El jefe de la Luftwaffe reconoce que existen propuestas para adquirir más unidades y sitúa al caza estadounidense como la respuesta inmediata a la brecha que Alemania afrontará antes de disponer de un sistema europeo de nueva generación

Redacción
Alemania parece estar preparando el terreno para una nueva adquisición de cazas F-35A, más allá de las 35 unidades contratadas en 2022 para sustituir al Tornado y mantener la participación alemana en la misión nuclear compartida de la OTAN.

Secretario de Estado de Defensa alemán, Nils Hilmer, firmando el fuselaje del que será su primer F-35A
La decisión todavía no ha sido adoptada formalmente. Sin embargo, las declaraciones realizadas por el Generalleutnant Holger Neumann, inspector de la Luftwaffe, en una entrevista concedida al periodista Chris Lunday para POLITICO, resultan suficientemente explícitas como para considerar que la opción está siendo estudiada con especial seriedad, si es que no está tomada y pendiente de comunicarse oficialmente.
No se trata únicamente de que el máximo responsable de la Fuerza Aérea alemana reconozca abiertamente la existencia de propuestas internas. Neumann ha descrito también el escenario operativo, industrial y temporal que justificaría una ampliación de la flota, señalando las limitaciones de la industria europea para proporcionar a corto plazo las capacidades que Alemania considera necesarias.
«Dentro de la Luftwaffe existen ideas para adquirir más F-35», afirmó el general alemán, antes de precisar que «la decisión, por supuesto, recae en el Ministerio de Defensa» y que todavía no se ha tomado una determinación definitiva.
La cautela institucional era obligada, como no podía ser de otra forma. El inspector de la Luftwaffe no tiene competencia para anunciar una compra de esta magnitud, pero sí dispone de la autoridad profesional necesaria para identificar las necesidades operativas de la Fuerza Aérea, elevarlas al nivel político y, llegado el caso, evacuar sugerencias de manera pública, como así ha sido.
Por ello, sus palabras difícilmente pueden interpretarse como una consideración improvisada. Más bien parecen constituir la presentación pública y gradual de una posibilidad que lleva meses circulando en los ámbitos políticos y militares alemanes: elevar de 35 a 50 aparatos la futura flota de F-35A.
Una ampliación que ya había comenzado a perfilarse
La posibilidad de adquirir 15 F-35A adicionales no es nueva. Las informaciones conocidas durante los últimos meses apuntaban a que el Gobierno alemán estaba estudiando reservar más de 2.000 millones de euros para ampliar el pedido inicial.
La operación elevaría hasta 50 aeronaves la flota prevista y permitiría a la Luftwaffe disponer de un número mayor de cazas de quinta generación para asumir misiones que irían más allá de la sustitución directa del Tornado en el cometido nuclear.
El contrato original, aprobado en diciembre de 2022 por aproximadamente 8.300 millones de euros, comprende 35 F-35A, armamento, equipos, formación, sostenimiento inicial e infraestructura. Los aparatos estarán destinados principalmente al Taktisches Luftwaffengeschwader 33, con base en Büchel, donde deberán asumir progresivamente las funciones que todavía desempeñan los Tornado.
La Bundeswehr mantiene que las primeras aeronaves destinadas a Alemania comenzarán a incorporarse al proceso de formación en Estados Unidos antes de su llegada a Büchel, prevista a partir de 2027. La retirada de los Tornado continúa, en todo caso, programada para el final de la década.

