The Washington Post sitúa en el foco a varias firmas chinas que emplean IA y datos de fuentes abiertas para seguir movimientos militares de Estados Unidos en Oriente Medio

Redacción
Según una información publicada por The Washington Post este sábado, 4 de abril, y firmada por Cate Cadell y Lyric Li, varias empresas tecnológicas chinas están comercializando productos de inteligencia elaborados con inteligencia artificial y datos de fuentes abiertas para seguir y analizar los movimientos de las fuerzas estadounidenses vinculadas a la guerra de Irán.

Imagen del hundimiento de la corbeta iraní Dena por la fuerza submarina de la Us Navy
El diario estadounidense señalaba que estas compañías, algunas, como es de esperar en el espectro tecnológico chino, con vínculos con el Ejército Popular de Liberación o con certificaciones que les permiten trabajar para él, han difundido análisis sobre el despliegue de medios de Estados Unidos en Oriente Medio, incluidos grupos de portaaviones, aeronaves y sistemas de defensa antimisiles. En todo caso, este tipo de actuaciones es del todo habitual y no se esperaría otra cosa del conglomerado tecnológico de Pekín en el escenario de la guerra de Irán. En paralelo, Pekín ha tratado de mantener una posición pública de distancia respecto al conflicto.
Entre las firmas citadas figura MizarVision, con sede en Hangzhou, que asegura haber identificado con rapidez la ubicación de armamento y equipos desplegados en la región y haber seguido patrones logísticos y de reabastecimiento de grupos navales estadounidenses. También aparece Jing’an Technology, otra empresa de la misma ciudad, que llegó a publicar lo que presentó como una grabación de comunicaciones entre bombarderos furtivos B-2A estadounidenses durante las primeras fases de la operación militar norteamericana.
La información de The Washington Post subraya que estas capacidades se apoyan en una combinación de imágenes satelitales comerciales, datos de vuelo ADS-B, señales marítimas AIS y otras fuentes accesibles en el mercado, procesadas después mediante IA. No obstante, el propio periódico recoge que funcionarios y exanalistas estadounidenses discrepan sobre el alcance real de estas herramientas: algunos dudan de que supongan una penetración efectiva en comunicaciones sensibles, mientras otros alertan de que el crecimiento de este ecosistema privado ya constituye un problema de seguridad por su capacidad para reconstruir patrones operativos de las fuerzas de Estados Unidos.

La pieza añade que varias empresas occidentales mencionadas en ese circuito de imágenes negaron una relación comercial directa con estas firmas chinas o aseguraron haber aplicado restricciones durante el conflicto. Aun así, analistas citados por el rotativo consideran que el fenómeno encaja en la lógica de la integración civil-militar impulsada por Pekín: el Estado puede beneficiarse del trabajo del sector privado y, al mismo tiempo, conservar una distancia oficial respecto a sus actividades. Como decíamos, en el ecosistema tecnológico e industrial chino, las relaciones de dependencia entre las compañías y el aparato público estatal son evidentes, trascendentes y obligadas.
En síntesis, la información firmada por Cadell y Li apunta a una tendencia que, en efecto, preocupa en Washington, pero que no sorprende a nadie: empresas privadas chinas están convirtiendo la explotación masiva de datos abiertos en una herramienta de seguimiento militar, con resultados cuya eficacia total sigue en discusión, pero cuyo valor político, informativo y operativo ya no pasa desapercibido.
Redacción
defensayseguridad.es

