El ACV contra los drones

El Cuerpo de Marines integrará el sistema de guerra electrónica Pulsar-Lite de Anduril en sus nuevos vehículos anfibios, una capacidad que España debería contemplar para los 34 SUPERAV destinados a la Infantería de Marina

Redacción

El Cuerpo de Marines de la Armada de los Estados Unidos dotará a sus nuevos Amphibious Combat Vehicle —ACV— de una capacidad específica para detectar y neutralizar pequeños drones, mediante la integración del sistema de guerra electrónica Pulsar-Lite, desarrollado por Anduril Industries.

 

Imagen: Anduril

 

En ese sentido, resulta forzosamente inexcusable no relacionar la información con España, donde el Ministerio de Defensa ha seleccionado la misma familia de vehículos anfibios, basada en la plataforma SUPERAV 8×8 de Iveco Defence Vehicles, para renovar los medios de la Infantería de Marina. Aunque la configuración española será propia y en absoluto idéntica a la estadounidense, ambos programas comparten una plataforma de origen común y, sobre todo, deberán desenvolverse frente a amenazas muy similares.

El paso dado por Estados Unidos refleja una realidad que España debería incorporar desde el comienzo del programa, porque un blindado moderno ya no puede considerarse suficientemente protegido si carece de medios para descubrir, identificar y perturbar los drones que operan en su entorno inmediato.

Identificada la necesidad urgente del Cuerpo de Marines (USMC)

La iniciativa estadounidense parte de una Urgent Statement of Need, una declaración de necesidad operativa urgente, planteada para corregir una carencia reconocida por el propio Cuerpo de Marines. En el aviso oficial de contratación, el Servicio admite que el ACV carece actualmente de capacidad para ejecutar de manera eficaz cualquiera de las fases de la cadena de enfrentamiento contra pequeños sistemas aéreos no tripulados: detección, seguimiento, identificación y neutralización.

Por esa razón, y para cubrir esa brecha, el Marine Corps pretende contratar directamente con Anduril el suministro de equipos Pulsar-Lite —también denominados Pulsar-L— y sus correspondientes kits de integración en el vehículo. La adjudicación sin concurso se justifica por razones de urgencia operativa y por considerar que el sistema reúne el nivel de prestaciones, madurez de diseño y disponibilidad industrial exigido.

 

Modelo de evaluación del SUPERAV

 

La documentación más reciente disponible prevé que los trabajos de integración comiencen durante el primer trimestre del año fiscal estadounidense 2027, entre octubre y diciembre de 2026. El objetivo inicial contempla la entrega de 50 sistemas durante el primer año, con posibilidades de producción adicional para otras necesidades de defensa contra drones.

Qué es Pulsar-Lite

Pulsar es una familia de sistemas de guerra electrónica definidos por software desarrollada por Anduril. Su versión ligera y expedicionaria está concebida para ser instalada rápidamente en vehículos, puestos avanzados u otras plataformas que necesiten una capacidad autónoma de vigilancia y perturbación electromagnética.

De acuerdo con los requisitos publicados por el Cuerpo de Marines, el sistema destinado al ACV deberá ser capaz de detectar drones de los grupos 1 y 2 a una distancia aproximada de 2 millas —unos 3,2 kilómetros— y perturbarlos desde una distancia equivalente. Se trata principalmente de aeronaves pequeñas, de baja firma y fácil adquisición, precisamente las que se han convertido en una de las principales amenazas para los vehículos blindados, tal y como la guerra de Ucrania, entre otras, ha puesto de manifiesto.

 

Campaña publicitaria de Anduril sobre el Pulsar-L

 

Pulsar-Lite emplea sensores y técnicas de guerra electrónica para reconocer las emisiones asociadas a los drones, clasificarlas y aplicar contramedidas contra sus enlaces de control, navegación o transmisión de datos. Su arquitectura puede integrarse, además, en Lattice, la red de mando, control y fusión de sensores de Anduril, permitiendo que varios equipos cooperen y compartan información con una intervención limitada del operador.

