La compañía surcoreana amplía su cooperación con Leidos para desarrollar un nuevo buque de transporte estratégico y refuerza al mismo tiempo la formación de trabajadores, la red de proveedores y la capacidad industrial de su astillero de Filadelfia, mientras Washington estudia apoyarse en los astilleros de países aliados para acelerar la construcción de su futura flota

Redacción
Hanwha Ocean continúa construyendo una posición cada vez más sólida dentro de la industria naval estadounidense. El grupo surcoreano ha firmado un acuerdo y dos memorandos de entendimiento con socios de Estados Unidos que abarcan el diseño de nuevos buques, la formación de trabajadores y el desarrollo de una cadena local de proveedores, en un movimiento que coincide con el creciente interés de Washington por aprovechar la capacidad de construcción naval de países aliados.
Los acuerdos fueron anunciados oficialmente por Hanwha Ocean tras la apertura, el 23 de julio en Washington, del Korea-U.S. Shipbuilding Partnership Center, y constituyen una ampliación significativa de la estrategia que la compañía viene desarrollando en Estados Unidos desde la adquisición del antiguo Philly Shipyard.
El hecho resulta especialmente llamativo porque, como se recordará, en DYS hemos informado durante los últimos meses de la posibilidad, estudiada por el Pentágono y defendida posteriormente por la Casa Blanca, de recurrir a diseños, componentes e incluso buques construidos inicialmente en astilleros extranjeros para acelerar la recuperación de la flota estadounidense.
No existe por el momento ninguna adjudicación que vincule los nuevos acuerdos de Hanwha con los futuros combatientes o buques auxiliares planteados por la Administración estadounidense. Sí existe, sin embargo, una evidente coincidencia entre las capacidades que Washington quiere incorporar y la estructura industrial que Hanwha está creando dentro de Estados Unidos.

Hanwha y Leidos pasan del acuerdo general a un programa concreto
El principal anuncio afecta a la colaboración entre Hanwha Ocean y la estadounidense Leidos, que han firmado un Professional Services Agreement para comenzar el diseño del denominado Global Fast Sealift (GFS).
El acuerdo supone un paso adelante respecto al memorando que ambas compañías habían firmado el pasado abril. Entonces, Hanwha y Leidos anunciaron su intención de colaborar en el diseño de buques navales de nueva generación, adaptar diseños surcoreanos a los requisitos de la US Navy, estudiar futuros combatientes de superficie y desarrollar una cadena de suministro distribuida entre Corea del Sur y Estados Unidos.
Ahora ambas empresas han pasado a trabajar sobre un proyecto determinado.
Según el comunicado de Hanwha, el Global Fast Sealift estará concebido como una plataforma de doble uso, capaz de desempeñar funciones comerciales durante tiempo de paz y proporcionar transporte militar rápido en caso de conflicto. Hanwha Ocean y Leidos comenzarán conjuntamente su diseño y establecerán mecanismos de cooperación tecnológica y control de calidad durante el proceso de desarrollo.
La participación estadounidense es particularmente significativa. Leidos dispone, a través de su filial Gibbs & Cox, de una dilatada experiencia en ingeniería naval estadounidense. Hanwha recuerda que Gibbs & Cox ha intervenido en el diseño de más del 70 % de los combatientes de superficie de la US Navy construidos desde la Segunda Guerra Mundial.
El GFS no es uno de los buques cuya construcción en el extranjero está estudiando actualmente Washington, pero el programa demuestra, no obstante, hasta qué punto Hanwha está aproximando su capacidad industrial y de diseño a los requisitos y socios tradicionales de la Marina estadounidense.
No sólo barcos: trabajadores y proveedores estadounidenses
Probablemente sea todavía más revelador lo que acompaña al proyecto naval.
Hanwha Ocean ha firmado un segundo memorando con Hanwha Philly Shipyard y Delaware County Community College destinado a desarrollar formación tecnológica y profesional específica para la industria naval.
El objetivo declarado es contribuir a cubrir las necesidades de personal cualificado que afronta el sector estadounidense mediante programas de formación de instructores y trabajadores especializados. El Delaware County Community College ya proporciona formación técnica a los cuatro programas de aprendizaje registrados ante el Departamento de Trabajo estadounidense que mantiene Hanwha Philly Shipyard.
Un tercer acuerdo incorpora a Hanwha Philly Shipyard, la Chamber of Commerce for Greater Philadelphia y la Greater Philadelphia Growth Partnership para identificar suministradores estadounidenses y ampliar la participación de empresas regionales en la cadena de construcción naval.
La finalidad es doble: fortalecer la cadena de suministro naval dentro de Estados Unidos y aumentar progresivamente la capacidad productiva del astillero de Filadelfia.
El presidente y responsable de Management Support Office de Hanwha Ocean, Insub Jung, situó expresamente los acuerdos dentro de esa estrategia:
«Hanwha Ocean está plenamente preparada para contribuir a la revitalización de la industria naval estadounidense y al desarrollo continuado del sector naval coreano», señaló el directivo, añadiendo que la compañía pretende ampliar su cooperación en las áreas consideradas más importantes para Estados Unidos.
Una presencia industrial que comenzó antes
Hanwha cuenta además con un activo que diferencia sustancialmente su posición de la de otros grandes astilleros extranjeros: dispone ya de capacidad productiva directamente instalada en Estados Unidos.
