Tras completar el desarrollo del KF-21, DAPA ha encargado un estudio conceptual de 14 meses de duración para definir un nuevo caza furtivo, con inteligencia artificial, operación conjunta con aeronaves no tripuladas, bodegas internas y tecnologías avanzadas de propulsión

Redacción
Corea del Sur inicia formalmente para definir el avión de combate que deberá suceder a largo plazo al KF-21 Boramae. La Administración del Programa de Adquisiciones de Defensa surcoreana, DAPA, publicó el pasado 21 de agosto la licitación correspondiente al “Estudio conceptual del caza coreano de próxima generación”, un trabajo con el que Seúl pretende establecer las bases operativas, tecnológicas y de diseño de su siguiente gran programa de aviación de combate.

Numerosas interpretaciones artísticas han aparecido para ilustrar lo que puede ser el futuro caza de sexta generación coreano
DAPA está comenzando por definir qué capacidades deberá tener el futuro avión, qué misiones deberá cumplir, qué tecnologías serán necesarias y qué configuraciones permitirían satisfacer esos requisitos. Precisamente por ello, aunque diversos medios especializados surcoreanos hablan ya abiertamente de un “caza coreano de sexta generación”, la denominación oficial utilizada por DAPA continúa siendo la de caza de próxima generación.
El contrato tiene un presupuesto máximo de 900 millones de wones, impuestos incluidos, y una duración de 14 meses desde su adjudicación. La licitación admite además ofertas conjuntas de varias empresas o instituciones, un dato especialmente relevante teniendo en cuenta el elevado número de tecnologías que deberán integrarse en el futuro sistema. El plazo actualmente previsto para presentar ofertas termina el 1 de octubre de 2026.
Un nuevo avión
El objetivo de DAPA es establecer un concepto de combate completo. Según la documentación surcoreana, el estudio deberá definir el concepto de operación, las futuras prestaciones operativas requeridas —ROC—, los escenarios de misión y las configuraciones de aeronave capaces de satisfacerlos.
DAPA explica que el proyecto responde a la necesidad de hacer frente a unas amenazas futuras cada vez más avanzadas y a un entorno caracterizado por las operaciones integradas en todos los dominios. Para ello contempla tres elementos especialmente significativos: operaciones combinadas entre sistemas tripulados y no tripulados, furtividad de banda ancha e inteligencia artificial.
El estudio deberá proporcionar posteriormente la base para iniciar, si el Gobierno surcoreano decide continuar adelante, los procedimientos ordinarios de adquisición: formulación formal de la necesidad militar, estudios preliminares, evaluación de viabilidad y, finalmente, eventual desarrollo del sistema. Por tanto, la configuración que resulte de estos trabajos será el comienzo de, posterior desarrollo de un avión todavía con un largo recorrido antes del aprobado para su producción.

KF-21 Boramae. Imagen: KAI
Entre los trabajos previstos aparece la definición de dos configuraciones furtivas alternativas, además de un análisis de efectividad operacional y una hoja de ruta para adquirir las tecnologías críticas necesarias a corto, medio y largo plazo.
Según The Korea Economic Daily/Hankyung, al término del estudio deberán presentarse también a las autoridades militares un modelo de precisión de aproximadamente 1,5 metros y más de un centenar de representaciones visuales del diseño, evidencia del grado de definición al que pretende llegar esta primera fase conceptual.
Pensado desde el principio para combatir acompañado por drones
Uno de los aspectos más importantes es la denominada MUM-T —Manned-Unmanned Teaming—, es decir, la integración de aeronaves tripuladas y no tripuladas dentro de un mismo sistema de combate. El concepto contempla que un caza pueda operar junto a diversas aeronaves no tripuladas, distribuyendo sensores, armas y funciones entre distintas plataformas. El avión tripulado dejaría así de ser únicamente un aparato individual para convertirse en uno de los nodos de una red de combate aérea mucho más amplia.
Esta dirección coincide con el trabajo que la industria surcoreana viene realizando desde hace años. Korean Air, por ejemplo, está desarrollando aeronaves no tripuladas furtivas capaces de operar en formación y tecnologías de inteligencia artificial destinadas a la aviación militar. La propia compañía mostró durante la feria Drone & UAM 2026 su concepto “AI Pilot”, junto con plataformas no tripuladas furtivas y sistemas orientados a conseguir elevados niveles de autonomía.
Korean Air afirma que trabaja en una arquitectura futura en la que la inteligencia artificial pueda asumir funciones crecientes de gestión y coordinación del combate aéreo. Todo ello proporcionará a Corea del Sur una base tecnológica paralela al desarrollo de su futuro avión tripulado.
Furtividad
La furtividad será igualmente uno de los pilares del programa. DAPA no se refiere únicamente a reducir la sección radar frontal del avión, sino a desarrollar furtividad de banda ancha, destinada a disminuir la posibilidad de detección frente a sensores que operan en diferentes frecuencias y frente a otras formas de detección.
Información especializada publicada en Corea del Sur sobre la documentación de DAPA señala que el estudio contempla específicamente la reducción de firma frente a las bandas L, S y X, además de estudiar configuraciones sin las tradicionales superficies verticales de cola.
La ausencia de derivas verticales puede reducir considerablemente determinados retornos radar, aunque plantea al mismo tiempo dificultades importantes en materia de estabilidad, control de vuelo y maniobrabilidad. Precisamente por ello, se estudiarán superficies de control alternativas y configuraciones distintas.
Bodegas internas y un diseño completamente nuevo
Otro requisito importante es la presencia de bodegas internas para el armamento, un elemento indispensable para conservar una baja firma radar durante las misiones de penetración. Esto supone una diferencia importante con la configuración actual del KF-21, que transporta inicialmente buena parte de su armamento externamente o semiencastrado bajo el fuselaje.

