F-110: capacidades, límites y futuro de la nueva fragata española

La Bonifaz: virtud, límite y continuidad

Un programa llamado a renovar capacidades esenciales de la Armada, sostener industria nacional y abrir un debate necesario sobre masa, integración y evolución futura

Jorge Estévez-Bujez

La puesta de quilla de la F-113 «Menéndez de Avilés» con 7 meses de adelanto confirma el buen ritmo industrial del programa F-110, pero no despeja todavía sus principales interrogantes: la integración del SPY-7 con SCOMBA, la suficiencia de las 16 celdas Mk 41, el margen de crecimiento de la plataforma y la continuidad de la construcción naval militar en Ferrol. La clase Bonifaz no necesita ser presentada como la mejor fragata del mundo para representar uno de los mayores saltos tecnológicos e industriales acometidos por España en las últimas décadas.

 

La Bonifaz en su toma de contacto con la mar

 


CLAVES DEL ANÁLISIS

4 fragatas avanzan simultáneamente en el astillero de Ferrol.
La F-113 ha alcanzado su puesta de quilla con 7 meses de adelanto.
— La prueba decisiva será la integración entre SCOMBA, SPY-7, sensores, plataforma y armamento.
— Las 16 celdas Mk 41 constituyen una limitación real, aunque no explican por sí solas el valor del buque.
— La utilidad de la clase dependerá de su capacidad para evolucionar durante décadas.
— El programa debe dejar continuidad industrial, conocimiento y una familia tecnológica exportable.

 


FICHA ESENCIAL DE LA F-110

Característica Configuración confirmada
Clase Bonifaz / F-110
Unidades contratadas 5 fragatas
Constructor Navantia
Astillero Ferrol
Tipo de buque Escolta oceánico multipropósito, especializado principalmente en guerra antisubmarina
Misiones Guerra antisubmarina, defensa antiaérea, combate antisuperficie, protección de fuerzas, proyección naval, seguridad marítima y apoyo a autoridades civiles
Desplazamiento Alrededor de 6.000 toneladas
Eslora Aproximadamente 145 metros
Manga Aproximadamente 18,6 metros
Propulsión Sistema híbrido CODOE, diseñado para combinar prestaciones oceánicas con navegación silenciosa en misiones antisubmarinas
Sistema de combate SCOMBA, desarrollado por Navantia Sistemas
Radar principal Radar multifunción de estado sólido en banda S AN/SPY-7(V)2, integrado con SCOMBA y equipos tácticos Aegis
Sonar de casco Thales BlueMaster UMS 4110
Sonar remolcado Thales CAPTAS-4 Compact, de profundidad variable
Comunicaciones submarinas Sistema Thales TUUM-6
Guerra electrónica Sistema integrado de guerra electrónica y vigilancia electromagnética, con participación destacada de la industria española
Artillería principal 1 cañón naval VULCANO de 127 mm, destinado a combate naval, apoyo de fuego y defensa de superficie
Defensa de punto Estaciones de armas de pequeño y medio calibre para defensa próxima frente a embarcaciones, drones y amenazas asimétricas
Lanzamiento vertical 16 celdas Mk 41 VLS
Misiles antiaéreos El Mk 41 permitirá alojar la familia de misiles empleada por la Armada y compatible con el sistema; la combinación operativa concreta y la dotación de cada buque no se han divulgado públicamente con detalle
Misiles antibuque Naval Strike Missile —NSM— de Kongsberg, adquirido por España y confirmado como armamento de la clase F-110
Número de NSM La integración está confirmada, pero la cantidad embarcada por fragata no ha sido comunicada oficialmente
Armamento antisubmarino Torpedos ligeros lanzados desde tubos lanzatorpedos y empleo de helicóptero naval para guerra antisubmarina
Helicóptero Cubierta de vuelo y hangar para un helicóptero naval; la Armada prevé operar el MH-60R Seahawk como su principal plataforma antisubmarina embarcada
Sistemas no tripulados Espacio y arquitectura preparados para integrar vehículos aéreos, de superficie y submarinos no tripulados
Espacio multimisión Zona reconfigurable para embarcar módulos, equipos, vehículos o personal específico según la misión
Arquitectura digital Gemelo digital, red integrada de servicios, mantenimiento predictivo y capacidad de actualización durante el ciclo de vida
Fabricación aditiva Capacidad prevista para embarcar impresoras 3D destinadas a producir determinados repuestos
Dotación Reducida mediante automatización respecto a generaciones anteriores, con capacidad adicional para personal de misión

