La extensión sigue siendo una opción, pero Defensa la deja fuera de su plan. La apuesta por el relevo híbrido trae al primer plano la duda que planteamos en agosto: qué ocurrirá si los destructores llegan al final de su servicio antes de que su substituto esté preparado

Jorge Estévez-Bujez ![]()
Hace apenas dos meses, los Type 45 parecían haber encontrado un pequeño resquicio por el que prolongar su existencia. No había promesas, ni contratos, ni una decisión tomada, sino algo bastante más modesto, aunque suficiente para prestarle atención. Era la posibilidad de que Londres conservara aquellos destructores mientras tomaba cuerpo la fuerza naval llamada a sucederlos. Lo contamos en Los Type 45 quizá no hayan dicho su última palabra. La prudencia del título era deliberada. También lo era la preocupación que recorría el artículo.

El Duncan llegando a Porsmouth. Imagen: Royal Navy
Ahora, la comparecencia parlamentaria del 13 de octubre, señalada por UK Defence Journal, adelanta que la posición británica parece haberse decantado por una de las opciones, probablemente la de más riesgo.
Ante la Comisión de Defensa de los Comunes, el mariscal del Aire, Tim Jones, responsable de Desarrollo de Fuerzas, vino a confirmar el inicio de las bajas de estos buques en 2035, defendiendo, en línea con los deseos del Primer Lord del Mar, un relevo híbrido progresivo durante los años treinta. La prolongación permanece como alternativa, sí, pero queda fuera de la planificación vigente, lo que a efectos prácticos la descarta casi por completo.
En su respuesta 53, Jones lo resumió así: «Es claramente una opción, pero no forma parte de nuestro plan».
La frase sugiere cierta contradicción, y quizás por ello habrá que conservarla debidamente. No creo que debamos tomarla como una negativa irrevocable, porque falsearía su alcance; ni tampoco diluirse hasta presentar la prolongación de la vida de los destructores como una actuación prevista, porque no haría justicia a lo dicho. De modo que digamos que sí, Londres dice conservar la salida, pero quiere recorrer otro camino; lo que, en la práctica, supone el rechazo efectivo a modernizar y conservar los Type 45.
En nuestro artículo anterior recogimos la disposición del Ministerio a estudiar la transición y la eventual necesidad de extender la vida de los Type 45. Y la verdad es que de aquella respuesta no podía desprenderse que los barcos fueran a permanecer en servicio más tiempo, pese a que su continuidad mereciera ser examinada antes de cerrar una puerta que iba a resultar muy difícil de volver a abrir.
Esta declaración de octubre viene a aclarar (al menos por ahora) hacia dónde quiere dirigirse Defensa, aunque la sucesión de titulares, en apariencia contradictorios, pueda restarle credibilidad.
El precio de seguir navegando
El argumento económico para optar por no mantener un buque envejecido parece guiar la razón de esta decisión, ya que se advierte sobre los recursos que el sostenimiento de los Type 45 consumiría. Unos recursos extraordinarios que, es posible, serían más útiles en su sucesor.
Es cierto que una maquinaria entrada en años requiere cuidados, que las obsolescencias se acumulan y que cada intervención podrá descubrir trabajos que no figuraban en el presupuesto inicial. Por esa razón, una prolongación sensata, planificada, necesita conocer el estado material del barco y el esfuerzo necesario para sostenerlo durante los años que se agreguen a la vida del buque. Éso podría llevarnos a considerar poco riguroso reclamar que los Type 45 continúen navegando a cualquier precio. Y, en adición, las inversiones realizadas hasta ahora sobre la clase no deberían servir para justificar indefinidamente su conservación. Pero tampoco ignorarlas. La coherencia, el sentido común, sugiere que la decisión sobre el futuro de estos barcos debe atender al servicio que todavía pueden prestar y al coste de obtenerlo, porque lo contrario sería confundir el valor militar con el apego a una adquisición pasada.
Por eso, el cálculo quedaría incompleto si sólo considerara lo que cuesta mantenerlos. Examinar qué se pierde al retirarlos y durante cuánto tiempo podría trabajarse con esas carencias también es de sentido común, no sólo encaje contable. Una capacidad perdida tiene consecuencias que no siempre encuentran acomodo en una cuenta presupuestaria. Porque limitar operaciones, depender más de los aliados o aceptar riesgos que antes se contenían con medios propios, por modestos que fueran, son posibilidades que cualquier comparación honesta debería considerar.
Una reserva que debe poder utilizarse
Conservar la prolongación como alternativa resulta razonable. El problema es que esa alternativa sólo es válida mientras sigue siendo posible, ejecutable. Si se quisiera recurrir a ella demasiado tarde, faltará tiempo de astillero, y quizá suministros o también, por qué no, personal. No afirmamos que eso esté sucediendo con los Type 45, pero sí señalamos una condición elemental de cualquier contingencia: la de prepararse con suficiente antelación para que pueda servir cuando sea necesaria.
Así las cosas, plantear el debate sobre la Hybrid Navy en términos maximalistas reduciéndolo a escoger entre entusiasmo tecnológico y resistencia al cambio sería intelectualmente injusto. Una transición cautelosa puede avanzar con decisión hacia lo nuevo y preservar, al mismo tiempo, el margen necesario para corregir sus plazos y evitar pasos en falso. Las dos cosas necesitan dinero y organización.
En agosto defendíamos que los Type 45 debían marcharse cuando su relevo pudiera asumir la misión. Ahora, apenas dos meses después, la nueva comparecencia de octubre va dejando conocer mejor la voluntad de Londres. Puede ser que la opción de retirarlos sea una decisión que finalmente puedan ser capaces de sostener en el tiempo. En ese caso, harán bien en tener presente que la defensa aérea naval seguirá exigiendo resultados durante los años que separan una decisión de sus frutos.
Conservar una salida practicable nunca ha sido una mala idea porque, llegado el día de la baja, lo que importa será quién puede hacerse cargo de la guardia. Si es que hay alguien disponible.
Jorge Estévez-Bujez
DYS

