Proyección de poder y disuasión bajo el mar

Por qué España debe apostar por dos submarinos S-80 adicionales

Mario López Vittori

El flamante S-81, Isaac Peral, durante unas pruebas. La incorporación de estos sumergibles no debe finalizar

La Armada Española se encuentra en un proceso de modernización y fortalecimiento de sus capacidades navales, con el programa de submarinos S-80 Plus como uno de sus pilares fundamentales. El S-81 *Isaac Peral*, entregado en noviembre de 2023, marca un hito al ser el primer submarino de diseño y construcción íntegramente españoles, situando a España entre las pocas naciones con capacidad para desarrollar este tipo de tecnología. Sin embargo, en un contexto geopolítico cada vez más complejo, con crecientes tensiones en el Mediterráneo y el Atlántico, este artículo considera que la Armada debería explorar la posibilidad de incorporar dos submarinos adicionales de la clase S-80, en una versión mejorada conocida como S-80 Flight II. Esta propuesta no solo busca reforzar la Flota Submarina, también de mejorar la posición de España como actor estratégico y apoyar la industria de defensa.

Características de los Submarinos S-80 Flight II
Los submarinos S-80 Plus actuales, diseñados y construidos por Navantia en Cartagena, son submarinos AIP (propulsión independiente del aire) que combinan tecnología avanzada con capacidades operativas de vanguardia. Con una eslora de 80,81 metros, un desplazamiento de 2.965 toneladas en inmersión y una autonomía teórica de tres semanas, estos submarinos están equipados para misiones de larga duración, tanto en escenarios litorales como oceánicos. Su sistema AIP BEST (Bio-Ethanol Stealth Technology), basado en bioetanol y desarrollado por Abengoa, permite permanecer sumergidos durante semanas sin necesidad de emerger, lo que incrementa su discreción operativa. Además, están diseñados para llevar misiles Tomahawk (aunque no se contempla actualmente su adquisición), torpedos DM2 A4 y minas, lo que les confiere capacidades para proyección de poder naval, vigilancia, disuasión y operaciones especiales.

La variante S-80 Flight II, mencionada en diversas publicaciones, representaría una evolución de este diseño. Aunque no hay detalles oficiales sobre sus especificaciones, es razonable suponer que incluiría mejoras en los sistemas de propulsión, como una versión optimizada del AIP para mayor eficiencia energética, y en los sistemas de combate, con una integración más avanzada de sensores y armas. Estas mejoras podrían incluir un sistema de lanzamiento de armas más versátil, capacidad para operar drones submarinos no tripulados y una mayor ciberseguridad frente a amenazas electrónicas modernas. También se podrían incorporar avances en reducción de firmas acústicas y electrónicas, esenciales para mantener la ventaja en un entorno donde las capacidades antisubmarinas de potenciales adversarios están en constante evolución. Estas actualizaciones no solo aumentarían la letalidad y versatilidad de los submarinos, sino que también garantizarían su operatividad hasta mediados de siglo.
Solo como posibilidad, dichas mejoras podrían ser:
-Compatibilidad con misiles de crucero Tomahawk Block V, lanzados desde los seis tubos lanzatorpedos de 533 mm.
– exploración de alternativas europeas como el Naval Strike Missile (NSM) adaptado para lanzamiento submarino, que podría financiarse con fondos europeos, sobre todo si se incorporan otros países interesados.
– integración de torpedos avanzados (F21 de Naval Group o DM2A4 mejorado), drones submarinos no tripulados (UUVs) para misiones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento, y minas inteligentes con capacidad de activación remota.
– Sensores y Tecnología: Sonares de apertura sintética para detectar submarinos en entornos ruidosos, IA (inteligencia artificial) para análisis en tiempo real de datos tácticos, y sistemas de ciberdefensa para proteger comunicaciones frente a amenazas cibernéticas.
– mejora del sistema de propulsión, incluyendo el estudio de emplear baterías de litio.
Evidentemente, cuantas más mejoras, el coste se incrementaría. La inversión podría amortizarse, bien en exportación, o en su defecto, con una ampliación mayor de la Flota Submarina.

Algunas capacidades adicionales, como los Tomahawk, elevarían al grado de estratégica la disuasión del Arma Submarina española.