 


CRONOLOGÍA BÁSICA DEL PROGRAMA

F-111 Bonifaz: a flote.
F-112: la Roger de Lauria tiene su estructura principal completada y está en preparación para la botadura.
F-113 Menéndez de Avilés: puesta de quilla con 7 meses de adelanto.
F-114: comienza a tomar forma mientras inicia su actividad la Fábrica Digital de Bloques.                                            F-115: la Barceló aún no ha sido formalmente iniciada en su construcción.

2028: entrega programada de la primera F-110.
2032: entrega programada de la última unidad de la serie.

 


Hay programas militares que se explican mediante cifras, como no puede ser de otra manera a fin de comprenderlos en profundidad. Desplazamiento, eslora, autonomía, sensores, celdas, sonares, misiles… siguen siendo el lenguaje común donde reconocer valores y escalas de un producto. Y hay otros que, sin dejar de ser una suma de capacidades técnicas, terminan significando algo bastante más profundo, y necesitan de algo más que métricas para abarcar toda su magnitud.

La F-110 pertenece a esta segunda categoría.

La «Bonifaz» no es solamente la primera de una nueva clase de fragatas. Tampoco es, aunque resulte evidente, la substituta natural de unas F-80 que han servido mucho, y bien, durante demasiado tiempo y con una dignidad difícilmente discutible. La F-110 es, ante todo, una prueba de madurez para la Armada, para Navantia y para la propia política industrial española. Una prueba de país, si se quiere, porque los grandes programas terminan siéndolo así, casi todos.

Que un proyecto sea estratégico no significa que deba ser protegido de la crítica. Muy al contrario. Significa que debe ser analizado con mayor rigor.

Por todo ello, hay tiempo para censurar y tiempo para reconocer. En realidad, ambas cosas deberían hacerse siempre al mismo tiempo. Porque el correligionarismo industrial, si se me permite la licencia literaria, resulta tan procaz como la defenestración patológica de todo cuanto se hace en España.

Ni adhesión incondicional ni demolición por costumbre. Análisis.

Y si analizamos la F-110 sin anteojos, la conclusión es clara. Podrá afirmarse que no es la mejor fragata del mundo; pero lo cierto es que no necesita serlo para constituir uno de los programas navales más importantes que España ha acometido en décadas.

 

Ya en el agua

 

Tampoco recortar calendario resuelve el programa, pero dice mucho de él. En ese sentido, es innegable que la puesta de quilla de la F-113 «Menéndez de Avilés» con 7 meses de adelanto podría parecer uno más de esos hitos que las empresas celebran con fotografías institucionales, discursos medidos y una terminología cuidadosamente administrada. No lo es.

En la construcción naval militar, adelantar una quilla no es adelantar una ceremonia. Significa que la ingeniería, el suministro, la fabricación de bloques, la coordinación industrial y la secuencia de producción han alcanzado un grado de estabilidad suficiente como para ganar tiempo a un calendario que, en esta clase de programas, suele convertirse en el primer enemigo.

No hablamos de una maqueta. No hablamos de una promesa. No hablamos de una presentación comercial. Hablamos de 4 fragatas en construcción en un mismo astillero.

La F-111 está a flote. La F-112 ha completado su estructura principal y se prepara para la botadura. La F-113 entra en grada antes de lo previsto. La F-114 comienza a tomar forma mientras la nueva Fábrica Digital de Bloques inicia su actividad. Eso ya no es una intención industrial, es una cadena de producción.

