La OTAN inicia el Deep Precision Strike y España se adhiere al ataque profundo

12 aliados, entre ellos España, prevén dedicar unos 43.000 millones de euros durante la próxima década a capacidades de ataque profundo, con misiles de crucero, armas hipersónicas, sistemas terrestres y drones de precisión

Redacción

La cumbre de la OTAN celebrada en Ankara ha situado las capacidades de ataque profundo de precisión —Deep Precision Strike— en el centro de la planificación aliada para los próximos años. El Reino Unido ha anunciado una iniciativa europea que reúne a 12 aliados y que prevé movilizar más de 50.000 millones de dólares, equivalentes aproximadamente a 43.000 millones de euros, durante la próxima década. El objetivo es acelerar el desarrollo, la producción y el despliegue de sistemas capaces de atacar objetivos de alto valor a largas distancias.

 

 

El Gobierno británico presentó la iniciativa como una forma de reforzar la disuasión convencional de la Alianza y de dar mayor peso europeo a un ámbito en el que la guerra de Ucrania ha demostrado la importancia de los sistemas de largo alcance. Londres sostiene que estas capacidades permitirán alcanzar objetivos situados a no menos de 300 kilómetros, y en algunos casos a más de 2.000 kilómetros, con alta precisión.

El primer ministro británico, Keir Starmer, defendió el programa en términos de cohesión aliada: «Estoy decidido a garantizar la seguridad del Reino Unido y de nuestros aliados, y para ello debemos avanzar hacia una OTAN más fuerte y más europea». Starmer añadió que esta iniciativa permitirá «reunir a los aliados europeos para garantizar que la OTAN siga siendo segura durante los próximos años».

La iniciativa agrupa, ordena y acelera varios programas ya en marcha o en fase de definición. Entre ellos destaca el acuerdo Trinity House entre Reino Unido y Alemania, orientado al desarrollo de una familia de armas de crucero furtivas e hipersónicas con más de 2.000 kilómetros de alcance. El programa está centrado inicialmente en capacidades lanzadas desde tierra, aunque también explorará aplicaciones aéreas y navales. El Reino Unido prevé invertir en esta línea 770 millones de libras en 4 años, unos 890 millones de euros.

Otro proyecto relevante es Stratus, desarrollado por Reino Unido, Francia e Italia como sucesor de la familia Storm Shadow/SCALP. El programa contempla variantes de baja observabilidad y alta velocidad para atacar objetivos de alto valor, buques y defensas aéreas enemigas. Londres asigna a este proyecto 1.400 millones de libras en 4 años, alrededor de 1.620 millones de euros, y el Gobierno británico afirma que ya sostiene más de 1.300 empleos en instalaciones de MBDA en Stevenage y Bolton.

El Reino Unido también se suma al programa Precision Strike Missile junto a Estados Unidos y Australia, con el objetivo de dotar al Ejército británico de un misil balístico supersónico capaz de alcanzar blancos a hasta 500 kilómetros. Esta línea complementa las capacidades de crucero e hipersónicas, y apunta a una arquitectura de ataque profundo que pueda operar desde tierra, mar y aire.

En paralelo, la OTAN lanzó en Ankara el proyecto multinacional Ground-Based Precision Strike Capabilities, dentro de sus High Visibility Projects. Participan Dinamarca, Francia, Italia, Noruega, Turquía y Reino Unido, con el propósito de explorar el desarrollo multinacional de nuevos lanzadores y misiles de precisión de largo alcance. La Alianza subraya que estos proyectos permiten compartir costes, acelerar plazos, obtener economías de escala y desplegar capacidades antes de lo que sería posible mediante esfuerzos nacionales aislados.

La dimensión drones también forma parte del mismo cuadro. El proyecto Deep Precision Strike Drone —DPSD— busca desarrollar capacidades de ataque profundo basadas en sistemas no tripulados, con mecanismos de adquisición más ágiles y participación de empresas no tradicionales del sector defensa. Según la OTAN, participan Dinamarca, Estonia, Lituania, Países Bajos, Polonia y Turquía.

 

 

La subsecretaria general de la OTAN, Radmila Shekerinska, resumió el sentido militar de estos proyectos durante el foro industrial de Ankara: «Contar con suficientes capacidades de ataque es esencial para que la OTAN mantenga su postura de disuasión y defensa». Añadió que los aliados trabajan en iniciativas multinacionales para obtener soluciones «más rápidas», innovadoras y de menor coste frente a las necesidades actuales y futuras.

La propia OTAN vincula estas iniciativas a las lecciones de la guerra en Ucrania. El empleo de misiles, drones y ataques de largo alcance ha mostrado la rapidez con la que se consumen las existencias en conflictos de alta intensidad y la necesidad de contar con producción sostenida, interoperabilidad y reservas suficientes. En Ankara, la Alianza ubicó estos proyectos junto a otras iniciativas de munición, como el prototipo de proyectil común de 155 mm y nuevos contratos de la NSPA.

El secretario de Defensa británico, Dan Jarvis, presentó la iniciativa como una inversión en capacidades de largo recorrido: «Estamos construyendo las armas del futuro para mantener seguros al Reino Unido y a la OTAN durante las próximas décadas, respaldados por miles de millones de libras y trabajando con nuestros aliados europeos más cercanos». También señaló que esta nueva familia de armas permitirá atacar objetivos situados a cientos de kilómetros con gran precisión.

Por su parte, la secretaria de Exteriores británica, Yvette Cooper, vinculó el programa con la disuasión frente a agresores potenciales: «Con capacidades de ataque profundo de precisión, el Reino Unido y sus aliados podrán golpear objetivos militares de alto valor y los motores logísticos que sostienen a los ejércitos». La frase viene a reflejar el sentido operativo del programa, ya que no se trata sólo de disponer de más misiles, sino de poder atacar nodos de mando, depósitos, infraestructuras logísticas, defensas aéreas y blancos situados en profundidad.

Los plazos siguen siendo amplios, como casi siempre en este tipo de programas. Los sistemas más avanzados, en particular los derivados del acuerdo angloalemán de más de 2.000 kilómetros, no se esperan antes de la década de 2030. A corto plazo, el objetivo será consolidar requisitos, avanzar en pruebas, coordinar cadenas industriales y asegurar que los programas nacionales y multinacionales no se solapen de forma ineficiente.

Europa necesita aumentar su capacidad de ataque convencional de largo alcance, reducir carencias industriales y evitar una dependencia excesiva de capacidades estadounidenses en todos los escenarios. La iniciativa liderada por Reino Unido no sustituirá a la estructura de mando y control aliada, ni crea tampoco una capacidad europea separada de la OTAN. Busca, más bien, que los europeos aporten más masa, más producción y más profundidad operativa dentro de la propia Alianza.

Su éxito dependerá de varios factores, entre ellos la financiación sostenida, el siempre difícil reparto industrial, el control de tecnología sensible, la compatibilidad entre requisitos nacionales y la capacidad industrial para producir a escala. Como siempre sostenemos en DYS, no basta con anunciar programas. En este tipo de armamento, lo decisivo será pasar de prototipos y memorandos a líneas de producción, stocks disponibles y sistemas integrados en fuerzas reales.

La iniciativa Deep Precision Strike es, por tanto, una señal importante, pero todavía un programa en ciernes. Si los aliados cumplen los plazos y mantienen la inversión durante la próxima década, la OTAN contará con una arquitectura europea de ataque profundo mucho más sólida. Si los programas se dispersan, se encarecen o quedan atrapados en rivalidades industriales, el anuncio de Ankara correrá el riesgo de convertirse en otra promesa más de cooperación europea difícil de materializar.

 

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