POLITICO: París concentrará miles de millones en municiones, defensa aérea y sistemas no tripulados, pero el Eurodrone queda sin financiación

Redacción
Francia prepara una nueva ley de programación militar con una inversión contundente en misiles, drones y más reservas de munición para un escenario de guerra de alta intensidad. Pero, dentro de ese esfuerzo, hay una ausencia significativa, porque según ha revelado POLITICO, el borrador de la planificación hasta 2030 no asigna fondos al programa Eurodrone, lo que refuerza la idea de que París no prevé continuar en uno de los grandes proyectos europeos de UAV MALE junto a Alemania, Italia y España.

Ese es, probablemente, el dato de mayor calado político e industrial de un texto que, por lo demás, moviliza cifras muy elevadas. El documento al que ha tenido acceso POLITICO prevé 8.500 millones de euros para drones y misiles hasta 2030, en un contexto marcado por el desgaste de municiones observado en Ucrania y Oriente Medio, y por la necesidad francesa de recomponer existencias, incluidas las de sistemas de defensa aérea empleados frente a amenazas de drones en el Golfo.
La imagen general del plan es que París quiere aumentar sus reservas de municiones merodeadoras hasta en un 400 %, elevar en un 240 % las bombas guiadas AASM Hammer de Safran y crecer en torno a un 30 % en misiles Aster y Mica de MBDA. Todo ello encaja con la insistencia del ministro Sébastien Lecornu en la urgencia de reforzar las existencias y con una política industrial que, según el propio borrador citado por POLITICO, busca preparar una verdadera “economía de guerra”.
Sin embargo, el problema no está en lo que aparece, sino también en lo que desaparece. Y ahí entra el Eurodrone.
Porque, si el borrador no reserva financiación al programa, la lectura inmediata es política antes incluso que presupuestaria: Francia está ordenando prioridades y dejando fuera un proyecto en el que ya venían acumulándose retrasos, dudas de calendario y crecientes interrogantes operativos. No es una cancelación formal o, al menos, no todavía en los términos expuestos por POLITICO, pero sí una señal de tal magnitud que resulta difícil presentarla como un mero apunte contable.
En ese sentido, la información publicada ahora por POLITICO encaja con otra precedente que DYS ya recogió en febrero. Entonces fue Challenges quien informó de que Francia estaba negociando su retirada del Eurodrone con sus socios del programa. Aquel medio económico francés añadía, además, un dato especialmente sensible: seguir adelante sin París podría suponer más de 700 millones de euros adicionales para Alemania, Italia y España.
Vista en conjunto, la secuencia de hitos informativos empieza a dibujar una línea coherente. Primero, la información de Challenges apuntando a conversaciones para articular la salida francesa. Después, el borrador revelado por Laura Kayali en POLITICO, en el que ya no aparece financiación para el programa. No hay necesidad de forzar la conclusión: todo apunta a una no continuación de Francia en el Eurodrone, aunque la formalización definitiva de ese paso quede por concretar en los próximos meses. Cualquier noticia en contrario sería una sorpresa, a la vista de lo que estamos conociendo.
El golpe al Eurodrone
A estas alturas, una retirada francesa no sería un ajuste menor, sino una alteración de fondo en un programa cooperativo complejo, con reparto de cargas, retornos industriales, calendario y arquitectura política ya muy tensionados. Sacar a uno de los socios principales obligaría a reabrir costes, renegociar equilibrios y asumir retrasos adicionales, precisamente en un proyecto que ya llegaba tarde a un mercado y a un entorno operativo que se han movido mucho más rápido que sus plazos.
El Eurodrone nació para cubrir una capacidad de vigilancia, reconocimiento y ataque persistente en el segmento MALE europeo. Pero el problema ya no parece ser sólo técnico, ni de tamaño, ni de adecuación doctrinal frente a conflictos cada vez más veloces y saturados de amenazas. La cuestión ahora es si uno de sus principales socios ha dejado de considerarlo útil o prioritario para sus propias necesidades. Y, si esa es la conclusión francesa, el golpe para el programa es evidente.
París, a la vista está, sí se muestra dispuesto a gastar más, mucho más, pero seleccionando con claridad dónde pone el dinero. El borrador citado por POLITICO refleja un fuerte énfasis en el consumo real de la guerra: misiles, defensa aérea, municiones, drones de empleo inmediato. En paralelo, no contempla ampliaciones de fuerza especialmente vistosas —como más Rafale o más fragatas— y sí abre la puerta a estudiar el futuro del Leclerc, ante la posibilidad de que el MGCS no llegue a tiempo. Es decir, Francia prioriza lo que considera más urgente y más controlable, incluso aunque eso deje tocados programas de cooperación europea de gran simbolismo. Otro más.
En realidad, el caso del Eurodrone no puede separarse del contexto más amplio de programas europeos en vías de extinción. Lo que Francia está planteando es una reasignación severa de prioridades. Y cuando un país incrementa de ese modo su gasto, pero deja sin dotación un programa concreto, el mensaje es todavía más elocuente y no puede llevarnos a engaño.
Quedará por ver cómo se articula esa salida, si termina produciéndose formalmente, y qué coste político, industrial y económico tendrá para los socios que continúen. Pero, a día de hoy, la cuestión central ya no parece ser si el programa atraviesa dificultades. La cuestión es si Francia sigue realmente dentro, y todo indica que cada vez menos.
Redacción
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