La compañía española ofrece construir en astilleros tailandeses la fragata ALFA 3000, con transferencia tecnológica, integración local y el precedente naval del portaaviones Chakri Naruebet como carta de presentación
El movimiento ha pasado prácticamente desapercibido en España, pese a afectar a una de las principales compañías de defensa del país y a un concurso naval relevante en el Sudeste Asiático. DYS lo incorpora ahora al debate especializado con la prudencia que exige una licitación abierta, pero también con la atención que merece una oferta que combina exportación industrial total, transferencia tecnológica y presencia española en una región cada vez más disputada

Jorge Estévez-Bujez
Navantia ha presentado en Bangkok una propuesta para construir en Tailandia una nueva fragata para la Real Armada Tailandesa, con un planteamiento que va bastante más allá de la venta convencional de un buque, para adentrarse en una oferta completa: diseño español, construcción local, supervisión técnica, integración, pruebas y transferencia de tecnología. Dicho en términos menos ceremoniales, lo que España (Navantia) ofrece a Tailandia no es sólo una fragata, sino una forma amplia de fabricarla. Y éso, en una licitación de este tipo, importa casi tanto como el barco (toda vez que el buque, efectivamente, cumple).

Las Avante 2200, como esta de la Marina Real Saudí, tienen mucho en común con las Alfa 3000 ofrecidas a Tailandia
La propuesta fue defendida el pasado 8 de mayo en el Bangkok Marriott Hotel por José Ignacio Navas Rubio, director regional para Asia de Comercial y Desarrollo de Negocio de Navantia, en una presentación orientada a explicar la oferta española para el programa de nuevas fragatas de la Royal Thai Navy. Según la información publicada por Khaosod English, Navas Rubio describió la propuesta como una opción de “bajo riesgo”, después de que la Armada tailandesa hubiera contactado con la compañía en relación con sus planes para construir (en principio) una fragata.
La clave de la oferta está en una frase que Navantia, por boca de Navas Rubio, quiso que Bangkok escuchara con claridad: construcción 100% en Tailandia. Bajo ese esquema, la fragata se produciría con astilleros y empresas locales, mientras Navantia aportaría el diseño, la asistencia técnica, la supervisión, la integración de sistemas, las pruebas y la transferencia de tecnología necesarias para llevar el programa a buen puerto.

Acto de presentación del buque español
En Asia, muy especialmente en el Sudeste Asiático (aunque lo cierto es que ésto es extensible a casi cualquier parte del globo), las compras militares ya no se deciden sólo por catálogo, precio o prestaciones, sino que se deciden también por la capacidad del proveedor para dejar capacidades industriales en casa del comprador. Y en este caso, Tailandia no es una excepción, por lo que no busca únicamente un buque, busca músculo naval e industrial propio.
En el acto también participó Suradet Tanpaiboon, presidente de la Thai Shipbuilding and Repairing Association, quien sostuvo que la industria tailandesa está preparada para respaldar el proyecto en áreas como la adaptación de ingeniería, la ingeniería de fabricación, la construcción y el control de calidad. Tanpaiboon subrayó además que la transferencia tecnológica, el desarrollo de la cadena de suministro y la experiencia constructiva derivada del programa podrían beneficiar a futuros buques de guerra y a otras embarcaciones de alta tecnología en Tailandia.
El socio local de Navantia en el país es Golden Supply Company Limited, empresa tailandesa que actúa como colaborador comercial exclusivo de la compañía española en Tailandia y que estuvo representada en el evento. De este socio de Navantia informamos hace escasas fechas en DYS. La lectura industrial es que Navantia intenta presentarse no como un vendedor externo que entrega un producto cerrado, sino como un socio capaz de encajar en la política tailandesa de desarrollo naval nacional.
Así las cosas, la oferta española se articula alrededor de la ALFA 3000, una fragata ligera multimisión que Navantia ya había mostrado en la pasada feria Defense & Security 2025 de Bangkok. El diseño se apoya en una arquitectura abierta y en el sistema de combate CATIZ, con capacidad para integrar sensores y armas de distintos proveedores. La versión presentada para Tailandia ha puesto un acento claro en lo que ya es un requisito ineludible para cualquier navío de guerra: la defensa contra drones, que, como decimos, es una preocupación que ya no pertenece al futuro sino al presente, tras lo visto en Ucrania y en el mar Rojo.

