Haluk Görgün se reúne en España con QPAS, Indra y Navantia: ¿hacia proyectos concretos de cooperación en defensa?

Redacción
El presidente de la Presidencia de Industrias de Defensa de Turquía —SSB—, Prof. Dr. Haluk Görgün, acaba de cerrar la que puede haber sido una trascendental visita de trabajo a España, que incluyó reuniones con representantes de QPAS, Indra y Navantia, 3 actores con perfiles muy distintos, pero potencialmente complementarios dentro del ecosistema de defensa español e internacional.

Reunión de trabajo en la Embajada turca en España. En el centro, Görgün
El propio Görgün resumió el viaje en su cuenta oficial de X ayer mismo, señalando que durante su visita se había reunido con representantes de estas compañías y que el desarrollo de la industria turca de defensa es, efectivamente, seguido de cerca por actores internacionales. Su mensaje dejó una idea aproximada de por dónde podrían discurrir los siguientes pasos, a efectos de concreción posterior de estos contactos: las solicitudes de cooperación deben traducirse en proyectos concretos, basados en el beneficio mutuo y en una asociación de largo recorrido. También agradeció expresamente el apoyo de la embajadora de Turquía en España, que sería quien habría coordinado esta reunión de alto nivel industrial, la señora Nüket Küçükel Ezberci.
A nadie se le escapa que esta visita llega en un momento particularmente relevante para la relación bilateral en materia de defensa que mantienen España y Turquía. El acuerdo para el suministro a España del entrenador avanzado Hürjet, que ya recibe la denominación Saeta II en el Ejército del Aire, ha colocado a Ankara y Madrid en una posición distinta a la habitual, porque ya no se trata únicamente de contactos industriales o diplomáticos, sino de un programa con una dimensión operativa muy importante y un recorrido tecnológico a largo plazo.
Pero, más allá de lo aeronáutico, hay que recordar que, en el plano naval, la relación entre ambos países es igualmente estrecha, como lo demuestra el Anadolu, el buque anfibio insignia de la Marina de guerra turca, derivado del BPE Juan Carlos I, de la Armada, y que fue construido localmente en Turquía a partir de los acuerdos con Navantia en su día.
La cuestión, por tanto, es hasta dónde se han marcado los siguientes hitos en la ya notable colaboración industrial hispano-turca y si ¿podría este encuentro abrir la puerta a nuevas líneas de cooperación industrial entre España y Turquía inéditas hasta ahora?
3 empresas, 3 posibles planos de trabajo
La presencia de QPAS, Indra y Navantia permite leer la reunión que ha debido abordarse en varias capas. QPAS aporta el perfil de consultoría y acompañamiento en programas aeronáuticos, espaciales y de defensa; Indra, por su parte, concentra las ya conocidas capacidades en electrónica, radares, mando y control, simulación, guerra electrónica y sistemas embarcados, además de los más recientes trabajos sobre artillería y vehículos blindados; Navantia, sabido es, representa el eje naval nacional en torno al que se articula la industria del ramo en España, tanto en diseño y construcción de navíos como en integración de sistemas.
No se ha anunciado, por ahora, ningún acuerdo específico derivado de estas reuniones. Pero el tipo de empresas presentes permite trazar un mapa razonable de posibilidades, especialmente si se cruza con las prioridades actuales de la industria turca de defensa y con las perspectivas de la española.
Uno de los ámbitos más evidentes donde podría materializarse algún tipo de acuerdo es el programa MUGEM, el futuro portaaviones nacional turco. Turquía aspira a dotarse de una plataforma de mayor entidad que el TCG Anadolu, con capacidad para operar sistemas aéreos tripulados y no tripulados. Este hecho adquiere especial interés por una razón adicional, en este caso para España. Y es que la Armada, como es sabido, ha encargado a Navantia un estudio de viabilidad sobre un posible portaaviones convencional con configuración CATOBAR, lo que automáticamente introduce una zona natural de conversación entre ambos países. No se trataría únicamente de observar el desarrollo turco desde fuera, sino de explorar si la experiencia acumulada por Navantia en diseño naval, integración de sistemas y cooperación previa con Turquía puede servir en una doble dirección. Por una parte, alimentar el análisis español sobre una futura capacidad CATOBAR para la Armada y, al mismo tiempo, abrir alguna vía de participación industrial española en los trabajos del MUGEM, cuya construcción ya se encuentra en marcha. En ese caso, el antecedente del Anadolu cobra un valor añadido, puesto que España y Turquía ya han demostrado que pueden trasladar una arquitectura naval común a un programa real, adaptado después a las necesidades operativas turcas.

