MDACS: cañón de 155 mm interceptor de drones y misiles de crucero

BAE Systems desarrolla para el Ejército estadounidense una batería de artillería antiaérea basada en proyectiles hiperveloces de 155 mm

Redacción

El Multi-Domain Artillery Cannon System, más conocido como MDACS, es una de esas ideas que parecen antiguas y nuevas al mismo tiempo. Antigua, porque devuelve al cañón un papel básico en la defensa aérea. Nueva, porque lo hace con sensores, gestión de batalla, integración en red y munición guiada de muy alta velocidad.

 

Una de las primeras imágenes creativas del MDAC, de 2024

 

En términos asequibles, lo que el Ejército de Estados Unidos quiere es convertir un cañón de 155 mm en un sistema capaz de interceptar drones, misiles de crucero, helicópteros, aeronaves y otras amenazas aéreas, con un coste por disparo inferior al de buena parte de los misiles antiaéreos actuales. Sobre el papel, es una idea más que sumar a la carrera por encontrar interceptores baratos para toda suerte de amenazas, incluidas las baratas (cuando lo son): los drones.

El programa está en manos de BAE Systems y responde a una necesidad de defender bases fijas o semipermanentes frente a ataques masivos sin vaciar los arsenales de interceptores caros. El Rapid Capabilities and Critical Technologies Office del Ejército estadounidense planteó la entrega de una batería completa de MDACS no más tarde del cuarto trimestre del año 2027, seguida de una demostración operacional en el año 2028.

Un cañón contra amenazas baratas de parar sólo en apariencia

La guerra en Ucrania, los ataques en Oriente Medio y la proliferación de drones de largo alcance enseñan que derribar amenazas baratas con misiles muy caros puede ser militarmente necesario, pero económicamente insostenible si el adversario tiene volumen. El MDACS nace justo ahí, en la brecha entre el coste del atacante y el coste del defensor.

No pretende sustituir a sistemas como Patriot, NASAMS u otras defensas de mayor alcance, sino añadir una capa más barata y con mayor profundidad de munición para objetivos que no siempre justifican gastar un interceptor de millones.

El concepto, sobre todo para Washington, resulta especialmente valioso para escenarios como el Indo-Pacífico, donde Estados Unidos tendría que proteger bases avanzadas, aeródromos, depósitos, nodos logísticos y posiciones expedicionarias frente a drones, misiles de crucero y ataques de saturación chinos.

El HVP, la pieza central

La clave del MDACS no está sólo en el cañón, sino en el proyectil. El sistema se apoya en el Hypervelocity Projectile, o HVP, una munición guiada desarrollada por BAE Systems y asociada originalmente a programas navales, incluido el cañón electromagnético de la Armada estadounidense, ya cancelado en su día (2021),

El valor del HVP está en su diseño aerodinámico de baja resistencia, su alta velocidad, su maniobrabilidad y su menor tiempo hasta el blanco. BAE lo ha presentado como un proyectil común capaz de ser empleado desde cañones navales de 5 pulgadas, sistemas de 155 mm del Ejército, la Infantería de Marina y la US Navy, así como desde futuros railguns.

 

Diferentes modelos de diseño de la munición HVP de Bae. Imagen de Joseph Trevithick

 

Según datos recogidos a partir de documentación técnica, el HVP disparado desde artillería de 155 mm podría alcanzar unas 43 millas náuticas, aproximadamente 80 kilómetros, con cadencias situadas, según la fuente y configuración, entre 6 y 8 disparos por minuto. La cifra exacta dependerá del prototipo final y de su integración.

La pregunta viene sola… ¿puede un proyectil de 155 mm derribar un dron o un misil de crucero? La respuesta, al menos en pruebas previas, es sí. En 2020, un ensayo dirigido por la Fuerza Aérea estadounidense demostró que un obús de 155 mm podía derribar un blanco aéreo BQM-167, empleado como sustituto de un misil de crucero subsónico, mediante un HVP.

