El sitio web especializado millisavunma.com presenta el MUGEM como el portaaviones con el que Turquía aspira a dar un salto de escala en el mar


La web millisavunma.com ha publicado un extenso trabajo sobre el futuro portaaviones nacional turco MUGEM y sobre el grupo naval que, en su planteamiento, debería acompañarlo cuando entre en servicio. Conviene dejarlo claro desde el principio: estamos ante una pieza de presentación y de interpretación del programa, escrita desde una lógica claramente favorable a la evolución de la industria naval y de defensa turca. Y, precisamente por eso, resulta interesante: no solo describe un buque, sino que expone cómo Turquía quiere verse a sí misma en el mar durante la próxima década.
Lea el artículo completo de la web millisavunma aquí
El texto sitúa al MUGEM como algo más que una nueva plataforma. Lo presenta como el primer portaaviones de diseño propio de Turquía y como una pieza llamada a marcar un antes y un después en la movilidad militar del país. No habla sólo de casco, cubierta y aviones. Habla de ambición naval, de industria nacional, de autonomía tecnológica y de la voluntad de Ankara de pasar de una marina con fuerte peso regional a una fuerza con presencia sostenida en escenarios más lejanos. Quizás la comparación no se sostenga, o quizás sí, pero, salvando las distancias y los ángulos de perspectiva geográfica y estratégica, el planteamiento recuerda al Mediterráneo Ampliado que ha diseñado la Marina Militare para sus planes futuros de presencia.

Ese es, en realidad, el primer punto de fondo del artículo: el MUGEM no aparece como un fin en sí mismo, sino como el instrumento visible de una transformación más amplia. Millisavunma lo encaja dentro de la aspiración turca de operar con continuidad más allá de la defensa de litoral y de hacerlo, además, bajo el paraguas doctrinal de la llamada “Patria Azul”. En ese marco, el portaaviones sería la plataforma que permitiría a Turquía llevar aviación embarcada al Mediterráneo oriental, al Egeo y, llegado el caso, a mares más lejanos. No ya sólo para combatir, sino también para evacuar, asistir, mostrar bandera o sostener presencia.
Hay una idea que atraviesa todo el texto y que merece atención: el portaaviones como herramienta de diplomacia respaldada por fuerza. Nada distinto de lo que las marinas de guerra con instrumentos de primer orden y respaldo político detrás hacen a menudo. Millisavunma llega a resumirlo con una fórmula llamativa, al hablar de “60.000 toneladas de diplomacia”. La expresión, sin rodeos, describe bien la intención del artículo. El MUGEM no es presentado únicamente como un activo militar, sino como un instrumento político. Un buque capaz de desplegar aeronaves en el mar sin depender de bases terrestres ofrece, en esa lógica, libertad de acción, capacidad de reacción y visibilidad internacional. Es decir, una mezcla de valor militar y mensaje político.
A partir de ahí, el trabajo establece una continuidad clara con el TCG Anadolu, aunque también marca distancias. Según el texto, la experiencia acumulada con ese buque de asalto anfibio habría servido como base de ingeniería y diseño, pero el MUGEM nacería ya desde el principio como portaaviones, no como plataforma anfibia adaptada. Esa diferencia es importante dentro del relato que plantea Millisavunma, porque permite defender que la futura nave dispondrá de una cubierta, un hangar y unos sistemas de operaciones aéreas pensados desde origen para una aviación embarcada más ambiciosa, y no una malograda a raíz del fracaso del programa F-35 en Turquía.

En ese punto aparece uno de los aspectos más llamativos del artículo: su insistencia en que el MUGEM será, en buena medida, un portaaviones para la aviación no tripulada. Millisavunma subraya repetidamente que el buque ha sido concebido para operar con una combinación de aeronaves tripuladas y no tripuladas, pero deja ver con bastante claridad dónde pone el acento. Los nombres que más peso reciben son Bayraktar TB3, Bayraktar Kızılelma y ANKA-3, a los que se suma un eventual HÜRJET navalizado (visible en las maquetaciones), además de los helicópteros S-70 Seahawk.
Ese planteamiento encierra una de las claves interpretativas del texto. Turquía no sólo estaría aspirando a tener un portaaviones; estaría tratando de hacerlo coherente con su propia trayectoria industrial reciente, marcada por el fuerte desarrollo de sistemas no tripulados. Dicho de otro modo: Millisavunma no imagina el MUGEM como una copia del modelo clásico de portaaviones occidental, sino como una plataforma adaptada a una cartera de sistemas aéreos que la propia industria turca considera ya maduros o encaminados a madurar.
El artículo ofrece, además, una ficha técnica que ayuda a entender la magnitud de la propuesta. Habla de un buque de unas 60.000 toneladas, 285 metros de eslora, 72 metros de manga con cubierta de vuelo, más de 25 nudos de velocidad máxima, 10.000 millas náuticas de alcance y una planta propulsora prevista de turbina de gas y diésel. Añade una dotación aproximada de 800 personas, incluyendo el ala aérea, y una capacidad para 40 a 50 aeronaves. Todo ello, acompañado por un esquema de operación STOBAR, con despegue corto y aterrizaje con detención, y por un paquete defensivo que incluiría 32 celdas MIDLAS (VLS), 4 CIWS y 7 estaciones de armas remotamente controladas.
Millisavunma nos dibuja un buque grande, complejo y con aspiración de permanencia oceánica, no una simple cubierta para drones, aunque cargue las tintas, como decíamos, en ellos. Lo presenta como una nave con entidad suficiente para convertirse en el mayor y más sofisticado activo de combate de la Marina turca. Y añade, además, un elemento para ejemplificar su alcance: que podría navegar de Estambul a Nueva York y regresar sin repostar. Esa afirmación, dentro de la narrativa del artículo, no funciona únicamente como dato de autonomía, sino como metáfora de alcance político y militar.

