PLD Space. España tiene permiso para mirar al espacio

La segunda etapa del Miura 5 ya está ensamblada y entra en campaña de calificación mientras la compañía refuerza su estructura para operar en 2026

Jorge Estévez-Bujez

España ha tenido durante demasiado tiempo una relación extraña con la ambición, sobre todo después de extenuarla durante siglos. Hoy día la observa, la admira si viene de fuera, la aplaude cuando ya es compartida y la sospecha cuando nace cerca de casa. Por eso, lo que está ocurriendo con PLD Space merece algo más que la natural nota amable de empresa tecnológica. Merece atención, medida, vigilancia y, sí, una dosis razonable de orgullo.

 

 

En apenas unos días, la compañía ilicitana ha encadenado 2 hitos que, leídos juntos, dicen más que cualquier presentación corporativa. Uno de ellos es acaso menos mediático, pero estructuralmente importante; y el otro un aldabonazo industrial de primer orden. A saber, por un lado, el refuerzo de su consejo de administración con Hilario Albarracín, expresidente y consejero delegado de KPMG España, y, por otro, el ensamblaje completo de la segunda etapa del Miura 5, ya enviada a su campaña de pruebas de calificación. Lo primero habla de gobierno, financiación, riesgo y salto empresarial. Lo segundo habla de lo que genera el nervio mediático que apasiona a las miles de personas que seguimos de cerca la evolución de PLD; es el logro del metal, la aviónica, los propelentes, las estructuras, el control de reacción y, en definitiva, esa clase de avances que no se sostienen con el entusiasmo que provocan, sino con ingeniería.

En DYS ya hemos escrito mucho sobre los levantinos, y hemos sostenido, desde el principio, que PLD Space no estaba sólo levantando un cohete, sino enseñando a España a mirar de nuevo hacia arriba (de otro modo, pero hacia arriba). Pensábamos, y seguimos empeñados, que lo del Plus Ultra, nuestra desvencijada divisa nacional, podía vigorizarse de muchas maneras, una de las cuales mira hacia el espacio. Porque la ilusión siempre necesita de un mentón levantado y una mirada al cielo. Y, así, concluimos que el Miura 1 fue el primer golpe serio sobre la mesa de un actor inesperado e inopinado. Y lo de ahora, el Miura 5, sería la prueba mayor. La de pasar de la demostración suborbital a la pelea orbital, que es donde se separa la literatura de aventuras de la industria de verdad.

Ahora, la pelea de estos empecinados comienza a tener forma de hardware terminado.

 

PLD Space reúne a cientos de jóvenes, talentosos, sin atisbo de miedo, y con ambición . Imagen: PLD

 

Una segunda etapa completa, no una maqueta de ambición

El anuncio del 30 de junio tiene bastante más alcance que una actualización ordinaria de programa, y merece un detallado repaso de lo que es y lo que significa. La segunda etapa del Miura 5 está ya completamente ensamblada y ha comenzado su campaña de calificación. PLD Space ha explicado que en ese conjunto se integran aviónica, sistema de alimentación de propelentes, sistema de control de reacción, y estructuras primarias y secundarias, desarrolladas y fabricadas internamente por la compañía.

No es sólo una memoria técnica propia de especialistas para dar aspecto de madurez y rigor académico, sino una declaración industrial. Porque la integración vertical no es, seguro, la mejor expresión mediática para vestir una nota de prensa, sino una forma de reducir dependencias, acortar ciclos de corrección, proteger conocimiento, controlar calidad y evitar que un programa nacional de alta complejidad acabe siendo rehén de una cadena de suministro que no siempre responde a los tiempos de quien lanza y, sobre todo, de quien contrata el lanzamiento.

El siguiente paso será la realización de pruebas de compatibilidad electromagnética en instalaciones especializadas. Después, la etapa deberá regresar a Elche para la integración del motor TEPREL-C de vacío, antes de trasladarse a Teruel para el encendido estático de la etapa completa. Es el camino correcto para asegurar mayores probabilidades de éxito. Probar cómo se va a volar, romper lo que haya que romper en tierra para no descubrir en el lanzamiento lo que pudo comprobarse antes.

Puede sonar elemental pero, en cohetería, lo elemental cuesta años, dinero y talento.

