La clase Trump costará más que un portaaviones

La CBO eleva a 23.400 millones de dólares el coste estimado del primer acorazado nuclear de la US Navy, 6.400 millones más que la cifra inicialmente conocida, y calcula en 275.000 millones el programa de 15 buques

Redacción

La futura clase Trump de acorazados lanzamisiles de propulsión nuclear podría convertirse en uno de los programas navales más costosos jamás emprendidos por Estados Unidos. La Congressional Budget Office —CBO— estima que el primer buque requerirá 23.400 millones de dólares, mientras que cada una de las 14 unidades posteriores tendría un coste medio de 18.000 millones.

 

 

El organismo presupuestario del Congreso calcula así que la construcción de los 15 buques previstos entre 2028 y 2056 alcanzaría aproximadamente 275.000 millones de dólares, expresados en dólares constantes de 2026. La propia CBO advierte, no obstante, de que sus cálculos están sujetos a un elevado grado de incertidumbre, puesto que el diseño todavía se encuentra en una fase temprana y continúan sin definirse algunos de sus principales elementos.

La cifra permite dimensionar el formidable alcance real de la denominada Golden Fleet impulsada por la Administración Trump. El coste estimado del primer acorazado no sólo supera ampliamente el de cualquier destructor o submarino de ataque actualmente en construcción, sino que se sitúa incluso por encima del correspondiente a un portaaviones nuclear de la clase Gerald R. Ford.

De 17.000 a 23.400 millones

DYS informó el pasado 21 de abril de que la planificación conocida entonces contemplaba 17.000 millones de dólares para el primer buque, 13.000 millones para el segundo y 11.500 millones para el tercero. La US Navy había reservado, además, 1.000 millones en financiación anticipada para construcción naval y 538 millones para investigación y desarrollo dentro de su propuesta presupuestaria para 2027.

La nueva estimación de la CBO coloca ahora el primer buque 6.400 millones por encima de aquella previsión inicial de 17.000 millones, y de hace sólo 4 meses, lo que supone un incremento aproximado del 37,6 %.

La diferencia no constituye todavía un sobrecoste contractual, puesto que el buque no ha sido contratado ni existe un diseño definitivo. Refleja, más bien, la distancia entre las primeras previsiones presupuestarias de la Marina y el cálculo independiente elaborado por la CBO a partir del desplazamiento, la planta propulsora, la complejidad tecnológica, la experiencia acumulada en otros programas y la situación de la industria naval estadounidense.

La propia US Navy había estimado en su documentación presupuestaria un coste de 15.100 millones de dólares para la primera unidad y una media cercana a 10.200 millones para los 2 buques posteriores. Sin embargo, esas cifras se elaboraron antes de que la configuración nuclear quedara plenamente incorporada al programa.

Según la CBO, una versión convencional del mismo buque costaría 21.300 millones en el caso de la primera unidad y una media de 15.900 millones para las siguientes. El programa completo ascendería a 243.000 millones, frente a los 275.000 millones de la alternativa nuclear. La propulsión atómica elevaría por tanto el coste de construcción aproximadamente un 13 %, aunque podría reducir parte del gasto operativo al eliminar el consumo de combustible convencional.

Un buque de 35.000 toneladas

El primero de los acorazados, denominado BBGN-1 Defiant, tendría un desplazamiento a plena carga de unas 35.000 toneladas, entre 256 y 268 metros de eslora y una velocidad sostenida superior a 30 nudos. Su dotación podría situarse entre 650 y 850 personas.

La batería principal incluiría 128 celdas de lanzamiento vertical Mk 41, además de 4 grandes tubos capaces de alojar un total de 12 misiles hipersónicos Conventional Prompt Strike. El diseño contempla también capacidad para emplear el futuro misil de crucero nuclear SLCM-N, sistemas láser de elevada potencia, 2 cañones de 127 milímetros y una posible arma electromagnética o railgun.

De materializarse con esas características, sería el mayor combatiente de superficie construido por Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial, con más del doble del desplazamiento de un destructor de la clase Zumwalt y unas 3,5 veces el de un Arleigh Burke.

La CBO señala que un destructor Arleigh Burke de nueva construcción ya supera los 3.000 millones de dólares. Por tanto, los 18.000 millones estimados para cada acorazado de serie permitirían adquirir aproximadamente 5 destructores, aunque estos requerirían conjuntamente más tripulantes, más mantenimiento y combustible durante su vida operativa.

Más caro que un submarino nuclear de ataque

La comparación con los submarinos de ataque de propulsión nuclear —SSN— resulta especialmente significativa.

Los Virginia con Virginia Payload Module, actualmente en producción, tienen un coste medio estimado por la US Navy de unos 4.300 millones de dólares por unidad. La CBO eleva su valoración para los diferentes Virginia previstos en el programa naval a una media aproximada de 5.100 millones por submarino, debido al crecimiento de los costes laborales, industriales y de construcción.

 

Submarino clase Virginia. Foto: US Navy

 

En otras palabras, el primer clase Trump, con sus 23.400 millones, tendría un coste equivalente al de entre 4 y 5 submarinos Virginia, según se utilice la estimación de la Marina o la más elevada de la CBO.

Incluso cada acorazado de serie, calculado en 18.000 millones, costaría más de 3 veces lo previsto para un SSN Virginia moderno.

La diferencia es notable porque los Virginia son plataformas nucleares de gran complejidad, concebidas para guerra antisubmarina, ataque a tierra, operaciones especiales, obtención de inteligencia y combate contra unidades de superficie. Las variantes dotadas del Virginia Payload Module pueden transportar hasta 40 armas del tamaño de un Tomahawk, frente a las 12 de los primeros buques de la clase.

