Indra y su nueva etapa más allá de los radares. La innovadora era de misiles de crucero

Roberto Escámez

Valero y Squall en formación. (Imagen IA)
El sector de la defensa en España atraviesa uno de esos momentos en los que se nota el cambio de ritmo. Después de años centrados casi exclusivamente en sensores, radares y sistemas de mando, Indra ha decidido dar un paso más ambicioso: entrar de lleno en el terreno de los efectores cinéticos y las plataformas de combate colaborativo.
Ayer, 16 de septiembre de 2026, en la feria UNVEX de San Javier (Murcia), la compañía ha presentado el Squall, su nuevo misil de crucero de bajo coste. Un año antes, en FEINDEF 2025, ya había mostrado el Valero, un vehículo aéreo multipropósito pensado para trabajar en enjambre. Juntos, estos dos programas dibujan una apuesta clara: no solo detectar y decidir, sino también golpear, saturar y proteger a las tripulaciones humanas.
Sin embargo, como suele ocurrir en este mundo, el anuncio no ha generado solo aplausos. En foros especializados, redes sociales y conversaciones de pasillo se percibe una mezcla de interés genuino y una dosis bastante generosa de escepticismo, en la que, reconozco, me incluyo. Y esa tensión entre la expectativa y la duda merece ser mirada de cerca.
El debate en las redes: entre la ilusión y la desconfianza
Cualquiera que siga con cierta asiduidad los foros de defensa españoles o las conversaciones en X sabe de qué hablo. Hay una corriente de opinión que se ha consolidado con el tiempo y que se puede resumir en una frase bastante extendida: “otra vez maquetas y renders”.
El escepticismo se apoya en varias sensaciones muy humanas:
Lentitud percibida en los desarrollos: Existe la sensación de que los tiempos entre las presentaciones teóricas y las pruebas operativas reales se dilatan en exceso.
La paciencia se agota: Muchos analistas y aficionados sienten que los tiempos entre la presentación de un concepto y las primeras pruebas reales de vuelo se alargan demasiado. Y cuando la información llega a cuentagotas, la desconfianza crece.
Información con cuentagotas o silencio sobre el Valero: Tras el revuelo mediático inicial en 2025, la relativa escasez de actualizaciones públicas sobre avances concretos de los prototipos generó desconfianza sobre el estado real del programa. Ese vacío informativo ha generado la percepción de que el programa avanzaba más lento de lo anunciado o, simplemente, que se prefería no enseñar demasiado.
El fantasma de la “maqueta de feria”: Cada vez que aparece un nuevo sistema rodeado de imágenes generadas por ordenador y modelos a escala, salta la misma pregunta: ¿cuánto hay de real y cuánto de marketing?
Es comprensible. En un sector donde los retrasos y las cancelaciones no son exactamente una rareza, la gente ha aprendido a ser cauta. Pero también es cierto que un análisis más frío y técnico muestra que detrás de ambos programas hay trabajo real, inversiones concretas y una lógica doctrinal bastante sólida.
Dos sistemas, dos formas de entender el combate actual
SQUALL: el misil pensado para la economía de la guerra

El Squall sería el primer misil de crucero creado por Indra. (Imagen Indra)
El Squall nace con una idea muy clara en mente: no todo se puede resolver con misiles carísimos. En conflictos de desgaste, como el que se vive en Ucrania, emplear un misil de varios millones de euros para destruir un objetivo secundario resulta insostenible a medio plazo. Hace falta masa, y la masa exige un coste unitario razonable.
Según Indra, el Squall ofrece:
Un alcance superior a los 300 kilómetros.
Capacidad de volar a muy baja cota para pasar por debajo de la cobertura de muchos radares.
Sistemas de guiado preparados para aguantar entornos de guerra electrónica intensos (anti-jamming y anti-spoofing).
Posibilidad de integrarse en plataformas terrestres y navales, lanzándose desde rampas, contenedores o vehículos tácticos.
Una filosofía de empleo flexible: tanto ataques quirúrgicos con pocas unidades como salvas masivas sincronizadas para saturar las defensas.
Cadena de suministro apoyada en la industria nacional para garantizar capacidad de fabricación sostenida en masa en situaciones de crisis.
Además, completa un portfolio que ya incluye el efector Drizzle —con un alcance de hasta unos 130 km— y la familia de drones Tarsis. La idea es tener una oferta coherente de sistemas de bajo y medio coste que puedan fabricarse en volumen si la situación lo exige.
Todavía no se conocen muchos detalles técnicos —velocidad exacta, tipo de propulsión, peso de la ojiva…—. Es normal en esta fase, pero también alimenta las dudas de quienes quieren ver ya resultados tangibles.
Valero: el compañero de combate que no arriesga vidas