EL Anadolu con un Kizilelma en cubierta y algunos Cobra tras él
Además, puede perfectamente abordarse el MUGEM desde otras perspectivas, no necesariamente como origen de un derivado para España. La aviación embarcada, los sistemas de combate, los sensores, los enlaces de datos y la integración de plataformas no tripuladas son áreas donde una conversación inicial puede madurar hacia estudios de viabilidad, demostradores o paquetes específicos. No todo tiene por qué desembocar en un gran programa de construcción para la Armada. En ocasiones, la cooperación empieza por módulos, subsistemas, simuladores, bancos de prueba o integración de armamento.

Foto: J. Estévez-Bujez. Feindef 25
También, cómo no, aparece el hito HÜRJET/Saeta II. El acuerdo español debe ser, en la práctica, algo más que una adquisición de entrenadores avanzados. Si se articula adecuadamente, abrirá espacios en mantenimiento, simulación, adaptación a requisitos nacionales, formación, integración de equipos y la que debería ser una sobresaliente participación industrial. Al hilo de todo esto, no podemos dejar de anotar la posible variante navalizada del HÜRJET, con tren reforzado y gancho de apontaje, lo que añade otra dimensión más: la conexión entre aviación embarcada, entrenamiento avanzado y futuros buques con capacidad aérea.
El tercer plano podría ser el del KAAN el caza turco de nueva generación cuyos prototipos ya vuelan y que tienen frente a sí unos meses de intensa actividad de pruebas y validaciones. Turquía avanza de forma notable en un programa de enorme ambición industrial, como otras veces ya hemos destacado; con requerimientos muy exigentes en sensores, aviónica, integración de armamento, enlaces de datos, guerra electrónica y arquitectura de misión. Aquí, cualquier hipótesis debe tratarse con prudencia, como en el resto de prospecciones anteriores, pero quizá con un punto más de escrúpulo. Por supuesto, no hay anuncios formales que vinculen a empresas españolas con el programa. Pero sí existe una lógica industrial a la vista, por ejemplo, de la trayectoria del FCAS y la posibilidad de que finalmente sea cancelado o, como poco, modificado sustancialmente tal y como lo conocíamos hasta ahora. Y es que los grandes programas de combate aéreo requieren redes amplias de proveedores, socios tecnológicos y capacidades especializadas. Y el KAAN no es una excepción. Pese a tratarse de un desarrollo profundamente nacional, necesita, como todos, del enriquecimiento y el valor que puedan proporcionar compañías como, en este caso, Indra.

Prototipo del KAAN
No queremos olvidar tampoco el desarrollo de importantes sistemas no tripulados turcos, como el Kızılelma, concebido como UCAV de altas prestaciones y con vocación de operación embarcada. Turquía ha convertido los drones en uno de los pilares de su política industrial de defensa, no sólo como producto de exportación, sino como instrumento para construir autonomía tecnológica. Para España, que también busca fortalecer su posición en sistemas aéreos no tripulados, sensores, comunicaciones seguras y mando y control, este ámbito puede ofrecer espacios de diálogo técnico e industrial interesantísimos, sobre todo si se quiere consolidar un segmento tecnológico necesitado de especial impulso en el seno de nuestras Fuerzas Armadas.

