Lockheed Martin y Rheinmetall avanzan hacia la coproducción del misil ATACMS en Alemania, mientras el acuerdo sobre PAC-3 se limita por ahora al mantenimiento europeo y no a la fabricación del sistema Patriot que Berlín sigue buscando, como ya informamos en DYS

Redacción
Alemania ha logrado un avance importante en su política de acercamiento industrial a Estados Unidos en materia de misiles, aunque no exactamente en los términos más ambiciosos que Berlín venía persiguiendo. En el marco del Foro de la Industria de Defensa de la Cumbre de la OTAN, celebrado en Ankara, Lockheed Martin ha anunciado 2 acuerdos de interés: la exploración, por una parte, de una instalación europea de mantenimiento para misiles PAC-3 y, por otra, un memorando con Rheinmetall para avanzar hacia la coproducción del ATACMS en suelo alemán.

El resultado tiene, lógicamente, 2 interpretaciones. En el caso del ATACMS, Alemania sí obtiene una vía clara hacia la fabricación europea de un sistema estadounidense de ataque de precisión. En el caso del Patriot/PAC-3, en cambio, el anuncio queda, hasta el momento, por debajo de la aspiración alemana de lograr una producción más amplia en Europa del sistema Patriot y de sus municiones asociadas. Berlín pretendía, y todavía pretende, alcanzar acuerdos de producción en suelo europeo tanto para el Patriot como para el Tomahawk, dentro de una lógica que DYS ya analizó al explicar la tensión alemana entre el discurso de soberanía europea y la necesidad inmediata de armamento norteamericano.
Un centro europeo de mantenimiento para PAC-3
El primer acuerdo se refiere al compromiso conjunto de Estados Unidos, Alemania, Países Bajos, Polonia y Suecia para explorar el establecimiento de una instalación dedicada al mantenimiento de misiles PAC-3 en Europa. El acuerdo intergubernamental fue firmado ayer, 7 de julio, durante el foro industrial de Ankara.
Según la información difundida por Lockheed Martin, la instalación tendría como finalidad reforzar la preparación de la defensa aérea y antimisiles integrada de la OTAN mediante capacidades regionales de mantenimiento y sostenimiento. El objetivo sería mantener los misiles PAC-3, tanto en sus variantes MSE como CRI, en condiciones de disponibilidad, fiabilidad y despliegue rápido.
La compañía estadounidense aporta su vasta experiencia en producción de misiles, mantenimiento y gestión de cadenas de suministro para apoyar el desarrollo de la instalación. La formulación, sin embargo, deja fuera el punto que Berlín venía buscando con mayor ambición: la producción europea del Patriot o de sus municiones más críticas.
Esa particularidad define bien el alcance político del anuncio. Alemania consigue avanzar en sostenimiento regional, algo útil para reducir tiempos, reforzar disponibilidad y aliviar parte de la dependencia logística. Pero no consigue todavía el salto industrial más sensible que supone fabricar en Europa el sistema Patriot o los misiles PAC-3. En defensa aérea, por tanto, Berlín gana profundidad de apoyo, pero no autonomía productiva plena.
ATACMS: el avance más claro para Rheinmetall
El segundo anuncio tiene un contenido industrial más contundente. Lockheed Martin y Rheinmetall han firmado un memorando de entendimiento para avanzar en la coproducción de misiles ATACMS en Alemania. El acuerdo, respaldado por los gobiernos de Estados Unidos y Alemania, también fue anunciado ayer en Ankara.
Según la información comunicada por ambas compañías, el memorando constituye el siguiente paso hacia una futura joint venture que crearía el primer centro europeo de excelencia para la fabricación, integración y distribución de misiles ATACMS destinados a miembros de la OTAN y fuerzas aliadas europeas.
La producción se establecería en la planta de Rheinmetall en Unterlüß, Alemania. Si el proceso culmina, sería el primer centro de fabricación del ATACMS fuera de Estados Unidos.