De Elche a Kourou: la distancia que separa al taller de la órbita

El Miura 5 es un lanzador orbital de 2 etapas, parcialmente reutilizable, concebido para cargas pequeñas y medianas. PLD Space nos lo presenta como el siguiente escalón de una familia que empezó con el pionero Miura 1, lanzado en octubre de 2023, y que aspira a consolidar una capacidad española y europea de acceso al espacio. Hace meses apuntamos que el Miura 1 no era el final de nada, sino el banco de pruebas que debía alimentar al verdadero reto orbital.

Ahora, ese reto, crecido y reconfigurado para asumir mayores retos, tiene nombre y calendario. El primer vuelo de prueba del Miura 5 está previsto para este 2026, desde el Centro Espacial de Guayana, en Kourou. Recordemos que el lanzador está concebido para ofrecer hasta 30 misiones anuales desde varios puertos espaciales, incluido el centro guayanés.

Kourou es el puerto espacial europeo. Operar desde allí coloca a PLD Space en otra liga, la de los actores que no sólo fabrican, sino que aspiran a lanzar, repetir, vender servicio y sostener operaciones. Y ahí está la diferencia entre tener un cohete y tener una empresa espacial.

Dinero europeo para una necesidad europea

El respaldo financiero también ha crecido en este tiempo. El Banco Europeo de Inversiones firmó en abril un préstamo de 30 millones de euros con PLD Space para apoyar la fase final de desarrollo del Miura 5 y el escalado de sus capacidades industriales y de lanzamiento. El BEI subrayó que se trata de su primera inversión directa en pequeños lanzadores espaciales, una señal política y financiera que va bastante más allá de una operación ordinaria de crédito, y que demuestra que el interés que ha despertado este segmento ha roto los recelos que pudiera ofrecer.

El propio BEI vinculó esta financiación con la autonomía europea en espacio, seguridad y defensa, y recordó que PLD Space había captado 210 millones de euros en 2026, tras una Serie C (de financiación) de 180 millones cerrada en marzo.

 

Ensayos. La clave mayor de cualquier proyecto de esta envergadura

 

Europa ha descubierto -tarde, como tantas veces-, que el acceso al espacio no es un capricho científico ni una extravagancia de los ingenieros. Es infraestructura crítica. Es comunicaciones, observación, navegación, inteligencia, alerta, soberanía tecnológica y la capacidad de no implorar permiso para poner en órbita lo que se necesita cuando se necesita.

Durante años, Europa pudo permitirse cierta complacencia porque Ariane funcionaba, Soyuz estaba disponible y el mercado parecía disponible, y ordenado por los actores de siempre. Ese mundo se ha acabado. La colaboración rusa desapareció con la guerra de Ucrania, SpaceX ha impuesto una presión comercial brutal y los pequeños satélites han cambiado la economía de los lanzamientos. En ese contexto, un lanzador español operativo no es una anécdota, es una pieza de autonomía, de libertad, de futuro.

Sateliot y la cadena española completa

El interés del Miura 5 no se agota en la demostración técnica, sino que ya tiene comprometidas sus concreciones de negocio. En febrero de este año, Sateliot y PLD Space anunciaban un acuerdo para lanzar en 2027 dos satélites 5G de 160 kilos cada uno, en la primera misión privada realizada íntegramente por compañías españolas. El lanzamiento empleará, por supuesto, el Miura 5.

Ese acuerdo ayuda a cerrar el círculo de lo posible, matizándolo como probable, y llevándolo al plano de los contratos, que son la demostración de la confianza y el respeto de las partes por el trabajo serio. No se trata sólo de que España fabrique un cohete. Se trata de que una empresa española lance satélites españoles para servicios con aplicaciones civiles, industriales, de defensa y seguridad. Cuando se habla de soberanía tecnológica, esa es la forma de bajarla de las nubes retóricas y demostrar que soberanía es que la cadena exista, que el contrato exista, que el lanzador exista y que el calendario sea algo más que una esperanza.

Todo lo anterior no convierte a España en potencia espacial de la noche a la mañana. Pero la aleja, y mucho, del papel de espectadora satisfecha con aplaudir lanzamientos desde Cabo Cañaveral.