Otro de los ejes centrales del texto es el valor industrial y tecnológico del programa. Millisavunma insiste en que el proyecto movilizará arquitectura naval avanzada, radares, sensores, sistemas de combate, infraestructura energética y gestión de operaciones de vuelo. También menciona la participación esperada de los grandes actores industriales del país, como ASELSAN, HAVELSAN, ROKETSAN y STM, presentes transversalmente en casi todos los grandes proyectos nacionales, bajo coordinación de la oficina de diseño de las Fuerzas Navales Turcas y con construcción previsiblemente ligada a astilleros militares del país. El razonamiento es claro incluso antes de entrar en servicio, el MUGEM ya sería útil porque tiraría de toda una base industrial nacional, elevaría capacidades y fortalecería cadenas de suministro, una estrategia en la que Ankara lleva ya 2 décadas instalada.
En esa lectura, el portaaviones actúa, por tanto, como tractor de ecosistema. No es un buque futuro, sino una especie de examen de madurez para el conjunto del sector. Un control final sobre el grado de eficacia industrial que han alcanzado los principales actores del segmento. Quien puede diseñar, integrar y sostener una plataforma así, y lo hace además de manera independiente, acreditará un escalón superior en la industria de defensa.
Ahora bien, el artículo gana relieve cuando deja de mirar al buque por separado y pasa a describir la fuerza de tarea que debería rodearlo. Ahí aparece otra de sus tesis de fondo: un portaaviones carece de sentido real sin escolta, submarinos, logística y ala aérea coherente. Y el trabajo turco lo explica de manera bastante ordenada.
Para la defensa aérea de área, la pieza concede un papel esencial al destructor TF-2000, concebido como escudo de largo alcance del grupo naval. Su misión sería detectar y neutralizar amenazas desde grandes distancias, ya fueran misiles antibuque, aeronaves o ataques más complejos. En la capa intermedia entrarían las fragatas clase Estambul, definidas como escoltas multipropósito aptas para guerra antiaérea, antisuperficie y antisubmarina. En el plano submarino, el artículo sitúa a los Reis como acompañantes naturales del grupo, capaces de patrulla encubierta, detección de submarinos enemigos y, si fuese preciso, ataque. Y para la permanencia en la mar, el texto pone sobre la mesa al TCG Derya como soporte logístico para combustible, municiones y suministros.

La composición que propone Millisavunma es bastante explícita y razonable; en rigor, una descripción normalizada de lo que debe ser un grupo de portaaviones convencional: un MUGEM, 2 TF-2000, 2 ó 3 fragatas clase Estambul o similares, 1 ó 2 submarinos clase Reis, un buque logístico tipo Derya y un ala aérea embarcada con 30 a 50 drones o aeronaves, además de patrulla marítima y helicópteros navales de apoyo. Es, sobre el papel, una estructura razonablemente reconocible, como decimos, para cualquier grupo aeronaval moderno: un núcleo aéreo, anillos de protección y apoyo logístico para sostener operaciones prolongadas.
Desde el punto de vista del artículo, esa arquitectura permitiría a Turquía disponer de una defensa escalonada: los submarinos en el anillo más exterior, las fragatas en la línea central, los destructores como paraguas antiaéreo de largo alcance y la aviación embarcada proyectando vigilancia y ataque a cientos de kilómetros. La idea está bien articulada dentro de la pieza: el MUGEM no sería únicamente un barco grande, sino el centro de gravedad de un sistema naval más amplio.

En cuanto al ala aérea, el trabajo de Millisavunma es especialmente revelador porque deja ver la imagen de futuro que maneja. El TB3 aparece como plataforma de reconocimiento, vigilancia y ataque de bajo coste y alta persistencia. El Kızılelma es descrito como un vector de combate no tripulado con capacidades aire-aire y aire-tierra, de naturaleza casi fundacional para una guerra aérea navalizada de nuevo tipo que todos los países están explorando de una manera u otra. El ANKA-3 se proyecta como plataforma furtiva para ataques profundos. El HÜRJET, por su parte, representaría el componente tripulado para entrenamiento, apoyo aéreo cercano y ataque ligero, siempre en una hipotética versión adaptada al uso naval (Recomendamos este artículo de DYS sobre el Hürjet naval para ampliar información). Y los Seahawk mantendrían el peso de la guerra antisubmarina, búsqueda y rescate, vigilancia y apoyo a operaciones especiales.

