Una filtración que atribuye al jefe de la Armada sueca una preferencia por la FDI francesa, con el argumento de los plazos, llega justo cuando Navantia, Saab y la industria española y sueca estrechan lazos en Madrid; y, más que cerrar el debate, revela hasta qué punto la decisión sobre las fragatas Luleå ha entrado ya en su fase más delicada

Jorge Estévez-Bujez
Ayer surgieron informaciones impactantes acerca del concurso de fragatas para Suecia. Se trató, en todo caso, de filtraciones (probablemente interesadas) que afirmaban que el jefe de la Armada sueca, Johan Norlén, mostró su preferencia las fragatas francesas FDI, de Naval Group, por una cuestión, en principio, de plazos. Por lo visto, una razón de peso para sostener el argumento es que Francia entregaría una FDI a punto de terminar su construcción en el astillero a Suecia, en 2028, además, lo que aceleraría la adaptación al buque y, sobre todo, la disponibilidad del mismo, ya que Estocolmo tendría 1 de las 4 fragatas contratadas con 2 años de antelación sobre el calendario más optimista, que es el de Navantia, cuyas 2 primeras entrega estarían para 2030.

Jefe de la Armada sueca, Johan Norlén. Foto: Johan Nilsson / TT / Kod 50090
Por supuesto, la filtración al periódico sueco Affärsvärlden, en la que también se afirmaba que “la Armada rechaza a Saab” —“Marinen ratar Saab”, según el titular atribuido al medio—, suena, dicho así, de manera tan categórica, cuando menos extraño. Sobre todo para cualquiera mínimamente familiarizado con lo que Saab representa no sólo para la Armada, sino para toda Suecia. Habrá quienes, por supuesto, discrepen en según qué trabajos de la multinacional sueca responsable, entre otros, del Gripen, del sistema de combate naval 9LV, de los radares Sea Giraffe, de los misiles antibuque RBS15, de los torpedos ligeros Torped 47/SLWT, de estaciones remotas como Trackfire, de sensores, sistemas de mando y control, y soluciones de guerra electrónica, de submarinos como los del programa A26/Blekinge, modernizaciones vinculadas a las corbetas Visby y capacidades de vigilancia aérea como Erieye/GlobalEye. Pero de ahí a decir que la Armada, por boca de su máximo responsable, simple y llanamente, “rechaza a Saab”, es mucho decir.
Sea como fuere, y dejando atrás la marejada de unas declaraciones atribuidas, lo que realmente revela este artículo es que la decisión sobre el concurso sueco debe estar sin duda cerca, y que todos los implicados mueven ficha, sobre todo en el segmento mediático. Si, además de ganar atención, se consigue poner en un aprieto al jefe de la Marina de guerra sueca con unas declaraciones atribuidas que convulsionen el mundo de la defensa en Estocolmo, ya tenemos servida una polémica de interés para acotar el debate en torno a las opciones que siguen sobre la mesa, y acaso perfilar una de ellas, en este caso la francesa.
Llegados a este punto, es razonablemente aseado traer a colación la noticia que llevamos también hoy en DYS, sobre el Foro de Defensa España-Suecia celebrado ayer en Madrid y auspiciado por la Embajada de Suecia en España. No podría, en este caso, venir más a cuento la noticia del Affärsvärlden en, curiosamente, el mismo día en que este evento tenía lugar.
Como puede leerse en nuestro artículo, la cita congregó a representantes industriales del más alto nivel de las empresas españolas y suecas invitadas al acto. A saber: Micael Johansson, presidente y CEO de Saab; José Vicente de los Mozos, CEO de Indra; Ricardo Domínguez García-Baquero, presidente de Navantia; Francisco Javier Sánchez Segura, presidente de Airbus España; y Fernando Fernández, CEO de EM&E Group.
Más concretamente, la delegación escandinava, excepción hecha de Micael Johansson, nombrado más arriba, la compusieron representantes de Kongsberg Maritime, Micropol, MilDef, Nefab, Scania Defence, NSG —Nordic Shield Group—, Kebni, Ovzon, Requtech, Systecon y Recotech. Como era de esperar, la jornada tuvo interesantes encuentros, todos ellos dirigidos a estrechar la cooperación entre las compañías de ambos países, y viene a dar continuidad a una relación llamada a intensificarse cada día más, sobre todo a la vista del interés despertado por el evento y del nivel de los representantes que acudieron a él.