El grupo surcoreano adquirió Philly Shipyard en 2024. La operación recibió entonces un respaldo extraordinariamente explícito por parte del Departamento de la Marina.
El entonces secretario de la Navy, Carlos Del Toro, calificó la adquisición como un «game-changing milestone» para la estrategia marítima estadounidense y destacó la experiencia, tecnología y métodos productivos que Hanwha podía aportar a la construcción naval del país.
Hanwha Philly Shipyard cuenta con una importante trayectoria en construcción comercial y gubernamental. Según la propia compañía, las instalaciones han construido aproximadamente la mitad de los grandes buques comerciales oceánicos sujetos a la Jones Act entregados en Estados Unidos desde el año 2000.
La importancia de esa presencia física comienza ahora a hacerse más evidente.
Washington empieza a mirar fuera
DYS informó el pasado mes de mayo de que Estados Unidos estudiaba utilizar diseños y capacidades de astilleros extranjeros para responder a los crecientes problemas de su industria naval.
Según reveló USNI News, la propuesta presupuestaria estadounidense para el ejercicio fiscal 2027 incluye 1.850 millones de dólares destinados a investigar diferentes alternativas para incorporar mayor capacidad productiva a los programas de futuros destructores y fragatas.
La documentación presupuestaria establece expresamente que los estudios deben analizar la capacidad de compañías navales aliadas para construir buques completos o componentes, con el objetivo final de atraer mayor capacidad industrial hacia los astilleros estadounidenses y acelerar la incorporación de nuevas unidades a la flota.
Japón y Corea del Sur aparecen desde entonces entre los países especialmente relevantes, debido a la productividad, capacidad tecnológica y volumen de sus respectivas industrias navales.
El movimiento ha ganado posteriormente importancia política, hasta el punto de que, ya e julio, hace sólo unos días, como antes informábamos, la Casa Blanca se ha opuesto formalmente a los intentos del Congreso de impedir la adquisición de buques construidos en el extranjero.
La Administración estadounidense pretende disponer de autorización para contratar inicialmente en astilleros extranjeros dos combatientes de superficie y dos buques auxiliares no destinados directamente al combate, empleando esas primeras construcciones como instrumento para atraer posteriormente inversión y capacidad productiva hacia Estados Unidos.
La Oficina de Administración y Presupuesto de la Casa Blanca considera que impedir esas adquisiciones limitaría la capacidad estadounidense para aprovechar las tecnologías y capacidades productivas de sus aliados. El Congreso, por el contrario, mantiene importantes reservas y diferentes versiones de la NDAA de 2027 pretenden restringir esa posibilidad, especialmente en el caso de los buques de combate.
El modelo que Hanwha está empezando a representar
El debate estadounidense no consiste únicamente en importar barcos. Uno de los planteamientos defendidos desde Washington contempla comenzar determinadas construcciones en astilleros aliados y trasladar progresivamente tecnología, métodos de fabricación, inversión y carga de trabajo hacia instalaciones estadounidenses.
Es precisamente aquí donde los últimos movimientos de Hanwha adquieren una dimensión mayor. La compañía dispone simultáneamente de uno de los grandes astilleros surcoreanos en Geoje, un astillero propio en Filadelfia, una alianza de diseño con una compañía estadounidense estrechamente vinculada históricamente a la US Navy, programas para formar trabajadores norteamericanos y acuerdos destinados a ampliar una cadena estadounidense de proveedores.
El modelo ha sido analizado incluso desde el propio U.S. Naval Institute. En un artículo publicado este junio en Proceedings, Jeffrey M. Voth señalaba precisamente a Hanwha Philly Shipyard como ejemplo del potencial que ofrece la cooperación con astilleros aliados para recuperar capacidad estadounidense.
Según el análisis, Hanwha pretende introducir en Filadelfia métodos de construcción modular probados en Corea del Sur, aumentando progresivamente el contenido y el trabajo realizado dentro de Estados Unidos a medida que la plantilla y las instalaciones adquieran capacidad. El objetivo último sería que la cooperación extranjera no sustituya a la industria norteamericana, sino que contribuya a aumentar su productividad y autonomía.
Hanwha se coloca en una posición singular
Los nuevos acuerdos no permiten concluir que Hanwha Ocean vaya a construir los próximos buques de la US Navy, ni que el Global Fast Sealift vaya a ser seleccionado por el Pentágono.
El proceso político y presupuestario estadounidense continúa abierto, y cualquier construcción de buques militares en el extranjero deberá superar todavía importantes obstáculos legislativos, industriales y relacionados con la seguridad y la protección de tecnologías sensibles.
Pero la posición de Hanwha comienza a ser singular.
La empresa surcoreana ya no se presenta únicamente ante Estados Unidos como un astillero extranjero capaz de construir buques con mayor rapidez. Está intentando convertirse en parte de la propia base industrial naval estadounidense.
Diseño conjunto con empresas norteamericanas, producción local, transferencia de métodos industriales, formación de trabajadores y creación de proveedores forman parte de una estrategia que coincide en gran medida con el modelo que Washington estudia para recuperar capacidad naval.
En abril, Estados Unidos comenzó a estudiar formalmente hasta dónde podía recurrir a sus aliados para construir más rápido. En julio, la Casa Blanca defendió abiertamente ante el Congreso la posibilidad de adquirir los primeros buques en astilleros extranjeros.
Hanwha, mientras tanto, parece estar preparando la estructura industrial necesaria para estar en disposición de responder si finalmente Washington abre esa puerta.
Redacción
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