No es, por tanto, un simple inhibidor de frecuencia fija. Su planteamiento responde a una amenaza en extremo cambiante, en la que los drones pueden modificar enlaces, frecuencias, protocolos y perfiles de vuelo. La arquitectura definida por software facilitaría la actualización de las bibliotecas de amenazas y de las técnicas de respuesta conforme aparecen nuevos sistemas, de tal modo que el sistema mantenga siempre la vigencia de sus capacidades.

Su efecto es esencialmente no cinético. Pulsar-Lite pretende impedir o degradar el funcionamiento del dron mediante guerra electrónica, sin necesidad de derribarlo con un misil, un cañón o una estación de armas. Esto reduce el coste por enfrentamiento y permite reservar las soluciones cinéticas para los objetivos que no puedan ser neutralizados electrónicamente.

El ACV y la nueva vulnerabilidad de los blindados

El ACV fue desarrollado por BAE Systems e Iveco Defence Vehicles sobre la base del SUPERAV para sustituir a los veteranos AAV-7 del Cuerpo de Marines (también en dotación en la Infantería de Marina). Es un blindado anfibio 8×8 capaz de desplazarse desde un buque hasta la costa, desembarcar tropas y continuar operando en tierra junto a otras fuerzas mecanizadas.

Estados Unidos ha desarrollado diferentes configuraciones, entre ellas la de transporte de personal ACV-P, la de mando ACV-C, la armada con cañón de 30 milímetros ACV-30 y la de recuperación ACV-R.

 

 

Sin embargo, como reconoce el propio Marine Corps, el vehículo fue concebido antes de que los pequeños drones comerciales, las municiones merodeadoras y los vehículos aéreos FPV adquiriesen su actual y completo protagonismo. Esa evolución ha alterado de manera profunda la protección de las fuerzas mecanizadas. Así, un blindado puede disponer de una elevada protección balística y antiminas y, al mismo tiempo, resultar por completo vulnerable frente a un aparato de bajo coste que ataque desde la vertical, descubra su posición para la artillería o siga sus movimientos durante varios kilómetros. La supervivencia ya no depende exclusivamente del blindaje físico, sino también de la capacidad para controlar el espectro electromagnético y detectar amenazas aéreas de muy pequeño tamaño.

La instalación de Pulsar-Lite representa, por ello, algo más que una modernización puntual. Supone reconocer que la protección contra drones debe formar parte de la configuración básica de los vehículos destinados a operar en primera línea, y necesita estar disponible desde la misma entrega de los mismos.

La conexión española

España, como antes apuntábamos, seleccionó el SUPERAV 8×8 dentro del programa VACIM (Vehículo Anfibio de Combate de la Infantería de Marina). El acuerdo industrial firmado en abril de 2026 entre Indra Land Vehicles e Iveco Defence Vehicles —IDV— contempla el suministro de 34 plataformas, que serán adaptadas e integradas de acuerdo con los requisitos nacionales.

La solución española no será una copia exacta del ACV estadounidense. Será una variante nacional basada en la misma familia tecnológica, con sistemas de misión, comunicaciones, armamento y equipos determinados por el Ministerio de Defensa y por la Infantería de Marina.

La decisión estadounidense sobre la incorporación del Pulsar-Lite debería servir para aprovechar la propia experiencia obtenida por el usuario más importante de la plataforma, el USMC, antes de cerrar por completo la configuración española.

 

Llamados a relevarse, los AAV7 han supuesto unas capacidades formidables para la IdM. Los nuevos vehículos deberán incorporar una suerte de capacidades de autoprotección de las que los antiguos medios no disponían

 

Los futuros vehículos de la Infantería de Marina (IdM) tendrán que actuar, como sus homólogos norteamericanos, desde buques anfibios, avanzar por playas y zonas costeras, concentrarse en puntos de desembarco y operar posteriormente en tierra. Son todas ellas situaciones en las que serán observados y, con toda probabilidad, atacados por drones comerciales modificados, aparatos FPV, municiones merodeadoras o sistemas de reconocimiento encargados de dirigir fuegos indirectos.