Diseño original de la Alfa 3000 de Navantia. La propuesta para Tailandia dispondrá de sus propias adaptaciones. Foto: Navantia
Las características (divulgadas) para la ALFA 3000 hablan de un buque de 104 metros de eslora, 14,4 metros de manga, unas 3.000 toneladas de desplazamiento, 27 nudos de velocidad máxima, 5.000 millas náuticas de autonomía y más de 20 días de permanencia en la mar. El diseño contempla cubierta de vuelo y hangar para un helicóptero de hasta 11 toneladas, así como capacidad para operar UAV. En materia de armamento, la configuración publicada incluye lanzadores Exocet, sistema vertical de lanzamiento de 16 celdas para misiles antiaéreos, cañón de 76 mm, torpedos y sistema de defensa cercana.
La competencia, sin embargo, no será menor. Navantia es una de las 6 empresas que han presentado propuestas al programa de fragatas tailandés. En la lista figuran también las surcoreanas Hyundai Heavy Industries y Hanwha Ocean, la singapurense ST Engineering, y las turcas ASFAT y TAIS. La Armada tailandesa está evaluando capacidades técnicas, compensaciones industriales y precio, con un proceso de revisión que podría extenderse durante algo más de un mes.
La licitación parte de una necesidad real, cual es que Tailandia quiere renovar parte de una flota de superficie donde aún figuran buques de origen chino de las clases Chao Phraya y Naresuan, incorporados entre comienzos y mediados de los años noventa, y que necesitan reemplazo. En principio, por lo que ha podido conoerse, la Armada tailandesa aspira a contar con 4 nuevas fragatas hacia 2037, aunque el país está abordando el proceso por fases debido a restricciones presupuestarias. Para esta primera fase, el presupuesto aprobado se sitúa en torno a 17.500 millones de baht, unos 534 millones de dólares.
Para Navantia, empeñada en gran número de licitaciones alrededor del mundo, el concurso tailandés tiene una importancia que va más allá de un contrato puntual. Y es que el astillero español ya ha logrado avances recientes en el propio mercado tailandés. Como se recordará, fue seleccionada para instalar sistemas de gestión de combate CATIZ y sistemas de dirección de tiro DORNA en 2 patrulleros de la clase Pattani, y también para suministrar sistemas de combate, vigilancia, control de tiro, armas y giro al buque anfibio HTMS Chang, de muy reciente construcción china.
Pero el vínculo naval entre España y Tailandia tiene un antecedente mucho más visible, diría que simbólico: el HTMS Chakri Naruebet, el portaaviones —oficialmente portahelicópteros de patrulla oceánica— construido por la antigua Bazán, hoy Navantia, en el astillero de Ferrol. El buque fue entregado a la Armada tailandesa en los años noventa y sigue siendo el único portaaeronaves de Tailandia. Aunque su vida operativa ha estado limitada por restricciones presupuestarias y por la retirada de sus veteranos AV-8S Matador, el Chakri Naruebet continúa siendo la unidad más reconocible de la flota tailandesa.

Hermosa imagen del (ahora) portahelicópteros tailandés
Ese precedente, por supuesto, no garantiza nada, pero quizás aporte. En defensa, la memoria industrial cuenta. Tailandia sabe que España fue capaz de entregarle un buque singular, de gran valor político y naval para Bangkok. Navantia, por su parte, sabe que puede invocar esa experiencia sin necesidad de decorarla demasiado. El mensaje implícito es que España ya construyó para Tailandia su buque más emblemático, y que ahora ofrece ayudarle a construir sus próximas fragatas en suelo tailandés.
La cuestión será si esa combinación de un buen diseño, transferencia tecnológica y producción local resulta suficiente frente a rivales con una presencia muy fuerte en Asia. Corea del Sur llega con una industria naval militar extremadamente competitiva, tiempos de producción agresivos y diseños exportables. Turquía compite con una oferta cada vez más visible en mercados que buscan autonomía industrial. Singapur, por su parte, conoce bien el entorno regional y ya tiene historial en la Armada tailandesa.
Navantia, en cambio, juega la carta de una fragata de tamaño contenido, configurable, con sistemas de combate propios y con una propuesta industrial que intenta responder a la demanda tailandesa de fabricar en casa. Puede decirse que no es una oferta estática, de escaparate, sino de taller, de evolución en equipo. Y ese detalle, quizá, pueda ser decisivo si Bangkok prioriza la creación de capacidades locales sobre la simple compra de un casco terminado.
La ALFA 3000 no llega a Tailandia como una promesa grandilocuente, sino como una opción calculada para una Marina que necesita renovar buques, proteger 2 fachadas marítimas —el golfo de Tailandia y el mar de Andamán— y ganar margen industrial. Navantia ha puesto sobre la mesa una fórmula clara y convincente: te vendo el diseño, te acompaño en la construcción y te ayudo a aprender a hacerlo. Ahora falta lo más difícil, que será convencer a la Real Armada Tailandesa de que, entre coreanos, turcos y singapurenses, la opción española no sólo es viable, sino la que mejor equilibra riesgo, capacidad, precio e industria nacional. Y ahí, como casi siempre en los grandes programas navales, la fragata será sólo una parte de la decisión. La otra parte estará en lo que Tailandia quiera ser capaz de construir después y en lo que España (políticamente) acompañe a la oferta de Navantia.

Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es

