Hay debates que nacen por vicio, por aburrimiento o por simple afición a la contienda. Y hay otros que llegan porque la realidad se empeña en ponerlos encima de la mesa. El de las celdas verticales de las F-110 pertenece a esta segunda categoría

Jorge Estévez-Bujez
Para situarnos, conviene empezar por lo único que no depende del termómetro de ninguna controversia: lo oficial sigue siendo una serie de 5 F-110, de la F-111 a la F-115. La Bonifaz fue botada en septiembre de 2025 y el calendario que conocemos sigue llevando la entrada en servicio desde 2028 hasta 2032. Además, la revisión crítica de diseño se cerró en 2022. Es decir, hace tiempo que el programa dejó de ser un dibujo prometedor para convertirse en una realidad industrial con inercias, costes y rigideces muy serias; además de ser una de las columnas vertebrales de la Armada, porque, efectivamente, no es la única.

También sabemos, y esto es justamente lo que ha espoleado la conversación, que el diseño conocido de la F-110 se presentó con 16 celdas VLS Mk 41. Nunca se vendieron como una F-100 estirada ni como un mini crucero antiaéreo, sino como un buque polivalente con sesgo claramente marcado por la guerra antisubmarina.
Hasta aquí, por tanto, los defensores de las 16 celdas no deliraban. Tenían, y tienen, una base perfectamente razonable, pese a lo que se pueda objetar. Si el buque nace para cazar submarinos, si opera dentro de una fuerza naval donde otras plataformas aportan masa antiaérea, si el dinero no brota de una fuente milagrosa y si cada tonelada a bordo hay que pagarla 2 veces —una en acero y otra en sostenimiento—, entonces el compromiso de las 16 puede parecer sensato. No brillante, no ideal, pero sí sensato. Si a ello unimos la tendencia a buques dedicados, con roles específicos y, si no por completo especializados, puesto que no dejan de ser polivalentes, sí con cierta escora a una función principal, el sentido sigue, efectivamente, ahí. Pero, como casi todo en el mundo del «pum», he aquí que hace apenas un día surgió el rumor, y entonces se armó el debate.
Ahora bien, sensato, como más arriba decía, no significa intocable. Y aquí es donde empieza a sobrarnos a todos catecismo ortodoxo y a faltarnos amplitud de miras. Porque reducir el debate a “son 16 celdas y asunto zanjado” es simplificarlo de forma grosera. El ESSM puede emplearse en cuádruple empaquetado en celdas Mk 41, lo que matiza bastante la fotografía de la munición disponible. Pero ese dato, siendo importante, no liquida el debate; apenas lo pone en su sitio. Una cosa es cuántos interceptores caben, sobre el papel (o de cuántos se dispone en los pañoles cualquiera de nuestros buques) y otra muy distinta cuánta profundidad de cargador conserva el buque cuando la amenaza ya no es lineal, sino escalonada y mezclada.
Y es que la mar, hoy, se ha vuelto precisamente así de desagradable. La crisis del mar Rojo, con la que llevamos lidiando desde 2023, hutíes mediante, ha dejado una lección de una claridad insultante: ataques repetidos con misiles, drones aéreos y drones de superficie, presión constante sobre el tráfico marítimo y necesidad de mantener la guardia alta durante periodos prolongados. En el mar Negro, además, la guerra ha normalizado el empleo letal de drones navales contra buques e infraestructuras marítimas. Ahora Ormuz, como epítome del temor de cualquier flota a un escenario degradado en extremo y con un surtido de amenazas casi imposible de afrontar, menos aún en solitario, claro. Todo esto, por abordar ya la relación, no convierte a la F-110 en un mal concepto; lo que hace es volver más estrecha la defensa de quienes sostienen que 16 celdas bastan siempre y en toda circunstancia.
Yo entiendo, de verdad, a quien decía: “No hace falta sobredimensionar una fragata antisubmarina”. Lo entiendo porque durante años esa tesis tenía lógica operativa, lógica presupuestaria y hasta lógica doctrinal. No todo barco tiene que ganarlo todo. Y, en efecto, una marina se organiza por funciones, (siempre que tenga fondo de armario para ello) por reparto de cargas y por complementariedad. Pretender que cada casco sea un prodigio universal puede ser la antesala de los programas interminables, de los sobrecostes obscenos y de los PowerPoint que salen carísimos y navegan tarde.