MUM-T: un concepto presente en cualquier desarrollo a corto-medio plazo aeronáutico
Una futura aeronave concebida desde el principio alrededor de bodegas internas permitiría diseñar conjuntamente estructura, distribución interna, combustible, sensores, armamento y características furtivas, en lugar de introducir esas capacidades mediante sucesivas modificaciones de una célula existente. De materializarse, por tanto, el futuro avión no sería simplemente una nueva variante del KF-21, sino una plataforma distinta, aunque, como es natural, heredará buena parte de la experiencia, infraestructura industrial y tecnologías desarrolladas durante el programa Boramae.
La configuración sin cola estudiada por ADD
El Agency for Defense Development —ADD—, principal organismo público surcoreano dedicado al desarrollo de tecnologías de defensa, ha trabajado igualmente sobre posibles configuraciones de futuras aeronaves de combate.
En julio, durante la Aerospace Conference 2026 celebrada en Daejeon, ADD mostró una configuración conceptual desarrollada dentro de sus investigaciones sobre nuevas metodologías de diseño de aeronaves furtivas. El concepto que pudo verse presentaba una configuración sin estabilizadores verticales ni horizontales convencionales, ala de doble delta, superficies delanteras y dos motores.
Sin embargo, no hace falta extenderse para comprender que esa configuración de ADD no constituye el diseño oficial seleccionado para el futuro caza surcoreano. Es un concepto experimental desarrollado para estudiar métodos de diseño, comportamiento aerodinámico y sección radar, aunque el conocimiento obtenido mediante estos trabajos podría posteriormente alimentar el estudio encargado por DAPA.
Algunas reconstrucciones publicadas en Corea del Sur calculan para ese concepto unas dimensiones próximas a unos 16 metros de longitud y 11 metros de envergadura, con tres bodegas internas de armamento. Se trata, no obstante, de estimaciones realizadas a partir de las imágenes conceptuales y no de especificaciones oficiales de un futuro avión definitivo.
Supercrucero y motor
La propulsión constituye, lógicamente, uno de los principales desafíos.
La documentación analizada por fuentes especializadas surcoreanas contempla dos motores y capacidad de vuelo supersónico sostenido sin necesidad de utilizar permanentemente la postcombustión, el denominado supercrucero.
También aparece como referencia tecnológica el motor de ciclo adaptativo, capaz de modificar determinados parámetros de funcionamiento para favorecer alternativamente la eficiencia durante el crucero o las prestaciones cuando se necesita un elevado empuje.
Pero, al igual que en las tecnologías anteriormente mencionadas, entre formular esa aspiración y disponer del motor existirá todavía una considerable distancia tecnológica. Corea del Sur continúa dependiendo de motores extranjeros para su principal programa de combate. Sin ir más lejos, el propio KF-21 utiliza el General Electric F414. Precisamente para eliminar esta dependencia, DAPA ha puesto en marcha una estrategia nacional destinada a desarrollar su propia familia de motores avanzados.
En ese sentido, el pasado julio DAPA confirmó expresamente que el objetivo es que el próximo caza tripulado surcoreano utilice un motor desarrollado en Corea del Sur, a diferencia del KF-21.