Formación de F-35A
La ampliación del pedido tiene numerosas consecuencias, entre ellas que permitiría reforzar la disponibilidad operativa, sostener el adiestramiento, cubrir las necesidades de mantenimiento y disponer de una masa crítica más adecuada para integrar el F-35A en la estructura aérea alemana y aliada.
En otras palabras, los 35 aparatos iniciales ofrecen una capacidad concreta. Una flota de 50 unidades comenzaría a configurar un componente de combate de mayor entidad, capaz de asumir de forma continuada misiones convencionales, nucleares, de penetración, supresión de defensas aéreas y obtención y distribución de información en entornos disputados.
Neumann no habla únicamente del F-35
La parte más significativa de la entrevista no radica exclusivamente en la admisión de que la Luftwaffe contempla nuevas compras. Neumann construye alrededor de esa posibilidad una argumentación completa sobre la urgencia operativa alemana.
«Si la tarea de la Fuerza Aérea, o del poder aéreo de la OTAN, es estar listos lo antes posible, es posible que tengamos que adquirir sistemas disponibles comercialmente», señaló.
El general reconoce que estas soluciones pueden no satisfacer todos los requisitos nacionales, pero sostiene que aun así podrían representar «la mejor opción de compra para los próximos 2 años».
Su conclusión resulta todavía más directa, si es que ello es posible:
«Desarrollar nuestras propias capacidades lleva tiempo. Ahora mismo no tenemos tiempo».
Es difícil separar estas afirmaciones de lo que el F-35A puede significar para Alemania. En estos momentos, el caza de Lockheed Martin es la única aeronave occidental de quinta generación disponible para Alemania mediante una adquisición directa, integrada en la OTAN, certificada para la bomba nuclear B61 y operada o seleccionada por un número creciente de fuerzas aéreas europeas.
Lo que Neumann no hace es anunciar el contrato, pero sí explica por qué puede resultar necesario. La distinción es importante. El inspector de la Luftwaffe mantiene formalmente abierta la puerta a otras soluciones, pero los criterios que enumera —disponibilidad, madurez, quinta generación, interoperabilidad y capacidad de entrega antes de que exista un sistema europeo equivalente— conducen inevitablemente al F-35A.
A más de ello, el propio Holger declaraba, en junio pasado, que había «pedido al Ministerio de Defensa que a partir de 2035 solo adquiera sistemas de armas de quinta generación”.
Una decisión política que la Luftwaffe parece considerar necesaria
Las declaraciones del general pueden interpretarse como un movimiento cuidadosamente medido, ya que, por una parte, Neumann respeta la autoridad del Ministerio de Defensa y evita anticipar una decisión gubernamental. Por otra, hace pública la posición profesional de la Fuerza Aérea, reconoce que existen propuestas internas y delimita con claridad las características que deberá reunir cualquier adquisición posterior.
No sería extraño que el máximo responsable de la Luftwaffe hubiera sido encargado de introducir gradualmente el argumento operativo antes de que el Gobierno anuncie o someta a aprobación parlamentaria una eventual ampliación.
No existe confirmación de que haya sucedido así y debe evitarse presentar esa posibilidad como un hecho. Sin embargo, la secuencia resulta coherente: primero se filtra o trasciende la existencia de fondos para 15 aparatos; después, el inspector de la Fuerza Aérea confirma que dentro de la Luftwaffe existen ideas para comprar más F-35; finalmente, explica públicamente que Alemania necesita sistemas ya disponibles porque no puede esperar a que maduren las alternativas europeas, especialmente en todo lo relativo del FCAS, a cuyo final del segmento caza (NGF) asistimos hace escasas fechas.
La impresión resultante es que la discusión ha dejado atrás la fase puramente especulativa.