Otro capítulo relevante, por cerrar ya con las variables y derivadas de este encuentro, es el de los misiles y municiones guiadas. Programas turcos como Gökdoğan, Bozdoğan, Gökhan o la familia SOM muestran una voluntad clara de avanzar en armamento aire-aire y aire-superficie de producción nacional. Su posible integración en plataformas propias, aliadas o exportables convierte este campo en uno de los más sensibles, pero también en uno de los más importantes desde el punto de vista industrial. Aquí la cooperación podría pasar por integración de sistemas, ensayos, arquitectura de misión, compatibilidad con plataformas o posibles acuerdos de producción, siempre que exista encaje técnico, demanda operativa y voluntad industrial por ambas partes.
SAHA Expo 2026 como punto de observación
Sea como fuere, es pronto para adelantar poco más que un puñado de posibilidades, como hemos hecho. Pero la proximidad de SAHA Expo 2026, que se celebrará del 5 al 9 de mayo en el Istanbul Expo Center, podría añadir contexto y escenario para dar a conocer posibles acuerdos. La feria, que ya se ha consolidado como uno de los grandes escaparates de la industria turca de defensa, aviación y espacio, espera una gran afluencia de empresas europeas, entre ellas, por supuesto, españolas. Si servirá como espacio natural para dar continuidad a los contactos mantenidos en España y, al mismo tiempo, ser el marco, como decimos, para la presentación de algún, o algunos de los acuerdos alcanzados previamente, está por ver. Sabido es por todos que, en el negociado de la defensa, los tiempos industriales rara vez coinciden con los tiempos comunicativos. Entre una reunión institucional y un contrato suelen mediar estudios técnicos, encaje presupuestario, definición de requisitos, reparto de cargas de trabajo, pruebas, certificaciones y negociación de retornos.
Lo que sí permite la presencia en España de Haluk Görgün es situar esta visita dentro de una secuencia con un poco más de perspectiva y, cómo no, una muy fuerte amplitud industrial.
De la oportunidad al programa
Turquía y España comparten pertenencia a la OTAN, una relación política fluida en materia de defensa y una base industrial con capacidades que, en varios campos, pueden resultar complementarias. Ese punto de partida no elimina la complejidad propia de cualquier programa de defensa, pero sí ofrece una plataforma razonable para avanzar si las conversaciones identifican necesidades concretas (que las hay por ambas partes), empresas tractoras (igualmente existentes en sendos países) y calendarios asumibles.
La clave estará en pasar de la afinidad institucional a una arquitectura de cooperación factible y reconocible. Y esto implica definir qué puede aportar cada parte, qué necesidades operativas existen detrás de cada propuesta y qué modelo industrial tendría sentido, si la integración de equipos españoles en plataformas turcas, o la participación turca en soluciones destinadas a España. También, por qué no, los desarrollos conjuntos para terceros mercados; o los más sencillos acuerdos de mantenimiento, centros de formación o paquetes de modernización sobre sistemas ya existentes.
Por todo lo anterior, lo relevante no es quizás, presentar esta visita como un punto de inflexión automático, sino como un indicador de dirección con muchas posibilidades. Görgün no habló sólo de contactos, sino de convertir solicitudes de cooperación en proyectos concretos, lo que adelanta que Turquía no busca visibilidad institucional (no le hace falta), sino identificar áreas donde pueda haber contratos, desarrollos compartidos, integración tecnológica o presencia industrial cruzada.
Todo parece sugerir que la cooperación hispano-turca en defensa puede haber entrado en una fase más práctica. El Anadolu, primero y el acuerdo HÜRJET/Saeta II han creado una base tangible de confianza y reciprocidad. Las reuniones con QPAS, Indra y Navantia abren ahora la puerta a explorar si esa base puede extenderse hacia otros segmentos, bien el ámbito naval, bien en los sistemas de misión, o en la electrónica de defensa, los drones y, por qué no, los misiles de nueva generación.
Por ahora, no hay proyectos anunciados, sólo señales. Pero la pregunta, ya no es si España y Turquía tienen margen para cooperar. Lo tienen. La cuestión es qué programas superarán la fase de conversación, cuáles de esas compañías asumirán el trabajo técnico y qué calendario permitirá concretar esa visita de trabajo en acuerdos posteriores. Ahí, y no en otro sitio, estará la medida real de esta aproximación.
Redacción
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