La consulta existió y recibió una respuesta favorable desde el punto de vista técnico, pero los riesgos de calendario (no sólo) habrían frenado la modificación

Redacción
El debate sobre las celdas verticales de las F-110 no nació ayer, ni nació sin fundamento. El pasado 2 de abril, en DYS publicamos la firma de Jorge Estévez-Bujez “Las Bonifaz y la religión de las celdas”, un artículo que intentaba ordenar una discusión que ya entonces mezclaba datos, intuiciones razonables, deseos legítimos y alguna que otra exageración. Allí dijimos algo que sigue siendo válido: 16 celdas Mk 41 no convertían a la F-110 en un mal buque, pero tampoco debían convertirse en una cifra sagrada, intocable o inmune al deterioro del entorno naval.

Foto: Óscar Corral. El País
Hoy podemos añadir algo más. No todo, no con la rotundidad con la que a veces se escriben las cosas en redes, pero sí algo.
En DYS tenemos conocimiento, y confirmación, de que la Armada ha preguntado a Navantia sobre la viabilidad técnica de que las F-114 y F-115 incorporen, desde el principio —no olvidemos que la F-114 tiene muy cercana la fecha de corte de chapa— 32 celdas del sistema VLS. Es decir, sí han existido esos contactos exploratorios de los que tanto se está hablando, fruto del replanteamiento por parte de la Armada de las capacidades antiaéreas de las nuevas fragatas Bonifaz.
Hasta aquí lo que está confirmado. Por tanto, la cuestión está planteada, y el astillero, en efecto, ha respondido. Si los términos concretos de la contestación fueron afirmativos era algo fácil de suponer, habida cuenta de que, efectivamente, la probabilidad técnica de hacer una modificación de ese tipo es del todo factible (que no sencilla). Otra cosa es que, a resultas de la respuesta, pero sobre todo de la traducción temporal de que se llevara a efecto la transformación sobre los buques, la Armada hubiera decidido finalmente paralizar el proceso de construcción de la F-114 (Luis de Córdova), y consentir las modificaciones estructurales de la misma para la inclusión del doble de celdas del sistema de lanzamiento vertical. Hasta donde sabemos, no es así, y no está previsto que lo sea.
Pero, como nunca está de más medir bien las palabras, advertimos que no estamos ante una nota oficial del Ministerio de Defensa, ni ante una comunicación pública de la Armada, ni, por supuesto, hablamos de un anuncio de Navantia. Estamos ante una consulta técnica real, ante una respuesta del astillero y ante una posibilidad que, por primera vez, puede tratarse con algo más de fundamento que el mero y legítimo entusiasmo. Y eso ya es bastante. Pero, en todo caso, y a pesar de la viabilidad técnica del hipotético trabajo, con los datos de que disponemos, debemos informar de que no se llevarán a cabo.
La diferencia, por tanto, con respecto al artículo del 2 de abril que publicamos en DYS, es precisamente que ya sí se habría producido el contacto entre la Institución y Navantia. Antes, meses atrás, como decimos, hablábamos de la conveniencia, o no, de que las últimas unidades de la serie llegasen con mayor pulmón vertical. Ahora sabemos que esa cuestión ha sido llevada al terreno que importa, que es el de la viabilidad técnica, industrial y de calendario.
Dicho lo anterior, y por resumir: sí, la Armada ha establecido contacto expreso con Navantia con la intención de explorar la posibilidad de que las 2 últimas Bonifaz de la actual serie vean incrementadas sus celdas del sistema VLS, de 16 a 32. La respuesta, insistimos, no es públicamente institucional, ni ha sido en modo alguno divulgada por ningún canal oficial, pero fue favorable. De entre todos los cambios estructurales que supondría la inclusión del doble de celdas, el más significativo, visualmente hablando, habría el alargamiento de la eslora entre 5 y 10 metros, pero no el único.
En todo caso, ese dato explica, per sé, por qué no hablamos de una modificación cualquiera. Pasar de 16 a 32 celdas no consiste en mover un mueble dentro del barco. No es una cuestión de “poner más tubos” y seguir navegando como si nada. Afecta al diseño, a pesos, espacios, estructura, integración, calendario, certificaciones y costes. Podía ser viable. Podía ser recomendable. Podía ser, incluso, lo más sensato, a decir de muchos. Pero no es en absoluto trivial.

