El Dragón alcanza las 70 unidades manteniendo las incógnitas

El Ejército de Tierra eleva a 70 los VCR 8×8 «Dragón» recibidos

El último lote incorpora 14 vehículos de distintas configuraciones, entre ellos los primeros puestos de mando, mientras continúa una evaluación operativa sobre la que todavía se ofrecen pocos resultados concretos

Redacción

 

 

Lo que se informa

El Ejército de Tierra ha elevado a 70 el número de vehículos VCR 8×8 «Dragón» recibidos, después de incorporar el pasado 26 de mayo un nuevo lote formado por 14 unidades de diferentes versiones.

La información fue publicada este 26 de julio por el blog oficial del Ejército de Tierra, en un artículo firmado por Elvira Valbuena, con fotografías del soldado A. Expósito, del Departamento de Comunicación del Ejército de Tierra.

El lote comprende un Vehículo de Combate de Infantería de Puesto de Mando de Compañía —VCI PCCIA—, dos VCI de Puesto de Mando de Sección —VCI PCSC—, tres Vehículos de Combate de Zapadores de Puesto de Mando de Sección —VCZ PCSC—, un VCZ y siete VCI.

La incorporación de los primeros vehículos de puesto de mando representa un paso necesario para avanzar desde la recepción de plataformas individuales hacia la constitución de unidades con capacidad de mando, coordinación y empleo táctico.

De los 70 vehículos contabilizados, 60 se encuentran en la Brigada «Rey Alfonso XIII» II de la Legión, en Viator, Almería; dos han sido destinados a la Academia Logística de Calatayud, en Zaragoza; y ocho permanecen en el Regimiento de Ingenieros n.º 1, en Castrillo del Val, Burgos, para su Evaluación Operativa.

La Legión, unidad de pruebas del Dragón

La Brigada de la Legión desempeña un papel central en el proceso de introducción del nuevo blindado. Designada como unidad de pruebas para la evaluación operativa, debe comprobar el comportamiento del Dragón en diferentes escenarios tácticos y determinar si sus prestaciones se corresponden con las necesidades reales de las unidades.

Antes de que sus capacidades puedan considerarse plenamente disponibles, el vehículo debe superar un proceso estructurado en 4 fases: Preparación, Evaluación Funcional Común, Evaluación Funcional Específica y Evaluación Operativa por unidades tácticas.

Desde la recepción de los primeros vehículos, los equipos militares trabajan con fichas destinadas a comprobar el cumplimiento de los requisitos establecidos para la industria en ámbitos como la movilidad, la autonomía, la protección y las comunicaciones.

 

 

«Estamos realizando una serie de pruebas para comprobar que el vehículo satisface las condiciones exigidas en movilidad, autonomía, protección y comunicaciones», explica el capitán Ramard en el artículo publicado por el Ejército de Tierra.

El oficial destaca también la mejora que representa la nueva plataforma frente a los medios utilizados anteriormente por la unidad.

«El vehículo tiene una alta movilidad táctica, una capacidad todoterreno y una movilidad superior a la que teníamos anteriormente», afirma.

El objetivo de las pruebas es confirmar, en condiciones representativas de empleo, que el Dragón responde a las necesidades operativas para las que fue concebido y no únicamente a los requisitos comprobados durante las fases industriales o de recepción.

Diferentes configuraciones para una misma familia

El programa Dragón está concebido como una familia de vehículos adaptada a las necesidades de distintas especialidades del Ejército de Tierra.

La versión de combate de infantería incorpora un cañón automático de 30 milímetros y dispone de una tripulación formada por conductor, jefe de vehículo y tirador, además de capacidad para transportar un equipo embarcado de seis militares.

Las configuraciones destinadas a zapadores pueden integrar diferentes sistemas de armas, entre ellos ametralladoras de varios calibres y lanzagranadas de 40 milímetros. También pueden incorporar equipos específicos para apoyar las misiones de Ingenieros, como palas empujadoras o rodillos.

La llegada de las variantes de puesto de mando debe permitir que el programa deje de limitarse progresivamente a la entrega de vehículos de combate aislados y empiece a proporcionar los medios necesarios para organizar y dirigir formaciones completas.

Formación de conductores y tripulaciones

La introducción de una plataforma de estas características obliga también a preparar a conductores, tripulaciones, especialistas y personal de mantenimiento.

Los conductores necesitan obtener el permiso militar de conducción de clase F para operar el vehículo.

«Empezamos esa formación desde el verano pasado y hemos realizado varios cursos para disponer del máximo número posible de conductores cualificados cuando recibamos el grupo táctico completo», señala el jefe de la 2.ª Compañía de la VII Bandera.

La llegada del Dragón implica igualmente una transformación en los procedimientos y en la mentalidad de unidades que no proceden necesariamente de una tradición mecanizada sobre ruedas.

«Para nosotros es un cambio de paradigma. No es un vehículo al que estuviésemos acostumbrados, pero la Legión siempre busca estar en la vanguardia y en esto también lo será», reconoce el capitán Ramard.

Según el oficial, el personal se encuentra motivado ante el proceso de aprendizaje y adaptación. La VII Bandera dispone además de experiencia previa en el programa, después de haber aportado conductores y personal a pruebas de calificación y otras actividades de seguimiento realizadas junto a la industria.

