El MGCS se deshace: cooperación digital y divorcio industrial

Alemania y Francia reducen el MGCS a su «sistema nervioso digital» 

El comunicado del Consejo de Defensa franco-alemán abandona la referencia al desarrollo de una familia común de vehículos y limita la cooperación a tecnologías independientes de plataforma, sistemas tripulados y no tripulados y su actuación en red con carros de combate. Algo muy similar a lo ocurrido con el FCAS

Jorge Estévez-Bujez

Alemania y Francia no han anunciado formalmente la cancelación del Main Ground Combat System (MGCS). De igual manera, tampoco han reconocido que el programa destinado a suceder al Leopard 2 y al Leclerc haya dejado de existir en los términos en los que fue concebido. Pero el comunicado publicado el 17 de julio por el Ministerio Federal de Defensa alemán contiene una frase suficientemente precisa como para advertir que del proyecto original podría quedar ya muy poco.

El texto señala:

«En el marco del proyecto Main Ground Combat System, Alemania y Francia desarrollarán una tecnología independiente de plataforma para futuras plataformas blindadas tripuladas y no tripuladas y su interacción en red con carros de combate».

La formulación es breve, a tiempo que extraordinariamente significativa; diría que indubitable.

 

 

Ya no se habla de un nuevo carro común, ni de una familia conjunta de plataformas, ni de un chasis compartido sobre el que articular las distintas variantes del futuro sistema de combate terrestre franco-alemán. Se habla, exclusivamente, de tecnología independiente de plataforma, de vehículos tripulados y no tripulados y de su actuación coordinada mediante redes de combate.

Podría tratarse de una simplificación comunicativa o, incluso, alegarse que un comunicado político no tiene por qué reproducir todos los elementos técnicos de un programa tan complejo. Pero la precisión con la que el mismo documento describe otras áreas de cooperación y, sobre todo, la distancia existente respecto de los compromisos formulados en 2024 obligan a interpretar cada palabra. Y también cada ausencia.

De una familia común a una tecnología adaptable

La idea original del MGCS no consistía simplemente en conectar digitalmente distintos carros de combate, sino que era mucho más ambiciosa. Alemania y Francia pretendían desarrollar un sistema de sistemas terrestre, integrado por diferentes plataformas de combate, apoyo, sensores, armas y vehículos no tripulados. El programa debía producir una familia común capaz de substituir, a partir de la década de 2040, a los Leopard 2 alemanes y a los Leclerc franceses.

Cuando ambos gobiernos acordaron en abril de 2024 la distribución de responsabilidades industriales, todavía se afirmaba que un único chasis serviría de base para la familia MGCS, formada, entre otros elementos, por una plataforma principal dotada de cañón, otra armada con misiles y diferentes vehículos de apoyo al combate.

 

LECLERC XLR. Francia puede sostener, algunos años más, su flota de carros en torno al Leclerc modernizado, pero no dilatar mucho más su relevo

 

Así, el proyecto quedó organizado en 8 pilares: plataforma y navegación automatizada; cañón, torre y munición; armamento secundario; sistemas de mando, comunicaciones y gestión del combate; simulación; sensores; protección y defensa contra drones; y sostenimiento, logística e infraestructuras.

Aquello ya era una arquitectura difícil. La división de responsabilidades, talón de Aquiles de no pocos programas de similar arquitectura, pretendía mantener un equilibrio político e industrial entre Alemania y Francia, pero contenía una contradicción difícil de ocultar: incluso en el elemento central del sistema —la torre y el armamento principal— cada país conservaba inicialmente su propia solución, que debía ser evaluada más adelante antes de seleccionar un modelo definitivo.

No era, precisamente, el comienzo más prometedor para un programa diseñado con el propósito declarado de evitar duplicidades.

Ahora, la descripción difundida por el Gobierno alemán parece reducir esa arquitectura a una parte muy concreta: la conectividad, la autonomía, los sensores y la coordinación entre plataformas. En otras palabras, al componente que Hartpunkt definía ayer como el «sistema nervioso digital» del futuro combate terrestre.

Hartpunkt da por enterrada la idea fundamental

Waldemar Geiger, autor del análisis publicado ayer, 18 de julio, en Hartpunkt, interpreta el comunicado en términos inequívocos: Alemania y Francia estarían enterrando la idea fundamental de un desarrollo común.