Además, las operaciones anfibias presentan una dificultad añadida, ya que durante la aproximación a la costa y las primeras fases del desembarco, los vehículos pueden efectivamente quedar canalizados en corredores previsibles y con una libertad de maniobra limitada. En esas fases tempranas de operación, la detección temprana de un dron no sólo protege a un vehículo aislado, sino que puede evitar que sea localizada toda una formación anfibia.

Por ello, España debería contemplar desde el diseño una capacidad orgánica de defensa contra drones para los nuevos SUPERAV, en lugar de reservarla para una modernización posterior.

No basta con instalar un inhibidor

La respuesta en estos casos ha de ser tan completa como sea posible, y no debería limitarse a colocar un equipo de perturbación sobre cada vehículo. Una defensa eficaz requiere integrar diferentes elementos que, grosso modo pueden resumirse de la siguiente manera:

Sensores de radiofrecuencia, capaces de detectar y localizar las emisiones del dron y de su estación de control.

Radares de corto alcance, preparados para descubrir objetivos pequeños, lentos y de escasa firma.

Sistemas electroópticos, destinados a confirmar la identificación y mantener el seguimiento.

Medios de guerra electrónica, capaces de interferir los enlaces de mando, navegación y transmisión de información.

Un sistema de mando y control, que fusione los datos, distribuya alertas y evite que varios vehículos actúen de forma descoordinada.

Finalmente, debe existir una alternativa cinética para aquellos aparatos que empleen navegación autónoma, enlaces resistentes a la perturbación o que hayan iniciado ya su ataque terminal.

No sería necesariamente imprescindible equipar cada uno de los 34 vehículos con el conjunto completo (aunque sería lo deseable). Podría estudiarse una arquitectura distribuida, con determinados SUPERAV especializados en vigilancia y guerra electrónica, mientras el resto recibe alertas y datos de amenaza a través del sistema de misión. No obstante, todos deberían disponer, al menos, de receptores de alerta y de capacidad para integrarse en la red de protección.

Indra y una posible solución nacional

La posición de Indra como integrador del programa español abre la posibilidad de desarrollar una solución nacional o de integrar equipos de diferentes fabricantes bajo una arquitectura común.

Indra, ya dispone de experiencia en este ámbito a través de CROW, una familia de sistemas antidrones que combina radares, sensores de radiofrecuencia, cámaras y medios de neutralización tanto electrónicos como cinéticos. Algunas configuraciones pueden instalarse sobre vehículos y operar como solución móvil.

 

El CROW, de Indra

 

Una posible arquitectura española podría incorporar CROW, integrado en el sistema de misión de los nuevos SUPERAV. Eso permitiría mantener un elevado grado de soberanía tecnológica, tal y como se pretende desde el Ministerio, adaptar el sistema a los requisitos de la IdM y actualizarlo durante la vida operativa de la plataforma.

También podrían participar otras empresas españolas con capacidades específicas. TRC ha desarrollado junto al Ejército de Tierra el sistema CERVUS, mientras que Escribano Mechanical & Engineering dispone de estaciones de armas y participa en proyectos de neutralización cinética y energía dirigida. La solución final podría, por tanto, articularse como un sistema nacional distribuido, y no necesariamente como la adquisición directa de un único producto extranjero.

Una capacidad que debe nacer con el vehículo

La decisión del Cuerpo de Marines pone de relieve la rapidez con la que están cambiando las exigencias de protección. Estados Unidos ha comenzado a recibir sus ACV y ya considera urgente corregir su vulnerabilidad frente a pequeños drones.

España dispone de una oportunidad distinta, pero incluso en una fase más temprana con respecto a la entrada en servicio de sus ACV, ya que los nuevos vehículos todavía se encuentran en una fase que permite incorporar esa capacidad desde el origen.

Hacerlo ahora facilitaría la integración física y electrónica, evitaría modificaciones posteriores, reduciría costes y permitiría dimensionar correctamente la alimentación eléctrica, las antenas, los sensores y el sistema de gestión de combate.