Pero una cosa es no pedirle a una fragata ASW que sea la reina absoluta de la defensa aérea, y otra muy distinta resignarse a que llegue a la guerra naval contemporánea con el cargador corto y un acto de fe en que siempre habrá otra unidad al lado para taparle las costuras. Éso es más difícil de comprar. Y no es del todo creíble porque los despliegues reales no se parecen a las composiciones ideales de las diapositivas. No lo creo, porque las campañas largas desgastan, y de qué manera, y los relevos no están, ni por asomo, en el nivel que desearíamos (faltan cuadernas en prácticamente cualquier marina de guerra europea). Y no lo creo porque, cuando la amenaza se democratiza y se abarata, el atacante puede permitirse insistir, y el defensor, en cambio, no puede permitirse quedarse sin respuesta decente a mitad de partido.

Pozos de la Cristóbal Colón, F-105
Por eso, parece perfectamente legítimo —más aún, me parece sano— que haya quien sostenga que 32 celdas sería una solución bastante más seria para las últimas Bonifaz (de las 5 «primeras»), y que quien sueña con 64 no esté necesariamente pidiendo una extravagancia, sino expresando una intuición muy simple: que un buque de primera línea no comparezca cojo en los terrenos básicos de la guerra naval moderna, por más que su función sea sondear los fondos en busca de enemigos sumergidos. No tiene que ser el mejor en todo, decía antes, sería infantil. Pero sí debe estar en condiciones de disputar la partida en casi todo, llegado el caso. Porque no hablamos de un cazaminas, un transporte o un anfibio; hablamos de una fragata, y una fragata, por su propia definición, debe ser capaz, llegado el caso y con algo más que una dignidad aceptable, de combatir en todos los órdenes de la guerra naval; muy a pesar de desempeñar un rol eminentemente submarino, antiaéreo o de guerra de superficie. Tirando de símil futbolístico, si se me permite, debe ser como Raúl, que no era un 10 en nada, pero sí un 7 en todo.
Por tanto, sobre el runrún concreto de que las F-114 y F-115 vayan a subir ya a 32 celdas, lo responsable es, por el momento, que no vendamos humo todavía, a pesar de que a la mayoría nos entusiasme. No hay confirmación pública que permita afirmarlo hoy; aunque no es descabellado. Y, además, habría que pensar concienzudamente si conviene o no alterar de verdad las 2 últimas unidades de una serie cuyo diseño crítico quedó cerrado en 2022 y que ya tiene varios barcos avanzando. No sería un simple retoque cosmético, sino una decisión de cierto calado técnico, industrial y presupuestario. No es imposible, pero seguramente sí que es serio a nivel de fábrica.
También existe base para pensar que la conversación sobre una ampliación de la serie no es pura fantasía de foro. Se ha hablado de una sexta y una séptima F-110 para la década siguiente y de una eventual F-110 Flight II (o Flight III si nos vamos al diseño presentado a Australia, ya con marchamo de destructor). Lo primero parece estar casi fuera de toda duda, y quizás este año tengamos confirmación. Ahora bien, pasar de ahí a dar por hecho que esas hipotéticas F-116 y F-117 llevarán 64 celdas es, a día de hoy, hacer literatura con planos que nadie ha enseñado, por más que sea más que probable que ya estén sobre la mesa y contengan trazos que anuncien tal cosa.
Por tanto, sí. Aumentar el número de celdas parece hoy la solución más razonable. No porque quienes defendieron las 16 fueran necios, ni porque el diseño original fuese erróneo. Y desde luego no porque todo se arregle a golpe de más silos. Me parece razonable porque el mundo ha empeorado para los buques de superficie; porque la amenaza se ha ensanchado en cantidad y en formatos; porque la saturación ya no es una hipótesis, sino una posibilidad cada vez más tangible y, para terminar, porque una fragata de primera línea debe llevar algo más que buen gusto industrial y un excelente sonar a un combate que puede exigirle bastante más que cazar submarinos.