Geiger subraya que ya no se menciona la construcción conjunta de plataformas de combate conectadas y basadas en un chasis uniforme para ambos ejércitos. En su lugar, el texto ministerial se limita a presentar una tecnología aplicable a plataformas distintas.

Su comparación con el Future Combat Air System (FCAS) no es accidental y, sobre ella, hemos de anotar que somos uno de los medios que más ha escrito en ese sentido. Según el autor, el MGCS parece encaminarse hacia una solución semejante a la que está surgiendo en el ámbito aéreo: mantener la cooperación en la conectividad, los estándares, las redes de combate y determinados elementos tecnológicos, mientras cada nación conserva una mayor libertad para desarrollar o adquirir su propia plataforma principal.

Hartpunkt invita además a comparar la escueta declaración ministerial con los 8 pilares anunciados en 2024. El resultado es revelador. Del conjunto original, la nueva formulación permite reconocer con claridad el pilar dedicado a las comunicaciones, el mando y la gestión del combate, junto con algunos elementos relacionados con la autonomía y los sensores. Los demás apenas aparecen o han desaparecido por completo del relato oficial.

La conclusión de Geiger es severa, en el sentido de que si el programa queda realmente reducido a lo anunciado por el Ministerio alemán, continuar denominándolo MGCS supondría conservar el nombre después de haber vaciado buena parte de su contenido.

Es difícil discutir esa lectura.

DYS ya advirtió del riesgo en diciembre

Como decía, defensayseguridad es uno de los medios que más ha alertado de la deriva del MGCS. El pasado 16 de diciembre, en publicamos Del FCAS al MGCS: ¿parecidos razonables?

Allí advertíamos que los problemas políticos e industriales del FCAS podían trasladarse al gran programa terrestre franco-alemán. La cuestión no era principalmente tecnológica. Alemania y Francia cuentan con empresas, conocimiento, recursos y experiencia suficientes para desarrollar un sistema acorazado de nueva generación. El verdadero riesgo era —continúa siendo, y siempre lo va a ser— político e industrial.

La distribución de la carga de trabajo, el liderazgo de cada componente, el control de la propiedad intelectual, la elección del armamento principal, la definición de los requisitos operativos y la preservación de las respectivas soberanías industriales convertían el MGCS en un programa expuesto a las mismas tensiones que habían paralizado al FCAS.

 

Las evoluciones del Leopard permiten estirar mucho más la vida de unos carros todavía muy válidos y en cosntante actualización por sus usuarios. Foto: Leo 2A8

 

Escribíamos entonces que la maquinaria pesada no sólo necesita acero: exige voluntad política, sincronía industrial y confianza. También señalábamos que, si el MGCS terminaba entrando en el mismo círculo vicioso que el programa aéreo (FCAS), no sería por falta de tecnología, sino por exceso de política.

7 meses después, el comunicado alemán no demuestra por sí solo que el MGCS haya sido cancelado, pero sí apunta precisamente hacia el escenario que entonces considerábamos posible: la conservación de algunos elementos compartidos mientras se desvanece la plataforma común que justificaba el programa.

En línea con la costumbre franco-germana, asistimos al anuncio parcial, diferido, del funeral de otro de los programas europeos de defensa; un programa al que, recordemos, España solicitó formalmente adherirse sin obtener siquiera respuesta por parte de franceses y alemanes.

El FCAS lo ha demostrado sobradamente. Durante años, cada desacuerdo fue presentado como una dificultad temporal; cada aplazamiento, como un ajuste de calendario; cada enfrentamiento industrial, como una negociación habitual entre socios. El programa continuaba oficialmente vivo incluso cuando sus elementos esenciales comenzaban a recorrer caminos divergentes.

Con el MGCS podría estar sucediendo algo parecido.

Cooperar en lo digital, separarse en el acero

La solución que se perfila tiene, por qué no, cierta lógica técnica. 2 carros diferentes pueden compartir estándares de comunicación, arquitecturas abiertas, sensores, protocolos de intercambio de datos, herramientas de inteligencia artificial y métodos comunes de control de plataformas no tripuladas. También pueden operar dentro de una misma red táctica aunque sus chasis, torres, armamento y sistemas de protección sean distintos.

Desde el punto de vista militar, una arquitectura interoperable y modular tendría valor. Facilitaría las operaciones combinadas, permitiría integrar vehículos tripulados y no tripulados y reduciría algunos de los problemas derivados de la fragmentación europea.