El encuentro durante el foro España-Suecia, con los representantes de Navantia y Saab, entre otros
Verdaderamente interesante fue una de las reuniones que tuvo lugar el día anterior, lunes 11 de mayo, y de la que, lamentablemente, no tenemos imágenes. Se trata de la visita de la delegación sueca, incluido el presidente y CEO de Saab, a Navantia. Nada ha trascendido al respecto, pese a que habría sido del interés de todos conocer algo más sobre los extremos que se trataron entre ambas compañías, sobre todo en cuanto a lo que nos ocupa: el programa concreto del astillero y sus socios en el citado concurso de las fragatas Luleå al que opta Navantia.
Como es sabido, Saab y Navantia cooperan estrechamente en dicho programa, incluyendo el astillero español a la tecnológica sueca dentro de su propuesta. Aunque no forman un consorcio conjunto como el tándem Saab-Babcock, la empresa sueca se ha convertido en socio capital de la propuesta ALFA 4000. Navantia ha elegido el sistema de combate Saab 9LV como cerebro principal del buque, integrando además misiles antibuque RBS15, cañones, estaciones remotas Trackfire, sensores y torpedos de origen sueco.
Por supuesto, esta relación de trabajo es una fórmula que permite a Suecia mantener un alto grado de soberanía tecnológica y maximizar el retorno industrial; algo que, no hace falta decirlo, es ineludible en este tipo de competencias, donde no sólo se juega el dinero de los contribuyentes del Reino, sino el asentamiento industrial y tecnológico de un número importantísimo de capacidades para el ecosistema empresarial sueco y, por supuesto, español.
Por tanto, así explicadas las cosas, tenemos que 2 de las 3 ofertas que sobreviven en el concurso Luleå tienen a Saab como elemento capital, indispensable, en su proyecto, siendo la opción francesa la que, al menos en su arquitectura principal, prescinde del “campeón” industrial y tecnológico sueco por antonomasia. Así expuesta la totalidad de referencias que importan para la comprensión de lo que está próximo a substanciarse, resulta algo más reveladora la soprendente información del Affärsvärlden y el supuesto “rechazo” a Saab por boca del prócer de la Marina sueca.
Si es o no cierta la noticia, lo desconocemos, toda vez que se trata de una fuente anónima. Lo que sí sabemos es que estamos ante un envite de primer nivel, diría que rayano en lo temerario, además, por cuanto, como antes decíamos, plantea el rechazo del primer espada nacional —Saab— por parte de la máxima autoridad de la Armada sueca, para el principal y más importante programa de renovación naval de Estocolmo. Como apuesta no puede ser, en principio, de más alto riesgo.
Permítanme un símil, salvando tantas distancias como estime el lector: es como si España afrontara la renovación de su sistema radárico en tierra y el JEMA, el jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire y del Espacio, afirmara que prefiere que Indra no tome parte en los trabajos de modernización. Posible, sí; pero increíble.
Conviene detenerse un instante. Porque una cosa es que la Marina sueca quiera capacidad cuanto antes, algo absolutamente comprensible en el actual contexto de seguridad del Báltico, con Suecia recién incorporada a la OTAN y obligada a asumir tareas navales de mayor alcance. Y otra, bastante distinta, es convertir esa urgencia en una enmienda a la totalidad contra Saab. El artículo, según el resumen conocido, sostiene que la opción francesa permitiría disponer de un buque ya existente, equipado con defensa antiaérea y sistemas de misiles, y que esa rapidez pesaría más que otras consideraciones industriales o políticas. Hasta ahí, el argumento puede entenderse. Lo que resulta más difícil de encajar es la presentación de la disyuntiva como si Saab fuera un lastre, cuando Saab es, precisamente, una de las llaves para que Suecia conserve control técnico, capacidad de integración y continuidad operativa en sus futuras fragatas.
La cuestión de fondo no es menor, ni debe disimularse. Las futuras unidades de la clase Luleå —HMS Luleå, HMS Norrköping, HMS Trelleborg y HMS Halmstad— no son una compra cualquiera. Serán los mayores buques de superficie de la Armada sueca moderna y deben aportar defensa aérea de zona, escolta, guerra antisubmarina y capacidad de integración en operaciones OTAN. Suecia no está eligiendo sólo una fragata (ya lo dijimos en su día). Está escogiendo qué relación quiere mantener entre urgencia militar, industria nacional, autonomía técnica y alianzas europeas durante las próximas décadas.
Navantia, por su parte, puso sobre la mesa una propuesta de calendario particularmente ambiciosa, con entregas planteadas en torno a 2030 y 2031, y con una arquitectura pensada para integrar sistemas suecos. Babcock y Saab concurren con su propia solución, la Arrowhead 120, de claro sabor sueco-británico. Naval Group ofrece la ventaja de una clase ya en producción, con el poderoso reclamo de la FDI y la posibilidad, según la filtración, de adelantar la disponibilidad de una unidad. Cada una de las 3 tiene argumentos. Lo extraño sería que, a estas alturas, no se estuviera librando una batalla silenciosa —y no tan silenciosa— para condicionar el relato.
Por eso la coincidencia temporal importa. Que la información aparezca el mismo día en que España y Suecia exhiben músculo industrial en Madrid no prueba nada, naturalmente. Pero tampoco obliga a fingir ingenuidad. En los grandes programas de defensa, las filtraciones no suelen caer del cielo como una lluvia benéfica. Caen donde tienen que caer, cuando tienen que caer y mojando a quien deben con el titular que alguien necesita ver impreso. Y si el titular dice que “la Marina rechaza a Saab”, no está sólo informando de una preferencia técnica. Está colocando a Saab en el centro de una controversia nacional. Inverosímil, insisto, pero posible.
No sabemos en qué terminará todo esto, y es probable que apenas disten semanas para conocer la elección del ganador. Sea como fuere, si la opción francesa finalmente se alza con la victoria, tendremos que dar marchamo de credibilidad al medio sueco y a sus fuentes, faltaría más. Hasta entonces, mantendremos la calma y las expectativas de todos los contendientes, en el convencimiento de que, en todo caso, contar con la presencia de Saab será un atributo para las pretensiones de Navantia y Babcock, antes que un hándicap.
Se trata sólo de hacer uso del sentido común, con independencia de que, al final, lo que resulta chirriante por su atrevimiento y por la sorpresa de unas declaraciones muy arriesgadas, pueda convertirse en una realidad. Pase lo que pase, estaremos ahí para contarlo, con asombro o sin él.

Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es

