En Miami, Trump ha recuperado la venta del F-35 a Arabia en un foro auspiciado por el ecosistema financiero saudí, algo que ya dejó dicho en noviembre y que la propia Casa Blanca ya había puesto por escrito

Jorge Estévez-Bujez
Durante su intervención en el Future Investment Initiative Priority Summit de Miami Beach, celebrado el 27 de marzo, Trump volvió a sacar pecho con Arabia Saudí y recordó que, cuando recibió a Mohammed bin Salman en la Casa Blanca el otoño pasado, Washington acordó vender al reino el F-35, un avión que —vino a decir— Estados Unidos no coloca precisamente en cualquier escaparate.
Trump, en esta ocasión, lo ha dicho además de manera literal, sin dejar demasiado espacio a la interpretación, como por otra parte es habitual en sus interpelaciones:
“And for the very first time, we agreed to sell Saudi Arabia perhaps the most capable fighter jet ever built — the F-35. The F-35 is amazing, and we sell them very sparingly. We don’t want other people to have them.”
«Y por primera vez, acordamos vender a Arabia Saudí quizá el caza más capaz jamás construido: el F-35. El F-35 es increíble, y los vendemos con mucha parsimonia. No queremos que otros los tengan». La frase tiene valor político, sí; pero lo que todavía no adjunta es el valor administrativo de un contrato firmado, aunque, a la vista de sus declaraciones, no debe transcurrir mucho tiempo hasta que se confirme. Lo de Miami, por tanto, no es tanto abrir una etapa nueva, como subrayar públicamente una decisión que ya venía cocinada y anunciada desde, como poco, noviembre de 2025.
En Defensa y Seguridad ya contamos entonces lo esencial: cuando Trump soltó en noviembre aquello de «lo haremos, lo venderemos», no estaba improvisando un brindis al sol. Ya entonces quedaba claro que la Administración estudiaba una solicitud saudí de hasta 48 F-35 y que, aun así, quedaban pasos por delante antes de poder dar la operación por rematada. Lo de ahora, en otras palabras, confirma aquel artículo de DYS.
De hecho, la propia Casa Blanca había aprobado un gran paquete de defensa para Arabia Saudí que incluía futuras entregas de F-35, además de blindados y un nuevo marco de cooperación militar. Ese mismo viaje dejó otra señal política de peso: la designación saudí como aliado principal no OTAN.

La cuestión, por tanto, no es si Trump quiere vender el F-35 a Arabia Saudí. Éso ya lo ha dicho al menos 2 veces y la Casa Blanca ya lo acompañó con una hoja de servicios política bastante explícita. La cuestión es qué falta para que el titular deje de ser un deseo presidencial y empiece a parecerse a una operación cerrada. En ese sentido, quedarán pendientes varios escalones dentro del sistema de ventas estadounidense: la tramitación política completa, la definición de la configuración final y la correspondiente notificación al Congreso.
Aún no ha aparecido una notificación pública específica del F-35 para Riad, por lo que, si el expediente está tan hecho como sugiere Trump cuando se anima ante el micrófono, es algo que todavía no se ha traducido en una FMS.
Un matiz diplomático insoslayable: la ventaja militar cualitativa de Israel
En todo este asunto, hay un común denominador que jamás puede verse violentado, y es que Washington mantiene como obligación legal y política que Israel conserve superioridad tecnológica frente a sus vecinos.
Hablamos, por supuesto, de una cláusula que pesa específicamente cuando el sistema en cuestión es, en concreto, nada menos que el F-35. Por esa razón, cada vez que reaparece este debate, vuelve también la hipótesis de una versión recortada, limitada o modulada para Arabia Saudí frente a la configuración israelí. No es, en absoluto, un matiz técnico sin importancia, sino el corazón político del asunto, el condicionante transversal para acuerdos de este tipo en el ámbito político y geográfico israelí.
Estamos, por tanto, ante una operación políticamente bendecida, pero administrativamente no rematada, aunque no parece que vayamos a tardar en conocer la concreción.

Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es


Un comentario
Lo que es seguro es que no recibirán el nuevo radar, pues no ha sido autorizado para la exportación.
Ningún país lo recibirá, salvo eventualmente Israel y quizás también el Reino Unido.
Será fácil de comprobar, pues el nuevo radar requiere de un radomo más grande.
Dicho de otra manera: ya están exportando versiones capadas. Es posible que la de los árabes sea más capada todavía. También es posible que Israel acabe interfiriendo, como ya hicieron con Turquía. Aún no se ha escrito el último capítulo de ese libro.