Pero eso no sería el MGCS tal como fue concebido. Sería una infraestructura tecnológica común destinada a conectar sistemas nacionales diferentes. Un marco de interoperabilidad terrestre, quizá muy avanzado, pero no una familia franco-alemana de vehículos de combate construida en torno a una plataforma compartida.

La diferencia no es semántica. Es industrial, presupuestaria y estratégica.

Si Alemania desarrolla un futuro carro apoyándose en KNDS Deutschland, Rheinmetall u otros socios, mientras Francia impulsa una solución propia alrededor de KNDS France, ambos países podrán seguir cooperando en redes, sensores o autonomía. Podrán incluso mantener el nombre MGCS para esas actividades.

Pero el gran propósito político del programa —crear conjuntamente el sucesor del Leopard 2 y del Leclerc— habrá desaparecido.

2 necesidades nacionales cada vez más difíciles de conciliar

Alemania y Francia tampoco afrontan el problema desde la misma posición.

Berlín dispone del Leopard 2, una plataforma consolidada, con una amplia base internacional de usuarios y una cadena industrial activa. Las nuevas versiones del carro, junto con proyectos como el Leopard 2A8 y las propuestas desarrolladas por Rheinmetall, ofrecen al Ejército alemán distintas vías de evolución antes de que sea imprescindible adoptar una plataforma completamente nueva.

Francia se encuentra en una situación diferente. Su flota de Leclerc es más reducida y su base de usuarios mucho menor. La modernización al estándar XLR permitirá prolongar la vida operativa del vehículo, pero París deberá afrontar tarde o temprano la necesidad de definir un sucesor o una solución intermedia.

Estas diferencias de calendario, mercado, doctrina e industria siempre estuvieron presentes en el MGCS.

La ambición política consistía precisamente en superarlas. Sin embargo, cuando los intereses nacionales comenzaron a imponerse sobre el compromiso común, el programa fue transformándose en una negociación permanente sobre quién debía diseñar cada pieza y qué empresa controlaría cada capacidad. Todo muy familiar para cualquiera que siga la evolución de los proyectos de estos 2 socios.

La creación de pilares, empresas conjuntas y mecanismos de reparto no eliminó esas divergencias. Las administró durante un tiempo.

El nombre puede sobrevivir al programa

Dejar apuntado que, en todo caso, el Gobierno alemán no ha anunciado el final del MGCS, es una pequeña concesión a la prudencia, poco más. Tampoco se ha detallado qué ocurrirá con la sociedad creada para desarrollar el programa, con los 8 pilares, con los estudios ya contratados o con las responsabilidades industriales acordadas.

El comunicado habla de una fase de investigación y de un demostrador de viabilidad o proof of concept adaptable a vehículos de cadenas tripulados y no tripulados, con tecnologías relacionadas con la conducción autónoma y los sensores. Esto confirma que habrá trabajo conjunto. Lo que no confirma es que se mantenga el desarrollo de una plataforma común.

 

Leo 2E superando dificultades. España lleva meses esperando porque se tome la decisión de renovación de parte de la flota de carros 2A4

 

Por tanto, la noticia reside en todo lo anterior, y no en que Alemania y Francia vayan a dejar de cooperar, sino en que parecen haber redefinido el ámbito de esa cooperación hasta excluir, al menos del lenguaje oficial, el componente material que daba sentido al proyecto.

Quizá el MGCS continúe existiendo durante años como denominación administrativa. Quizá se mantengan su estructura, determinados contratos y una selección de tecnologías comunes. Incluso podría presentarse esa transformación como una adaptación inteligente a las lecciones de Ucrania y al rápido avance de los sistemas no tripulados.

Todo ello es posible. Pero un programa puede conservar su nombre y perder su propósito.

Y cuando aquello que iba a ser una familia común de plataformas se convierte en una tecnología independiente de la plataforma, no estamos ante una simple modificación del calendario ni ante un reajuste de requisitos. Estamos ante otra cosa. Probablemente, ante el principio, oficialmente no reconocido, del final del MGCS tal como Alemania y Francia prometieron construirlo.

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

Un comentario

  1. La France d’abord. Rendre sa grandeur à la France. La lucha por el poder industrial ha comenzado, por un lado
    Alemania con su doctrina, con posibilidad de colaboración, y si no lo podemos fabricar lo compramos a los USA

    Por el otro
    Francia con su doctrina de hacerlo todo en Francia, y si se colabora todo se hace en Francia, e intentar comprar lo menos posible

    Sientesen, agarren su Vinito y haber quien gana

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