Astute: la flota SSN británica, varada

La crisis de disponibilidad de los submarinos de ataque británicos expone un problema de mantenimiento, diques secos y planificación que afecta a una de las capacidades navales más sensibles de la Royal Navy

Redacción

La Royal Navy atraviesa una situación difícil de justificar, en general, y en su fuerza submarina de ataque, en particular. Una información difundida ayer en redes por varios perfiles OSINT, centrada en los largos periodos de inactividad de varios submarinos nucleares británicos de la clase Astute, originó el debate, pero, no nació ayer, a pesar de lo cual, debe leerse sin duda con prudencia en cuanto a los días exactos, ya que el Ministerio de Defensa del Reino Unido no publica de forma regular el detalle operativo de sus submarinos. Pero, el fondo del problema sí está ampliamente documentado: la disponibilidad real de los SSN británicos es muy baja y el cuello de botella industrial lleva años condicionando a la flota.

Los submarinos citados —HMS Astute (328 días en refit, según la información OSINT difundida), HMS Ambush (1.392 días sin salir al mar), HMS Artful (1.119 días sin salir al mar), HMS Audacious (1.149 días en refit oficial) y HMS Anson (citado como el único operativo)— pertenecen todos a la clase Astute, la familia de submarinos nucleares de ataque más moderna de la Royal Navy. No son submarinos balísticos. Su misión no es portar el disuasivo nuclear estratégico británico, sino realizar operaciones de inteligencia, vigilancia, escolta de fuerzas navales, guerra antisubmarina, ataque a tierra con misiles de crucero y protección de intereses británicos en escenarios de alta exigencia.

 

Un Vanguard de la Royal Navy, el HMS Victorious

 

La clase Astute está prevista en 7 unidades. 5 de ellas figuran ya en servicio —Astute, Ambush, Artful, Audacious y Anson—, mientras que HMS Agamemnon se encuentra en el proceso de entrada en servicio y maduración operativa, y HMS Achilles continúa pendiente de completar su construcción e incorporación definitiva, todavía en unos años. En paralelo, el Reino Unido mantiene 4 submarinos de la clase Vanguard, dedicados a la disuasión nuclear con misiles Trident. En términos generales, la flota submarina británica se compone, por tanto, de 9 submarinos nucleares actualmente disponibles sobre el papel: 5 Astute de ataque y 4 Vanguard balísticos.

La comparación con los Vanguard es importante para evitar confusiones. Los Vanguard sostienen la disuasión nuclear continua del Reino Unido. Su prioridad política y militar es máxima. Pero no sustituyen a los Astute. Un SSBN está concebido para permanecer oculto y garantizar la represalia nuclear; un SSN está diseñado para operar de forma más flexible, acompañar despliegues navales, vigilar rutas, seguir submarinos adversarios y proyectar capacidad ofensiva convencional. Si los Astute no están disponibles, el hueco no se cubre con los Vanguard.

Ahí sí reside la gravedad del asunto, que no surgió ayer, pero que, de cuándo en cuándo, escala enteros en la preocupación sobre la disponibilidad naval británica, en este caso, submarina.  Por centrarnos en lo conocido, las informaciones abiertas disponibles apuntarían a que varios Astute han pasado, o están pasando, periodos muy prolongados (en apariencia excesivos y sin visos de finalizar) sin actividad en la mar o inmersos en procesos de mantenimiento, reparación y espera de instalaciones. El caso de HMS Audacious resulta especialmente significativo. Su entrada en dique seco se retrasó durante meses por falta de disponibilidad en Devonport, reflejando una carencia de infraestructura que no puede despacharse como una simple incidencia administrativa sin caer en lo inverosímil.

El problema, por tanto, no está sólo en los buques. Está en el ecosistema que debe sostenerlos, y que no es en absoluto menos grave. Hablamos aquí de los diques secos, el personal especializado, la planificación de mantenimientos, la capacidad industrial, prioridades presupuestarias y la gestión del calendario nuclear. Un submarino de ataque nuclear no es una fragata que pueda rotar con facilidad por astilleros alternativos. Requiere instalaciones especialmente certificadas, cadenas de suministro muy específicas y una base humana difícil de improvisar, y mucho menos de sustituir. Precisamente por eso, la falta de previsión pesa más en estos casos (si es que es la causa de lo que está ocurriendo a la Royal Navy).

 

El Astute en Gibraltar

 

Tampoco sería riguroso presentar esta situación como una pérdida definitiva de capacidad. La Royal Navy sigue operando submarinos de alto nivel, y la clase Astute mantiene unas prestaciones notables cuando está en la mar. Pero una capacidad militar no se mide sólo por lo que promete el folleto técnico (éso es pertinente cuando se selecciona el sumergible a construir), sino por lo que puede sostenerse en condiciones reales. Un submarino excelente, amarrado durante años, no disuade igual, no escolta igual y no genera presencia naval efectiva.

La crisis vive, además, en un momento trascendente. El Atlántico Norte, el Ártico, el Mediterráneo y el Indo-Pacífico vuelven a exigir fuerzas submarinas disponibles, discretas y persistentes. Rusia mantiene una actividad submarina relevante y China continúa expandiendo su poder naval sin oposición aparente. En ese contexto, que una potencia como el Reino Unido tenga dificultades para poner en la mar suficientes submarinos de ataque no es un detalle que pase inadvertido: afecta a la Royal Navy, a la OTAN y a la credibilidad de los despliegues aliados. Y no hablemos ya del tan traído paraguas nuclear franco-británico, del que muchos pretenden que sea la salvaguarda nuclear continental en caso de conflicto mayor con Rusia, por ejemplo.

En todo caso, la conclusión debe ser seria, no estridente. No hace falta exagerar para describir el problema. El Reino Unido conserva una de las fuerzas submarinas más sofisticadas de Europa, pero arrastra una crisis de disponibilidad que evidencia fallos de planificación y sostenimiento. Las cifras exactas difundidas en redes pueden requerir verificación caso por caso, es cierto y obligado; pero, el diagnóstico general, sin embargo, es difícil de negar.

Una marina no vive de inventarios, sino de presencia. Y la Royal Navy, en su fuerza submarina de ataque (no sólo), tiene hoy demasiada capacidad teórica y demasiados submarinos esperando puerto, dique o mantenimiento. Para un país que basa buena parte de su seguridad, su influencia y su contribución a la OTAN en el dominio submarino, eso no admite complacencia.

 

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