El país proyecta una transformación radical de su aviación militar con plataformas occidentales, dejando atrás décadas de dependencia tecnológica rusa
Volodímir Zelensky anunció este fin de semana, entre los aplausos de los asistentes, que Ucrania tendrá por fin Gripen. Y Rafale. Y que ya vuela con F-16. El presidente ucraniano aprovechó un encuentro con estudiantes y profesores del Instituto de Aviación de Kiev para lanzar un mensaje más dirigido a Moscú que a su audiencia local: el futuro aéreo de Ucrania será occidental, en grandes cifras. Y lo será pronto.
Zelenskyy no se detuvo en vaguedades. Habló de números, de plataformas y de nombres propios. Habló, sobre todo, de la ruptura con una herencia tecnológica que durante décadas mantuvo a Ucrania atada al hardware ruso, oxidado y vulnerable. Y, aunque no todo lo que se promete está aún firmado con tinta contractual, el mensaje es inequívoco: el caza ucraniano del mañana ya está en marcha. El pastel se lo llevan, en este caso, suecos y franceses.
Gripen y Rafale
Según lo confirmado por el presidente, Ucrania ya habría firmado las correspondientes cartas de intención para la adquisición de:
-Hasta 150 Gripen E/F de fabricación sueca (Saab), en acuerdos suscritos en octubre de 2025.
-Hasta 100 Rafale franceses (Dassault), conforme a un compromiso anunciado en noviembre del mismo año.
El discurso tuvo sus lapsus: “100, y 50 Ucrania 100, y 50, eh…”, titubeó Zelenskyy, haciendo que más de uno buscase en los comunicados oficiales para entender a qué se refería. La cifra corregida, según Ukrinform y RBC-Ukraine, apunta a un total potencial de hasta 250 cazas de generación 4.5, un estadio evolutivo de aeronaves que ha demostrado plena solvencia para seguir en la primera línea de combate. Porque, mientras la mayoría mira a la 5ª y 6ª generaciones, algunos aspectos de los conflictos -muchos de ellos- siguen desempeñándose entre tecnologías algo más modestas, a pesar de su intensidad, como es el caso de la invasión rusa de Ucrania.
Gripen E/F: versátiles, interoperables con armamento OTAN, costes operativos razonables, aptos para pistas rudimentarias, radares AESA de última generación, y diseñados con el tipo de guerra que Ucrania libra en mente.
Rafale: polivalentes, con capacidades de superioridad aérea, ataque a tierra, guerra electrónica y reconocimiento. Ya han probado su valía en Libia, Malí, Afganistán… aunque no les fue tan bien en India -parece-, a decir del breve choque con Paquistán. Ucrania los quiere ya, porque la disuasión, como está demostrando un puñado de F-16, es valiosísima.

Eso sí, no hay contratos de compra cerrados aún. Las cartas de intención están supeditadas a:
-Aprobaciones de exportación (en especial desde EE.UU. para componentes clave del Gripen).
-Formación de pilotos.
-Y, sobre todo, financiación, probablemente ligada a los activos rusos congelados en Occidente.
Los primeros aparatos, si todo va según los plazos optimistas, podrían empezar a llegar entre 2026 y 2027.
Los F-16 que operan desde Ucrania
Zelenskyy también confirmó que Ucrania ya opera plenamente cazas F-16, en versiones modernizadas, de segunda mano. Llegaron desde 2024 gracias a los esfuerzos combinados de Países Bajos, Dinamarca y Estados Unidos. No son unidades de última generación, pero han roto el monopolio soviético del aire ucraniano.
Pese a que las misiones actuales son limitadas, tanto por el número como por las capacidades del personal, el simple hecho de tenerlos ha obligado a Rusia a replantearse su dominio aéreo.
El acto en Kiev no fue un mitin militar, sino un mensaje político envuelto en una charla académica donde se anunciaron suculentas adquisiciones, muy probablemente para la postguerra. Zelenskyy lo dirigió a jóvenes que, si todo va según lo previsto, ya están trabajando en el futuro de la Fuerza Aérea Ucraniana. Se habló de Saab, Dassault y Lockheed Martin… El evento también buscaba precisamente éso: motivar a una nueva generación que crezca sin la sombra del pasado soviético, en una aviación donde la interoperabilidad con la OTAN no sea una aspiración, sino una base desde la que construir y sobre la que operar con los aliados.
La renovación de cualquier fuerza aérea, en este caso de la aviación ucraniana, irá mucho más allá de adquirir aviones. Implica:
-Entrenamiento de centenares de pilotos bajo estándares OTAN.
-Reformulación doctrinal completa.
-Infraestructura adaptada a los nuevos sistemas.
-Y lo más difícil: sostener políticamente una fuerza aérea que dependerá de apoyo occidental durante años.
Nada de esto es inmediato. Nada de esto es barato. Pero, frente a la superioridad aérea rusa, por más que no haya sido aplastante, ni tampoco notable, es la única vía realista de supervivencia y disuasión. Zelenskyy, como todos en Ucrania, lo tiene claro: la Fuerza Aérea de Kiev no volverá a depender de repuestos rusos. Si los compromisos se traducen en contratos y, sobre todo, si Occidente mantiene su respaldo financiero y político, el país podría triplicar su capacidad aérea y situarse como una de las fuerzas aéreas más avanzadas de Europa del Este. Todo ello, claro, si el conflicto lo permite. Y si el tiempo, el dinero y la voluntad no se agotan antes.
Redacción
defensasyseguridad.es

