De la fragilidad al contagio: el MGCS en la sombra del FCAS

La maquinaria pesada, tantas veces lo hemos dicho ya en nuestro, todavía, corto espacio de tiempo en la Red, no sólo necesita acero: exige voluntad política, sincronía industrial y, sobre todo, confianza. Por eso, cuando Jean-Paul Alary —director ejecutivo de KNDS— advierte desde Euractiv que los problemas del FCAS podrían contagiar al MGCS, conviene dejar de mirar el calendario y empezar a leer entre líneas.
El mensaje de Alary no es alarmista, pero sí elocuente: “KNDS no puede ignorar la dinámica política e industrial” que se despliega en paralelo entre París, Berlín y Madrid. Una declaración calculada, pero con carga de profundidad. Porque si bien el Main Ground Combat System (MGCS) parece avanzar tras años de limbo diplomático, el Future Combat Air System (FCAS) sigue atascado en el mismo barro de siempre: reparto de tareas, cuotas de poder y visiones industriales que no acaban de aterrizar en un marco común. No es necesario que nos extendamos aquí al respecto, porque es mucha la información que vertemos sobre él cada semana. Apenas un breve matiz para actualizar: El FCAS, diseñado para ser la joya tecnológica del cielo europeo, lleva años envuelto en desencuentros entre Dassault Aviation, Airbus y Indra. De momento, los ministros de Defensa de los tres países se han vuelto a reunir —esta vez en diciembre— sin resultados tangibles. Ni hoja de ruta ni desbloqueo. Sólo declaraciones públicas de jefes de departamento prometiendo decisiones “antes de fin de año”, como si el tiempo no hubiera dejado ya demasiadas costuras abiertas.
El riesgo no es técnico, es político.
Mientras tanto, el MGCS —proyecto germano-francés nacido en 2017 para substituir al Leopard 2 y al Leclerc— aspira a no repetir el mismo guión. Y aunque Alary asegura que la cooperación actual entre KNDS, Rheinmetall y Thales avanza «satisfactoriamente», no oculta su preocupación: si el FCAS descarrila, el MGCS podría seguirle los pasos. La lógica es clara: ambos programas comparten ADN binacional (exceptuando a España del MGCS en el que, recordemos, aún no ha sido aceptada), ambición paneuropea y un contexto político cada vez más enrarecido.
Porque más allá de las firmas y las plataformas, hay una pregunta flotando en el ambiente: ¿Puede Europa diseñar y fabricar sistemas de combate de nueva generación sin fragmentarse en el intento? Por el momento, la respuesta es ambigua.
Alary apuesta por un modelo industrial más resiliente. KNDS presume de músculo internacional —presencia en 4 continentes, 24 ejércitos clientes, producción localizada como en el caso de los Leopard 2A8 para Noruega— y de mantenerse centrada en defensa terrestre, a diferencia de Rheinmetall, más dispersa entre astilleros y municiones. Pero ni los Caesar ni los Griffon blindan contra las turbulencias políticas.
El futuro no se escribe con comunicados que no dicen nada y dejan mucho de incertidumbre, de sabor a fracaso. Se construye —o se detiene— en los despachos donde se decide si un consorcio trinacional es viable o si debe claudicar ante intereses cruzados. Por ahora, el FCAS parece seguir peleando consigo mismo. Y si el MGCS cae en el mismo círculo vicioso, no será por falta de tecnología, sino por exceso de política.
Como tantas veces en Europa, el problema no está en el diseño del carro. Está en quién lo conduce el Programa.
Redacción
defensayseguridad.es


Un comentario
Hace tiempo hablando de estos temas con un compañero de trabajo francés me decía «cómo quieres que nos fiemos de los alemanes si en 50 años nos han invadido dos veces», de igual manera a los españoles nos cuesta fiarnos de los franceses porque nos invadieron con Napoleón, lo mismo que la entonces Prusia. Todo esto lo digo porque las naciones europeas hemos pasado siglos luchando unos contra otros. La unión Europea es lo mejor que nos ha pasado en mucho tiempo, pero no podemos olvidar el pasado. Las alianzas europeas no deben olvidar todo esto y deben buscar soluciones que sean compatibles con los lógicos recelos históricos.