Lo probable: más defensa aérea, más casco y una decisión de gran calado para el futuro de la Armada

F-110. Navantia
En los programas navales importantes hay un momento en el que el silencio deja de ser simple prudencia y pasa a ser la antesala de algo mayor. Éso es, justamente, lo que empieza a percibirse alrededor de las futuras F-116 y F-117, llamadas a prolongar la serie Bonifaz y, con ella, a abrir una derivada de enorme calado para la Armada y para la propia Navantia.
Navantia, sabido es por todos, ya trabaja en el planteamiento de lo que serán las futuras fragatas F-115 y F-116, la extensión de la serie Bonifaz. Hasta el momento, todo discurre con la natural reserva de información y decisiones, pero sí que podemos confirmar que, en breves fechas se iniciará la fase de viabilidad del proyecto, lo que podría significar, si todo discurre como debe, que en este mismo año, antes de finalizar, las 2 nuevas unidades de la serie vean sus contratos de construcción confirmados. Si integrarán modificaciones es algo que tampoco ha sido confirmado oficialmente, pero todo apunta a que lo harán. Se habla de un crecimiento de las capacidades antiaéreas notable y, al mismo tiempo, un más que probable alargamiento de la eslora, en línea con la propuesta, del pasado mes de febrero, presentada en la feria saudí de defensa World Defense Show, de la fragata F-110 IAMD (Integrated Air and Missile Defence, por sus siglas en inglés).
Hasta el momento, como decimos, los movimientos discurren con el natural escrúpulo en estos casos, ya que se trata, en lo que a respecta a Navantia, pero especialmente a la Armada, de una decisión importantísima que afectará, de manera sustancial y trascendente, a la capacidad futura de la Institución.
Se trataría, por primera vez en mucho tiempo, de la extensión de una de las series de buques de combate de nuestra Marina de guerra y, por supuesto, de la escala de capacidades de un modelo de buque que, si bien no ha entrado aún en servicio, está llamado a consolidarse de manera extraordinaria entre los medios principales del inventario naval de la Armada (LOBA). Incorporar 2 nuevas unidades, con sus facultades antiaéreas redimensionadas, facilitará la disponibilidad de unidades, potenciará las funciones de escolta antiaérea y permitirá, indudablemente, abordar nuevos tipos de misiones acorde a sus nuevas capacidades.
La F-110, tal y como la han presentado oficialmente Navantia y la Armada, no es un relevo rutinario. Es un buque concebido para operar en escenarios de alta exigencia, con un fuerte peso de la guerra antisubmarina, arquitectura digital avanzada y margen de crecimiento tecnológico. Por ello, si la serie acaba prolongándose con 2 unidades adicionales y, además, con un redimensionamiento claro de su defensa aérea, no estaríamos ante una mera continuación administrativa del programa, sino ante una decisión de fondo sobre el tipo de flota que España quiere sostener en las próximas décadas.
Hay aquí, además, un elemento que no debería pasarse por alto. La Armada ha situado a las F-110 dentro del núcleo de sus capacidades futuras, mientras Navantia las ha definido como una plataforma preparada para integrar sistemas, sensores y evoluciones a lo largo de su vida operativa. Dicho de otro modo: el diseño nació con vocación de permanencia. Si ahora esa base se aprovecha para alumbrar unas F-116 y F-117 con mayor músculo antiaéreo y, previsiblemente, con más volumen de buque, se estaría actuando con una lógica perfectamente reconocible en cualquier marina seria: sacar partido a una plataforma nueva, aún no entrada en servicio, pero ya identificada como columna vertebral de la fuerza.
La cuestión decisiva no es, por tanto, si habrá cambios. Los habrá. La cuestión real es cuánto crecerán, qué sistemas incorporarán y qué papel exacto se quiere reservar a esas 2 futuras unidades dentro del conjunto de la flota. Porque de esa respuesta dependerá no sólo la cifra de cascos disponibles, sino la calidad de la presencia naval española, su capacidad de escolta y su contribución a operaciones de mayor entidad.
Si la decisión se confirma en los términos que empiezan a perfilarse, la Armada no sólo ganará 2 fragatas más, que ya es, per sé, formidable. Ganará algo más valioso: margen, persistencia en la mar y una defensa aérea naval reforzada en un momento en el que el entorno de seguridad no admite ingenuidades ni pausas burocráticas. Y éso, tratándose de la mar y de la guerra, es de agradecer.
Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es


Un comentario
Y como afectará la decisión de D. Pedro a los sistemas críticos.?