Turquía: posible venta los S-400

Informes publicados en Turquía apuntan a una posible venta de los sistemas rusos a un país del Golfo; no hay confirmación oficial, pero la noticia encajaría con la vía necesaria para despejar el atolladero del F-35A

Redacción

El contencioso entre Turquía y Estados Unidos por los sistemas rusos S-400 ha entrado en una fase de especial sensibilidad. Después de las declaraciones de Donald Trump en la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara, donde aseguró que Washington levantaría las sanciones impuestas a Turquía y que la venta del F-35A sería algo que su administración “consideraría”, la atención vuelve a centrarse en el mismo punto de siempre, en qué ocurre con las baterías S-400 adquiridas por Ankara a Rusia.

 

 

Según publicó hoy, 10 de julio, el columnista turco Abdülkadir Selvi, de Hürriyet, Turquía habría vendido los S-400 a un tercer país. La información, recogida también por otros medios turcos, apunta a un destino en el Golfo, con Emiratos Árabes Unidos y Catar como nombres citados en las especulaciones. Selvi escribió: «Según la información que he obtenido, los S-400 han sido vendidos a un tercer país. La venta se anunciará hoy. Los S-400 van a un país del Golfo».

La prudencia es, como siempre en este tipo de informaciones, obligada. No existe, por ahora, una confirmación oficial turca, estadounidense o incluso rusa que permita tratar la operación como cerrada. De hecho, el propio Selvi señalaba que era mejor esperar a la comunicación oficial sobre el país de destino. La información podría gozar de de veracidad, porque procede de un columnista con acceso habitual a círculos del poder turco, aunque  sigue siendo una información pendiente de confirmación formal.

La reacción rusa confirma, al menos, que el asunto está sobre la mesa. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, declaró que Rusia está en contacto con Turquía sobre el destino de los S-400 y calificó la cuestión como «extremadamente sensible». Reuters informó hoy de que Moscú mantiene diálogo con Ankara sobre el sistema, después de las informaciones publicadas en Turquía sobre una posible transferencia a un país del Golfo.

El asunto tendría toda la lógica posible desde el punto de vista turco. Como explicamos ayer en DYS, el problema del F-35A no se resuelve sólo con levantar sanciones CAATSA. La clave legal está en la sección 1245 de la NDAA 2020, que bloquea la transferencia de F-35 a Turquía mientras Ankara posea el sistema S-400 o cualquier equipo, material o personal asociado. Es decir, que para volver al F-35, Turquía debe sacar el S-400 de la ecuación.

Esa es la diferencia entre una declaración política y una solución material. Trump puede abrir la puerta, rebajar la tensión bilateral y ordenar el levantamiento de sanciones. Pero si Turquía conserva los S-400 en su territorio, aunque estén almacenados y no integrados plenamente en su red nacional de defensa aérea, el obstáculo jurídico seguirá vivo. La posible venta a un tercer país sería, precisamente, una forma de cumplir de facto con la exigencia estadounidense: dejar de poseer el sistema ruso.

 

 

Turquía firmó la compra de los S-400 en 2017 y recibió los sistemas en 2019. Washington respondió expulsando a Ankara del programa Joint Strike Fighter, en el que Turquía era socio industrial, y sancionó a su industria de defensa en 2020. Desde entonces, el expediente ha condicionado buena parte de la relación bilateral en materia de defensa. Turquía quiere recuperar el acceso al F-35A, mientras Estados Unidos exige resolver antes el problema del sistema ruso.

El contexto diplomático ya venía cambiando antes de la cumbre. En abril, el embajador estadounidense en Ankara, Tom Barrack, afirmó que esperaba una solución “pronta” al asunto S-400 y señaló que, desde la perspectiva de la administración Trump, el regreso turco al programa F-35 era aceptable políticamente. TurDef recogió entonces que Washington mantenía viva la opción del F-35, siempre que se encontrase una salida para el sistema ruso.

La posible operación con un país del Golfo ofrecería a Ankara varias ventajas. La primera, retirar el principal obstáculo legal al F-35. La segunda, facilitar el levantamiento de las sanciones CAATSA. La tercera, recuperar parte del valor económico de unos sistemas que han quedado atrapados durante años entre la utilidad militar limitada, el coste diplomático y la incompatibilidad política con el avión estadounidense.

Pero la operación también plantea interrogantes. Una transferencia de material ruso de esta naturaleza puede requerir el visto bueno de Moscú o, al menos, una gestión directa con Rusia. Además, incluso si Ankara deja de poseer los S-400, Washington tendría que certificarlo de forma suficiente y el Congreso de Estados Unidos mantendría capacidad política para cuestionar cualquier retorno turco al F-35.

Tampoco debemos confundir una eventual salida de los S-400 con una restitución inmediata de Turquía en el programa. Los automatismos no son la normal en política de defensa, y el F-35A no es una excepción. El regreso al caza furtivo exigiría decisiones adicionales, como el levantamiento efectivo de sanciones, autorización de la venta, el encaje con la legislación estadounidense, eventual participación industrial y una negociación política que no se limita a Ankara y Washington. La posición de Israel, la confianza del Congreso y el equilibrio militar regional seguirán pesando en lo que esté por decidirse aún.

Si se confirma la venta de los S-400 a un país del Golfo, Turquía habrá dado el paso práctico más importante para desbloquear el polémico y enquistado expediente del F-35A desde su expulsión del programa. Si no se confirma, la información que fluye estos días seguirá mostrando, al menos, que Ankara y Washington están buscando una fórmula concreta para retirar el obstáculo que ha paralizado durante casi 7 años una de las relaciones industriales y militares más sensibles dentro de la OTAN.

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