Y haríamos bien en aprender a distinguir entre ambas cosas con algo más de frecuencia.

Naturalmente, un calendario favorable durante la construcción no anticipa por sí sólo el éxito de la integración. Las dificultades más complejas de la F-110 probablemente no aparecerán al ensamblar sus bloques, sino al hacer funcionar de manera coordinada el sistema de combate, los sensores, el radar SPY-7, la plataforma, las comunicaciones y el conjunto de capacidades embarcadas.

La verdadera prueba llegará cuando la «Bonifaz» salga a la mar de verdad.

Desde el punto de vista estrictamente técnico, esa complejidad empieza por una arquitectura de combate que nunca es la simple suma de equipos.

El valor de la F-110 reside en la integración entre SCOMBA, el radar SPY-7, la guerra electrónica, los sensores de superficie y el conjunto antisubmarino. La combinación del sonar de casco BlueMaster UMS 4110 con el CAPTAS-4 Compact proporciona una cobertura acústica complementaria: el primero sostiene la vigilancia próxima y la clasificación desde el casco; el segundo permite variar la profundidad de escucha para buscar las capas del agua más favorables y reducir las zonas de sombra que genera la propagación acústica. En guerra antisubmarina, la geometría del océano importa tanto como la potencia nominal del sensor.

El sistema propulsor híbrido responde a esa misma lógica. Una fragata antisubmarina no requiere únicamente velocidad; necesita discreción acústica, estabilidad de plataforma y capacidad para sostener durante horas una búsqueda sin enmascarar sus propios sensores. Esa es una de las razones por las que la comparación con otros escoltas debe hacerse desde la misión y no desde una cifra aislada. Una plataforma más pesada, más armada o más veloz no es necesariamente mejor cazadora de submarinos si transmite más ruido al agua o si su arquitectura de sensores no explota adecuadamente las condiciones del medio.

“Cumplir el calendario en armonía con el diseño ya es una capacidad estratégica en sí”

Un adelanto de 7 meses no convertirá al programa en impecable, pero tampoco es una minucia administrativa. En un escenario internacional poblado de programas navales retrasados y con serios apuros; con astilleros saturados, diseños sometidos a modificaciones continuas y costes que crecen hasta comprometer el número final de unidades, cumplir el calendario en armonía con el diseño ya es una capacidad estratégica en sí.

No es el final del camino. Es un hito más; pero es un hito importante, de mucho peso.

La Armada que no puede permitirse llegar tarde

La Armada ha vivido durante demasiado tiempo atrapada entre una ambición estratégica razonable y unos recursos que rara vez han estado a la altura de esa ambición. Ha mantenido capacidades oceánicas con cierta dificultad, expedicionarias, anfibias, antisubmarinas y de defensa aérea, con una combinación de profesionalidad, prudencia y, en demasiadas ocasiones, paciencia. Pero la paciencia no es una capacidad militar. No detecta submarinos. No protege líneas marítimas. No escolta grupos navales, ni defiende el espacio aéreo. Con la paciencia no se reemplazan buques envejecidos. Y, sobre todo, la paciencia nunca compensa indefinidamente la falta de masa.

En ese entorno, denso como pocas veces se ha conocido, España no necesita simplemente fragatas nuevas. Necesita fragatas concebidas para comprender el nuevo entorno antes de entrar en él.

La F-110 no es un buque diseñado para reproducir la guerra naval de ayer con ordenadores más rápidos. Su arquitectura digital, su especialización antisubmarina, el SCOMBA, el radar SPY-7, la automatización, la integración de sensores y el gemelo digital responden a una concepción distinta del escolta.

 

Magnífica instantánea de los instantes posteriores a su botadura

 

La Bonifaz será un nodo de combate. Una plataforma capaz de detectar, procesar, compartir y actuar dentro de una red naval mucho más amplia. Será tan relevante por lo que vea como por lo que permita ver a otros. Tan importante por sus armas como por la calidad de la información que pueda aportar al conjunto de la fuerza. Eso es exactamente lo que necesita una Armada que no podrá competir siempre en cantidad y que, por tanto, deberá hacerlo en calidad, integración, conocimiento y capacidad de decisión.