El Valero permite el empleo tanto por sistemas aéreos como de superficie. (Extracto de un vídeo promocional de Indra)
El Valero, presentado en 2025, es un concepto distinto aunque complementario. No es un misil clásico, sino un Vehículo Aéreo Multipropósito (VAM) diseñado desde el principio como remote carrier: una plataforma que puede llevar sensores de inteligencia, equipos de guerra electrónica, señuelos o incluso una carga cinética, según lo que necesite la misión.
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Sus características más interesantes son:
Modularidad real: se configura según la tarea, que pueden ser sensores de Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento (ISR), equipos de guerra electrónica (EW), generación de señuelos o efectos cinéticos/armamento.
Puede ser desechable o recuperable, según convenga.
Se lanza tanto desde el aire —bahías internas de Eurofighter o F-35, o desde drones— como desde tierra o buques, mediante un Lanzador de Superficie Configurable (LSC).
Está pensado para trabajar en enjambre, coordinado con otras unidades, engañando, saturando o abriendo camino a las plataformas tripuladas.
Componentes del sistema: Vehículo Aéreo Multipropósito (VAM) + Lanzador de Superficie Configurable (LSC) + Segmento de Planificación y Control (EPC) + equipos de apoyo.
El programa arrancó en 2023. Ya superó la fase de ingeniería de sistemas y se dirige hacia la Revisión Crítica de Diseño (CDR) en 2026, con el objetivo de estar operativo hacia 2029. La producción se concentrará en la nueva fábrica que Indra está levantando en Villadangos del Páramo (León), con una inversión cercana a los 12 millones de euros.
En el desarrollo del prototipo ha participado de forma destacada la pyme aragonesa MAGLINE, un ejemplo de cómo estos programas pueden arrastrar a empresas más pequeñas del tejido industrial español.
Comparativa entre Squall y Valero
| Característica | Squall | Valero |
|---|---|---|
| Concepto | Misil de crucero de bajo coste | Vehículo aéreo multipropósito (VAM) / Remote Carrier |
| Rol principal | Ataque de precisión y saturación en profundidad | Misiones modulares (ISR, EW, señuelo, ataque) |
| Alcance | Más de 300 km | Variable según misión y plataforma de lanzamiento |
| Reutilización | Fungible (misil monouso) | Desechable u opcionalmente recuperable |
| Lanzamiento | Superficie (tierra y mar) | Aéreo (bahías internas de cazas, UAV) y de superficie |
| Filosofía | Salvas masivas e interconectadas / ataque quirúrgico | Combate colaborativo y protección de tripulaciones |
| Estado actual | Presentado en UNVEX 2026 | En prototipado, CDR en 2026 y operativo hacia 2029 |
Por qué tiene sentido más allá del marketing
Detrás de estos dos programas hay una lectura bastante clara de lo que está pasando en los campos de batalla reales:
- La economía importa, y mucho. Un conflicto prolongado no se sostiene solo con sistemas de alto valor. Hace falta capacidad de producir y reponer en volumen. El Squall responde exactamente a esa necesidad.
- Las vidas humanas y las plataformas caras son demasiado valiosas. En entornos densos de denegación de área (A2/AD), enviar un caza de última generación a penetrar es un riesgo enorme. El Valero puede hacer parte del trabajo sucio: engañar, saturar o abrir camino, reduciendo la exposición de las tripulaciones.
- La soberanía industrial no es un eslogan. Fabricar el fuselaje es relativamente sencillo. Lo difícil es dominar las microturbinas, los sistemas de guiado, las cadenas de montaje certificadas y la capacidad de escalar producción en tiempo de crisis. La planta de León y la colaboración con empresas como MAGLINE van precisamente en esa dirección.
Entre la impaciencia y la realidad
Es humano sentir impaciencia. A todos nos gustaría ver ya los Squall volando en pruebas reales y a los Valero operando en enjambre. La escasez de imágenes y vídeos actualizados del Valero durante más de un año no ha ayudado precisamente a calmar las dudas.
Pero también es justo reconocer que construir capacidades reales lleva tiempo. El Squall y el Valero no son solo dos productos más en un catálogo: representan el intento de Indra —y de una parte importante de la industria española— de pasar de ser un excelente proveedor de sensores a convertirse en un actor capaz de ofrecer soluciones completas de combate a distancia y colaborativo.
La prueba definitiva no estará en los renders ni en las notas de prensa. Estará en los ensayos de vuelo, en la capacidad real de producir en serie y, sobre todo, en que las Fuerzas Armadas decidan apostar por ellos con contratos formales.
Hasta entonces, es normal que convivan la expectativa y el escepticismo. Ambos son legítimos. Y ambos, en el fondo, hablan del mismo deseo: que esta vez la industria española no se quede solo en las maquetas.
Pero para esto es necesario ver algunos movimientos al respecto, en vez del habitual secretismo con el que nos quieren mantener, en un marco en el que algunos países con su industria de defensa nos acostumbra con continuos videos de sus avances.

Roberto Escámez
defensayseguridad.es