También supera a un SSBN Columbia

Los nuevos submarinos estratégicos de la clase Columbia, destinados a substituir a los Ohio y garantizar el componente naval de la disuasión nuclear estadounidense, constituyen la principal prioridad de adquisición de la US Navy.

La primera unidad, el futuro USS District of Columbia, tiene un coste estimado por la Marina de 16.100 millones de dólares en valores de 2024. La segunda unidad ronda los 9.000 millones, mientras que los submarinos posteriores se situarían en una media aproximada de 7.900 millones, aunque la CBO considera que el coste real podría ser superior.

En su nuevo estudio sobre los acorazados, la CBO resume el coste esperado de los Columbia de serie en torno a 10.000 millones de dólares por unidad.

De este modo, el primer clase Trump costaría unos 7.300 millones más que el primer Columbia, aun comparando cifras expresadas en años monetarios diferentes. Frente a un SSBN de serie, un acorazado Trump podría costar aproximadamente el doble.

La comparación resulta especialmente llamativa por la función de los Columbia: cada uno será una de las plataformas estratégicas más importantes de Estados Unidos y transportará misiles balísticos Trident II D5 con armamento nuclear. Pese a ello, el coste previsto para el primer BBGN sería superior.

Por encima del último portaaviones botado

El último portaaviones estadounidense botado es el futuro USS John F. Kennedy —CVN-79—, segunda unidad de la clase Gerald R. Ford. Su botadura tuvo lugar en 2019 y su coste se estima en 12.900 millones de dólares nominales, equivalentes a aproximadamente 15.700 millones en dólares de 2024.

Incluso empleando la cifra corregida por inflación, el primer clase Trump sería alrededor de 7.700 millones de dólares más caro que el John F. Kennedy, aunque la comparación exacta exige tener en cuenta que las cantidades están calculadas en dólares de años diferentes.

 

El USS Gerard Ford y su escolta

 

El propio USS Gerald R. Ford —CVN-78— costó 13.300 millones de dólares nominales, equivalentes a 19.600 millones en valores de 2024, sin incluir aproximadamente 6.000 millones correspondientes a investigación y desarrollo aplicables al conjunto de la clase.

Para los futuros portaaviones Ford contemplados en la planificación naval de 2027, la CBO calcula ya un coste aproximado de 22.000 millones de dólares por unidad. Es la única categoría de buque estadounidense cuyo precio se aproxima al estimado para los nuevos acorazados.

Aun así, el primer Trump, con 23.400 millones, seguiría situándose por encima.

El reto industrial

El coste no es la única incógnita. La US Navy pretende autorizar el primer buque en 2028 y completar su construcción en aproximadamente 8 años, un calendario que la CBO considera difícil de cumplir.

El diseño parte de una hoja en blanco, incorpora propulsión nuclear y reúne sistemas que todavía no han alcanzado plena madurez. Además, el astillero de Newport News, elegido para el ensamblaje final, ya trabaja en portaaviones de la clase Ford y en submarinos Virginia y Columbia cuyos calendarios acumulan retrasos.

La construcción del acorazado ocuparía previsiblemente el Dique 12 de Newport News, actualmente empleado en el programa de portaaviones. Bath Iron Works e Ingalls Shipbuilding podrían participar fabricando secciones o módulos, pero ninguno de los 2 astilleros está certificado para realizar la integración final de un buque nuclear.

La CBO recuerda además que los submarinos de ataque, destructores y grandes buques anfibios estadounidenses necesitan actualmente entre 9 y 11 años para ser construidos, frente a los 5 o 6 años habituales durante la primera década del siglo. Iniciar la fabricación de un buque tan complejo antes de completar suficientemente el diseño podría desencadenar nuevos retrasos y aumentos de coste.

275.000 millones para una clase presidencial

La clase Trump representa una concentración de capacidad ofensiva difícilmente comparable con cualquier otro combatiente de superficie. Sin embargo, su precio obliga a valorar no sólo lo que aportaría cada unidad, sino también aquello a lo que la US Navy tendría que renunciar para financiarla.

Los 275.000 millones de dólares estimados para 15 buques equivalen a decenas de submarinos nucleares, destructores o grandes unidades auxiliares. Además, el programa competiría por trabajadores, instalaciones, componentes y capacidad industrial con los portaaviones Ford y los submarinos Columbia y Virginia.

La cifra de 23.400 millones no es todavía el precio definitivo del Defiant. Es una estimación independiente elaborada por el principal organismo presupuestario del Congreso sobre un programa que todavía puede cambiar de tamaño, armamento, calendario o configuración.

Pero constituye la valoración más rigurosa disponible hasta la fecha y eleva considerablemente el punto de partida conocido. El primer acorazado de la clase Trump ya no se mueve únicamente en la categoría económica de los submarinos nucleares o los grandes combatientes de superficie. Su coste previsto lo sitúa directamente al nivel —e incluso por encima— de un portaaviones nuclear estadounidense.

Redacción

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3 respuestas

  1. Si yo fuera el Pentágono, me haría los remolones hasta noviembre, a ver si con suerte pierde el Congreso, sale imputado y se ahorran ese dineral para tremendo sinsentido de barco con las necesidades que tiene su marina.

  2. Años escribiendo sobre fuerza distribuida (que tiene todo el sentido del mundo) y ahora van y se quieren gastar un potosí en meter todas las manzanas en la misma cesta? los chinos se estarán frotando las manos.

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