Aún será un activo crucial durante muchas décadas el Eurofighter
El horizonte de 2035 condiciona la planificación alemana
El jefe de la Luftwaffe ha introducido además un criterio temporal de especial trascendencia. Alemania comprará un nuevo lote de Eurofighter cuya entrega está prevista entre 2031 y 2034, pero Neumann considera que no deberían contratarse más aviones de cuarta generación después de ese periodo.
«Todo lo que se lance después de 2035, o que comience en ese año, debería ser de quinta generación o más avanzado», afirmó. Descartado, como apuntábamos, la posibilidad del 6ª generación del FCAS, esta declaración establece de manera nítida una frontera en la planificación alemana. El Eurofighter continuará desempeñando un papel esencial y seguirá recibiendo inversiones, pero Berlín no parece dispuesto a prolongar indefinidamente las compras de plataformas de cuarta generación como respuesta a las necesidades posteriores a 2035.
La posición de Neumann implica que cualquier incorporación futura deberá ofrecer baja observabilidad, conectividad avanzada, capacidad de operar en red y supervivencia frente a sistemas modernos de defensa aérea.
Europa no dispone actualmente de un caza propio que reúna esas características y pueda ser adquirido dentro de ese calendario. El desarrollo de una nueva plataforma necesitará años, incluso si Alemania se incorpora a otro programa (GCAP) o alcanza rápidamente un acuerdo con nuevos socios.
De ahí la pregunta formulada por el propio general: «La cuestión es qué sucede mientras tanto».
La respuesta provisional de la Luftwaffe parece cada vez más visible.
El FCAS deja de proporcionar una solución temporal
Como decíamos, el deterioro de la cooperación franco-alemana en torno al futuro caza tripulado del Future Combat Air System ha reforzado la urgencia de encontrar una alternativa. Así, Neumann ha matizado que el concepto general del FCAS no tiene por qué considerarse definitivamente extinguido. La arquitectura de combate en red, los sensores, los drones acompañantes y otros elementos asociados podrían continuar mediante fórmulas diferentes. Recomendamos aquí la lectura del artículo con fecha de ayer, 17 de julio, en DYS, firmado por Jorge Estévez-Bujez, al respecto de la supervivencia de la nube de combate asociada al FCAS a cargo de Berlín y París.
«La única decisión tomada es que no construiremos juntos un caza de mando tripulado», explicó.
La precisión es necesaria, pero no resuelve el principal problema de la Luftwaffe. Aunque determinados pilares tecnológicos pudieran sobrevivir, Alemania necesita definir qué aeronave tripulada avanzada empleará en el periodo que se abrirá después de 2035.
Un nuevo programa europeo, una adhesión a un proyecto ya existente o una cooperación distinta, como decíamos, exigirían negociaciones, tiempo, definición de requisitos, distribución industrial, desarrollo, ensayos y certificación. Incluso en condiciones favorables, resultaría prácticamente imposible disponer de un sistema plenamente operativo dentro del calendario planteado por Neumann.
El F-35A aparece así no necesariamente como sustituto de una futura solución europea, sino como la plataforma capaz de cubrir el intervalo hasta que esa solución exista.
Con respecto a si este planteamiento obliga a Alemania a abandonar su industria aeronáutica o sus aspiraciones de autonomía tecnológica, cabe decir que Berlín puede, en todo caso, continuar invirtiendo en Eurofighter, sistemas no tripulados, armamento, sensores, guerra electrónica y futuras arquitecturas de combate, mientras adquiere una capacidad ya disponible para atender las necesidades inmediatas. No es, en efecto, la solidez de un programa de un caza furtivo de generación avanzada, pero es la única manera de sostener cierta carga de trabajo aeronáutica de la industria alemana.
Es precisamente la coexistencia que plantea Neumann: comprar ahora donde existe una solución madura y desarrollar en Europa las capacidades que deberán emplearse a largo plazo.
De 35 a 50 aparatos: una decisión cada vez menos inesperada
La adquisición inicial alemana estuvo estrechamente vinculada a la sustitución del Tornado y a la continuidad de la misión nuclear de la OTAN. Una segunda compra tendría un significado diferente. 15 aparatos adicionales confirmarían que Berlín ya no contempla el F-35A únicamente como un vector especializado, sino como uno de los componentes estructurales de su futura fuerza de combate aéreo.

Primero los retrasos durante su desarrollo y después el fin del FCAS siguen teniendo consecuencias
La Luftwaffe dispondría de una flota formada por Eurofighter modernizados y F-35A, mientras prepara la transición hacia sistemas posteriores a 2035. También profundizaría su integración con aliados europeos que ya han adquirido el modelo, entre ellos Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Italia, Noruega, Países Bajos, Polonia, República Checa y Suiza.
El cambio tendría igualmente consecuencias industriales y estratégicas de todo tipo. Una ampliación consolidaría la dependencia alemana del ecosistema estadounidense en áreas como sostenimiento, actualizaciones, software y armamento, pero también proporcionaría a Berlín una capacidad que la industria europea no puede suministrar todavía dentro del plazo considerado necesario.
Con lo publicado por Politico no es aventurado concluir que la Luftwaffe considera seriamente la ampliación de su flota F-35A, que existen propuestas internas en ese sentido y que su máximo responsable ha comenzado a explicar públicamente las razones que podrían justificarla.
En Berlín todavía falta la decisión política. La decisión militar, a juzgar por las palabras de Holger Neumann, parece bastante más avanzada.
Redacción
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