ATAMCS en acción
El acuerdo tiene su lógica militar y naturalmente industrial. El ATACMS es un sistema de ataque de precisión de largo alcance lanzado desde plataformas terrestres compatibles. La guerra en Ucrania ha venido demostrando la importancia de este tipo de municiones para atacar objetivos en profundidad, depósitos, nodos logísticos, concentraciones de fuerzas y centros de mando. Para Europa, disponer de producción en suelo propio permitiría reducir plazos, mejorar disponibilidad y reforzar una capacidad que hoy resulta escasa.
Para Rheinmetall, además, el acuerdo consolida su posición como uno de los grandes pivotes industriales alemanes en el rearme europeo. La compañía no solo produce municiones, vehículos o sistemas terrestres; aspira también a ocupar espacio en misiles, defensa aérea y capacidades de largo alcance asociadas a la arquitectura OTAN.
La ambición alemana: producir lo norteamericano en Europa
Estos acuerdos pueden entenderse dentro de una línea alemana más amplia en la que Berlín necesita capacidades con rapidez y sabe que, en varios ámbitos, la respuesta europea pura no llegará a tiempo. Por eso ha buscado acuerdos de coproducción con Estados Unidos que permitan acceder a sistemas ya maduros, al mismo tiempo que parte de su producción, mantenimiento o integración se traslada a suelo europeo.
En DYS ya señalamos esa «contradicción» en el análisis sobre la posición alemana: Alemania habla de soberanía europea, pero necesita armamento norteamericano. La frase resume bien el momento. Berlín quiere autonomía, pero el proceso hasta llegar a ella es largo, y no puede esperar 10 ó 15 años a que todos los programas europeos maduren. Necesita defensa aérea, munición, ataque de precisión y profundidad operativa ahora, no en una década.
De ahí el interés alemán por sistemas como Patriot, PAC-3, Tomahawk o ATACMS. Alemania no ha renunciado a la industria europea, pero la realidad impone entender que su seguridad, y la del flanco oriental europeo, así como la reposición de arsenales exigen combinar producción nacional, cooperación europea y sistemas estadounidenses disponibles.
El problema está en el equilibrio, al que sólo se puede llegar con dosis de razonable pragmatismo. Coproducir armamento norteamericano en Europa puede reforzar la base industrial europea, pero también puede consolidar dependencia tecnológica si las partes más sensibles del diseño, software, certificación o evolución permanecen bajo control estadounidense. Es una solución práctica, no una independencia plena.
Patriot y Tomahawk siguen pendientes
El acuerdo sobre PAC-3 muestra justamente los límites de esa estrategia. Alemania obtiene una posible instalación europea de mantenimiento, pero no el acuerdo de producción que buscaba para el Patriot. La diferencia es grande. Mantener misiles en Europa mejora la disponibilidad. Fabricarlos cambia la posición industrial.
Algo parecido ocurre con el Tomahawk, otro de los sistemas nortemaericanos de interés para Berlín (en esta ocasión, del fabricante Raytheon) dentro del debate sobre capacidades de ataque de largo alcance. Alemania sigue buscando fórmulas para disponer de armamento estadounidense avanzado con participación industrial europea, pero los anuncios de Ankara no incluyen un acuerdo equivalente al del ATACMS.

Lanzamiento de un Tomahawk desde un destructor Arleigh Burke de la US Navy
Así, el balance queda menos redondo de lo que podría parecer. Alemania avanza de manera clara en ATACMS, gana terreno en mantenimiento de PAC-3, pero no alcanza todavía su objetivo más amplio de convertir Europa —y en particular a Alemania— en un centro de producción de sistemas estadounidenses clave como Patriot y Tomahawk.
Una fórmula útil, pero incompleta
Desde el punto de vista de la OTAN, los anuncios tienen valor. Un centro europeo de mantenimiento para PAC-3 puede mejorar la preparación de la defensa aérea aliada. Una línea de coproducción de ATACMS en Alemania puede ampliar la disponibilidad de municiones de largo alcance en Europa. Ambas cosas responden a una necesidad real de producir, sostener y reponer más rápido.
Podemos así concluir, de manera sobria, que Berlín avanza, pero no culmina (por ahora).
Redacción
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