Justificación estratégica y refuerzo de capacidades

La incorporación de dos submarinos S-80 Flight II responde a una necesidad estratégica de reforzar la capacidad disuasoria y operativa de la Armada Española. El Mediterráneo, principal área de operaciones de la Flota Submarina, es un escenario de creciente inestabilidad debido a conflictos regionales, la presencia de actores no estatales y el rearme naval de potencias como Turquía y Argelia. Además, el Atlántico, especialmente en el entorno del Estrecho de Gibraltar, es un área crítica para la seguridad marítima de España y sus aliados en la OTAN. Seis submarinos S-80, frente a los cuatro actuales, permitirían a la Armada mantener una presencia más constante y robusta en estas regiones, garantizando la protección de líneas marítimas, la recolección de inteligencia y la capacidad de proyección de poder. Desde el punto de vista operativo, los submarinos adicionales incrementarían la disponibilidad de unidades, crucial en un contexto donde los ciclos de mantenimiento y las exigencias operativas limitan el número de submarinos disponibles en un momento dado.
Actualmente, la Flotilla de Submarinos (FLOSUB) depende del “Galerna” (S-71), el último de la clase S-70, y del S-81 “Isaac Peral”, mientras espera la entrega de los otros tres S-80 (“Narciso Monturiol”, botado en 2025 y esperada su entrega en 2026, “Cosme García” en 2028 y “Mateo García de los Reyes” en 2029). La experiencia con los S-70 demuestra que operar con un número reducido de unidades compromete la capacidad de respuesta. Seis submarinos permitirían mantener al menos dos o tres operativos en todo momento, asegurando una mayor flexibilidad para misiones de vigilancia, disuasión y apoyo a operaciones especiales de la Fuerza de Guerra Naval Especial (FGNE). Además, los S-80 Flight II reforzarían la posición de España como actor relevante en la OTAN y en la industria de defensa global. La exportación del diseño S-80 a otros países, un objetivo de Navantia, sería más viable con una flota ampliada que demuestre la confianza de la Armada Española en esta plataforma. Esto también generaría beneficios económicos, ya que la construcción de dos submarinos adicionales crearía miles de empleos directos e indirectos en Cartagena y otras regiones, además de fomentar la colaboración con empresas tecnológicas y universidades en proyectos de I+D.

Dotación del Peral. Buena mar y buena suerte. El estandarte real indica que SM el Rey don Felipe VI se haya en el buque, concretamente en la vela.

Presupuesto estimado

El programa S-80 Plus ha enfrentado sobrecostes significativos, pasando de un presupuesto inicial de 1.800 millones de euros en 2003 a 3.906 millones en 2018 para cuatro submarinos, lo que equivale a aproximadamente 976 millones por unidad. Además, un presupuesto adicional en mantenimiento de 102 millones de euros, incrementa el coste del programa, a más de 4.000 millones, entre cuatro unidades. Pese a las críticas, el programa merece la pena por la independencia alcanzada a nivel estratégico.
Las mejoras propuestas para los S-80 Flight II, como un sistema AIP más eficiente, nuevos sensores y capacidades avanzadas, probablemente incrementarían este coste. Considerando los avances tecnológicos y la inflación, estimo que el coste de cada S-80 Flight II podría situarse entre 1.000 y 1.300 millones de euros, lo que resulta en un presupuesto total de 2.000 a 2.600 millones para los dos submarinos adicionales. Esta cifra incluye no solo la construcción, sino también los costes asociados a pruebas, formación de tripulaciones y armamento inicial. Aunque esta inversión es significativa, debe contextualizarse en el compromiso del Gobierno español de alcanzar el 2% del PIB en gasto militar, que posiblemente se vería reforzado con un cambio de gobierno en las próximas elecciones. La Armada ya ha expresado su interés en ampliar los pedidos de S-80 y fragatas F-110, lo que sugiere que un presupuesto expansivo es viable. Además, los retornos económicos de este programa, tanto en empleo como en innovación tecnológica, justificarían la inversión. La clave será una gestión eficiente para evitar los sobrecostes que afectaron al programa original, lo que podría lograrse con una planificación más rigurosa y la experiencia adquirida en la construcción de los cuatro S-80 actuales.