La pregunta no es únicamente si la F-110 será una buena fragata. Todo indica que lo será. La pregunta que de veras importa es si España sabrá construir alrededor de ella una Armada coherente.

Las 16 celdas y el debate positivo en torno a ellas

Hay un asunto que no puede omitirse en un análisis honesto: la F-110 nace con 16 celdas de lanzamiento vertical Mk 41.

Es una decisión que ha provocado un debate largo, intenso y, en no pocas ocasiones, mal enfocado. En DYS hemos formado parte de esa discusión porque consideramos que no se trata de una cuestión ornamental ni de una competición infantil por determinar qué fragata lleva más misiles.

Las celdas importan. Importan porque constituyen la reserva física desde la que un buque puede responder a amenazas aéreas, misiles, aeronaves, drones o, dependiendo de su integración futura, otros objetivos. Importan porque en la guerra naval contemporánea la capacidad de recarga en la mar es extremadamente limitada. E importan porque una fragata puede agotar una parte significativa de su dotación defensiva en un número reducido de enfrentamientos.

Decirlo no equivale a declarar que la F-110 está mal diseñada. Significa admitir que 16 celdas ofrecen un margen más restringido que 32, especialmente en un entorno caracterizado por ataques de saturación y por la necesidad de combinar distintos tipos de munición.

En todo caso, la cuestión se matiza mediante el empleo de misiles alojados en configuración múltiple, la doctrina operativa, la actuación en grupo y el papel especializado de la fragata.

También es necesario precisar qué significa el SPY-7 dentro de este equilibrio. Porque no son lo mismo 16 celdas con el AEGIS, que sin él.

Se trata, como es sabido, de un radar digital de estado sólido en banda S, concebido para mantener vigilancia de volumen y seguimiento de múltiples blancos en entornos exigentes. Pero su verdadera relevancia para la F-110 no está en una promesa comercial de alcance, sino en la calidad de la integración con SCOMBA y con el bucle internacional de control de fuego de Aegis.

En septiembre de 2025, Navantia y Lockheed Martin comunicaron que las trazas reales del radar habían sido representadas en consolas SCOMBA y empleadas en enfrentamientos simulados, un paso técnico mucho más importante que cualquier adjetivo publicitario.

Chandra Marshall, vicepresidenta de Multi-Domain Combat Solutions de Lockheed Martin, resumió el resultado de una campaña previa en unos términos que, precisamente por proceder del fabricante, deben leerse con prudencia, pero no ignorarse:

«Durante este hito, el hardware y el software tácticos del SPY-7 siguieron con precisión objetos aéreos, lo que confirma la madurez del sistema y su preparación para unas pruebas integrales de rendimiento».

La afirmación no demuestra todavía el comportamiento del radar embarcado en condiciones operativas, con movimiento, interferencias, clutter marítimo y exigencias simultáneas; sí acredita, en cambio, que el programa ha superado etapas de integración que suelen concentrar una parte substancial del riesgo técnico. La F-110 no ha sido concebida como un destructor dedicado a la defensa aérea de área ni como substituta de las F-100. Su núcleo diferencial se encuentra en la guerra antisubmarina, la sensorización, la integración en red y la capacidad de operar como escolta polivalente.

Todo eso es cierto.

También lo es que una plataforma de alrededor de 6.000 toneladas, dotada de sensores avanzados y concebida para permanecer varias décadas en servicio, podría beneficiarse de una mayor profundidad de cargador. No hay contradicción entre ambas afirmaciones.

La Bonifaz puede ser una magnífica fragata y, al mismo tiempo, disponer de menos celdas de las que muchos consideramos deseables. Puede poseer una extraordinaria arquitectura tecnológica y presentar una configuración inicial discutible en determinados aspectos; y también representar un salto enorme para la Armada sin constituir la culminación absoluta de la guerra naval.

