Un informe del Congreso de Estados Unidos advierte de que empresas e individuos radicados en China siguen suministrando tecnología sensible a programas nucleares y de misiles en Irán, Corea del Norte y Pakistán

Redacción
El último informe del Congressional Research Service sobre proliferación nuclear y de misiles vinculada a China dibuja una realidad molesta para Washington, ya que Pekín habría dejado atrás la etapa de participación directa del Estado en transferencias sensibles, pero el problema no ha desaparecido. Ha mutado.
La tesis pivotal del documento es que, siempre según fuentes oficiales estadounidenses citadas por el CRS, el Gobierno chino ya no estaría implicado de forma directa en la transferencia de tecnología nuclear o sistemas completos de misiles, pero empresas, redes comerciales e individuos establecidos en China continúan apareciendo en operaciones vinculadas a programas de proliferación. Los puntos de interés se situarían especialmente en Irán, Corea del Norte y Pakistán, 3 nombres que explican buena parte de la preocupación de Washington.
El informe recuerda que la trayectoria china en esta materia no nace ahora. Durante los años ochenta y noventa, China anduvo ciertamente muy ocupada: transfirió tecnología nuclear y de misiles a varios países, prestó asistencia al programa nuclear paquistaní, cooperó con Irán en el ámbito nuclear y exportó misiles a Pakistán, Arabia Saudí e Irán. Posteriormente, en los años noventa, Pekín redujo de forma significativa esas transferencias y asumió compromisos de mejora en sus controles de exportación.

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Precisamente, una de las claves del texto es que China ha pasado de ser señalada por transferencias estatales directas a ser cuestionada por la persistencia de redes comerciales bajo su jurisdicción. Para Estados Unidos, el problema ya no es sólo qué decide el Partido Comunista Chino, sino qué permite, qué persigue y qué tolera dentro de su propio sistema de control.
Uno de los pasajes más interesantes del informe señala que, según documentos del Departamento de Estado, “entidades chinas” siguieron suministrando en 2018 artículos controlados por el régimen MTCR a programas de misiles de preocupación, incluidos los de Irán, Corea del Norte, Siria y Pakistán. Más adelante, el informe de 2023 recogía que Estados Unidos había planteado a Pekín varios casos de transferencias relacionadas con misiles y que, pese a las peticiones para investigarlas y detenerlas, «muchas de esas reclamaciones continúan sin resolverse.» Washington, de hecho, no acusa necesariamente a Pekín de ordenar esas operaciones, pero sí deja en el aire una crítica a la insuficiencia del sistema chino para impedirlas.
El CRS recoge también una formulación más reciente y más amplia. Según informes del Departamento de Estado de 2024 y 2025, “empresas e individuos” chinos trabajaron en 2023 y 2024 para suministrar tecnología y equipos que podrían emplearse en el desarrollo de armas de destrucción masiva y sus sistemas vectores. Los programas mencionados vuelven a ser, como era de esperar, los de Corea del Norte, Irán y Pakistán.
En el caso iraní, el documento es especialmente concreto. Un informe del Departamento de Estado de abril de 2026 afirmaba que “entidades en China” son la principal fuente de Irán para una amplia gama de equipos, bienes y tecnologías utilizados en su programa de misiles balísticos. Esa afirmación coloca a China en el centro de una preocupación directa para Estados Unidos, Israel, los países del Golfo y, por extensión, Europa.
El listado de sanciones estadounidenses incluido por el CRS refuerza esa lectura. Sólo entre 2023 y 2025, Washington sancionó a varias entidades y ciudadanos chinos por actividades vinculadas a la adquisición de materiales, componentes o tecnologías para programas de misiles de Irán, Corea del Norte y Pakistán. Entre los casos más destacados figuran sanciones por apoyo al programa iraní de misiles balísticos, por redes de adquisición de ingredientes para propelentes y por contribuciones a actividades nucleares paquistaníes no sometidas a salvaguardias.
El informe no presenta a China como un actor ajeno al régimen internacional de no proliferación. Al contrario, recuerda que Pekín es Estado nuclear reconocido por el Tratado de No Proliferación Nuclear, participa en el Grupo de Suministradores Nucleares y ha manifestado públicamente su apoyo al control de armamentos y a las instituciones multilaterales. La tensión surge precisamente en que el discurso oficial chino de compromiso con la no proliferación contrasta con la actividad persistente de actores chinos en redes sensibles.
Uno de los entrecomillados más duros del documento procede del ex subsecretario adjunto de Estado Vann Van Diepen, citado por Politico en 2017. Según él, incluso si esas transferencias no están patrocinadas directamente por el Estado, “China no ha dedicado la prioridad, el esfuerzo ni los recursos necesarios para impedir” esa actividad. Y añadía que, cuando eso se mantiene durante más de 20 años, “con el tiempo, eso se convierte en una elección”.
Esa frase resume el fondo político del informe, cual es que la diferencia entre incapacidad y permisividad puede ser jurídicamente relevante, pero políticamente se estrecha con el paso del tiempo.

El documento también menciona otras preocupaciones asociadas a China, como el blanqueo de capitales, los servicios financieros ilícitos y la contratación irregular de bienes sensibles. El Departamento del Tesoro estadounidense ya había señalado en 2018 actividades de financiación de la proliferación por parte de entidades e individuos chinos en beneficio de programas iraníes y norcoreanos de armas de destrucción masiva.
Pakistán ocupa otro lugar destacado. Además de las referencias a su programa de misiles, el CRS menciona la construcción china de 5 reactores civiles en la central nuclear de Chashma, una cuestión que ha generado preocupación en el Congreso estadounidense porque Pakistán no tiene todas sus instalaciones nucleares bajo salvaguardias del OIEA. Washington sostiene que sólo los 2 primeros proyectos serían compatibles con los compromisos chinos ante el Grupo de Suministradores Nucleares, por haber sido contratados antes de la entrada de China en dicho grupo en 2004.
El informe, en suma, no anuncia una ruptura ni una acusación nueva de gran impacto. Su valor reside en ordenar una preocupación sostenida: que China se presenta como defensora del orden multilateral de no proliferación, pero continúa siendo el territorio desde el que operan actores implicados en cadenas de suministro sensibles. Para Estados Unidos, esa contradicción tiene consecuencias directas en 3 frentes: el programa de misiles iraní, la continuidad del arsenal norcoreano y la modernización de capacidades paquistaníes.
Para Europa, el asunto tampoco es periférico, aunque pueda parecerlo. La proliferación de misiles en Oriente Medio afecta a la seguridad energética, a la defensa antimisil, a la estabilidad del Mediterráneo ampliado y al equilibrio con Irán. La mejora de capacidades norcoreanas incide en Asia, pero también en la arquitectura global de disuasión. Y la cooperación chino-paquistaní mantiene abierta una variable nuclear en el sur de Asia que nunca ha sido despreciable.
El informe, a grandes rasgos, sostiene que Pekín ha moderado su conducta estatal directa, pero no ha cerrado suficientemente las grietas por las que circulan tecnologías críticas. En materia de proliferación, esa diferencia no basta para tranquilizar a Washington. Y difícilmente bastará para tranquilizar a sus aliados.
Redacción
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