Singapur pone precio a sus 20 F-35: 4.059 millones de dólares por una flota de F-35A y F-35B
Un informe oficial estadounidense revela por primera vez el valor global del acuerdo para los 12 F-35B y 8 F-35A de Singapur. La cifra permite asomarse al coste real de adquirir una capacidad completa y vuelve inevitable la comparación con España, donde la Armada sigue afrontando el relevo del Harrier y el F-35A ha formado parte del debate sobre el futuro de la aviación de combate

Redacción
Por primera vez existe una cifra oficial que permite conocer el alcance económico global de la adquisición de F-35 por parte de Singapur. El acuerdo para los 20 cazas de quinta generación —12 F-35B y 8 F-35A— alcanza los 4.059 millones de dólares, incluyendo las aeronaves y los equipos y elementos asociados contemplados dentro del programa de venta estadounidense.
La cifra aparece en el último Modernized Selected Acquisition Report (MSAR) del F-35 Lightning II, elaborado para el presupuesto presidencial estadounidense de 2027, con fecha efectiva de 21 de abril de 2026 y autorizado para publicación abierta el pasado 3 de agosto. La información ha sido recogida ahora en Singapur por The Straits Times, que destaca que se trata de la primera revelación oficial del valor total del acuerdo.

Un F-35A polaco
Hasta ahora, el Ministerio de Defensa singapurense había comunicado públicamente el número de aparatos, sus variantes, los calendarios previstos y las razones operativas que llevaron a adquirirlos, pero no había detallado el importe final.
Apuntar también lo evidente: 4.059 millones de dólares no equivalen al precio de 20 aviones desnudos.
Mucho más que dividir 4.059 millones entre 20
Una división simple arrojaría unos 202,9 millones de dólares por aparato, una cifra muy elevada y, de hecho, superior al promedio que figura para otros clientes FMS en el mismo documento estadounidense. Sin embargo, utilizarla como «precio unitario del F-35» sería incorrecto.
Como es sabido, las adquisiciones Foreign Military Sales estadounidenses incluyen, dependiendo de cada contrato, mucho más que las células y sus motores, ya que, por lo general, añaden repuestos, sistemas de apoyo, formación, simulación, herramientas, asistencia técnica, logística, software, equipos de misión, infraestructura o sostenimiento inicial, entre otros conceptos.
Esta diferencia entre flyaway cost y coste de adquisición de una capacidad completa es especialmente importante, máxime cuando se habla del F-35.
De hecho, cuando Estados Unidos autorizó en enero de 2020 la posible venta inicial a Singapur de hasta 12 F-35B, la Defense Security Cooperation Agency —DSCA— estableció un valor máximo estimado de 2.750 millones de dólares. La operación incluía 4 aparatos y la opción de otros 8, hasta 13 motores Pratt & Whitney F135, uno de ellos de repuesto, además de sistemas de guerra electrónica, C4I/CNI, sistemas de entrenamiento, apoyo logístico, software, repuestos, herramientas, equipos de prueba y formación de personal.
La diferencia es fundamental para entender las cifras. Así, el nuevo documento estadounidense refleja ya un acuerdo que ha evolucionado desde aquella primera adquisición hasta los actuales 20 aparatos de 2 variantes diferentes.
12 F-35B y 8 F-35A
Singapur comenzó de forma particularmente prudente allá por 2019, cuando anunció su intención de adquirir 4 F-35B y conservar una opción por otros 8. Tras la firma de la Letter of Offer and Acceptance en 2020 y varios años de evaluación técnica y operativa después, el país decidió ejercer la opción.
En febrero de 2023, MINDEF anunció oficialmente la adquisición de los 8 F-35B adicionales. Singapur alcanzaba así una flota prevista de 12 F-35B. Un año más tarde llegó el siguiente paso.
El entonces ministro de Defensa, Ng Eng Hen, anunció el 28 de febrero de 2024 la adquisición de 8 F-35A, elevando el programa a un total de 20 aeronaves. El Gobierno justificó expresamente la combinación de variantes por sus diferentes cualidades operativas: el F-35A dispone de mayor combustible interno, autonomía y capacidad de carga, mientras que el F-35B incorpora la capacidad de despegue corto y aterrizaje vertical —STOVL—.