 

Necesidades logísticas:

La Base Naval de Cartagena ha sido adaptada para los cuatro submarinos S-80 Plus, con una inversión de 13,1 millones de euros para dragar y alargar los muelles, así como modernizar las instalaciones de aprovisionamiento. Sin embargo, la incorporación de dos submarinos adicionales requeriría nuevas reformas, ya que las fosas actuales no tienen capacidad para seis unidades. Además, la base está saturada con 22 buques de 14 clases diferentes, incluyendo los logísticos “Ysabel” y “El Camino Español”, así como los BAM *Audaz* y *Furor*. La llegada de nuevos BAM, como el *Poseidón* (BAM-IS) en 2026 y dos BAM antisubmarinos, incrementará aún más la presión sobre las instalaciones. Aquí entra en juego la propuesta, aún sin aprobación, de desarrollar el “superpuerto” en la Estación Naval de La Algameca, un proyecto que la Armada ya contempla para aliviar la congestión en Cartagena. Este plan incluye la construcción de dos muelles paralelos al existente, que sería remodelado, y un dique de abrigo para proteger las instalaciones.

Los nuevos muelles estarían diseñados para acoger buques de gran tamaño, como los logísticos “Ysabel” y “El Camino Español”, que actualmente atracan en el Muelle del Carbón y La Curra, respectivamente. También podrían destinarse a los BAM y al futuro “Poseidón”, liberando espacio en la Base Naval de Cartagena para acondicionar nuevas fosas y atraques para los dos S-80 Flight II. El superpuerto de La Algameca requeriría una inversión significativa, probablemente en el rango de decenas de millones de euros, para la construcción de muelles, dragado, refuerzo de viales de acceso y la instalación de un Centro Integrado de Vigilancia en Tierra similar al de los S-80 en Cartagena. Este centro sería esencial para gestionar las operaciones de los buques y los sistemas avanzados de los nuevos submarinos. Además, el proyecto incluiría la modernización de los 2,5 kilómetros de carretera que conectan la entrada de la Estación Naval con los muelles, así como un nuevo puente sobre una rambla cercana. Estas mejoras no solo facilitarían la logística de los S-80 Flight II, sino que también permitirían a La Algameca convertirse en la base para buques logísticos y de acción marítima, consolidando a Cartagena como el principal emplazamiento de la Armada Española.

 

La Armada difundió hace meses (y retiró después) el planteamiento del «superpuerto» de la Algameca.

Los nombres

Me permito la licencia de proponer nombres para dichos submarinos adicionales, tratando de mantener la esencia de la serie S-80 Plus de homenajear a pioneros e inventores relacionados con el arma submarina en España:
El S-85 podría llamarse “Jerónimo de Ayanz”, en honor al noble homónimo que destacó en múltiples ramas, conocido por su faceta de inventor, destacando unas campanas de buceo y un traje de buzo con un sistema de tubos articulados que permitía renovar el aire.
El S-86 se llamaría “Antonio Sanjurjo”, en honor al ingeniero Antonio Sanjurjo Badía, que el 11 de agosto de 1898 realizó la primera prueba de un artefacto submarino que llamó “boya submarina”, que mide 5 metros de eslora, con propulsión manual moviendo una hélice a proa hasta alcanzar en el puerto de Vigo la velocidad de 2 nudos, armado con 2 minas de contacto y con una cota de inmersión de 20 metros. Construido para defender el puerto de Vigo de un ataque estadounidense durante la guerra de 1898 y pese a que nunca se empleó ni entró en servicio en la Armada, fue una prueba de que Sanjurjo merecía su apodo de “El Habilidades”.

Antonio Sanjurjo, en Vigo -1.898-, mostrando las habilidades de su boya submarina

Conclusión
La incorporación de dos submarinos S-80 Flight II y el desarrollo del superpuerto de La Algameca representan una oportunidad para fortalecer la Flota Submarina Española y optimizar su infraestructura naval. Los nuevos submarinos, con mejoras en propulsión y sistemas de combate, garantizarían una mayor capacidad disuasoria y operativa en un contexto geopolítico desafiante, mientras que el superpuerto aliviaría la presión sobre la Base Naval de Cartagena y proporcionaría una solución logística integral. Aunque el presupuesto estimado de 2.000 a 2.600 millones de euros es elevado, los beneficios estratégicos, económicos y tecnológicos justifican la inversión. Como propuesta, considero que esta iniciativa posicionaría a la Armada Española como una fuerza naval de referencia, preparada para los retos del siglo XXI.

Mario López Vittori

defensayseguridad.es

3 respuestas

  1. Estoy de acuerdo en aumentar el número de submarinos,pero no sería mejor diversificar sus bases,creando una en las canarias o en el norte

  2. Si vamos a enviar un grupo de combate al indo pacífico y si vamos a tener un portaviones con al menos dos LHD yo creo que vendría bien una flotilla bien amplia y si ya son s90 con propulsión nuclear y vls mucho mejor . Bienvenidos sean dos S80 mejorados pero hay que preparase .

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