 

La primera de la serie camino del agua

 

Precisamente por eso, la discusión sobre el cargador conduce de manera inevitable a otra cuestión: la capacidad de la plataforma para crecer y transformarse.

La polémica tampoco debería reducirse a una condena retrospectiva. El debate verdaderamente útil consiste en determinar qué margen de crecimiento posee la plataforma, qué posibilidades existen para las últimas unidades (parece que descartadas en lo que a la extensión de los VLS se refiere), qué modificaciones podrían estudiarse en el futuro y cómo debe evolucionar la clase durante su vida operativa.

La F-110 ha de llegar bien equipada, pero sobre todo debe estar preparada para no quedar congelada en la configuración con la que salga del astillero. Una plataforma avanzada no siempre significa una configuración perfecta. Necesita evolucionar.

Llegarán sistemas no tripulados mucho más maduros, nuevas armas de energía dirigida, sensores distribuidos, interceptores contra amenazas hipersónicas, capacidades de guerra electrónica más potentes, municiones de mayor alcance y arquitecturas de combate todavía más integradas. Algunos de esos elementos podrán incorporarse a la F-110. Otros exigirán plataformas posteriores.

En este punto, la arquitectura abierta, la reserva de espacio, peso, energía y la refrigeración; la modularidad del sistema de combate y la capacidad de actualización serán tan importantes como cualquier arma concreta.

Un buque de guerra no se vuelve obsoleto únicamente porque aparezca un misil mejor, lo hace cuando ya no puede integrarlo y su desfase la deja en evidencia frente a unas amenazas para las que ya no puede responder, y unas armas ofensivas que no le es posible montar.

Un buque que previsiblemente permanecerá varias décadas en servicio debe concebirse como una arquitectura abierta a la transformación.

Existe, además, un riesgo menos visible que el de una botadura tardía: la obsolescencia antes de la entrega. En un programa que se extiende durante más de una década, parte de la electrónica comercial, del software y de los componentes puede quedar superada mientras el buque todavía se encuentra en construcción.

Carlos Aboal Cruceira, del Gabinete de Estudios Logísticos de la Jefatura de Apoyo Logístico de la Armada, lo ha formulado con especial claridad al estudiar el programa:

«Con la entrega de la primera fragata F-110 programada para 2028 y la última para 2032, enfrentamos el desafío de evitar obsolescencias al momento de la entrega».

No es una observación cualquiera. Construir en tiempo obliga a gestionar configuraciones, proveedores, actualizaciones de software y substituciones de componentes antes incluso de que la primera unidad alcance su madurez operativa.

Este es, probablemente, uno de los puntos en los que la F-110 puede demostrar una ventaja estructural. El gemelo digital no debe interpretarse como una recreación tecnológica del buque, sino como una herramienta para correlacionar datos reales, anticipar fallos, ensayar modificaciones y reducir incertidumbre en mantenimiento. Su utilidad dependerá, sin embargo, de la calidad de los datos, de la disciplina de configuración y de que la Armada conserve durante décadas la autoridad técnica necesaria para no convertirse en rehén de aplicaciones cerradas, proveedores únicos o modelos que dejen de actualizarse.

Un gemelo digital abandonado es sólo una maqueta cara. Uno bien sostenido ayudará a reducir indisponibilidades y acelerar la incorporación de mejoras. Porque todo cambiará con el paso del tiempo, los sensores, las armas, las amenazas… hasta la doctrina cambiará. Incluso la propia definición de combate naval será distinta cuando la última unidad de la serie alcance la mitad de su vida operativa.

Por eso la verdadera medida de la Bonifaz no estará únicamente en su configuración inicial, sino en su capacidad para recibir nuevos sistemas, operar junto a vehículos no tripulados, incorporar armamento futuro y adaptarse a un entorno de combate que hoy apenas empezamos a comprender y del que haríamos bien en anticipar cuanto sea posible.