El MDACS no debe confundirse con un obús convencional al que se le ha cambiado la munición. La batería está concebida como un sistema integrado de defensa aérea y antimisil. La configuración completa prevista incluye 8 cañones Multi-Domain Artillery Cannon, 4 radares Multi-Function Precision Radar, 2 gestores de batalla Multi-Domain Battle Manager y al menos 144 proyectiles HVP.

El sistema deberá operar dentro de la arquitectura estadounidense de defensa aérea y antimisil, con conexión al Integrated Battle Command System (IBCS). El valor del MDACS no está sólo en disparar rápido, sino en recibir datos de sensores externos, coordinarse con otros sistemas y decidir qué amenaza merece un misil y cuál puede ser tratada por un proyectil guiado de alta velocidad.

La misión prevista se centrará en proteger posiciones de la fuerza conjunta fijas o semifijas frente a UAS, misiles de crucero, aeronaves de ala fija, helicópteros y otras amenazas aéreas avanzadas. No es, por tanto, un sistema pensado principalmente para acompañar a una brigada maniobrando en primera línea, sino una defensa de bases, nodos y posiciones críticas.

Movilidad y despliegue

Uno de los requisitos más llamativos es la movilidad. BAE Systems difundió una imagen del MDACS siendo descargado desde un C-130 Hercules, subrayando la transportabilidad aérea como parte de la propuesta. La idea es contar con un sistema que pueda moverse con rapidez y desplegarse en teatros como Europa o el Indo-Pacífico.

El Ejército ha mostrado interés por un diseño de 155 mm sobre ruedas, con disparo remoto, alta cadencia, profundidad de munición y recarga rápida. Se ha especulado con soluciones derivadas del Archer de BAE Bofors o con un diseño nuevo sobre camión, pero lo importante es la lógica asociada al sistema, que se articula en llegar, desplegarse, integrarse en red, disparar y reposicionarse sin la carga logística de sistemas más pesados.

La economía de la defensa aérea

El HVP no será un proyectil barato en el sentido tradicional de la artillería. No es una granada convencional de 155 mm. Es munición guiada, rápida y compleja. Pero, si el sistema cumple lo prometido, puede situarse en una franja de coste inferior a la de muchos misiles antiaéreos, especialmente en escenarios de saturación.

Se trata, quizás, de ganar por aritmética operativa. Un dron barato o una munición merodeadora no siempre deben obligar al defensor a gastar un misil de alto valor. El MDACS intenta ofrecer una respuesta intermedia entre el cañón clásico y el interceptor sofisticado.

El sistema no va a convertir cada obús de 155 mm en una defensa antimisil universal, ni va a reemplazar las capas de medio y largo alcance. Tampoco eliminará la necesidad de interceptores caros contra blancos complejos, maniobrantes, balísticos o de alta prioridad. Su papel razonable está en una capa complementaria que abarca drones, misiles de crucero subsónicos y determinados objetivos que saturan la defensa.

 

 

Calendario

El calendario es exigente, porque la oficina RCCTO quiere una batería completa no más tarde de finales de 2027 y una demostración operacional en 2028. Después llegará comprobar si el sistema es maduro, si puede integrarse en una arquitectura real, si sus costes son los esperados y si la logística acompaña.

El éxito del MDACS dependerá, por tanto, del coste real por disparo, la fiabilidad de la guía, tasa de acierto, cadencia sostenida, recarga, integración con IBCS, resistencia a la guerra electrónica, mantenimiento, movilidad y disponibilidad de munición.

El regreso del cañón

Si el MDACS supera las pruebas previstas, el Ejército de Estados Unidos habrá abierto una vía interesante para dar a la artillería pesada un papel directo en la defensa aérea. Una solución práctica para una época en la que la defensa debe sostenerse frente a ataques numerosos, baratos y persistentes.

Con sensores adecuados, mando en red y proyectiles guiados de alta velocidad, un tubo de 155 mm podrá, quizás, convertirse también en parte del escudo. Por ahora, la idea merece atención. En una época en la que un dron barato puede obligar a gastar un misil caro, el cañón vuelve a llamar a la puerta. Esta vez no como artillería de campaña, sino como defensa aérea de bajo coste relativo y alta cadencia.

Redacción

defensayseguridad.es

 

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