Estados Unidos contempla la venta de 48 F-35A a Arabia Saudí por 24 300 millones de dólares
El paquete incluye 49 motores F135, equipos criptográficos, simuladores, repuestos, formación y apoyo logístico. La autorización llega en plena escalada con los hutíes y tras varios reveses sufridos por las fuerzas respaldadas por Riad en Yemen

Redacción
El Departamento de Estado de Estados Unidos comunicaba ayer la aprobación de una posible venta militar a Arabia Saudí de 48 cazas F-35 Lightning II, junto con motores, equipos de apoyo, formación y servicios asociados. El valor máximo estimado de la operación asciende a 24 300 millones de dólares.

Las negociaciones para la adquisición del F-35A por parte de Riad vienen de mucho tiempo atrás
La autorización fue notificada al Congreso estadounidense ayer mismo, 17 de septiembre, mediante el expediente 26-69. Se trata del habitual trámite en estos casos, necesario dentro del procedimiento Foreign Military Sales —FMS— y, como todos nuestros lectores saben, no de un contrato firmado. Las cantidades, el alcance definitivo y el importe podrán variar durante las negociaciones.
La solicitud saudí comprende 48 aviones F-35 de despegue y aterrizaje convencional, configuración correspondiente al F-35A, y 49 motores Pratt & Whitney F135-PW-100: uno instalado en cada aparato y una unidad adicional de reserva.
El paquete contempla, además, una serie de dispositivos criptográficos, equipos para comunicaciones seguras, equipos de navegación de precisión, apoyo a las bases de datos de guerra electrónica, repuestos, consumibles, equipos de apoyo en tierra y, en general, medios para el mantenimiento de los aviones y sus motores.
Recordemos que las negociaciones datan de mucho tiempo atrás, algo que ya tratamos en su momento en DYS. Haga clic abajo para acceder a las informaciones de marzo de este año sobre ello.
También incluye simuladores y material de instrucción, modificaciones mayores y menores, documentación técnica, software clasificado y no clasificado, transporte, vuelos de traslado, reabastecimiento y asistencia técnica, logística y de ingeniería proporcionada por el Gobierno estadounidense.
El comunicado no habla de armamento aire-aire o aire-superficie concreto dentro de la operación, aunque sí menciona medios generales de apoyo para aeronaves y municiones.
Lockheed Martin y Pratt & Whitney
Los contratistas principales serán Lockheed Martin Aeronautics, responsable de la fabricación del F-35 en Fort Worth, Texas, y Pratt & Whitney Military Engines, fabricante del motor F135 en East Hartford, Connecticut.
Según la notificación, el Gobierno estadounidense no tiene constancia por ahora de ningún acuerdo de compensaciones industriales asociado a la operación. Cualquier fórmula de este tipo tendría que ser negociada posteriormente entre Arabia Saudí y las empresas contratistas.
La ejecución del programa tampoco requeriría, según Washington, el despliegue permanente de personal adicional del Gobierno estadounidense o de los fabricantes en territorio saudí, lo que apunta a una venta directa, «llave en mano», sin mayores contraprestaciones hacia la parte saudí.

Una pareja de F35A norteamericanos
El Departamento de Estado, en la jerga al uso en este tipo de notas, sostiene que la venta reforzará la defensa del territorio saudí, su capacidad para responder a amenazas actuales y futuras y la interoperabilidad de sus fuerzas con las de Estados Unidos y otros países aliados. Washington afirma asimismo que la operación no alterará el equilibrio militar de la región.
Esta última consideración tiene especial importancia por la sensibilidad política y estratégica que acompaña a cualquier posible exportación del F-35 a Oriente Próximo, donde recordemos que Israel continúa siendo el único operador regional del aparato -con versiones especiales autóctonas- y Estados Unidos mantiene el compromiso legal de preservar su ventaja militar cualitativa con respecto de sus vecinos.
Un «quinta» para la Fuerza Aérea saudí
La incorporación del F-35A supondría una transformación de primer orden para la Real Fuerza Aérea Saudí, cuya nutrida aviación de combate descansa actualmente sobre las nada despreciables versiones del F-15, los Eurofighter Typhoon y los Tornado IDS que permanecen operativos.
El avión estadounidense aportaría capacidad inéditas en el músculo aéreo saudí de penetración, baja observabilidad, fusión de sensores y obtención y distribución de información en entornos fuertemente defendidos. Su valor para Riad no se limitaría, por tanto, al combate aéreo, sino que alcanzaría también la vigilancia, la designación de objetivos y la integración con otros elementos de una fuerza conjunta.
El importe anunciado, como siempre en estos casos, no puede interpretarse como el precio de adquisición de los aviones dividido entre las 48 unidades. Los 24 300 millones de dólares representan, por ahora, el límite estimado del paquete completo y comprenden motores, infraestructura, formación, simuladores, repuestos, software, mantenimiento y apoyo durante la implantación del sistema. Cómo finalmente se cierre el acuerdo y en qué términos económicos, en caso de prosperar, es algo que no puede adelantarse aún.
La presión de los hutíes
La autorización estadounidense llega en un momento especialmente delicado para Arabia Saudí. En las últimas semanas, el deterioro de la situación en Yemen ha vuelto a situar al reino bajo la amenaza de los hutíes, que han intensificado el empleo de misiles y aeronaves no tripuladas contra objetivos saudíes y contra la navegación en el mar Rojo.
Las autoridades saudíes han activado durante los últimos días alertas en varias ciudades, entre ellas Yeda, Yanbu, Taif, Abha y Jizán. La interceptación de un dron sobre la provincia de Taif causó la muerte de un residente y dejó dos heridos por la caída de restos, según la Defensa Civil saudí.
A esta presión sobre territorio saudí se suman los, recientes avances hutíes en la costa occidental de Yemen y los reveses sufridos por las fuerzas vinculadas al Gobierno yemení respaldado por Riad. La situación afecta directamente a la seguridad del estrecho de Bab el-Mandeb, una de las principales rutas marítimas entre el océano Índico, el mar Rojo y el canal de Suez.

Khaled Abdullah. REUTERS
Naciones Unidas ya había advertido en julio de que la reanudación de los ataques hutíes contra buques comerciales estaba volviendo a perturbar la navegación en el mar Rojo. En agosto, el enviado especial de la ONU para Yemen señaló que el país afrontaba un riesgo creciente de regresar a un conflicto a gran escala, de una intensidad no vista desde la tregua auspiciada por la organización.
En este escenario de grave deterioro de la situación que afronta Arabia con respecto de las operaciones de presión hutíes, la eventual adquisición del F-35 querrá seguramente mandar un mensaje de refuerzo de la dimensión convencional y estratégica de la Fuerza Aérea saudí. Sin embargo, en el corto-medio plazo, la posible compra del caza de Lockheed no sumará en la defensa frente a campañas sostenidas de drones y misiles a los que se enfrenta Riad.
En el plano administrativo, la venta deberá superar ahora el periodo de revisión parlamentaria en Estados Unidos. Sólo después podrán comenzar a negociarse las condiciones contractuales, el calendario de producción, la configuración definitiva de los aparatos y las posibles restricciones sobre equipos, software y capacidades operativas.
Redacción
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