La Bonifaz debe ser una clase viva mientras, en efecto, viva.

No es el mejor buque del mundo. Seriedad para apartar el mercadeo de los etiquetados

La industria de defensa se ha acostumbrado a presentar cada nueva plataforma como la más avanzada, disruptiva, letal, digital, conectada y preparada del planeta. Resulta francamente agotador.

La F-110 no necesita ese lenguaje.

La calidad de un buque no se determina mediante una clasificación universal. Depende de los requisitos de la marina que lo recibe, del entorno en el que deberá operar, de la doctrina, del presupuesto, de la composición de la Flota y de la misión para la que ha sido concebido.

 

 

La F-110 puede ser inferior a otras plataformas en determinados parámetros y superior en otros. Pero su fortaleza no reside en ganar una comparación de internet. Reside en aportar a la Armada una capacidad antisubmarina avanzada, una arquitectura digital, un sistema de combate nacional evolucionado, sensores de gran nivel, capacidad de integración aliada y una plataforma preparada para crecer.

También se trata de llegar. Porque el mejor buque del mundo que no se construye, se retrasa indefinidamente o se vuelve presupuestariamente inasumible no sirve a ninguna marina de guerra. La Bonifaz debe ser juzgada por su rendimiento real, no por la propaganda corporativa ni por la comparación obsesiva con plataformas diseñadas para necesidades diferentes, ni, incluso, similares.

El debate gana claridad cuando se compara la Bonifaz con sus rivales reales.

COMPARACIÓN DE FILOSOFÍAS

F-110

Filosofía: plataforma de crecimiento, integración nacional y especialización antisubmarina.
Fortalezas: SCOMBA, SPY-7, sensores ASW, margen de evolución e integración en red.
Interrogante principal: profundidad de cargador e integración final de todos los sistemas.

FDI francesa

Filosofía: alta densidad de capacidades en una plataforma más compacta.
Fortalezas: Sea Fire, misiles Aster, arquitectura digital y defensa aérea concentrada.
Interrogante principal: menor margen físico para reservas y crecimiento.

FREMM italiana ASW

Filosofía: plataforma mayor, madura y desarrollada en variantes especializadas.
Fortalezas: volumen, autonomía, discreción acústica y capacidad antisubmarina consolidada.
Interrogante principal: configuración y equilibrio dependientes de cada variante.

Nada de ello convierte a la FDI o a la FREMM en vencedoras automáticas de una clasificación universal. La FDI ofrece una defensa aérea muy concentrada y una arquitectura digital avanzada; la FREMM aporta madurez, volumen, autonomía y una reconocida excelencia antisubmarina; la F-110 apuesta por una plataforma de mayor crecimiento, una integración nacional profunda mediante SCOMBA, el SPY-7 y un diseño muy orientado a la guerra antisubmarina y a la evolución durante el ciclo de vida. Son respuestas diferentes a requisitos diferentes. Compararlas es útil. Ordenarlas como si fueran automóviles, no.

Reconocer sus limitaciones no reduce su valor, sino que lo hace creíble.

Navantia ante su verdadera oportunidad

Si para la Armada la F-110 representa un salto operativo, para Navantia puede significar algo todavía mayor: la posibilidad de consolidarse como uno de los grandes diseñadores y constructores de escoltas avanzados del mundo. Y ello representa verdaderamente una oportunidad.

Navantia ha exportado buques, diseños, ingeniería y conocimiento. Ha competido en mercados extremadamente exigentes y demostrado que España posee una industria naval militar capaz de concebir plataformas complejas. Pero el mercado internacional no concede posiciones permanentes por méritos pasados. Cada nuevo programa vuelve a examinarlo todo y someterlo al escrutinio severo de las marinas de guerra interesadas.

Esa oportunidad sólo se consolidará si el programa convierte el progreso industrial en resultados visibles y repetibles.