Los 34 SUPERAV representarán durante décadas una de las principales capacidades de proyección de la Infantería de Marina. Dotarlos de protección contra drones no debería contemplarse como un añadido opcional, ni como una respuesta limitada a las lecciones de Ucrania, sino como un equipamiento indisociable de un vehículo que durante toda su vida operativa habrá de enfrentar la amenaza dron.

Es, como decimos, una condición cada vez más necesaria para que cualquier vehículo blindado pueda sobrevivir, maniobrar y combatir en un escenario moderno. El ACV estadounidense ya ha iniciado ese camino. Su equivalente español no debería entrar en servicio sin una capacidad igual o conceptualmente similar.

Redacción

defensayseguridad.es

Un comentario

  1. Sorprende que en un artículo tan extenso no se explique bien la secuencia de vehículos y que se ponga el foco en los EE. UU., cuando se trata de un desarrollo original y finalmente italiano, al principio y al final

    El SuperAV fue desarrollado por Iveco para Italia, pero la crisis económica impidió que se priorizara sa compra.

    Después, en conjunto con BAE, se evolucionó el SuperAV hacia el ACV de los Marines.

    Finalmente -y esto es la explicación que falta- Iveco evolucionó el ACV hacia el VBA para la infantería de marina italiana. Es decir, el VBA es una versión mejorada de la americana y adaptada a Europa.

    Por ejemplo, aunque el motor es el mismo, la versión VBA italiana tiene uns mayor entrega de potencia. Por otra parte, en la versión italiana se ha reducido el blindaje, lo cual ha permitido disminuir un poco el tamaño y, al mismo tiempo, mejorar la navegabilidad. De hecho, la versión americana resulta demasiado pesada y ya ha tenido más que un susto en el mar. Ninguna versión de este vehículo incluye la capacidad de autodrizado que sí tiene el Zara (orugas) turco, por lo que es todavía más importante evitar peso innecesario en las partes superiores del vehículo.

    Aclarado que, probablemente, las unidades españolas se basen en las VBA italianas (iteración más moderna que los ACV americanos), veamos el tema antidron.

    Aquí el artículo parece un publirreportaje del sistema Pulsar ese, adjudicado a dedo, como explica el artículo, sin competir con otras soluciones… Muchas líneas acerca de ese sistema y demasiado pocas acerca de los sistemas españoles. Lo lógico sería pensar que nuestros futuros anfibios monten un sistema análogo al de los Dragones.

    En cuanto al Pulsar y sistemas análogos, el softkill está bien, pero tiene sus limitaciones. Los drones, cuando no son controlados por fibra óptica, cada vez serán más autónomos y funcionarán sin control remoto por radiofrecuencia.

    En este sentido, aquí lo interesante sería apostar por estaciones de armas Guardian L-Hit con cañones de 30×113 mm, en vez de Guardian 2.0 con ametralladora pesada de 12.7 mm. Con el calibre 30 ya es posible disparar muncion «Airburst», efectivamente contra drones. El cañón M230LF es ligero, a diferencia del Bushmaster de 30×173 mm.

    El cañón debería acompañarse con micromisiles Fox guia dos por láser., que ya forman parte de los intecerptores Q-SLAM de Arquimea, al mismo tiempo que también ofrecen capacidades de ataque a tierra.

    De hecho, lo interesante aquí quizás fuese desarrollar una variante VSHORAD de estos anfibios, para protección orgánica del resto de las unidades. Ya he mencionado el cañón ligero de 30 mm y el micromisil Fox pero tal vez sería interesante que esta variante incluyese la solución antidron de Arquimea (lanzador modular múltiple, con diferentes tipos de intecerptores, algunos con capacidad adicional de ataque a tierra, como el ya conocido Q-SLAM40.

    En este sentido, copiar a los americanos sería mala idea, que no tienen la última iteración del vehículo y que han tenido que tomar decisiones urgentes (mala consejera la urgencia) con respecto a la protección antidron.

    Y como el VBA para la infantería de marina italiana es la última iteración, ánimo a que el artículo, en vez de ignorarla, explique las diferencias e investigue cómo los italianos pretenden proteger sus unidades contra los drones.

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