Los MK.41 de la Colón (F-105)
A más de todo lo anterior, no deben olvidarse otros factores, ya no dependientes de las decisiones que se tomaran en España, sea en el Ministerio, sea en Navantia. Están los proveedores foráneos, en especial Lockheed Martin, para los VLS Mk 41, y Raytheon, para los misiles SM-2MR y los ESSM. Además de planificar y gestionar la inclusión de los nuevos pozos, como decíamos, habría que solicitar la autorización del Gobierno de los Estados Unidos para la autorización de la venta de ese material. Todo lo cual obligaría a negociar nuevos contratos, con el consiguiente y obligado retraso en la construcción de esas 2 últimas Bonifaz.
Efectos en los relevos
No debe olvidarse que la Armada es plenamente consciente de la necesidad de que la entrada en servicio de la nueva clase de fragatas ha de ser tan pronto como sea posible. Son el relevo de una serie de buques, las Santa María, que acumulan demasiados años y que, pese a las mejoras que se les están introduciendo, han pasado, hace mucho, el umbral de la obsolescencia, con el consiguiente riesgo que ello supone para las tripulaciones. Más aún en favor del detrimento operativo que sufriría la Armada de aprobarse las 32 celdas, es que las F-100, el puntal de nuestra defensa naval, habrán de pasar por la MLU tan pronto como el próximo año, lo que añadirá una tensión operativa muy sensible, y una carencia de buques a tener en cuenta. Por esa razón, la disponibilidad de navíos está próxima a bajar enteros, y retrasar las entregas de las Bonifaz no haría sino añadir peso al problema.
Con respecto a si en una varada o un tercer escalón, llegado el día, de las 5 primeras unidades —F-111 a F-115— éstas recibirían dicha ampliación de celdas VLS, no es algo que se haya concretado, hasta donde sabemos. Son demasiados años aún por delante como para tratar de afirmar con rotundidad algo en ese sentido. Quizás no sea descartable, pero mucho nos tememos que no es algo que esté sobre la mesa del AJEMA. Porque no estamos hablando de los submarinos Peral, cuyas 2 primeras unidades sí que tienen asegurada la instalación del AIP en su primera gran carena. En el caso de las F-110, cualquier escenario de ampliación posterior pertenece todavía al terreno de lo posible, no de lo decidido. Y en programas navales de esta complejidad, lo posible puede tardar años en convertirse en programa, contrato, obra y entrega, tantos como los que todavía faltan hasta que afronten una teórica gran carena (inhabitual, por otra parte, en España).
La noticia, por tanto, no será que mañana todas las F-110 vayan a multiplicar sus celdas. La noticia será otra. La Armada ha movido ficha. Ha preguntado. Ha llevado al astillero una inquietud operativa. Ha asumido que el debate no era sólo una polémica de aficionados, sino una cuestión que afectaba al modo en que las Bonifaz deberán comparecer en un mar mucho más desagradable del que imaginábamos hace una década. Pero, como al principio decíamos, aunque el interés ha existido, parece haberse descartado, al menos por ahora.
La legitimidad del debate
La guerra naval reciente ha estrechado sensiblemente el margen de comodidad. Misiles, drones aéreos, drones de superficie, saturación, ataques combinados y necesidad de sostener escoltas durante periodos prolongados han cambiado la conversación sobre los cargadores verticales, al punto de llevarla a numerosos constructores de todo el mundo y otras tantas marinas de guerra. No porque todo se resuelva con más celdas, sino porque cada celda menos pueda notarse más cuando la amenaza llegue mezclada, barata y persistente.
Las F-110 siguen siendo lo que son, unas fragatas con una orientación antisubmarina muy marcada, dotadas de sensores avanzados, con el SPY-7 como una de sus señas de identidad y llamadas a ser una de las columnas de la Armada durante décadas. La Armada, quizás, ha demostrado que no es necesario convertir el diseño original en dogma, lo que es tranquilizador, aunque sea a los solos efectos de saber que tiene en cuenta las nuevas tendencias y que no está cerrada a opciones técnicas a posteriori. Nunca está de más.

La necesidad de que el relevo llegue a tiempo es ineludible
Si las F-114 y F-115 podían incorporar 32 celdas VLS desde su construcción, y si la modificación era compatible con costes, calendario y riesgos asumibles, es algo para lo que la Armada habría tenido razones muy sólidas para hacerlo. No para transformar la Bonifaz en una fragata antiaérea encubierta, ni para negar su naturaleza, sino para darle algo más de margen en una guerra naval donde precisamente ese margen, algo más ancho, vale oro. Pero los riesgos de calendario son muy sensibles, demasiado, y la prudencia habría aconsejado ser cautos.
En todo caso, y en lo que a nosotros respecta, que la respuesta no haya sido comunicada oficialmente nos obliga a escribir con la cautela que nuestros lectores pueden suponer. Pero que la F-114 tenga cerca su corte de chapa en pocas semanas nos lleva, en efecto, a creer que la información de que disponemos acaso sea veraz.
Hace unos meses escribíamos que el debate sobre las celdas había dejado de ser una pelea de parroquias para convertirse en una conversación normal. Hoy, esa conversación ha entrado, al menos, en el cauce institucional e industrial correcto, más allá de lo que determine.
No hay que vender humo, pero tampoco esconder el fuego.
Redacción
defensayseguridad.es


Un comentario
cierto Almirante miope debería pagar las consecuencias de una decisión de dudosa responsabilidad y acreditada frivolidad. Una pena que esté actualmente retirado…en parte, y en parte una suerte para la Armada, que se ha librado de él.