El MINDEF lo resumía entonces con bastante claridad, al afirmar que operar ambas variantes proporcionaría a la Republic of Singapore Air Force una mayor flexibilidad para cubrir diferentes requisitos operativos.
La compra de los F-35A fue confirmada posteriormente, ya en febrero de 2025, mediante una modificación del acuerdo FMS original. El informe estadounidense identifica concretamente una Amendment #4 firmada el 4 de febrero de 2025 para incorporar esos 8 aparatos.
Los primeros llegarán este año
La flota sustituirá progresivamente a los veteranos F-16 singapurenses, cuya retirada comenzará a partir de mediados de la próxima década.
El gobierno del país mantiene que el primer F-35 de Singapur será entregado a finales de este año 2026. Los primeros aparatos permanecerán inicialmente en Estados Unidos para facilitar la formación de pilotos y personal técnico. En septiembre de 2025, el ministro de Defensa Chan Chun Sing visitó precisamente la cadena de montaje de Lockheed Martin en Fort Worth y confirmó que el primero de los 20 aparatos se encontraba ya en producción.
El nuevo informe estadounidense aporta además una información muy interesante sobre su distribución.

Un F-35B de Reino Unido
Los 12 F-35B permanecerán vinculados a Ebbing Air National Guard Base, en Fort Smith, Arkansas, donde Singapur establecerá su destacamento de entrenamiento. Los 8 F-35A estarán destinados a la base aérea de Tengah, en Singapur, cuyo diseño está siendo adaptado para recibirlos. La llegada inicial de estos últimos está prevista hacia 2029.
Singapur terminará disponiendo así de una fuerza de combate formada por F-15SG, F-35A y F-35B, una combinación que el Ministerio de Defensa considera el núcleo de su aviación de combate futura.
Una cifra particularmente interesante para España
Es difícil no relacionar la noticia con las, hasta el momento, frustradas pretensiones al respecto del F-35, en especial el modelo B, desde España. Aunque las situaciones de ambos países sean diferentes y cualquier extrapolación económica directa resulte poco rigurosa, por no hablar de la situacional en cuando al momento político de Singapur y España con respecto de Washington, es inevitable no establecer cierto paralelismo, sobre todo a tenor del número de cazas encargado por el país asiático, similar al que se ha contemplado numerosas ocasiones en España.
En DYS hemos dedicado numerosos trabajos al F-35 y a su difícil encaje político, presupuestario y operacional en España, especialmente en el caso de la Armada. Desde todos los puntos de vista, y bajo el planteamiento de varios de nuestros colaboradores.
Roberto Escámez analizaba recientemente en «¿Necesitamos el CATOBAR?» las alternativas que se abren para el futuro de la aviación naval española, planteando el dilema entre mantener una arquitectura STOVL alrededor de futuros LHD —y, por tanto, del F-35B— o emprender el mucho más exigente salto a una plataforma CATOBAR. ¿Necesitamos el CATOBAR? — Roberto Escámez, DYS
La cuestión fundamental en torno a la que gira el artículo de Escámez permanece intacta: para operar desde el Juan Carlos I con un caza occidental actualmente disponible, el F-35B no tiene hoy un sustituto equivalente.
Lo señalábamos también en DYS en «El dilema español del F-35B»: si la retirada de los AV-8B Harrier se produce sin que exista un sustituto, la Armada no perderá simplemente unas aeronaves. Se interrumpirá una capacidad acumulada durante décadas, con todo lo que implica en pilotos, mecánicos, procedimientos, formación, operaciones de cubierta y cultura aeronaval. El dilema español del F-35B — Jorge Estévez-Bujez, DYS
Y también el F-35A
La cuestión española tampoco se limita necesariamente a la Armada. Durante años se ha estudiado y debatido la posibilidad de que el F-35A pudiera desempeñar un papel en el relevo de los EF-18M del Ejército del Aire y del Espacio. Políticamente, esa opción se ha encontrado con una posición gubernamental, la del actual Gobierno, contraria a la adquisición del aparato estadounidense y con la prioridad concedida al Eurofighter y al nonato FCAS.
