referencia responde a una lógica práctica. Nueva Zelanda busca buques con capacidad real de combate, pero también plataformas que permitan reducir riesgos, aprovechar economías de escala y mantener una relación estrecha con socios con los que ya comparte doctrinas, ejercicios y necesidades operativas. La clase Mogami gana peso adicional por la decisión australiana de adoptarla dentro del programa SEA 3000, mientras que la Type 31 mantiene el vínculo natural con el Reino Unido y con una arquitectura naval ya orientada a exportación.
El caso australiano ofrece contexto. Canberra formalizó con Mitsubishi Heavy Industries el contrato para las 3 primeras fragatas basadas en el diseño mejorado de la clase Mogami, tras haber seleccionado esta opción en agosto de 2025. Las primeras unidades serán construidas en Japón, con una primera entrega prevista para 2029, antes de trasladar la producción posterior a Australia Occidental. El programa contempla hasta 11 fragatas y refuerza la cooperación naval e industrial entre Australia y Japón.
Para Nueva Zelanda, esa decisión australiana no determina el resultado, pero sí crea un entorno favorable para estudiar la Mogami con más detalle. Compartir plataforma, cadena de sostenimiento, formación o parte de la doctrina de empleo con Australia podría aportar ventajas evidentes a una marina de tamaño limitado, especialmente en un Pacífico donde las distancias, los costes de mantenimiento y la disponibilidad operativa pesan tanto como las prestaciones del buque.
El Gobierno neozelandés subraya, en cualquier caso, que no se ha tomado una decisión final. El proceso seguirá su curso y el gabinete recibirá el asesoramiento correspondiente antes de finales de 2027. Hasta entonces, la prioridad será mantener operativas las fragatas Anzac y definir con precisión qué tipo de flota necesita Nueva Zelanda para la etapa posterior a 2030.
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