Por eso importa que la F-113 haya adelantado su puesta de quilla, e importa todavía más que las 4 primeras unidades avancen simultáneamente.

En el mercado naval militar, pocas cosas venden más que la normalidad. Entregar un buque complejo cuando se ha prometido, con las capacidades acordadas y sin convertir el programa en una crisis nacional, constituye hoy una ventaja competitiva extraordinaria.

Navantia tiene por delante una oportunidad difícil de repetir: demostrar que puede producir una serie muy avanzada de fragatas, con continuidad, modernizar simultáneamente su infraestructura, integrar algunos de los sistemas más complejos del mercado y convertir todo ello en una propuesta exportable.

Pero deberá hacerlo sin complacencia.

 

Los instantes previos, con el personal de Navantia que ha participado de la construcción del buque

 

Porque no basta con destacar la sofisticación del diseño. Hay que garantizar su sostenimiento durante décadas. No basta con construir para la Armada. Hay que convertir el conocimiento acumulado en una familia exportable, adaptable y comercialmente atractiva.

Y no basta con disponer de un buen producto. La exportación de material naval exige respaldo político, financiación, diplomacia industrial y capacidad para ofrecer acuerdos que respondan a las prioridades del cliente.

El buque es el que abre la puerta; después son el Estado y la empresa quienes deben saber atravesarla.

Ferrol nunca es sólo un astillero

La Fábrica Digital de Bloques merece una reflexión aparte. No estamos hablando sólo de una instalación industrial nueva, sino de una decisión sobre el futuro de Ferrol.

Durante décadas, la construcción naval española ha convivido con ciclos de actividad, crisis, ajustes, promesas y programas que comenzaban cuando el anterior estaba a punto de terminar. Ese modelo erosiona el conocimiento, rompe equipos humanos y obliga a reconstruir capacidades que nunca deberían haberse perdido.

Un astillero militar no es una fábrica convencional. No puede encenderse y apagarse sin consecuencias. Su activo principal no son las grúas, las naves ni las gradas.

Es el conocimiento acumulado. Una ingente masa de ingenieros, soldadores, montadores, técnicos, programadores, integradores, responsables de calidad y especialistas en pruebas. Personas que aprenden a construir buques construyéndolos. Personas cuya experiencia no se recupera mediante una licitación ni se compra de un día para otro.

La F-110 debe servir para abandonar definitivamente la política industrial del vacío entre programas.

Porque la Armada necesita continuidad, Navantia necesita carga de trabajo sostenida, planificación a largo plazo y una estrategia que permita enlazar la serie Bonifaz con futuras construcciones, modernizaciones y oportunidades de exportación. La Armada necesita lo mismo. Porque una base industrial débil termina produciendo una defensa débil, aunque durante unos años pueda disimularse mediante compras urgentes y de oportunidad.

Ferrol no puede limitarse a construir 5 fragatas y esperar después.

Debe convertirse en un centro permanente de diseño, construcción, integración, sostenimiento y evolución de buques de combate. Eso es autonomía estratégica.

No colocar una bandera nacional en un componente extranjero. No pronunciar discursos solemnes sobre soberanía industrial. No inflar porcentajes de participación. Autonomía estratégica es ser capaz de diseñar, construir, sostener y modernizar los buques que garantizan la defensa de tus propios intereses marítimos, y los de los clientes, llegado el caso. Y hacerlo durante décadas, además.

La continuidad industrial, sin embargo, no puede separarse de la continuidad tecnológica y operativa de la propia clase.

La quinta fragata no debería cerrar nada

Las 5 F-110 previstas serán fundamentales para la Armada. Pero sería un error considerar que la quinta unidad debe representar el punto final de la evolución de esta familia. Una plataforma de esta calidad debería abrir posibilidades y comenzar a trabajar ya sobre versiones evolucionadas. Nuevos sensores. Mayor capacidad de integración con sistemas no tripulados. Adaptaciones a requisitos extranjeros. Derivados especializados. Modernizaciones de media vida. Incrementos de armamento cuando la evolución de la amenaza lo exija.