Elche y Teruel: geografía de una capacidad

Hay algo poderosamente simbólico, y también muy real, en que esta historia pase por Elche y Teruel. Durante décadas, la alta tecnología española ha vivido demasiado concentrada en unos pocos polos, como si el talento necesitara de apenas un par de códigos postales para existir. PLD Space ha demostrado lo contrario. Se puede levantar una empresa de transporte espacial desde una modesta ciudad industrial levantina, probar motores en Teruel, operar desde Guayana y mirar a clientes globales sin consideraciones atávicas por el acento ni por la procedencia.

PLD Space cuenta con más de 450 empleados y más de 188.000 metros cuadrados de instalaciones entre Elche, Teruel, Kourou y Duqm, en Omán. Ya no estamos ya ante la clásica aventura simpática de garaje, sino ante una estructura industrial en expansión. Y, precisamente por eso, habrá también que medirla con más exigencia. Y como lo de PLD no es ni milagro ni cuento de hadas, habrá que saber mantener la cabeza fría, porque un lanzador orbital se consolida volando, fallando poco, corrigiendo rápido, repitiendo, firmando clientes, asegurando cargas útiles, reduciendo costes y demostrando que el sistema puede operar no una vez, sino muchas. El primer vuelo del Miura 5 será un examen; no una coronación.

 

Todo listo para el envío

 

También hay que evitar la tentación de pasar del desprecio al incienso sin estación intermedia. PLD Space no necesita ser tratada como un milagro nacional. Necesita financiación, contratos, apoyo institucional inteligente, exigencia técnica, continuidad regulatoria y una política espacial seria, transversal, continuada, que entienda que el acceso al espacio ya forma parte de la seguridad nacional.

Hace meses afirmamos que PLD Space había dado “un puñetazo en la cara del pasado” al demostrar que España podía producir algo más que informes, buenas intenciones y asumir resignación cuando toca -que era casi siempre-. La frase era dura, pero tenía sentido. Porque el problema no ha sido nunca la falta de talento, sino la costumbre de administrarlo con miedo, sin el convencimiento que otros demuestran.

Lo que está en juego

La segunda etapa del Miura 5 ensamblada no significa aún que España haya llegado a la órbita. Significará algo más modesto, pero también más valioso: que España se está acercando de verdad. Que ya hay hardware completo, una campaña de calificación, un motor pendiente de integración, un banco de pruebas, una rampa en preparación, clientes, financiación nacional y europea, y una compañía que empieza a organizarse para la fase adulta.

El espacio ha dejado de ser un lujo de potencias capaces de manera exclusiva, y ha pasado a ser un dominio de competencia económica, tecnológica, militar y política. Quien no accede al espacio por sus propios medios dependerá de otros para todo lo que en el se substancia, que es casi todo. Y depender, en tiempos tranquilos, puede que parezca barato, cómodo. En tiempos difíciles, suele salir carísimo.

Por eso el Miura 5 no es un cohete fabricado en España. Es un instrumento. Un instrumento imperfecto, en desarrollo, todavía pendiente de demostrar lo más difícil, pero real. Algo que, en materia industrial española, ya es bastante más de lo que muchas veces hemos decidido construir.

PLD Space no está pidiendo que le creamos por patriotismo, sino por demostración, por capacidad, por entrega. Está poniendo piezas sobre la mesa. Primero fue el Miura 1. Ahora es la segunda etapa del Miura 5. Después vendrán las pruebas, el encendido estático, Kourou y el vuelo. Ahí acabará lo especial de todo ésto, la poesía, y dará comienzo lo espacial, donde hablarán la física, la combustión, la telemetría y la gravedad. Algo de lo que un servidor no podrá jamás hablar en otros términos que no sean los meramente enumerativos. Vendrán quienes sepan hacerlo.

En todo caso, al menos hoy, podemos decir, sin exagerar, que España tiene una empresa que está intentando abrir una puerta que siempre habíamos visto cerrada y lejana. Y esa puerta, no lo olviden, no conduce sólo al espacio. Conduce a una manera menos pequeña de entender lo que podemos ser.

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

 

Un comentario

  1. Hola, No le quito mérito a lo de PLD Space, su trabajo y su visión de futuro. Y efectivamente hay peros.
    El primero y mas fundamental.
    El lanzamiento del Miura 1 no fue tan exitoso como se piensa. En el lanzamiento bueno, no llegó a la altura requerida. Hicieron esto para asegurar la misión, y validar sistemas.
    A mi parecer tienen el típico sistema de las famosas Starup, mostrar un prototipo, y aparentar que se hace algo, para luego desaparecer con la pasta.

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