Eso no elimina, sin embargo, la cuestión operacional que dio origen al debate.
Los programas Halcón I y Halcón II permiten continuar ampliando la flota Eurofighter y afrontar parte del relevo de los F-18, mientras el futuro del FCAS debería proporcionar en un horizonte posterior la nueva generación de sistemas de combate. Pero el calendario de sustitución de las aeronaves actuales y las incertidumbres que durante los últimos años han rodeado al programa franco-germano-español han mantenido abierto el debate sobre la conveniencia de disponer, entretanto, de una plataforma de quinta generación.
En junio de 2025 abordábamos precisamente esta cuestión en DYS en «F-35. La cuestión sin respuesta del “siguiente”», señalando las 2 dimensiones diferentes del problema español: el F-35B como posible continuidad de la aviación embarcada de la Armada y el F-35A como una de las plataformas que durante años se han contemplado en el debate sobre el futuro de la aviación de combate terrestre. F-35. La cuestión sin respuesta del «siguiente» — DYS
La experiencia de Singapur muestra, precisamente, que ambas variantes no son necesariamente excluyentes, aunque resulte evidente que su adquisición conjunta exige un esfuerzo presupuestario y logístico considerable.
El precio del avión y el precio de la capacidad
Los 4.059 millones de dólares revelados ahora son, por ello, más útiles como referencia de programa que como supuesto precio unitario.
Singapur no ha comprado simplemente 20 aviones. Ha adquirido una capacidad que implica 2 variantes del F-35, motores, formación, infraestructura, apoyo, logística y una relación operacional a largo plazo con Estados Unidos. Un aspecto reseñable de ese contrato reside, antes lo mencionábamos, en que parte de esa estructura estará permanentemente desplegada allí, en Estados Unidos.
Para España, precisamente, una de las cuestiones fundamentales, ni mucho menos la única,, y siempre que alguna vez volviera a abrirse formalmente la puerta al avión, no sería cuánto cuesta un F-35, sino qué supondría introducir y sostener una capacidad F-35 suficientemente amplia para que resulte militarmente útil y económicamente «rentable».
En el caso de la Armada, además, el calendario añade presión al problema.
El debate sobre el futuro portaaviones, los futuros LHD, el F-35B, el eventual F-35C, los drones embarcados y una hipotética aeronave europea futura puede prolongarse durante años. Pero la sustitución de los Harrier tiene una fecha física que no depende de debates políticos ni conceptuales.
Singapur ha tardado años en evaluar, decidir, contratar, preparar infraestructura y formar personal antes de recibir siquiera su primer avión.
Quizá ésa sea la referencia más importante de todas.
Redacción
defensayseguridad.es


Un comentario
Si el precio unitario no son 200 millones, ¿cuál es entonces? Decís lo que -según vuestra tesis- no es, pero no aclaráis lo que sí es.
El problema, de todas formas, no es el coste. Multiplicado por 12, sale un pico elevado, pero al alcance de España. Ni por presupuesto pero tampoco por capacidades bélicas que aporta esa docena de cazas embarcados iba a suponer gran cosa.
En este sentido, se pueden plantear en esas cantidades para la Armada, sin perjuicio de estudiar alternativas y de alargar la vida de los Harrier todo lo posible (que son mucho más jóvenes que los F18 Hornet que operan los US Marines, los A10 de la US Airforce y también que muchos de sus F16 y F15).
La cuestión es para qué, exactamente. Contra el vecino del sur no se podrían usar en todos los escenarios. De hecho, ni se podrían preparar para ser usados: la guerra electrónica se configura en Florida bajo supervisión del Pentágono y no van a pedir optimizarla contra armas americanas de amigos estadounidenses. Amén de que a ese país lo tenemos rodeados y no necesitamos embarcar aviones de capacidades limitadas para llegar hasta él.
Entonces la cuestión es contra qué otro país nos merece la pena gastar al menos 2500 M (netos, sin retorno industrial alguno) en el avión.
Convendría empezar por el para qué antes de preocuparse por el cómo.