Lo que no se explica: un avance todavía insuficientemente explicado

La incorporación de nuevas unidades, la llegada de las primeras variantes de puesto de mando y la formación progresiva de las tripulaciones constituyen avances materiales que deben, por supuesto, ser reconocidos. Sin embargo, la información difundida sigue siendo demasiado genérica para valorar el estado real de un programa que acumula años de retrasos, incidencias técnicas y dificultades durante sus procesos de integración, validación y aceptación.

El artículo oficial explica qué vehículos han llegado, dónde se encuentran y cuáles son las grandes áreas sometidas a evaluación —movilidad, autonomía, protección y comunicaciones—, pero no ofrece resultados concretos sobre ninguna de ellas. Podrá argumentarse que no es en absoluto lo normal en este tipo de procesos. Cierto. Pero también es lícito responder que este programa no es, en absoluto, normal. No lo ha sido nunca, no tanto desde su concepción, que gozaba de sentido por cuanto pretendía el saludable relevo de los añosos BMR y VEC, como desde sus primeros procesos integradores, que han sido un manantial inagotable de problemas. Dificultades especiales merecen explicaciones especiales. Veámoslo.

 

 

Como decimos, no se detalla qué problemas se han encontrado durante las pruebas, cuáles han sido resueltos, qué deficiencias continúan abiertas ni si existen diferencias significativas entre el comportamiento de las distintas variantes entregadas.

Esta ausencia de información resulta especialmente llamativa, como decíamos, por los antecedentes del programa. No parece suficiente afirmar que los vehículos están siendo sometidos a evaluación o que ofrecen una movilidad superior a la de sistemas anteriores. En todo caso, son aspectos que se dan por descontados en un sistema con 40 años menos de servicio que los vehículos a los que sustituye y con toda suerte de adelantos técnicos. No parece razonable esperar que la movilidad de los Dragón fuera peor que la de los BMR.

Después de las dificultades acumuladas durante estos años, sería también razonable conocer con mayor precisión cómo está respondiendo cada variante en condiciones reales de empleo, qué disponibilidad técnica está ofreciendo, qué incidencias se están registrando y qué medidas correctoras se han aplicado. Insistimos en el ejemplo de un programa de similares características (sustitución de gran flota de vehículos blindados -en este caso de cadenas-), con similares problemas: el Ajax británico. En anteriores columnas hemos puesto como ejemplo, no el programa británico en sí, que también es reo de enormes problemas, sino el esfuerzo del Ejército y el Ministerio de Defensa británicos por explicar los hitos técnicos y evolutivos del programa Ajax, toda vez que se ha visto envuelto en graves dificultades que lo han lastrado sustancialmente. Al menos en este caso, el interés informativo de las autoridades británicas ha puesto el acento de hacer públicas las carencias, los errores, los fallos y, cómo no, las líneas de actuación para neutralizar tales deficiencias. Puede resultar doloroso desnudar públicamente los obstáculos, pero ayuda a clarificar, a rendir explicaciones. No es mucho, pero es mucho más que lo que en España se está haciendo con el Dragón.

La información tampoco aporta un calendario preciso para las diferentes fases de evaluación. No se indica cuándo se prevé concluir las pruebas funcionales y operativas, en qué momento podrán considerarse aceptadas las distintas versiones ni cuándo se producirán las primeras entregas con una configuración plenamente validada y operativa.

Del mismo modo, no se aclara si los 60 vehículos concentrados en la Brigada de la Legión presentan ya una configuración definitiva o si continúan sujetos a modificaciones, ajustes o actualizaciones antes de su entrada efectiva en servicio.

Como DYS ha señalado anteriormente, contar vehículos, trasladarlos a una unidad, entregarlos administrativamente, aceptarlos técnicamente y declararlos operativos no son conceptos equivalentes. Estar disponible para pruebas no significa haber superado la aceptación; haber sido recibido físicamente no equivale necesariamente a encontrarse en condiciones de empleo operativo.

La propia información del Ejército confirma que los vehículos continúan inmersos en evaluaciones funcionales y operativas. Por tanto, la cifra de 70 unidades representa un avance industrial y material, pero no puede interpretarse automáticamente como la existencia de 70 vehículos plenamente disponibles para el combate.

La comunicación institucional transmite una imagen de progreso, aunque evita entrar en los aspectos que permitirían medir ese progreso con mayor rigor. No se conocen públicamente los resultados por variante, el grado de cumplimiento de los requisitos, la evolución de la fiabilidad, la disponibilidad técnica alcanzada ni la situación exacta de los problemas que han condicionado el programa.

El Dragón necesita avanzar, pero también necesita más transparencia y mayor precisión informativa. Después de una trayectoria tan compleja, no basta con comunicar nuevas incorporaciones y describir de manera tan general los trabajos de evaluación.

Si el programa avanza, la llegada de nuevas variantes debe valorarse positivamente. Sin embargo, la información pública disponible todavía no permite conocer con claridad cuánto ha avanzado realmente, cómo están funcionando los vehículos evaluados y qué obstáculos quedan por superar antes de que el Dragón pueda considerarse una capacidad militar madura, fiable y plenamente operativa.

Redacción

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