De milagros y mundanos: el sendero lo hace quien camina. ¡Viva la Infantería!

No hay mármol que aguante más que la bota de un infante. Ni bronce que aguante tanto silencio. La Inmaculada Concepción, patrona de la infantería española desde 1892, no está ahí por casualidad ni por devoción repentina. Lo que ocurrió en Empel, en 1585, durante la campaña de Flandes, no fue sólo un milagro para los tercios del Maestre Bobadilla: fue una revelación táctica y moral. En plena desesperación, sitiados y congelados, los soldados españoles hallaron una tabla con la imagen de la Virgen. Cavaron, resistieron y contraatacaron cuando los elementos se les pusieron de cara, pese a que parecieran de espalda. Victoria. Desde entonces, la Inmaculada es algo más que un símbolo: es la patrona de lo imposible.
La Infantería, esa que sale poco en los «desfiles» de presupuestos, y apenas nada en los powerpoints del Estado Mayor; pero es la que aguanta. Aguanta el frío, aguanta el polvo, aguanta la propia espera. Desde las campañas africanas hasta las misiones de la OTAN, en Bosnia, Líbano, Irak, Malí o Letonia, el infante español ha demostrado una fiabilidad que ni se presume ni se paga. Porque aquí no hay sistemas C4ISR ni drones con siglas que suenan a startup: hay barro, impedimenta, molienda de huesos y un G36 sin nombre.
Y aún así, es en la Infantería donde se sigue educando al soldado en lo básico: la disciplina sin aspavientos, la obediencia sin servilismo, el compañerismo sin doctrina. No hacen falta renders ni lecciones de liderazgo coach. Basta con una patrulla de noche. O con un cambio de guardia bajo cero.
El Ejército de Tierra ha transformado sus regimientos para integrar nuevas capacidades: movilidad táctica, interoperabilidad OTAN, sistemas de fuego indirecto… Pero sigue habiendo un núcleo que no cambia: el infante continúa siendo el primero en llegar y el último en irse. Sea a pie, en un Pizarro, en un añoso BMR o, algún día, en uno de esos dragones.

Foto: EFE
No es poesía ni nostalgia. Es una evidencia: cuando todo falla, el que entra es el infante. Cuando la situación se tuerce, el que aguanta es el infante. Cuando la política se diluye, la diplomacia se encoge y la tecnología se cuelga, el que se queda es el de siempre: el que camina. Ya saben: «a pie y sin un ochavo en los bolsillos.»
Hoy, 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, no se celebra sólo una imagen religiosa. Se recuerda un hecho, una promesa y una lealtad que no cotiza en bolsa: la del soldado español que, con barro hasta en las cejas, mira al cielo, aprieta los dientes y sigue adelante.
Sin capa. Sin retórica. De a pie.
Adenda: no me resisto a dejar el inicio de la carta de un soldado español a su novia, en las jornadas del dramático Annual. Durante unas excavaciones en Monte Arruit, hace ahora 13 años, aparecieron los restos de un soldado español, muerto en la contienda. Entre sus pertenencias se halló una carta escrita a su novia, intacta, y cuyo emotivo texto resume fielmente los padecimientos que nuestros hombres arrostraron en aquella maldito tiempo que les tocó. Pueden consultar el resto de la carta y el artículo en https://historiayarabismo.wixsite.com/recreahistoria/single-post/2017/01/17/amor-y-muerte-en-el-infierno-de-annual-1921
«Mi dulce María, Nunca pensé escribir esta carta, pero lo preocupante de la situación me lleva a ello. Llevamos días atrincherados y defendiendo Monte Arruit, apenas tenemos agua y comida. Los moros nos cercan y nos hacen fuego, cada día tenemos nuevas bajas, ya sea por causa enemiga o por efecto del calor, y no tenemos medicamentos ni medios de asistencia sanitaria.(…)»
Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es


Un comentario
Qué emocionante saber de tan valientes soldados y de la protección de la Inmaculada a nuestras tropas!!! Gracias Jorge por compartir tu sabiduría y hacernos sentir el orgullo patrio!!! La carta me hizo llorar…