F-112 Roger de Lauria: un nombre para volver a la mar

La botadura de la fragata F-112, este 27 de octubre en Navantia Ferrol, devuelve al presente la memoria de uno de los más ilustres almirantes de nuestra historia. Ocho siglos después de sus victorias, el nombre de Roger de Lauria vuelve a hacerse a la mar bajo el pabellón de España

 

Jorge Estévez-Bujez

Porque sí, porque hay nombres que pertenecen a la historia y otros que, además, parecen destinados a permanecer en la mar para siempre. El de Roger de Lauria es uno de ellos. Mañana, 27 de octubre, cuando la segunda fragata de la clase F-110 reciba las aguas de Ferrol, la Armada renovará un antiguo vínculo con uno de los grandes capitanes navales de la Edad Media.

 

Óleo conservado en el Museo Naval de Madrid que representa a Roger de Lauria.

 

Nacido hacia mediados del siglo XIII en el sur de Italia, Roger de Lauria (hacia 1250-1305) llegó siendo niño a la corte aragonesa, en el entorno de Constanza de Sicilia, futura esposa de Pedro III el Grande. Allí se formó el hombre que habría de convertirse en uno de los más extraordinarios almirantes de su tiempo y en protagonista de la expansión mediterránea de la Corona de Aragón.

Al frente de sus galeras, Lauria combatió a los angevinos y a los franceses en una sucesión de campañas que llevaron su nombre y su fama desde Sicilia hasta las costas de Cataluña. Malta, el golfo de Nápoles y las islas Formigues fueron escenarios de insignes victorias que consolidaron su reputación y demostraron una notable comprensión de la guerra en la mar. Su genio, si acaso puede describirse sin error transcurridos ocho siglos, no residía únicamente en el arrojo, sino también en la preparación de sus fuerzas, el conocimiento del enemigo y el empleo inteligente de las ventajas tácticas disponibles.

El preclaro historiador naval Cesáreo Fernández Duro (1830-1908), padre y hacedor (uno más) de la redacción de las glorias navales que jalonan la Historia de España, a la sazón capitán de navío y miembro de la Real Academia de la Historia, dedicó al personaje un estudio titulado «El apelativo y la patria del almirante Roger de Lauria», publicado en 1901 en el Boletín de la Real Academia de la Historia. Más que un simple detalle biográfico, la cuestión del nombre y del origen del almirante recuerda hasta qué punto su figura pertenece a la compleja historia de los reinos y territorios que, durante siglos, conformaron el devenir de España.

Mucho antes, Jerónimo Zurita, el gran cronista aragonés del siglo XVI, había dejado escrito uno de los juicios más memorables sobre su figura:

«Murió el almirante Roger de Lauria, el más famoso y excelente capitán que antes y después de su tiempo ovo jamás por la mar, y nunca vencido en ella»

No es poca cosa que un hombre mereciese semejantes palabras. Y, aunque la Historia obliga a contemplar también las durezas de una época en la que la guerra marítima rara vez conocía la clemencia, nada de ello disminuye la importancia de Lauria como conductor de escuadras, estratega y protagonista de la profusa historia naval mediterránea.

Ocho siglos separan aquellas galeras de la fragata que mañana será botada en Ferrol. Son mundos distintos, separados por la tecnología, las instituciones y la propia concepción de la guerra. Pero permanecen una misma exigencia, igual celo, tan antiguos como la navegación: conocer la mar, prepararse para combatir en ella y comprender el valor que su dominio tiene para la seguridad de una nación.

La nueva F-112 Roger de Lauria, segunda de las cinco fragatas F-110 construidas por Navantia para la Armada, recibirá su nombre de la mano de Almudena de Arteaga y del Alcázar, descendiente del almirante y madrina de la ceremonia. Una circunstancia que añade a la botadura el valor de un encuentro entre la memoria familiar, la tradición naval y la construcción de una Armada para el siglo XXI.

Cuando el nuevo buque se deslice hacia el agua, no habrá solamente una fragata más en camino hacia su futura incorporación a la Flota. Habrá también un nombre antiguo sobre un casco nuevo, y una historia que encontrará otra ocasión de ser recordada, y un surco nuevo sobre las aguas, que tomará el testigo de una Historia que vuelve a enseñorear pabellón con nombre de reputado y viejo señorío.

Porque hay nombres que la mar nunca termina de devolver a tierra.

Jorge Estévez-Bujez

DYS

 

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