El Gobierno pretende completar esa capacidad en torno a 2041. Algunos trabajos tecnológicos ya han comenzado en 2026, mientras que DAPA contempla iniciar el programa principal de desarrollo del motor en 2028, mediante una estrategia conjunta en la que participan también el Ministerio de Comercio, Industria y Energía y la Korea AeroSpace Administration.
En paralelo, ADD abrió en agosto una convocatoria relacionada con las tecnologías de la sección caliente de un motor aeronáutico avanzado para sistemas aéreos de próxima generación, que incluye investigación sobre turbinas de baja presión, postcombustores y toberas de geometría variable. El trabajo está previsto entre 2026 y 2030.
Por tanto, la aparición prácticamente simultánea del estudio del nuevo caza y de varios programas nacionales relacionados con la propulsión avanzada no parece casual: Corea del Sur está intentando construir progresivamente los distintos elementos tecnológicos necesarios para poder desarrollar un sistema de combate aéreo mucho más autónomo respecto al exterior.
El KF-21 acaba de terminar su desarrollo
El momento elegido para iniciar estos estudios resulta simbólicamente significativo. No en vano, DAPA dio por finalizado oficialmente el desarrollo del KF-21 el pasado 29 de julio, poniendo fin a un programa iniciado en diciembre de 2015. Los seis prototipos utilizados durante las pruebas acumularon alrededor de 1600 vuelos sin accidentes, mientras que el programa permitió comprobar aproximadamente 13 000 condiciones de ensayo.
En mayo, el Block I obtuvo su evaluación definitiva de aptitud para el combate y en junio recibió la certificación inicial de tipo. Las primeras unidades de producción deberán comenzar a entregarse a la Fuerza Aérea surcoreana durante el segundo semestre de este año 2026.
La secuencia resulta entonces reveladora. Corea del Sur prácticamente enlaza la terminación del desarrollo de su primer gran caza nacional con el comienzo de los estudios de la siguiente generación.
El estudio abre además una cuestión industrial de primer nivel entre dos gigantes tecnológicos nacionales. Por un lado, Korea Aerospace Industries —KAI— dispone de la experiencia adquirida como principal contratista del KF-21 y de los anteriores programas T-50 y FA-50. Es actualmente la empresa surcoreana con mayor experiencia en integración completa de aviones de combate.
Korean Air, por su parte, posee una dilatada trayectoria en aeronaves no tripuladas, estructuras aeronáuticas y tecnologías furtivas y está reforzando considerablemente sus capacidades en inteligencia artificial y sistemas autónomos.
Fuentes económicas surcoreanas consideran que ambas compañías se encuentran en una posición especialmente relevante ante la futura arquitectura industrial del programa, aunque DAPA todavía no ha seleccionado al contratista que realizará el estudio conceptual ni, mucho menos, al eventual desarrollador de un futuro avión.
La posibilidad de presentar ofertas conjuntas permite además que diferentes empresas, universidades y organismos de investigación aporten capacidades complementarias.
KF-21 evolucionado o avión completamente nuevo
Corea del Sur deberá resolver durante los próximos años otra cuestión fundamental. ¿Hasta dónde llevar las sucesivas evoluciones del KF-21 antes de concentrar recursos en una plataforma completamente nueva?
En la industria surcoreana existen estudios orientados a incrementar significativamente la furtividad del Boramae, incluyendo configuraciones conocidas de forma provisional como KF-21EX, con bodegas internas y nuevas tecnologías de baja observabilidad. Esto permitiría obtener una plataforma considerablemente más avanzada antes de que pudiera entrar en servicio un verdadero sucesor.
Pero un programa de sexta generación exigiría capacidades adicionales mucho más complejas y tecnológicamente exigentes, como la operación distribuida con aeronaves no tripuladas, inteligencia artificial integrada desde el diseño, furtividad multiespectral, mayor generación eléctrica, sensores de nueva generación y una arquitectura de sistemas concebida desde el principio para evolucionar durante décadas.

El Boramae aún está en el inicio de su andadura
La coexistencia de ambas líneas —evolución profunda del KF-21 y desarrollo tecnológico del futuro caza— será, por tanto, uno de los elementos que Seúl deberá gestionar cuidadosamente.
Programa en sus primeros pasos
Todo lo anterior obliga a mantener cierta prudencia, exactamente igual que ante cualquier proyecto de tal envergadura.
Corea del Sur no ha aprobado todavía la fabricación de un caza de sexta generación. Pero lo que ha hecho tampoco es intrascendente, porque iniciar formalmente el proceso necesario para determinar si puede desarrollarlo, qué capacidades debería tener y qué tecnologías deberá dominar para hacerlo posible, es un planteamiento sensato y necesario antes de abordar una empresa de ese tamaño.
El estudio de unos cientos de millones es una inversión reducida frente a los miles de millones que exigiría un eventual desarrollo, pero representa una determinación clara de que Seúl no pretende detener la evolución de su industria aeronáutica militar una vez culminado el KF-21.
Por el contrario, la combinación del estudio del nuevo avión, los programas de furtividad, las investigaciones sobre sistemas tripulados-no tripulados, la inteligencia artificial y el desarrollo de un motor nacional muestra que Corea del Sur está empezando a construir el conjunto de capacidades que necesitaría para abordar su siguiente generación de aviación de combate.
Si el proceso continúa y los sucesivos programas tecnológicos tienen éxito, el KF-21 podría terminar siendo no sólo el primer gran caza desarrollado por Corea del Sur, sino también el puente industrial y tecnológico hacia un sistema de combate aéreo considerablemente más ambicioso.
Redacción
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