De la misma manera que a casi nadie se le ocurre ya discutir la conveniencia de dotar a buques valiosos de CIWS capaces de barrer lo que se acerque demasiado, a mí tampoco me parece discutible que un escolta moderno deba ganar pulmón vertical. No para convertirse en otra cosa, sino para jugar a casi todo cuando la situación lo requiera y no presentarse corto de aliento justo cuando más falta hace.
Y quizá ahí esté el núcleo del asunto, el punto en el que la polémica va dejando de ser una pelea de parroquias y empieza a parecer una conversación normal. Nadie está pidiendo que la Bonifaz reniegue de su naturaleza; lo que muchos piden es que no sea rehén de ella. Si mañana las F-114 y F-115 llegan con 32 celdas, me parecerá una corrección sensata siempre que la evaluación de riesgos resulte factible. Si la ampliación futura de la serie cristaliza en 2 unidades con mucha más pegada vertical, mejor aún. Y si nada de eso ocurre, la F-110 seguirá siendo un buque valioso. Pero mejor llamar a las cosas por su nombre: valioso no es sinónimo de suficiente para siempre.
Porque el problema de las 16 celdas no es que sean un desdoro en un navío antisubmarino. El problema es otro, mucho más prosaico y mucho más cruel: que el tiempo pasa, las amenazas se multiplican y los compromisos envejecen peor que las cuadernas.

Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es


3 respuestas
Creo en este medio
U otro
De defensa
Leí un artículo, crítico, sobre la búsqueda de la fragata perfecta
En referencia al programa Aleman A126 , de Damen
No caigamos en el mismo error de querer , lo imposible
Lo mas probable , es que haya que acertar misiones marinas, con barcos a pares Una F100 y otra F110
Casa una especializada en un tipo de guerra
Otro debate sería, construir barcos mayores y llamarlos Destructores
La F126 alemana es más bien ridícula: con casi 11 000 t de desplazamiento sólo lleva 16 celdas Mk41. Cómo nuestras Bonifaz, pero mucho más grande que estás.
Vale que lleva dos lanzadores RAM, pero es que eso ni es lo mejor contra misiles (prefiero los ESSM) ni contra drones (esos misiles son demasiado caros y escasos para dedicarlos a derribar Shaheds.
Es decir, cuando crees que lo estás haciendo mal, siempre hay alguien que te demuestra que se puede hacer todavía peor.
En cuanto a las Bonifaz, haber pasado de 16 a 24 celdas no las convertiría en estrellas de la muerte, ni por tamaño ni por sobrecostes. Pero esas 8 celdas extra significaría poder llevar 8 misiles de crucero, sin afectar a la capacidad de autodefensa. Y 4×8=32 misiles SkyKnight contra drones y obuses. Creo que no habría sido ni una barbaridad ni una búsqueda de la perfección, destinada al fracaso. Habría sido, simplemente, equilibrado e inteligente.
La excusa de que el mundo ha cambiado está muy trillada y no me vale. Una fragata se diseña para que reine durante 20, 30 o 40 años. Es evidente que en ese plazo el mundo va a cambiar varias veces. Y estaba claro que, cuando se diseñó la F110, el mundo tenía más probabilidad de cambiar a peor que a mejor, simplemente porque desde el punto de vista de los conflictos bélicos no estaba demasiado mal.
Las F110 portan más misiles que las francesas, incluso después de que los franceses aumentasen para las suyas propias el número de celdas, después de que Grecia, para sus unidades de exportación las exigiera. Lo dice el artículo: los ESSM (y también los CAMM-ER y SkyKnight, pero no los Aster) caben custro por celda.