Navantia trata la F-110 como una serie como una familia tecnológica y, como tal, España tampoco debería descartar, por principio, que las necesidades futuras de la Armada puedan exigir nuevas unidades o versiones evolucionadas. Las amenazas no disminuyen, más bien al contrario. Los compromisos internacionales crecen. Los espacios marítimos de interés son enormes y, por desgracia, las fragatas no se multiplican por voluntad política ni pueden construirse cuando una crisis ya ha comenzado.

La planificación naval exige pensar, como poco, con 20 años de antelación, y no sólo con 2 presupuestos.

La F-110 deberá generar experiencia para el siguiente buque, pero también debe beneficiarse de ella. Las últimas unidades no tienen por qué ser reproducciones inmóviles de la primera si existen mejoras técnicamente viables, operativamente necesarias y económicamente razonables. Porque una serie naval moderna necesita aprender mientras se construye. Un programa de país no es un programa sagrado, ortodoxo, inamovible. Debe evolucionar.

Un programa de país no es aquel que queda exento de fiscalización, sino el que merece una fiscalización especialmente rigurosa porque compromete recursos, capacidades y décadas de política industrial.

Sólo así se podrá justificar la defensa de la F-110 cuando se la desprecie de manera injusta. Y podrá ser criticada cuando las decisiones que se tomen al respecto de ella lo merezcan.

 

claseBonifaz

Antes de lo previsto, la infografía va dando paso al metal surcando las aguas

 

Será legítimo, por tanto, elogiar el cumplimiento de plazos y preguntar por los costes; reconocer la calidad de su arquitectura digital y debatir la suficiencia de su armamento; valorar su capacidad antisubmarina y analizar sus márgenes de crecimiento; celebrar la modernización de Ferrol y exigir que se traduzca en competitividad real. Y, por supuesto, destacar el potencial exportador y admitir que vender fragatas en el exterior es extraordinariamente difícil.

Hay que hacer ambas cosas. Y hay que hacerlo siempre. Porque ese equilibrio no debilita el programa. Lo protege de la autocomplacencia y también de la crítica fácil.

La Bonifaz como símbolo de una España posible

Durante demasiado tiempo, en España se ha hablado mucho de las capacidades industriales propias con una mezcla de complejo, grandilocuencia y resignación. O se exageraban hasta el absurdo, o se despreciaban antes incluso de comprobarlas.

La F-110 permite una aproximación distinta.

Si la clase Bonifaz entra en servicio dentro de los plazos previstos, si sus sistemas responden, si la Armada la integra adecuadamente, si Navantia mantiene la continuidad productiva y si el programa genera oportunidades exteriores, España habrá conseguido algo mucho más importante que construir 5 buenas fragatas.

Habrá demostrado que todavía puede ejecutar un proyecto nacional de alta complejidad sin renunciar a la ambición, sin depender por completo del exterior y sin convertir cada decisión industrial en una improvisación.

Y, pese a todo ello —o precisamente porque somos conscientes de todo ello—, la dimensión de la F-110 resulta enorme.

La puesta de quilla de la F-113 con 7 meses de adelanto es un paso. Sólo un paso. No resuelve el debate de las celdas. No garantiza el éxito de la integración. No asegura contratos exteriores. No convierte a la Bonifaz en el mejor buque del mundo.

Pero es un paso en la dirección correcta.

Puede hacer algo más realista y, acaso, más importante, como demostrar que existe otra manera de hacer las cosas. Así, un concienzudo trabajo de planificación, diseño, construcción, aprendizaje, corrección, mejora y cumplimiento de plazos, garantizará un buque sobresaliente y exportable.

Se trata, en definitiva, de reconocer los méritos sin esconder las carencias. De señalar las carencias sin negar los méritos.

Parece sencillo, pero no lo es en absoluto.

Por eso la F-110 importa tanto, como la F-100 en su día. Porque no es solamente una fragata.

Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es

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