Aquí el artículo resulta especialmente interesante porque mezcla capacidades ya visibles, desarrollos en curso y aspiraciones futuras dentro de una misma fotografía de conjunto. Lo hace con naturalidad, como si el salto desde una marina con buques anfibios y drones navales a una marina con un portaaviones STOBAR y un ala embarcada mixta fuese parte de una secuencia asumida, lógica, que toda armada con ambiciones debe acometer. Esa es una de las mayores fortalezas narrativas del texto: su capacidad para presentar como continuidad lo que, en términos reales de programa, integración, doctrina y sostenimiento, sería una transformación de gran envergadura.

La fecha de entrada en servicio, según recoge Millisavunma, apuntaría a principios de la década de 2030, aunque sin precisar un calendario definitivo, como es natural. El texto no entra en grandes reservas; prefiere concentrarse en lo que significaría el buque una vez entregado. Y ahí vuelve a la misma tesis central: más disuasión, mayor autonomía naval, presencia sostenida en alta mar y una contribución más visible de Turquía a operaciones internacionales y de la OTAN. El artículo vincula, así, el MUGEM tanto al interés nacional turco como a la proyección aliada. Es una doble presentación útil para Ankara: por un lado, refuerza la idea de soberanía industrial y poder naval propio; por otro, sitúa esa capacidad en un marco más amplio de aportación a misiones compartidas, las mismas que Ankara está potenciando en los últimos meses con aortaciones masivas a despliegues aliados (España y Turquía lideran operaciones anfibias en el Báltico -OTAN-). En otras palabras, el portaaviones sería al mismo tiempo un instrumento nacional y una carta de valor exterior.

En conjunto, el trabajo de Millisavunma.com ofrece una visión muy definida del MUGEM, la de un programa que no solo pretende añadir un gran buque a la flota, sino reordenar la escala de la Marina turca y asociarla a una combinación de industria nacional, aviación embarcada, presencia de largo radio y proyecto nacional de envergadura, tanto diplomática como industrial. Su texto no se limita a enumerar especificaciones, sino que compone una visión de conjunto en la que el portaaviones, sus escoltas, sus submarinos, su logística y su ala aérea forman parte de una misma aspiración.
Leído así, el MUGEM aparece como la materialización naval de una ambición de Estado: operar más lejos, sostenerse más tiempo, integrar mejor su industria y disponer de una herramienta visible de poder militar y político. Esa es, al fin y al cabo, la principal aportación del artículo, no mostrar qué buque quiere Turquía, sino qué papel quiere reservarse en la mar cuando ese buque exista.
Créditos: millisavunma.com
Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es


2 respuestas
Un portaviones de 60000t sin un avión embarcado ni capacidad Aaw para realizar de Cap de protección duraría lo que ha durado el portadrones Iraní.
Tú te crees que es factible sacar a este portaviones de paseo por el mar egeo sin Cap por el Egeo y tropecientos F35 y Rafale de su amiguito de toda la vida ejerciendo de superioridad total de esa zona??.No tiene sentido alguno y la medida es quevel Kaan naval hay que rediseñarlo entero y entrará tarde para este portaviones. Al tiempo en cuanto Turquía vuelve al F35 lo van a integrar ….si entran de vuelta? Hurjet? Que Cap operativa vas a hacer con Hurjets cuando vive en un mundo de Rafale o F35:en sun vecindario
El F35C no sirve para este buque, no hasta que no tenga catapultas, pues no puede operar en Stobar.
No sé de dónde sacas que el Kaan hay que rediseñarlo entero y que los turcos no hayan contemplado ya desde el inicio esas adaptaciones.
En cuanto a la falta de capacidad AEW, pues la misma que los británicos. Y se solucionará de la misma manera: con drones. No es lo mismo que un Advanced Hawkeye, claro. Pero la situación, en este aspecto, sí es análoga a la de los británicos, con la diferencia de que los turcos tienen 3 plataformas de drones navales (el TB3 que ya es naval, y el Kizilelma y Anka3 que van a serlo) y la capacidad de fabricar radares propios.
Muy imperfecto, sí. Tanto como 12 F35B en un LHD, sin AEW.
Muy imperfecto, sí, tanto como un grupo aeronaval (F35B en LHD o SCAF en portaaviones Catobar) oceánico, sin capacidad de protección submarina. Porque los submarinos convencionales, como nuestros S80, sólo pueden seguir el ritmo si van emergidos, en cuyo caso no están protegiendo.