Para autoprotección y escolta contra misiles y aviones, 8 SM2 más 32 ESSM parece suficiente. Pero el problema son dos:
Por un lado, esa cantidad impide que la fragata sea «swing-role». Será multirol, podrá hacer diferentes misiones, pero no a la vez. La podremos dotar de misiles de crucero, pero si los lleva, no podrá autoprotegerse. Y aquí el problema es que con 10 o 12 fragata no tenemos suficientes unidades como para poder permitirnos el lujo de la especialización ni de que dos fragatas tengan que ir de la manita, en parejitas, para llevar a cabo una misión de ataque a tierra.
Por otro lado, ¿qué hacemos con el CIWS? Los drones se pueden usar para saturar y reducir rápidamente el inventario de misiles ESSM.
Es cierto que una fragata, que no está quieta, no es un blanco fácil para un dron. Si el dron está siendo guiado, la señal puede ser pasto de la guerra electrónica de la fragata. Si es autónomo, ya el coste del dron sube… aunque cada vez es más barato ponerle una simple cámara diurna con una IA básica que le permita distinguir un buque del horizonte y una fragata de un pesquero.
Los drones pequeños, de tipo Q-SLAM, hay que abatirlos con cañones, preferentemente de calibre igual o superior a 30 mm para disparar munición inteligente (no como el Phalanx, cuyo cañón es de 20 mm y requiere de un impacto directo).
En el otro extremo, los drones grandes, de tipo TB2, justifican plenamente el uso de un misil ESSM. Y además de eso está el cañón de 127 mm con munición guiada.
En el medio, los drones kamikaze de tipo Shahed requieren de una solución específica. Podemos pensar aquí en el uso de cohetes guiados de 70 mm, que ya tienen cabezas explosivas que proyectan una nube de tungsteno y espoletas de proximidad. También están (o estarán) los micromisiles Fox de Aertec (a los cuales les falta, en mi opinión, la espoleta de proximidad). Se pueden combinar ambos, desde luego: en una Guardian 30, en el lanzador escamoteable para los Spike caben tranquilamente 8 Fox; algo así podría llevar la Sentinel 30, de modo queos misiles estén protegidos del mar. Eso no es posible con los cohetes guiados y los misiles Mistral, porque son más del doble de largos.
Idóneamente, cohetes guiados y Mistral deberían ir en un lanzador dedicado, de tipo modular múltiple, MPLS, de Naval Group.
Pero ¿y los disparos de mortero y obuses? Lejos de la costa, no nos van a alcanzar. ¿Y en los estrechos? ¿O cuando nos acerquemos para apoyar un desembarco?
El sistema de la emiratí Edge, que tiene parte del accionariado de Escribano y de esa manera indirectamente de Indra, con sus misiles SkyKnight (seleccionados para el SkyRanger alemán) ofrece capacidad antidron (C-UAS) y también contra obuses y mortero (C-RAM).
Es un sistema, no obstante, algo complejo de integrar, pues lo indicado sería que usase la información de los sensores de la fragata (radares SPY7 y Prisma, así como IRST i110).
Y aquí es donde voy, al tema de las celdas:
Los SkyKNight tienen diferentes lanzadores, que van desde torres orientables, pasando por contenedores en cubierta (todo eso ocupa espacio), hasta adaptadores para celdas Mk41, a 4 misiles por celda.
Si las F110 tuvieran al menos 8 celdas más (24 en total), podrían embarcar 32 misiles SknyKnigt (relativamente económicos), además de los 8 SM2 y los 32 ESSM, sin necesidad de poner artilugios adicionales en cubierta. Estas celdas podrían ser las pequeñas, de tipo Self-Defence, que también valen para los ESSM.
Y esto se podría hacer sin perjuicio de disponer además en las Sentinel 30 o una torreta suplementaria de misiles guiados por láser (los Fox o los cohetes guiados) y/o los Mistral. Con los SkyKnight en las Mk41, habría espacio.
Las ha faltado visión. Y ganas. Y pecan de modestia. Y aquí la culpa no es sólo de los políticos. De hechoz probablemente no sea de los políticos, que no creo que estén capacitados para distinguir 16 de 24 celdas o diferenciar entre celdas Strike y celdas Self-Defence. La falta de ambición debería ser un pecado capital, junto a la pereza. El síndrome de Estocolmo debería estar pensado en nuestro caso, también.